Spain is different: the fur or the meadow

Siempre he sostenido que la discusión acerca de los males de la sociedad española es artificial y está viciada por la falsedad de los postulados de origen: la derecha es franquista y reaccionaria y la izquierda supone la modernidad. Quitemos del discurso el ritornello repugnante de la Guerra Civil, que me da tanto asco como pereza.

El caso es que, por si no bastaran los actos del más demente e inicuo de cuantos gobernantes ha tenido España, demostrando hasta qué punto el sustrato caciquil, ignorante y clientelar es la base del poder de la izquierda española, la observación de los hábitos civiles de nuestros compatriotas deja bien a las claras que existe una continuidad sistemática, unos usos que son la legitimidad efectiva del poder. Allá por el año 2000 me pareció que España empezaba a tomar un tono menos palurdo, que parecía que la modernidad se podría abrir paso. Los delirios del último tiempo de Aznar y, sobre todo, el demoledor gobierno de nuestro Bienamado Conducator han revelado hasta cegarnos que lo peor de la condición de los españoles ha reverdecido para arruinar cualquier tímida intención de dignidad. Repito muchas veces algo que en imágenes tengo clavado en el cerebro: los mismos que en octubre del 75 vitoreaban a Franco en la Plaza de Oriente, son los que a Suárez cuando ostentaba el poder, los que a Felipe González en los mítines de Vista Alegre, los que a Aznar en la boda de su hija en El Escorial y los que a Zapatero en sus miles de apariciones de tontuelo malvado. El pueblo, el pueblo soberano, ceporro, cainita e indigno, refractario a la libertad y a la responsabilidad, adoraba en todas las ocasiones al padre proveedor, dispuesto a dejarse comprar y a defenderlo siempre a cambio de unas migajas. Zapatero ha sido el gobernante que mejor ha comprendido esa sustancia, y el acto más evidente del carácter caciquil de su poder fue la famosa “donación” de los cuatrocientos euros, escena que en nada se diferencia de la marquesa dando el óbolo a los braceros.

Ya Esquilache tuvo que dejar el poder estupefacto de cómo los españoles podían rebelarse contra su propio interés; Amadeo de Saboya se largó dando un portazo cuando comprendió que el suelo que gobernaría era un burdel sin servicio levantado encima de un estercolero. Para remate sus gobernados se revolcaban y mataban en él, con suino regodeo. Y aún hay quien se sorprende de que España sea el país occidental en que menos se sabe inglés. ¿Para qué, para qué hemos de enterarnos de lo que sucede más allá de los límites de nuestro corto corralito y aún más corto entendimiento? Para nada, para nada en absoluto, porque la esperanza de conseguir una gabela, de por fin formar parte de una rehala de agradecidos con miseria subvencionada para nada requiere de conocimiento o de formación, de espíritu moderno de libertad y decencia. El trapicheo galdosiano sigue siendo la impronta de trato entre los españoles, cobardes y mezquinos, pero con iPad, iPod, iPhone, portátil y toda la mejor vanguardia técnica al servicio de seguir solazándonos en el estercolero unas vueltas más, con algún asesinado en medio del barro de vez en cuando, que las tradiciones arraigadas no hay que dejarlas sucumbir.

Decía Prim que traer una república a España era una estupidez, porque no había republicanos. Lo que no hay es ciudadanos, y menos en inglés. El pelo de la dehesa, forever. Le regalo el slogan para su campaña, Tse. Si, de paso, me colocara a la hija en la portería, nunca encontrará más fiel e incondicional servidor que yo. Le aseguro que será solícita con los señoritos de la casa y que nunca he de preguntar por ello.

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15 comentarios en “Spain is different: the fur or the meadow

  1. Recuerden que en eslovaquia (creo) un gobierno tuvo que dimitir ante la reacción ciudadana al descubrir que había mentido en lo referente a la situación económica del país. Aquí habría que estar permanentemente en la calle, debido a la inmensa cantidad de mentiras que emite el gobierno. Y peleándonos entre nosotros. Recuerden a la ministra Trujillo rompiendo los papeles sobre los eres de Andalucía. No me importan las pruebas, me importan los míos. Cuando se pregunta que cómo es que la gente no reacciona, yo creo que la respuesta está muy clara. La gente no reacciona porque sabe que eso acabaría en un baño de sangre. Porque no sería “toda” la gente la que reaccionaría, sino sólo la mitad, y tendría que hacerlo frente a la otra mitad.

    En cuanto a los eres, a la gente lo único que le jode es que no ha sido a ellos a los que les ha tocado.

  2. La ex ministra no rompió los papeles de los ERES, Lehningen, sino las supuestas pruebas -que le tendió Melchor Miralles- de los negocietes del niño Chaves, en un gesto tan teatral como gilipollesco.

