Sin casa, sin curro, sin pensión, sin miedo y sin vergüenza

En los medios adecuados, están dando cancha a los que seguirán consumiendo los medios adecuados. Es comprensible, ahora se manifiestan y hacen ruido; más tarde, algunos, los menos, terminan mandando en alguna cosa asociativa, y los otros, los más, irán encontrando su hueco, pero sin renunciar a sus valores. Puede, incluso, que firmen en otro manifiesto, dentro de quince años. Seguro que entonces habrá algún motivo para decir que “hay motivo”. Como soy hombre de orden, aprecio la repetición de las estaciones, de las mareas y de las gilipolleces. Casi estoy por salir a la ventana y bendecir, con una mano, a las niñas que duermen en la calle porque Justin es perfecto, y, con la otra, a los que quieren ser motores del cambio. Excluyo, por supuesto, de mi bendición, a las madres que se ponen camisetas ajustadas y mean a hurtadillas y de madrugada para que la de los granos no falte al cole, y a los catedráticos que firman indignados por el actual estado de cosas y luego presentan los justificantes de los gastos (ojo, el proyecto era El funcionalismo estructural en la crítica al paleomarxismo) al rector de turno.Sin embargo, mis bendiciones no les hacen inmunes al comentario de texto (ah, el comentario de texto):

Juventud SIN futuro

Nosotras y nosotros, la juventud sin futuro, …

Pues para no tener futuro ahora lo quieren todo. Eso dicen. Con lo molón y juvenil que es el suicidio; un par de pistolones, una encina, una carta y pum. No es que pretenda inducirles a nada, sólo pensaba en que, ya que se ponen tan trascendentes, podían hacer un japenín (como esos que se levantan en una tasca y se ponen a cantar ópera) y volarse la tapa de los sesos en grupo y en plan “no hay salida”.

… nos dirigimos a la opinión pública para mostrar nuestro desacuerdo con la política de recortes sociales del Gobierno, y la consecuencia más grave y con mayor impacto en el futuro que estas medidas representan: la juventud más preparada de nuestra historia vivirá peor que sus padres.

Este párrafo es algo impreciso. Supongo que la “opinión pública” será el “conjunto de tíos de más de 30 años que nos deja sin curro, sin piso, sin vacances y sin ¡pensión!” De lo que no estoy muy seguro es de qué quieren decir con vivir peor que sus padres. ¿A cuándo se refieren? ¿A cuando sus padres tenían veinte años o a ahora? Digamos que la cosa varía según el escenario. Hace veinte o veinticinco años, el menda y la mayoría de los que le rodeaban de su misma edad no teníamos un duro. España era un lugar sombrío, en el que no había curro. ¡Había menos curro que ahora! Diez años más tarde, cuando me casé, la cosa no era mucho mejor. Mi hija de diez años tienen ahorrado más dinero del que yo tenía al casarme. A veces les cuento que con tres euros teníamos que pagar el cine y un café, y que, en alguna ocasión, volvía andando, pero no porque el amor me hiciese saltar vallas y setos, sino porque no tenía para el puto metro. Si se trata de comparar sus veinte o treinta años con los veinte o treinta años de sus padres, van de puto culo, la verdad. Ahora, si se trata de vivir como viven ahora sus viejos, la cosa es diferente. Al fin y al cabo, ¡ellos sí que han vivido como viven ahora sus padres! Bueno, por ser preciso, han vivido mucho mejor. Con ellos, pero mucho mejor. Sin embargo, esa exigencia tiene poco que ver con que estén peor o mejor preparados (cuestión a la que ahora me referiré). Tiene más que ver con la prístina idea de que tienen derecho a todas esas cosas tan cojonudas del mundo moderno aunque no hayan hecho nada por merecerlas, salvo viajar mucho y cocerse como piojos. Lo de la preparación, que no me se olvide: ¡olé sus cojones! ¡Venga chavales, el mundo es vuestro! ¡Sorprended a las naciones del orbe! ¡Dejad de una vez por todas el moscoso como objeto de deseo! A lo mejor, hasta os olvidáis de manifestaros y cuidáis de vuestros viejos.

La agresión contra el colectivo juvenil en un escenario de crisis capitalista, …

Ya les dije que unos cuantos de éstos pronto encontrarán un lugar en el que cobijarse.

… con una tasa de paro juvenil del 40%, la más alta de la UE, …

Pero, ¿de la UE sin más o de la UE capitalista?

