Los bloggers y el síndrome de la frontera


Me pide Mercutio opinión acerca de la entrada publicada en este blog, en la que básicamente se alerta del peligro para los blogs y páginas web del ANTEPROYECTO DE LEY INTEGRAL PARA LA IGUALDAD DE TRATO Y LA NO DISCRIMINACIÓN.

La apocalíptica entrada del blog en cuestión no se compadece con el texto de la Ley. De entrada diré que la Ley me parece excesiva por razones de principio, que tienen que ver con la promoción activa de políticas discriminatorias para acabar (supuestamente) con ciertas formas de discriminación, y por razones concretas que suponen una injerencia excesiva en la vida de las personas. Lo más gracioso (aunque no tenga puta gracia) es que ni siquiera asuma que los resultados aparentemente discriminatorios puedan ser resultado de circunstancias objetivas y, a menudo, relacionadas con el simple ejercicio de la libertad por las supuestas personas afectadas. Así, partiendo de un diagnóstico no probado, se puede llegar al resultado de promover una discriminación abusiva en su grado más peligroso. Hablo de la discriminación ordenada por los poderes públicos. Sin embargo, sobre esto he hablado muchas veces, así que no daré la matraca. Vayamos al peligro de la ley respecto a los bloggers.

Dice la entrada de Contando estrelas que el peligro resulta del art. 1 de ese anteproyecto, que

señala que dicha norma regulará los “derechos y obligaciones de las personas, físicas o jurídicas, públicas o privadas”. El Art.3 señala: “Esta Ley se aplicará en todos los ámbitos de la vida política, económica, cultural y social”. Y el Art.4, en un absurdo intento de ponerle puertas al campo, afirma que “queda prohibida toda conducta, acto, criterio o práctica” que atente contra los amplísimos e incluso contradictorios conceptos de discriminación que contempla dicha ley”.

A mi juicio, hace una lectura inadecuada de esos artículos. La ley distingue claramente entre el ámbito público (en el que interviene una administración pública) y el privado. Y lo hace porque, al igual que en el ámbito público no hay restricciones, sí las hay en el privado.

Así, el art. 2 5ª segundo párrafo dice:

“También lo serán a las personas físicas o jurídicas de carácter privado que residan, se encuentren o actúen en territorio español, cualquiera que fuese su nacionalidad, domicilio o residencia, en los términos y con el alcance que se contemplan en la presente Ley y en el resto del ordenamiento jurídico.”

Como se puede ver, la aplicación a las personas “privadas” de la Ley está sujeta a los términos y el alcance de la misma. Por tanto, y al margen de definiciones generales, hay que atenerse a las formas concretas de discriminación que se contienen en la ley y que sí se refieren a personas “privadas”. Luego veremos ejemplos.

Y el artículo 3, al referirse al ámbito objetivo, se refiere al empleo, a la participación en organizaciones políticas, sindicales y profesionales, a la educación, la sanidad, los servicios sociales y (esto es importante) al “Acceso, oferta y suministro de bienes y servicios a disposición del público, incluida la vivienda”. Como se puede observar, la cláusula general se refiere a servicios caracterizados por la obtención de un beneficio económico. Por tanto, ni el ámbito objetivo, ni el subjetivo avalan la tesis de la entrada, sino justo lo contrario.

Los artículos 4 y ss., que definen los tipos de discriminación, no pueden aplicarse más allá de los términos previstos en la ley, por lo que las reflexiones que se contienen en la entrada parten del error de considerar que se puede aplicar a todo tipo de decisión privada (por esa regla de tres, podrían incluirse, por ejemplo, decisiones como las de casarse o contratar unas vacaciones).

Esa interpretación, además, es acorde con el detalle de la ley cuando desarrolla el ámbito objetivo, en los artículos 12 y ss. (Sin embargo, el artículo 14 que regula el “Derecho a la igualdad de trato y no discriminación en el trabajo por cuenta propia” es disparatado, en particular en el punto en el que se dice “2. Lo dispuesto en el apartado anterior será igualmente de aplicación a los pactos establecidos individualmente entre el trabajador autónomo y el cliente para el que desarrolle su actividad profesional, (…)”, aunque el disparate nada tiene que ver con internet y los blogs).

