Busque, compare y escoja

Hace unos eones de entradas (es decir hace cuatro meses mal contados) alguien escribió aquí contra la comparación de versiones que impostan los pretendidos entendedores del hecho musical. Impostaciones similares a los eruditos del hecho vinícola. O, singularmente, a los conocedores (¿hay alguno?) del hecho futbolístico.

Yo me adhiero a las palabras y me declaro en rebeldía. Me adhiero porque he sido incapaz de descrifar los miles de códigos ocultos que un erudito musical (cuánto más uno operístico) usa para arrimar el ascua a su soprano.

Y me rebelo porque me quedé extasiado con la Barcarola de Garanča y Netrebko. Extasiado de oír y, por qué no decirlo, extasiado de mirar.

Y entonces busqué y comparé. Dios me perdone por decir pero lo primero que encontré fue esta versión de Horne y Caballé. Nuit d’amour por los cojones: dan ganas de salir corriendo.

Aquí unas hermanas rumanas sin mucho sentimiento (¿qué coño es eso del sentimiento?)

Después topé con una versión de Horne y Sutherland. Está algo mejor pero es más de lo mismo. Y mejor no mirar, sin entrar en detalles.

Finalmente decidí buscar a Schwartzkopf. Encontré su voz acompañada por Collard. Es una versión tan douce como la de Garanča y Netrebko. Pero sin vídeo.

No sabía qué tenía la primera versión pero creo que empiezo a saberlo.

(disculpen la verborrea, el blog volverá a su normalidad próximamente; en cuanto deje de procrastinar)

Probabilidad

Les he contado alguna vez el chiste del suceso improbable. El asombroso caso de aquél que ingresaba en el avión con una bomba en el equipaje. No por matar sino en la creencia de que la probabilidad de que ocurrieran simultáneamente dos bombas en un mismo avión es despreciable.

La tontería hacerse dos preguntas diferentes: la probabilidad de que haya dos bombas en un avión, in abstraco sensu. Y la probabilidad de que haya dos bombas en una avión sabiendo que yo llevo una en la mano. En cuyo caso cual, se reduce a la probabilidad de que haya una bomba adicional.

El caso es que les dejo con algunos sucedidos para estudios magufos.

  1. Hay cuatro jugadores norirlandeses en la nómina actual del golf. Nunca han ganado nada. Si nos centramos en el US Open de golf vemos que ningún jugador europeo lo ha ganado desde 1970. Y solo es año si miramos la vista atrás hasta antes de la guerra.

    ¿Cuál es la probabilidad de que dos jugadores europeos, norirlandeses y distintos ganen un US Open de golf back to back?

    Pues no se sabe pero van McDowell (2010) y McIlroy (2011) y lo hacen.

  2. El Master de Augusta desde 1934 se juega y se juega. Hay jugadores diestros y zurdos. Los últimos son una raredaz, incluso más que en otros deportes como el tenis. Quizá porque haya que jugar con palos de zurdo (no es el caso en el tenis) y fueran más difíciles de encontrar. Hay un poco más de jugadores zurdos que jugardores norirlandes. El pocos por ciento.

    ¿Qué probabilidad hay de que dos jugadores zurdos distintos ganen consecutivamente el Masters de Augusta? Poz no se sabe pero en el año 2003 lo gano Mike Weir, el primer canadiense y el primer zurdo en casi setenta ediciones. Y al año siguiente lo ganó el siguiente zurdo: Phil Mickelson, quien desde entonces lo ha ganado alguna vez más. Pero ninguno otro zurdo lo ha hecho.

  3. Los jugadores de golf suelen jugar con su mano débil enguantada. Ayuda a que el palo no se mueva y, en último caso, evita que salga despedido tras la bola. Excepciones. Uno juega con las dos manos enguantadas y, al menos dos, juegan con las manos desnudas y callosas. Provienen de la misma universidad y entrenador. Uno es Byrd Jonahtan y el otro e Glover Lucas. Es decir, Lucas Glover juega sin su apellido.

    ¿Cuál es la probabilidad de que los dos únicos jugadores desguantados que hay en la lista de jugadores queden empatados por la primera plaza y tengan que disputar un play-off de desempate? Pues va y ocurre.