… se materializa principalmente en tres medidas: o La Reforma laboral, que aumenta la temporalidad de nuestros contratos, la flexibilidad laboral y supone la desaparición de la negociación colectiva, convirtiéndonos en trabajadores precarios/as de por vida

¡Abrid vuestras empresas! ¡Quitadnos el curro a los instalados! Venga, joder, que estáis jaspeadamente preparados. No vean el canguelo que tengo cada vez que voy a los juzgados. Sé que cualquier día, hordas de jóvenes letrados me apabullarán con sus bestiales conocimientos y con sus tácticas innovadoras. Por cierto, la negociación colectiva es eso que consigue que los vejetes de las empresas gordas no os dejen sitio, pringaos.

… o La Reforma del sistema de pensiones, que retrasa la edad de jubilación y reduce la cuantía de nuestras futuras pensiones y nos dificulta aún más encontrar un trabajo digno. Todo ello nos plantea un horizonte sin futuro …

Esta parte es la que más me emociona. Son jóvenes, pero ya están pensando en jubilarse. Ya ven, yo ya sé que es posible que no llegue a jubilarme. Que estaré, con ochenta años, intentando sacarme unos durillos con algún contrato de mierda, hasta que me dé un yuyu y palme babeante para alipori de mis deudos. Ellos son listos y ven hasta el infinito y más allá.

… o La mercantilización de la Educación pública, que apuesta por la rentabilidad privada, y no por la formación y el conocimiento. Una universidad de élite para una minoría y fábrica de precarios para una mayoría, con medidas que se concretan en una nueva selectividad que pone trabas al acceso a la universidad y en la degradación de la formación profesional.

No hay duda de que esta generación es la mejor preparada de la historia. La lógica, sobre todo, la maneja de forma admirable. Se mercantiliza la Educación pública para que sea rentable a los tipos con bolsas que llevan escrito el signo del dólar, aunque eso suponga que la gente no sepa nada de nada (el capitalista, ya se sabe, quiere destripaterrones y no tipos cultos; así puede explotarlos en esos trabajos que no saben hacer porque no tienen ni idea, pero que pueden hacer muy bien porque son la generación mejor formada de la historia de España). Eso además supone una Uni de élite (supongo que en Harvard) y una fábrica de precarios para la mayoría. Todo el mundo sabe que si, en vez de prepararlos como la generación mejor preparada, se les hubiese formado, no tendrían trabajos precarios en empresas privadas, sino que podrían no sé, pues, a lo mejor, no sé, bueno … ¡ah, ser funcionarios!

Y todos esos males y pecados se concretan en uno: la selectividad, que degrada a la gente, poniendo trabas, cuando es la mejor generación de mejor preparados de la mejor Historia (así, a lo bestia) de España. Y no crean que lo critican porque no vayan a aprobarla. No, es que es muy duro que se degrade a la formación profesional poniendo trabas al acceso a la Uni, cuando la formación profesional tiene que ser vocacional. Lo normal es lo contrario: que todo el mundo haga una carrera, se saque su título y luego, el que quiera, pero ya con su título de filólogo, apruebe los módulos de las Actividades auxiliares en viveros, jardines y centros de jardinería o el de Operaciones de fontanería y calefacción-climatización doméstica.

Somos las y los jóvenes a quienes las élites económicas y las políticas de nuestros gobiernos nos quieren convertir en la generación sin formación ni trabajo ni pensión digna.

Percibo cierta incongruencia en la generación mejor formada de la Historia de España. Y cierta obsesión con la pensión.

Aquellos que, además, no tendremos casa en nuestra vida, desde que los especuladores hicieron del derecho a la vivienda un negocio con el que enriquecerse;

De historia, sin embargo, andan algo flojos. Será que antes (esa terra incognita) no había interné y que sus conocimientos son en “tiempo real”

… un modelo de crecimiento económico que ha fracasado y ha generado esta crisis.

Esto me suena. Si no fuera por mis cada vez más acusadas pérdidas de memoria, diría que esto ya lo he oído antes. Hasta le pongo cara y ceja única a alguno de los que lo decían.

Hemos tomado conciencia de que las medidas de salida a la crisis económica se han realizado a través de una constante socialización de las pérdidas.

Y tanto. Estoy convencido de que un porcentaje altísimo (por ejemplo un 0,000000001%) de la pasta ha salido de sus bolsillos.

Frente a la salida de la crisis por la derecha, nosotras y nosotros, la generación precaria, señalamos a los culpables y reivindicamos ser escuchados.

Vale, yo también conozco a Zola; pero hacedlo a la vuelta del erasmus. O en el peor de los casos, juntaos unos miles en un descampado y preparad unos folletos con un dedo acusador mientras os cogéis un moco de esos que te da la risa tonta.

Queremos recuperar nuestra capacidad para ser actores de un motor de cambio,

Ah ¿la habían perdido? Perdón que me he adelantado: ¿habían perdido qué? ¿siguen con el pedo del erasmus?

