Aprovechando el titular


Sale en El Mundo la noticia de que tres magistrados del Constitucional se intentan pirar y uno de ellos, Eugenio Gay, da el titular: “el Tribunal está secuestrado”.

Guille Ortiz, en twitter, comenta “El vicepresidente del Tribunal Constitucional dice que “está secuestrado” pero si lo dice el 15-M es q somos una panda de niñatos malcriados“. Ese comentario ha dado lugar a una discusión curiosa. No pretendo reproducirla aquí. Si lo menciono no es por escaparme de la discusión (¡eso nunca!), sino por una cuestión de espacio, y porque el tema me sirve para hacer alguna reflexión más amplia.

Mi reproche al comentario tiene que ver con algo muy sencillo: Gay no denuncia ningún sistema. Al contrario, el que hay le parece de miedo y lo dice claramente. Denuncia que no se cumpla la Constitución, es decir, que los políticos (vamos, el PP y el PSOE) no les renueven. Naturalmente eso no tiene nada que ver con la denuncia de ningún sistema de dominio del legislativo sobre el judicial, como me dice Guille Ortiz. Tampoco quiere el señor Gay que el “poder judicial no dependa del legislativo” como me dice Guille quieren los del 15-M. Sobre todo porque el señor Gay está hablando del Tribunal Constitucional, un tribunal que está expresamente fuera del poder judicial. Y si lo limitamos al propio Tribunal Constitucional, está claro que el señor Gay quiere que el nombramiento esté sometido al legislativo, no sólo porque así se le eligió a él, sino porque lo dice expresamente. Y no deja de ser gracioso que el señor Gay que expresamente se refiere a la legitimidad de los cargos prorrogados (para ratificarla) diga que el Tribunal está secuestrado porque no se renueva, cuando la consecuencia de que no se renueve es que el siga dictando sentencias, y ya sabemos, porque lo afirma, que es muy independiente. Y es que la expresión es básicamente idiota por una cuestión: al dejar la Constitución el nombramiento en manos del legislativo, el nombramiento y el bloqueo al nombramiento se convierte inmediatamente en cuestión política. Las dos cosas. No en vano, muchos (yo mismo) defienden que el nombramiento vitalicio es una buena solución y el bloqueo produce una extensión del nombramiento.

En resumen, ¿qué coincidencia hay entre el secuestro de Eugenio Gay y el 15 M? Ninguno, claro, más allá de la idea de que los políticos son malos. Pero ojo, no basta con la maldad, habrá que ver de qué tipo. En realidad, pasa que es difícil huir del titular. Si Gay dice que el TC está secuestrado, hay que trincar la expresión deprisa por venir de quien viene.

Y ahora veamos lo que quieren los del 15M, según me dice Guille Ortiz. Quieren que los jueces no dependan del legislativo. Si se refiere a los jueces en su labor jurisdiccional, ya no dependen, puesto que son independientes por ley y su nombramiento no depende del legislativo. Si se refiere al gobierno de los jueces, es decir al Consejo General del Poder Judicial, y si se pretende que no dependan del legislativo ¿de quién van a depender? ¿De ellos mismos? ¿Del Gobierno? ¿De la Junta General de Democracia Real Ya?

Lo digo porque hay que dar una solución al asunto, y no parece que la peor sea que dependa del legislativo, que, al menos, es resultado de una elección general. ¿Volver al sistema antiguo, ése en el que los jueces, bastante conservadores ellos, a lo mejor empiezan a gobernarse sin atender al “sentir de la calle”? Y es que uno está hasta los huevos, además, de escuchar que hay que meter mano a los retrógrados (en el mejor de los casos) o a los franquistas jueces que hacen lo que quieren. ¿Los dejamos que sean independientes o les metemos mano cuando “fascistizan”? No sé, ¿quizás se trata de crear tribunales populares? Pediría algo de concreción, claro.

No, no la habrá. No me gusta el movimiento del 15 M y ya he explicado por qué. Me parece que es producto de una gigantesca automamada de una generación que se ha creído, de verdad, su propia propaganda. Una generación que no cree que sea responsable de ninguno de sus males, por cierto, bien inferiores a los de anteriores generaciones. Y además, como decirlo, si se tratase de un movimiento que buscase una regeneración institucional, me resultaría más consumible; por desgracia, en el paquete se están discutiendo soluciones concretas más allá de la regeneración democrática. Vamos, que de matute se pretende incluir el viejo paquete de las izquierdas y su lista de buenos y malos. Y en ese afán son inasequibles.