En particular (y al margen de ese artículo 14) si observamos los casos que sí recoge la ley, hay que llegar a la conclusión contraria de la que se defiende en la entrada. Dejemos los artículos 12 a 18 que se refieren a empleo, sanidad, etc. El art. 19 regula el “Derecho a la igualdad de trato y no discriminación en el acceso a la vivienda” y, ojo, lo limita a casos de oferta pública (por lo que a contrario excluye otros supuestos); el 20 regula el “Derecho a la igualdad de trato y no discriminación en la oferta pública de bienes y servicios” y como su propio nombre indica, se refiere a supuestos de oferta al público general de bienes y servicios (y además, ni siquiera excluye que puedan existir “organizaciones, actividades o servicios destinados exclusivamente a la promoción de grupos identificados por algunas de las causas mencionadas en el artículo dos”; el 21 regula el “Derecho a la igualdad de trato y no discriminación en establecimientos o espacios abiertos al público” y es especialmente interesante, porque, aunque referido a espacios físicos, expresamente prevé se entienda “sin perjuicio de la existencia de organizaciones, actividades o servicios destinados exclusivamente a la promoción de grupos identificados por algunas de las causas mencionadas en el artículo dos” y que “las personas titulares de los establecimientos y locales a que se refieren los apartados anteriores darán a conocer en un espacio visible los criterios y limitaciones que resulten del ejercicio del derecho de admisión, y, con carácter previo a su aplicación, los comunicarán a las Administraciones Públicas competentes”. Por simple lógica, esto es aplicable en mayor medida a cualquier espacio privado “virtual”, como lo sería un blog.

Y, por cierto, el artículo 22, que se refiere a los “Medios de comunicación social y publicidad” obliga a que éstos eviten “toda forma de discriminación en el tratamiento de la información, en sus contenidos y su programación”. Como vemos, se trata de evitar la discriminación en los contenidos, por lo que no parece que pueda considerarse que los criterios de acceso a sus noticias (por ejemplo, los comentarios) estén afectados por la ley. Mucho menos, por lo tanto, en el caso de bloggers particulares.

Por tanto, los razonamientos sobre “Moderación de comentarios”, y las referencias a las sanciones (concretamente a las más graves), de la citada entrada, no me parecen justificadas. Tampoco las referencias a la existencia de un “inquisidor”, que me parece fuera de tono, por dos razones: la primera, que para que se produzca la inversión de la carga de la prueba, hay que presentar un “principio de prueba” de la existencia de la discriminación; la segunda, que expresamente se excluye de esa regla la aplicación de sanciones administrativas (por ejemplo, a las multas) y, faltaría más, la posible comisión de delitos. Esa regla sólo se aplica a cuestiones civiles y no es una novedad (al margen de que n os parezca más o menos acertada).

Dice la entrada que:

Viendo los innumerables y hasta contradictorios conceptos de discriminación que establece este anteproyecto, la ya de por sí cercenada libertad en la red va a sufrir un recorte enorme con esta nueva ley. Para seros sincero, no entiendo que toda la movilización que hubo en su momento contra la LSSI y más recientemente contra la Ley Sinde no se esté produciendo ahora contra la Ley Pajín. Estamos ante una ley mucho peor que la Ley Sinde en lo que respecta a la libertad de los internautas. Al fin y al cabo, se trata de una ley que reinstaura los delitos de opinión, y para colmo encomienda su persecución a un cargo político designado a dedo por el gobierno, violando el derecho a la presunción de inocencia de todo acusado. Ni la Ley Sinde había llegado tan lejos en la agresión a nuestras libertades.

La ley no me gusta. La filosofía en que se inspira, tampoco. Sin embargo, antes de hacer acusaciones tan gruesas hay que razonar con más detalle, sin extraer esas consecuencias de una manifestación general que, por cierto, no deja der ser una manifestación extraída de la propia Constitución y normativa europea. Ya está prohibido discriminar. Para entender que esa prohibición alcanza a decisiones individuales de contenido económico (e, incluso, más allá) no basta con deducirlo de una declaración general del primer artículo de una ley, sobre todo cuando esa deducción puede, además, chocar frontalmente con otras libertades básicas.

Así que no. La ley es una porquería, pero no es esa porquería.

17 comentarios en “Los bloggers y el síndrome de la frontera

  1. [0] M’ha encantao: “La ley es una porquería, pero no esa porquería”. Su entrada tiene un riesgo evidente. Si la lee la Sita Leire, ya le ha dado usted todas las pistas acerca de por qué su ley no nos va a tapar el culo y la boca del todo. Y, entonces, ¡zas!, se las apañará para que todo aquello que no nos puede cercenar quede cercenado. Tenga usted más cuidado, buen hombre, que por buena fe y santa sabiduría nos busca usted la ruina, ¡caray!

  2. Diálogo de la Generación Universitaria Mejor Preparada de la Historia y un profesor:

    -Oiga, ¿las notas cuándo estarán?
    – Las notas estarán a finales de la semana.
    – Ya, y eso, ¿cuándo es?

