La verdad se dice, no se escribe

Un hombre monta a caballo, hace la guerra, gasta las flechas de su carcaj y dice la verdad. En estas sencillas cosas creían los reyes y nobles de aquel imperio persa con el que soñaba Alejandro. Despreciaban la idea de contar en vez de hacer. Por eso los documentos —cuentas y baratijas— se escribían en lenguas extranjeras, como el arameo, y por hombres inferiores. El tiempo nos ha dejado poco más que los nombres, en las crónicas escritas por sus enemigos. Algo parecido debió de intentar aquel texano que dijo que se enorgullecía de que su Estado no hubiera producido un solo poeta. Por desgracia, es falso. Ganaron los griegos y luego los árabes. Y nos infectaron con la literatura.

Antología de música clásica occidental (30)

Hoy vamos a hablar de chansonniers del siglo XV. Bueno, antres de hablar de ellos, veamos alguno:



Se trata del famoso chansonnier cordiforme, un greatest hits, ya que muchas de sus 43 canciones eran tremendamente famosas. Se conservan bastantes chansonniers de la época, y la mayoría, como objetos de lujo que son, están magníficamente iluminados. Considerando su coste, es lógico que se tuviera buen cuidado al escoger las obras. Naturalmente, las más famosas fueron escritas por autores de los que ya he hablado, como Dufay y Binchois, así que hablaremos de otros autores de la generación posterior, que, con la excepción de Ockeghem, se centraron en la música profana.

Es el caso del inglés Robert Morton, músico a las órdenes de Felipe el Bueno, el amigo borgoñón, muy bien considerado en su época.

145: El rondó Le souvenir de vous de Robert Morton:


Morton fue maestro de Hayne van Ghizeghem, un autor básicamente de rondós, que se caracteriza por usar un estilo imitativo libre, de melodías con curvas prolongadas y suaves. Se aprecia esto en su chanson más famosa, una obra de juventud, que fue utilizada como cantus firmus por muchos de los maestros de las generaciones siguientes.

146: La chanson De tous bien plaine de Hayne van Ghizeghem:


Sin embargo, sobresale sobre todos los compositores de chansons de su época Antoine Busnois, músico a las órdenes del borgoñón Carlos el Atrevido. Su producción incluye misas y motetes, pero sobre todo sobresale por sus más de sesenta canciones, entre las que compuso, rondós, virelais, y piezas en forma libre, casi todas en francés, aunque una de las más famosas es una de las dos escritas en italiano. Se trata de Fortuna desperata, una obra de atribución dudosa que fue vampirizada por los músicos de los cien años siguientes (como Isaac, Agricola o Desprez).

147: Fortuna desperata de Antoine Busnois, en versión instrumental:


Escuchemos la hermosísima criatura de Henricus Isaac, basada en esa chanson:

148: Fortuna desperata de Henricus Isaac:


Hay en Busnois un uso muy acentuado de la imitación. Este recurso es, en parte, resultado de la ampliación de las voces. Las voces contrastantes son más necesarias cuando se mueven en un espacio sonoro similar. Sin embargo, la extensión de las voces hacia el agudo y el grave, las libera de posibles confusiones. La extensión hacia el grave permite a Busnois experimentar creando una obra con voces que se mueven exclusivamente en ese registro:

149: La chanson Bel acueil de Antoine Busnois:


No hay mejor manera de terminar esta entrada que escuchando algunas piezas profanas de Ockeghem. Escribió una veintena de chansons, muy en el estilo de Dufay y Binchois, pero la naturaleza melancólica y misteriosa de su música impregna sus creaciones, y la privilegiada capacidad melódica que desarrollan todas sus voces y su extensión hacia las zonas graves las distinguen de las obras de la generación anterior.

150: La chanson Qu’es mi vida basada en una obra precedente del español Cornago:


151: La chanson Ma maistresse de Johannes Ockeghem:


Y para terminar, les dejo con el 152: canon Prennez sur moi votre exemple amoureux, de Johannes Ockeghem, uno de esos ejemplos de virtuosimo musical que encandiló a críticos o teóricos.