Salvemos al IPK


Esto es un metro:

Un metro es la distancia que recorre la luz en el vacío durante un intervalo de 1/299.792.458 de segundo.

Y esto un segundo:

Un segundo es la duración de 9 192 631 770 oscilaciones de la radiación emitida en la transición entre los dos niveles hiperfinos del estado fundamental del isótopo 133 del átomo de cesio (133Cs), a una temperatura de 0 K.1

Frente a tamaños conjuros, vean lo que es un kilogramo:



El kilogramo es la masa de un cilindro hecho de una aleación de platino e iridio que está en Sèvres. Se hicieron otros, pero no son el kilogramo, jeje. Como el kilogramo (llamémosle IPK) tiene exactamente una masa de un kilogramo por definición, no hay forma de saber hasta qué punto es estable o no esa masa. Comparándola con la masa de otros prototipos (ah, probes imitaciones) hay quien sostiene que el kilogramo ha perdido peso. Es una infamia, claro, ya que el kilogramo sigue pesando hoy, como en 1883, exactamente un kilogramo. Por cierto, he leído que cuando viajó la copia americana a París, en 1984, la llevaban en una caja “especial” (a saber qué entienden por especial) y que la transportaban dos personas, para evitar el riesgo de caída. Pena de foto.

En fin, a mí me gusta el IPK porque es un tipo estable y es fácil de comprender, no como lo de la transición hiperfina de su puta calavera.

Sin embargo, los cuatrojos no hacen más que darle vueltas al asunto para convertirlo en un jodío cachivache. Primero se les ocurrió contar átomos. Alguien dijo, por ejemplo: es la duodécima parte de la masa de 6,022x 10 elevado a la vigesimosexta potencia átomos de carbono 12. Lo malo es que por cosas del Avogadro los errores al contar átomos se disparan cuando se trata de contar tantos. Y te podía salir una vez un kilogramo y otra un piazo de algo. Otro se planteó hacer una esfera de silicio (que es un elemento muy ordenado y limpio), medir su volumen, luego medir el volumen de cada átomo y dividir. Al parecer la cosa es algo más complicada, porque a pesar de su germánico comportamiento, algunos de esos átomos de silicio (¡apestosa sangre sucia!) no se ponen donde deben, y además, hay tres isótopos de silicio en esos cristales y no se puede saber con exactitud (¡estamos midiendo!) sus porcentajes respectivos en cada caso. Parece que el último camino de los tipejos (los ingleses comenzaron) es usar la enigmática electricidad. Pensaron definirlo sobre la base de la fuerza electromagnética (ya saben una corriente y un campo magnético) que levantase determinada masa. Al parecer la cosa parecía difícil por no sé qué rollo de la geometría de las bobinas (ah, la geometría de las bovinas), pero están cerca de lograrlo usando un cachivache llamado balanza de Watt, inventada por un tío que no se apellida Watt. Como se trata de decir qué es un kilogramo a partir de las unidades de corriente eléctrica y voltaje, y éstas se definen por referencia a constantes absolutas, la velocidad de la luz y la constante de Planck, ya podríamos tirar el IPK a la basura.

Hace unos meses ya se dieron los primeros pasos.

Personalmente les creo unos cabronazos.

Aquí se piensa, oiga


Hace un rato, café de por medio, Phil y el menda comentábamos el genial monólogo del monologuista Zapatero, que ha atribuido el paro al PP. Rápidamente Phil le ha echado la culpa a Pelayo y yo he resaltado la indudable cuotaparte del atolondrado Recaredo. Ése era nuestro estado de ánimo, vivaracho y comprometido, cuando, dato del paro mediante, nos hemos puesto a elucubrar sobre medidas anticrisis. “Camareros sostenibles” ha gritado Phil, que es un sectario de tomo y lomo y en vez de alegrarse por los 64.309 tipos (en sentido aritmético) que han encontrado curro, se ha centrado inmediatamente en la “explicación” cavernaria para tan feliz noticia. El brainstorm ha sido imparable: construcción en la meseta de pirámides y otros monumentos funerarios similares, eso sí, con piedra autóctona y con una finalidad práctica, instalación en ellas de oficinas del INEM, ya que el volumen de una pirámide de tamaño medio asegura el engullimiento de una cantidad enorme de parados; agencias de viaje circulares y autogestionadas, con pago en especie a sus empleados consistente en paquetes turísticos que permitirían mantener un flujo constante de turistas; declaración de guerra al Imperio Austrohúngaro con inmediata movilización de cien divisiones que serán enviadas a Gallípoli; una Exposición Universal en Los Monegros …

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