  3. Anécdota de Otro de Esos que son los Mejores Preparados de la Historia.
    El profesor descubre, rápidamente y con suma facilidad, que una redacción en inglés que los alumnos habían de entregarle, el Alumno Lumbrera la había copiado. Cita al alumno en su despacho:
    – Esta redacción que me ha entregado no la ha escrito ud. Alguien se la ha escrito.
    – Sí, claro, pero si no, ya me dice cómo apruebo inglés, si no sé nada.

  4. [3] Bien, bravo. Le cuento otra similar:

    – Perdone, está el profesor XXXX
    – No, no está, ¿qué querías?
    – Es que todos sus alumnos aparecemos suspensos en las listas de calificaciones
    – Pues debe ser un error. Espera, que lo voy a comprobar… Efectivamente, es un error en la impresión de las listas. Esperad diez minutos y ahora cuelgo las listas corregidas.

    Sale el buen alumno del despacho y dirigiéndose a la masa de alborotados en idéntica situación les dice: “El profesor XXXX no está, pero viene en diez minutos”. ¿Alguien me puede explicar por qué el subnormal dijo lo que dijo?

    En otra ocasión, en un examen, se pregunta en un problema que se determine un valor para el “tramo central”. Pregunta del avispado de turno: “¿Qué es un tramo central?”. Con cariño y cuidado se le explicó que si algo tiene tres tramos, el que no está más a la izquierda y tampoco está más a la derecha es el “tramo central”, propiedad que puede aplicarse a tramos, cabras, vacas, estanterías, alumnos y salamandras, por ejemplo.

    Otra preciosa fue cuando, tras una explicación acerca de los pesos de las cosas y cómo se aplican en los modelos mecánicos, un gilipollas -demostró serlo a lo largo del curso en muchas ocasiones- con una soltura de chulo de no te menees, espetó: “Eso es una milonga, porque en ningún sitio de todo esto aparece la gravedad”. En lugar de mandarlo a la mierda, fuera por los modales como por la profunda ignorancia, le recordé aquello de un memo llamado Newton y su manzanita. ¡Quedó perplejo, más que yo aún! Llegará lejos, seguro. A ministro, como poco.

  5. Me atrevo apensar que dice usted que no le gusta “la filosofía en la que se inspira” la ley Pajín en el mismo sentido en que tampoco le gustó la Ley Integral de Violencia de Género; recuerdo bien haberle leído sobre el particular. Personalmente, fui partidario de aquella ley y aborrezco de esta. La razón: acertada o equivocadamente en sus fundamentos técnicos (de eso sabe usted), la de violencia de género pretendía paliar un problema social que todo el mundo reconocía (reconoce) como real y grave. Es decir, dada la seriedad de asunto, los riesgos eran asumibles.

    La discriminación por razones de identidad u orientación sexual (todo lo demás, como usted dice, ya estaba protegido) existe, sin duda, pero diría que es muy minoritaria, anecdótica, sobre todo en los ámbitos “cultural y social” a los que la ley Pajín se refiere. Elaborar para arreglar eso una ley que afecta gravemente a la libertad de expresión incluso en el ámbito privado, por ejemplo, es cuando menos matar moscas a cañonazos. O algo peor.

    Gracias por el enlace, acabo de verlo.

  6. [12] Como es evidente, discrepo en lo de los riesgos asumibles cuando se trata del Código penal y de la libertad e igualdad de los ciudadanos. En cuanto a lo que usted afirma acerca de que se “afecta gravemente a la libertad de expresión, incluso en el ámbito privado”, pues la verdad, no lo veo por ningún lado. Y mire usted que la ministra Pajín no es de mi agrado, ni lo es este Gobierno. Yo creo que el análisis que se hace en esa web (análisis que veo se ha esparcido por el univeroblogueromundo) está totalmente descarriado.

  7. Muchas gracias por este análisis, que se parece mucho a las conclusiones a las que había llegado yo (aunque mis conocimientos legales son cercanos a cero). Debo discrepar con tigo y con Albert respecto a la filosofía que inspira esta ley.

    Soy una persona transexual, y con frecuencia sufro algún tipo de discriminación. El último incidente fue el martes pasado, cuando fui a hacerme un análisis de sangre y la enfermera me llamó a voz en grito por mi nombre legal (nombre femenino). Cuando en lugar de aparecer una mujer respondió un hombre, fue evidente que soy una persona transexual, y de hecho, hubo una persona que se echó a reir. Más allá del derecho al honor o la intimidad, ese pequeño acto de llamarme por mi nombre provoca de manera automática que se revele un dato de mi expediente médico que debe ser secreto. En otras ocasiones, me he dirigido al responsable de un centro sanitario para pedirle alguna solución (¡y tengo unas cuantas!) pero no tenían por qué hacerme ningún caso, y no lo hicieron. Con esta ley, podré exigir que me ofrezcan una solución.