… combatiendo un país de precariedad, desempleo y privatización de nuestra educación.

¡Y no os olvidéis de la Selectividad!

Somos además conscientes de que la movilización y la lucha tienen sentido, pero sobre todo de que son necesarias.

¡Y además son convenientes, y útiles, y hermosas y somos realistas y pedimos lo imposible, y se han movilizado cien flores y a los pobres de la Tierra quiero yo mi suerte echar!

Italia, Francia, Grecia o Islandia nos enseñan que la movilización es indispensable.

Y otras cosas. Hasta los islandeses, que mira que son sosos. Sólo los suizos no valen para nada, salvo para el reloj de cuco y el chocolate.

El mundo árabe nos demuestra que la victoria es posible.

Y además tenemos con ellos una tradicional amistad y son muy hospitalarios.

Por eso llamamos a un ciclo de movilizaciones que recuperen la voz de la juventud en la calle, y lo hacemos extensivo a la sociedad civil.

Y a la sociedad de amigos del Museo del Prado.

Nosotras no nos fiamos,

¡Coño, la quinta columna!

sabemos que esto sólo lo solucionamos sin los que causaron esta crisis.

Sí señor, a por papá y por mamá. ¡Viva el Doctor Guillotin!

Instamos a emprender la movilización colectiva,

¡Viva también el profe de filosofía, que nos enseñó retórica y a discutir abiertamente chapapóticos problemas de fondo!

a reivindicar nuestro derecho a disentir, …

Eso, ¡viva la disentería!

… a reconstruir nuestro futuro.

¡Viva LEGO!

Los abajo firmantes, …

(un segundo, perdón … jajajajajajajaja)

estudiantes y miembros de la comunidad educativa, jóvenes trabajadoras y jóvenes trabajadores, movimientos sociales, profesionales de la ciencia, la técnica; mundo de la cultura y de las artes dan respaldo con su firma a este llamamiento a la movilización.

¿Se dan cuenta? Los cabrones de los dentistas no firman. Seguro que nueve de cada diez dentistas está de acuerdo con salir de la crisis por la derecha.

«Nos habéis quitado demasiado, ahora lo queremos todo»

Eso, todo, pero usando una bola gorda y con los malos dentro.

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20 comentarios en “Sin casa, sin curro, sin pensión, sin miedo y sin vergüenza

  1. La juventud sin futuro… Ni que fuera una entidad, como el Almería C.F. a punto de bajar a Segunda División. Pues anda que no es amplio y complejo el mundo que la representa: botellonenses, estudiantes ejemplares, trabajadores, soñadores, vagos, hijosdepapá…
    ¡Selección natural, ya!

  2. La izquierda clonada. Parece un manifiesto de las juventudes del PCE escrito por Leire Pajín. Y esos son los que están sobradamente jaspeados.

  3. Una cooperativa agrícola podrían montar con lo que se ahorrarían en tinta si no escribieran tanta palabrería de ambos géneros…

  4. Hay que ver cómo se pone usted por un manifiestito de nada. ¡Usted, que pertenece a la generación más abajofirmante de la historia, que se tragó aquel Madrid en el que o dabas una charla o te la daban! En fin.

    Ya hablando en broma. Alguien debería decirles a estos chicos que la excelencia de la universidad no se la da su nombre, sino la excelencia de los alumnos que la pueblan. ¿Quieren una universidad excelente? A estudiar como burros. Ya verán cómo en unos años esa Universidad se cuenta entre las mejores del mundo. Pero no. Que me lo enseñen, que yo no lo quiero aprender por mí mismo. Es el signo de los tiempos. No hace falta mucha investigación para saber por qué las universidades privadas son mejores que las públicas. Vayan a una privada. Allí verán lo que cualquiera se imagina cuando piensa en una universidad: prados verdes limpios con estudiantes sentados en ellos charlando, leyendo o… Entren en el edificio: pasillos, aulas, gente que va y que viene, en fin, gente trabajando. Vaya a una pública: pancartas, pintadas, movimientos anti-todo, etc. Demasiado ruido para tan poco seso. ¿Y la voluntad? ¿Donde quedó la voluntad de mejora? Seguro que los que han redactado ese manifiesto no han escrito nada más extenso en su vida. ¿Escribir? Pudiendo ir a la Wikipedia y copipegar. En fin.

    A mis cuarenta y dos añitos todavía me queda por empezar a construirme mi biografía inmobiliaria. Yo sí que sé que no tendré piso nunca, sobre todo ahora que será mi recién llegada hija la que se lleve todo el excedente que mi microeconomía permita. Lo más gracioso es que cuando alguno de estos firmamanifiestos con los 25 cumplidos me pregunta extrañado que por qué no tengo piso, ante la respuesta de que es porque no puedo pagarlo siempre dicen lo mismo: “pues pídeselo a tus padres”.