Pero, en fin, por discutir que no quede. Ahora, ¿sobre qué discutimos?

Antología de música clásica occidental (31)


Para Ana Nuño

Hace muchos años, en un libro, vi una fotografía de Richard Strauss que me impresionó. Con apenas dos años, su mirada es tan increiblemente melancólica y madura, que la fotografía casi parece una falsificación. Para escribir esta entrada, me he puesto a buscarla por internet, pero no aparecía, así que he desempolvado el libro, un ejemplar de una enciclopedia que hace años que no miraba.



Richard Strauss es un músico irritante. Sus obras están repletas de pasajes brillantísimos, pero su desmesurada afición por lo teatral, en el mejor y en peor sentido de la palabra, le llevaron, demasiado a menudo, a poner su genio, su capacidad melódica, su orquesta deslumbrante, al servicio de la búsqueda de un efecto directo e inmediato en el oyente. Escuchar sus poemas sinfónicos es un ejercicio de percepción de la banalidad de muchas ideas musicales, envueltas en brillos y brumas inadecuados, y de admiración por su capacidad, pese a todo, para empujar el discurso musical.

Strauss es un genio irritante, digo. Capaz de algo tan sublime como esto …



… y algo tan pretencioso y tontorrón como esto …



No importa. Ya habrá tiempo, dentro de cuatro o cinco años, de hablar más detalladamente de lo bueno. Sobre todo de sus espectaculares arranques (ya lo he dicho, dominio del drama), como el de la Sinfonía Alpina …



Ya hablaremos, pero Strauss es grande, sobre todo, para mí, por sus cuatro últimos lieder. No se trata tanto de las cualidades musicales de estas sublimes obras. No hay, en ellas, nada que no pertenezca a Richard Strauss, a toda su obra anterior. No son sorprendentes, sólo son maravillosas.

Existe la música balsámica. Esta pertenece al género. Sobre todo dos de ellos, Beim Schlafengehen y Im Abendrot. Curiosamente, terminaron juntos por una decisión del editor, ya que Im Abendrot se basa en un poema de Joseph von Eichendorff, mientras que las otras tres canciones usan textos de Hermann Hesse. No importa; el editor acertó. Las canciones son crepusculares, visiones manifiestas, incluso literales, de la muerte, pero el efecto que producen es de tal serenidad que es mi mejor recomendación para cuando tengan un mal momento. El otro día, en el coche, mientras escuchaba, una vez más, Im Abendrot, pensé en la diferencia entre lo que estaba escuchando y algunas obras, por ejemplo, de Mozart, tan serenas y claras, tan perfectas y equilibradas, tan inefablemente inhumanas. Si tienen un mal día, escuchen las dos obras de Strauss que les recomiendo: su hermosura no es tan atemporal, porque en ellas hay dolor y humanidad, porque acaso esto sea la muerte.

153: El lied con orquesta Beim Schalafengen de Richard Strauss:


Nun der Tag mich müd’ gemacht,

soll mein sehnliches Verlangen

freundlich die gestirnte Nacht

wie ein müdes Kind empfangen.

Hände, laßt von allem Tun,

Stirn, vergiß du alles Denken,

alle meine Sinne nun

wollen sich in Schlummer senken.

Und die Seele unbewacht,

will in freien Flügen schweben,

um im Zauberkreis der Nacht

tief und tausendfach zu leben.

154: El lied con orquesta Im Abendrot de Richard Strauss:


Wir sind durch Not und Freude

gegangen Hand in Hand;

vom Wandern ruhen wir

nun überm stillen Land.

Rings sich die Täler neigen,

es dunkelt schon die Luft,

zwei Lerchen nur noch steigen

nachträumend in den Duft.

Tritt her und laß sie schwirren,

bald ist es Schlafenszeit,

daß wir uns nicht verirren

in dieser Einsamkeit.

O weiter, stiller Friede!

So tief im Abendrot.

Wie sind wir wandermüde–

Ist dies etwa der Tod?