    Albert, las personas transexuales somos pocas PERO TAMBIÉN TENEMOS DERECHOS. Que seamos pocos no significa que no merezcamos ser tenidos en cuenta, y que debamos soportar ser discriminados. Hay gente que piensa que no merecemos ser tenidos en cuenta. Incluso hay quien piensa que no merecemos vivir, y nos mata, pero como comprenderás, yo, personalmente, disiento enérgicamente de tal opinión.

    No me cae bien la señora Pajín, y lo cierto es que no comprendo como es posible que haya logrado elaborar una ley que responde de manera correcta y completa a la gran mayoría de los problemas de discriminación que las personas transexuales venimos sufriendo por parte, sobretodo, de la propia administración pública, al mismo tiempo que, en mi opinión, no se crea una situación de inseguridad jurídica, ni la ley es demasiado ambigua como para ser efectiva. No comprendo por qué milagro esta vez lo han hecho bien, pero lo cierto es que me parece que lo han hecho muy bien.

    ¿No estáis de acuerdo con la filosofía de combatir la discriminación? Pues yo (y como yo, muchas otras personas) la veníamos necesitando como el agua para beber. Nuestros problemas también merecen ser atendidos, y llevamos esperando 30 años de democracia a que nos toque el turno.

  8. [14] Yo no me opongo a que se combata la discriminación. Me opongo a que se combata discriminando a otros, basándose en un diagnóstico (que es el que se encuentra detrás de la llamada política de género) no probado en absoluto que pretende implantar fórmulas de ingeniería social en contra de algunas tradiciones que sí han demostrado tener algo que ver con la libertad de la gente y la prosperidad de los países. El suceso que menciona en su post no es un caso de discriminación. Se le discriminaría si no se le prestase una asistencia médica por sus circunstancias. Creo que existe mucha confusión en la materia. A usted le parece que nadie se debe reír de un transexual y me parece bien, pero no se puede legislar sobre lo que piensan las personas. La gente se ríe de los obesos y de los enanos y de los tartamudos, y si eres feo lo pasas bastante peor que si eres guapo. La realidad nos discrimina y no podemos evitarlo, y por esa razón, aunque fui un base de baloncesto notable, no juego en los Lakers. Lo que hay que evitar es que la ley o los poderes públicos nos discriminen. Personalmente no tengo problema en que la vida de la gente sea más razonable, adoptando normas razonables (por ejemplo, sobre cambio de nombre). Pero eso sí, al hacerlo hay que tener cuidado. Lo que no creo que sea razonable es exigir por ley buenos modales a nadie.

  9. A mí me parece que el hecho de que mi expediente médico no sea sanitario y esté a disposición de todos los pacientes en la sala de espera es un caso claro de discriminación desde la administración.

    Por cierto, también he sido obeso, y también he sufrido discriminación por ese motivo, especialmente en lo relativo al acceso al trabajo, y a bienes y servicios (pero no desde la administración).

    Por supuesto que, siendo un hombre, las cuestiones de discriminación por razón de género le importan poco, hasta que llega el día en que un juez le quita la custodia de sus hijos en un proceso de divorcio, que entonces, sí, ahí si queremos igualdad.

  10. [16] No entiendo bien dónde está la discriminación. Que la gente deduzca algo por el aspecto físico no implica que la gente conozca el expediente médico. Pasa constantemente en cuanto hay un elemento exterior visible. Por ejemplo, le pasa a los que se someten a una quimio y se quedan calvos, o los que están muy delgados porque quizás sean anoréxicos. Y curiosamente, como la gente es así, en muchos casos lo que piense la gente ni siquiera tendrá que corresponderse con la realidad. Insisto, no se puede legislar contra lo que la gente piensa, sólo se puede evitar que a uno le discriminen (injustificadamente -digo esto porque, como se refleja en la doctrina del TC hay muchos casos de discriminación justificada), sobre todo cuando se trata de poderes públicos.

    En cuanto al último párrafo, contiene una afirmación que no se justifica por dos razones: la primera que no me conoce (llevo muchos años escribiendo sobre esto en este blog y en otros); y la segunda y más importante, porque no discute mi afirmación. He dicho y vuelvo a insistir en ello, que me parece bien la prohibición de discriminación por las razones que se recogen en la CE, pero no esoy conforme con la ideología de género y la política de igualdad de género, que me parecen un “constructo” sin fundamento científico y un ejemplo típico de ingeniería social pernicioso. El problema no es que me importo poco o mucho la discriminación por razón de sexo. El problema es que se pretenda indiscutible un modelo que contiene unas causas, unas descripciones y unos tratamientos para ese problema con los que no tengo (ni yo ni muchas otras personas) por qué estar de acuerdo. Sobre todo cuando la solución es la discriminación positiva, que no comparto en absoluto.

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