Curso práctico de Derecho: la declaración


Ya saben que este blog tiene la vocación didáctica inscrita a fuego en su ADN (impresionante frase). Nosostros sí cumplimos con nuestras obligaciones: cualquier entrada de este blog aumenta el valor añadido (por eso es añadido, claro) del conocimiento blogosférico y humano en general. Hoy vamos a sumergirnos en uno de los arcanos del saber práctico: cómo declarar si la cosa se pone chunga.

Naturalmente, estos apuntes se referirán al presunto responsable penal, al que se le reconoce el derecho constitucional a callar y a mentir. No pretendemos (repito: no pretendemos) que estos útiles consejos se extiendan al testigo, que debe decir verdad. El hecho de que utilice, a modo de ejemplo, declaraciones de testigos, es simple causalidad producto de la facilidad del copypaste.

Siempre es más fácil la declaración del que dice la verdad (fundamentalmente). No basta con eso, ya que la verdad inocente puede tener una apariencia asquerosa, pero es un punto de partida cojonudo. En un caso así, basta con evitar ciertos giros y con escoger un adecuado lenguaje verbal y no verbal. Mirar a los ojos del que pregunta, no buscar con la mirada a tu abogado, ser rotundo en la expresión, son buenos principios generales. En casos así, es importante centrarse en los aspectos relevantes: el que declara debe saber que a), b) y c) nos importan y nos gustan y decirlos con su propias palabras. Como se dice la verdad, los restos no tienen que preocuparnos excesivamente, aunque es importante tener respuesta para los siempre presentes asuntillos peliagudos. A veces la respuesta puede consistir en una simple declaración de principio; en un “punto de vista”.

Curiosamente, la declaración del que miente (fundamentalmente) podría ser igual de fácil o difícil que la del probo. El problema es de relato. La mayor parte de los declarantes buscará respuestas a las preguntas previsibles, pero sin intentar crear un relato. El problema de esta solución es triple: por un lado, el que contesta tiende a aprenderse respuestas concretas (como hacen los malos estudiantes) y la actuación suele ser artifical, rígida y, a menudo, desastrosa (¿recuerdan eso de olvidarse “de lo que viene después”?); por otro lado, si los que declaran son varios se tiende a repetir la respuesta y esto es poco probable que suceda salvo si la respuesta ha sido preparada; finalmente, la falta de relato impide la improvisación. El que declara se queda en blanco si se le pregunta por algo para lo que no tiene respuesta. Sólo hay una solución buena para una situación así: la construcción de un relato, de una historia alternativa, con sus personajes y sus biografías. Es un proceso coñazo para el inventor y para el que declara, pero, a la larga, es fructífero. Sobre todo porque, como ya he dicho a menudo, pasado cierto umbral, el personaje se mete en la piel del declarante, lo que da a la representación una enorme verosimilitud. Desde la historia es más fácil responder a preguntas inesperadas. Basta con “recordar” lo que pasó. Naturalmente, entre esos dos extremos, caben muchas situaciones intermedias imperfectas. Y es un trabajo especialmente problemático cuando hay varios declarantes, porque sus relatos no deben ser absolutamente coincidentes, ni siquiera como relato de fondo, ya que es hecho notorio que “los mismos hechos” nunca son percibidos exactamente igual por diferentes personas. Si has de inventar varias historias, hazlas parcialmente discordantes. Más aún, es importante que el que declara no deje de decir lo que verdaderamente importa, pero también lo es que su exposición parezca casual: se trata de evitar el efecto “metido con calzador” tan habitual, que se produce cuando el que declara no puede olvidar que debe decir algo concreto.

La diferencia entre uno y otro planteamiento suele ser extraordinaria.

Les pondré, como trabajo práctico, algunos ejemplos de declaración. El País de hoy reproduce declaraciones de “responsables policiales” a los que se pregunta por las órdenes recibidas durante la penúltima “tregua” etarra. Veamos algunas de ellas:

– P. M., guardia civil. “No recibimos ninguna orden de no detener etarras. Al contrario. En esa época las instrucciones que he recibido y nosotros hemos transmitido y tenemos actas de reuniones periódicas del servicio en las cuales siempre se ha insistido en que había que mantener la alerta ante la reactivación de la actividad de ETA y que teníamos que intensificar nuestros esfuerzos precisamente contra ella”.

– G. G., guardia civil. “Yo no recibí orden alguna en el sentido de no detener a etarras ni tampoco la impartí. Es más, en esos periodos en que tengo la experiencia de haber vivido en otras ocasiones, yo estaba mandando la unidad en el momento del anterior cese de actuaciones por parte de ETA en 1998, y lo que tenemos muy aprendido pues es que no se pueden interrumpir las actuaciones y por lo tanto, si algo se hizo fue impulsarlas o incluso intensificar todo lo que se refiere a detección, seguridades etcétera”.

– G. V., guardia civil. “No he recibido absolutamente ninguna orden ni indicación de parar las actividades en contra de la banda terrorista ETA, en absoluto. Y es más, en esa fecha yo creo que se había declarado ya el alto el fuego permanente, palabras de ETA, o sea que cesaron sus actividades, con lo cual nosotros, y con la experiencia anterior, de anteriores treguas, lo que hacíamos era impulsar las actividades de nuestro servicio y motivar a la gente porque al disminuir las actividades terroristas pues se suele decaer un poquito. O sea que no solo no recibimos órdenes en contrario sino que nuestra labor fue activar e impulsar el servicio”.

– Mesquida declaró lo siguiente: “Siempre las instrucciones fueron apretar más que nunca. Y en alguna conversación que yo he mantenido, siempre me han agradecido que las instrucciones fueran esas porque lo que me dijeron ‘en algún periodo anterior -refiriéndose a otras treguas- no estaba tan claro’. Es decir que, ni se desmontó nada de la lucha antiterrorista… Noventa y una detenciones desde el inicio de la tregua hasta lo que podemos considerar ruptura, que yo lo considero con el atentado de la T-4. Y en la legislatura creo que fueron 390, entre miembros de ETA y colaboradores detenidos”.

Trabajo práctico:

1.- Identifica el relato subyacente.

2.- Identifica, si las hay, las discordancias accesorias.

3.- Identifica, si los hay, los elementos accesorios que puedan ser indicio de la preparación de las respuestas.

4.- Identifica, si los hay, los elementos “clave” de la declaración. Si los hay, ¿se han introducido casualmente o de manera forzada?

5.- Finalmente, y como encuesta:


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