  3. Ayer, la prensa socialdemocráta insistía en sus nauseabundas prácticas de mensajes subliminales para los que sólo leemos titulares. Por fortuna, un servidor también lee a Arcadi Espada y la intoxicación prisaica pincha en hierro.

    Ya digo que no he leído el artículo; me refiero a éste párrafo, destacado:

    “Más de 100.000 vecinos de la central siniestrada han dejado sus casas, tras 13.000 muertos y 15.000 desaparecidos”

    ¿Para qué acalarar que los 13 mil muertos, los 15 mil desparecidos los cien mil hogares destruidos lo han sido a causa de un terremoto + un tsunami, y no a causa de la energía nuclear?

  4. [4] Cierto. Creo que dejaré de escribir a esas horas de la madrugada. Aunque el contenido de los papeles es lo de menos. Lo que importa es, como usted dice, el gesto y lo que simboliza.

  5. (7)
    “En la primavera de 2005, el cabo Lorenzo protagonizó un grave episodio en uno de los pisos secretos en los que se refugian mujeres maltratadas. El guardia envió a la madama de un club de alterne a una de estas viviendas para que fuese a repescar a dos prostitutas huidas y alojadas allí. Ante la negativa de las responsables del piso de acogida a abrirle la puerta a la enviada del agente, fue el propio Lorenzo el que cogió a las internas y se las llevó al club Luxor.”
    Tremebundo.

  6. Hace unos años tuvimos un problema con el ayuntamiento, en este caso gobernado por el PSOE, aunque lo mismo daría uno que otro. Autorizaron unos cambios en obra nueva que beneficiaban a una constructora y perjudicaban a los vecinos. Me bastaron un par de charlas con un par de conocidos (ni siquiera amigos), un arquitecto y un constructor, para saber las conexiones del concejal de urbanismo y la susodicha empresa. En las múltiples reuniones que tuvimos varias comunidades antes de decidir ir a juicio, me sorprendió la postura de una de mis vecinas: estaba dispuesta a salir perjudicada con tal de no enfrentarse “a los suyos”. Daba igual que los suyos la jodieran bien jodida.

    Ahora bien, qué quieren que les diga, más allá del exilio o el suicidio, no veo solución. Me gusta discutir, pero ya no discuto según que temas. Así que me limito a copiar algo con lo que estoy de acuerdo:

    No se me ocurriría entrar en polémicas sobre si es mejor votar a este partido o a aquel otro. Ahora lo que si me atrevería a defender ante cualquiera es a qué partido conviene afiliarse si uno es vocacionalmente corrupto, alguien con tendencia a los negocios lucrativos que bordean la legalidad y a menudo se salen de ella. A mí, si fuera de esos, ni se me ocurriría afiliarme al partido socialista. Ahí, a las primeras de cambio, se desentienden de ti y te dejan a los pies de los caballos, como al bueno de Riopedre, ese exconsejero del Gobierno de Asturias que a la vejez se ha convertido en el involuntario protagonista de una novela de Franz Kafka. Primero se le detiene, se le humilla, se le encarcela y luego, sin prisa ninguna, se busca algún delito concreto de qué acusarle. Qué diferencia con el Partido Popular. Ahí sí que se defienden los derechos humanos de los corruptos, presuntos o no. Ahí se les mima y se les ama, se les jalea y se les piropea, se lanzan los perros contra jueces y fiscales, se les pone bajo el amparo de Federico Trillo, que en materia judicial se las sabe todas, y que sería capaz de salvar de la horca a Jack el Destripador. Yo no digo que haya más corrupción en un partido que en otro. Solo digo que si yo fuera político y no fuera capaz de resistirme a ciertas tentaciones procuraría afiliarme al partido que mejor me iba a tratar, al que me iba a dejar en mi cargo hasta que no hubiera condena firme y ya se encargarían ellos de que no llegara nunca. José Luis García Martín.

  7. [8] Ese párrafo que usted entresaca supone la esencia misma de la corrupción, en tanto que pone de manifiesto la característica básica de ésta: el envalentonamiento y, sobre todo, el saberse impune. Ir a un piso secreto de mujeres maltratadas, sacar a dos y devolverlas al prostíbulo sugiere un grado de encanallamiento tal que ya no deja paso a la indignación ni a la impotencia, sino a una desesperanza eterna. De nada sirve que ahora, dos años después, haya salido todo a la luz. Que se lo digan a las mujeres de los prostíbulos. Ya vendrán con sus buenos abogados y sus tretas. Y encima, si hay políticos por medio, la protección de saberse parte de “la famiglia”.

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