    En el fondo eso es bueno. Significa que no aparento los años que tengo, aunque el hecho de que me tomen por uno de ellos me hace preguntarme si estaré haciéndolo todo bien. No sé, no sé…

  5. Vean el video y cósquense de la movida. Escuchando la música mis sospechas se confirman: se avecina una nueva transición. Lo que pasa es que no la van a hacer ellos, no: están esperando a que aparezca el monolito y que les haga el trabajo para el que tanto y tan bien se han preparado.
    De momento empiezan poniendo pegatinas en un escaparate y aplaudiéndose por el trabajo bien hecho.

    Y “esto es solo[sic] el principio”.

  6. Lo que cuenta del cine y la vuelta en Metro me trae recuerdos que paso a relatar:

    Antiguamente, cuando yo era joven, iba mucho a la Filmoteca, que valía 30 céntimos de euro (para que lo entiendan los niños). Como vivía en un pueblo, si cogía el autobús me quedaba sin dinero para el cine, así que me iba andando. Tardaba tres horas a buen paso y, en verano, solía volver también andando. Nunca he visto tantas películas como entonces. Si me hubiera sentado a verlas venir, posiblemente, no hubiera visto ninguna.

  7. Me he reído un rato. También con el 8, de lehningen (sin embargo, no estoy de acuerdo con No hace falta mucha investigación para saber por qué las universidades privadas son mejores que las públicas. Depende de qué privadas. Hablo de España, claro).

    Qué sensación de melancolía, ¿aún siguen queriendo quitar la Selectividad? A la de huelgas que me apunté en el instituto, y ya en el bar les explicaba a mis compañeros de lucha que uno estaba allí por los vinos, no por la causa.

    Lleva usted razón en que cualquier cuarentón teníamos mucho menos a los veinte que ellos ahora. Y también es cierto que teníamos mucho más que nuestros padres a esa edad. Si alguna vez se le ocurrió quejarse a su padre (que no creo, no éramos suicidas) por no tener para el puto metro, no me cuesta imaginar su respuesta -¡Yo no tenía ni para el puto cine, chaval; es más, no sabía lo que era el puto cine! La rueda de la vida, Tse.

  8. [11] Hace años (no me acuerdo cuantos, 8 ó 9) yo estudiaba inglés en la escuela de idiomas. Un día, en clase, haciendo un speech de esos que se hacen en clase, en los que se te pregunta por un tema y tú hablas sin importar qué dices siempre y cuando lo digas bien, yo contaba algo de mis años de tierno infante (2º de EGB, año 1976) en el colegio. No me acuerdo qué era lo que decía, pero sí que por mis travesuras me llevé un capón del maestro. Lo más normal. La siguiente frase creo que no llegué a terminarla, pues percibí que ocurría algo en la clase, algo que no era normal. Todas las miradas estaban puestas en mí, con los ojos como platos, la faz demudada y el cerebro en blanco ante lo que acababan de oír. Pasados unos segundos, por fin la teacher se atrevió a balbucir: “Pe… pe… peroooooooo, ¿cóoooooooooomooooooo? ¿Que te pegóooooooooooo?

    En ese momento comprendí lo viejo que era y lo mucho que quince años alejan entre sí a las generaciones, sobre todo si en esos quince años se produce un cambio de régimen con socialdemocracia incluida. A punto estuve de decirles que no se preocuparan, que gracias a los doscientos psicólogos que automáticamente me atendieron y a la expatriación con deshonor del maestro previamente azotado no me quedaron secuelas. ¡Como para decirles la verdad!

  9. [13]

    “Es un elemento característico de los delitos terroristas su finalidad, última, política”
    […]
    “Lamento que mis compañeros de Sala no lo hayan visto así y no hayan hecho el esfuerzo deslindar lo político de lo jurídico o no hayan sabido hacerlo.”

    Sí que acojona, sí.

  10. (13 y 14)

    Lo leí anoche y me acojoné. Particularmente, me llamó la atención que antes de haberse juzgado el asunto este juez ya está seguro de que fue el Gobierno el instigador.

  11. se debería instaurar una edad mínima de 50 años para desempeñar cargo público. that would solve many problems. glaube ich.

  12. I call it my tourniquet theory and it goes like this: if you are bleeding to death from a severed limb, then a tourniquet may save your life, but if you have a nosebleed, then a tourniquet round your neck will do more harm than good. This metaphor can be applied to all sorts of scares and their remedies, but it is climate change that I have in mind. Over the past few years it has gradually become clear to me that climate change is a nosebleed, not a severed limb, and that the remedies we are subsidising are tourniquets round the neck of the economy.

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