Remakes


A toda prisa y antes de pirarme a ver si mi cliente tenía o no dolo falsario, voy a seguir con la serie tamos en Sol, y para ello me voy a apropiar del argumentario de Al59, que en esto (en este blog) va a cumplir el papel (a los hechos me remito) de negro en el jurado de blancos.

Primero habla de Ciudadanos y UPyD y del cabreo por la movilización de la “chusma”. Bueno, yo no sé cuanta gente está haciendo la Gran Marcha que dura mazo de años, pero lleva tres días. Se habla de miles. Ciudadanos llegó a tener cuatro mil afiliados que durante meses pagaban cuotas. Muchos, además, hacían cosas. Creo que UPyD anda por ahí. Y si se trata de reunir gente, no vean la que puede reunir el PP o el PSOE. El argumento del montón de gente es escurridizo: y si no prohibamos el aborto y el matrimonio homosexual, que ya sabemos la de peña que reúnen los señores con camisetas con fotos de bebés. Yo siempre leo que son cientos de miles o millones.

Luego nos habla Al59 del “desmontaje del estado del bienestar” y de que eso sólo parará con protestas “no autorizadas ni previstas”. Yo pensaba que pedían democracia real, no que se detenga el “desmontaje del estado del bienestar”. Si no es lo mismo, uno podría pensar que se pretende sanear la cosa pública, expulsando chorizos y limitando la influencia no transparente de los pastosos grupos de presión. Si es lo mismo, y creo que eso lo piensan muchos, no se trata de una cuestión de democracia real o imaginaria, sino de un programa político concreto. Un programa de izquierdas. A mí me parece de puta madre. Si no les gustan los partidos que hay, que hagan uno nuevo, que de paso renuncien a las subvenciones, para no mancharse con el sistema, y que se presenten. Su triunfo será, imagino, clamoroso. No parece que quieran hacerlo, y sí parece que les atrae eso de las protestas no autorizadas. Eso no es democracia, claro. Ese es el rollo totalitario de siempre, el que identifica al estado con el pueblo o con la raza, y descalifica a los partidos como enemigos del pueblo o la raza. El que cree que la “señora de mediana edad” que defendía a Esperanza Aguirre es una pobre mujer sin conciencia de la realidad y que su opinión es una mierda comparada con la mía, licenciado en filosofía y letras. Y es que tienen un problema de democracia real: el PP y el PSOE sacan veinte millones de votos y ellos no. Y el camino corto es mucho más fácil: juntar a gente cabreada porque las cosas no les van bien y decirles que la culpa es de otros.

Luego nos habla Al59 de las reacciones a otros movimientos que desde el siglo XVIII nos han traído el sufragio universal o el cadáver exquisito. Esto ya es maravilloso, porque, cuando Garven le comunica que se les puede atribuir el Terror, al59 le dice que eso ¡¡sale barato!! Claro, tan barato como atribuirles las cosas buenas. Hay un problema con las generalizaciones. No se puede escoger ese camino y luego reprochar a los demás que discutan con las reglas que tú introduces. Yo creo que es mejor hablar de la situación concreta. Creo que no es lo mismo manifestarse en El Cairo en 2011, que en Paris en 1969 o en Madrid, hoy. Creo que no es lo mismo asaltar la Bastilla en 1789 que asaltar hoy el Corte Inglés de Preciados. Sin embargo, si alguien me dice que los movimientos de masas son estupendos, tengo derecho a mencionar la Italia fascista, la Alemania nazi, a Pol Pot, o a los bolcheviques. Nadie les impide organizarse políticamente y presentarse a unas elecciones. Si su análisis es el de la democracia formal, frente a la material, yo ya conozco sus referentes, y me pongo en guardia. Los que tenemos memoria sabemos que había una República Federal Alemana y una República Democrática Alemana.

Yo creo que hay algo y ahora están los teorizadores. Creo que el algo tiene poca sustancia, más allá de la queja porque me duelen los huevos. Y creo que los teorizadores están viendo los primeros síntomas de sus mitos y sueños de juventud. Es comprensible. No vean lo que me gustaría que apareciese el devorador de mundos, Galactus, precedido de algún heraldo molón, y comenzase a tragarse la Tierra. Ahora, si veo un agujero en la Gran Vía, todavía no caigo en la tentación de pensar que hay algo distinto de una avería del Canal de Isabel II.