Antología de música clásica occidental (32)

Para quien pueda usarla
como ejercicio de traducción

Schweigt stille, nicht plaudert

Eso escuchaba anteayer. Ya era de noche, y a la altura de Manzanares, el cielo empezaba a estallar. En ese momento, el historicus, un señor no muy educado, me pidió que dejara de parlotear. Iban a aparecer Schlendrian y Lieschen. Así comienza la cantata profana catalogada con el BWV 211 de Bach, y que todo el mundo conoce como Cantata del café.

Schweigt stille, plaudert nicht
Und höret, was itzund geschicht:
Da kömmt Herr Schlendrian
Mit seiner Tochter Liesgen her,
Er brummt ja wie ein Zeidelbär;
Hört selber, was sie ihm getan!

Las cantatas profanas son como el “negro” de Bach. Reutilizó su música constantemente, y sin embargo la versión “buena”, nos dicen, de esa música, es la sacra. Ya saben que hay dos mandamientos en el credo bachiano que se reúnen en uno: la mejor música de Bach es la sacra, pero toda la obra de Bach es sublime. Naturalmente, el credo no se lo creía ni Dios, es decir, ni Bach, pero por ahí anda, reptando espiritual y pringosamente. Una formulación ad hoc del credo nos indica que si Bach reutilizó esa música en la que canta la pasión por el café, por ejemplo, pero aplicándola al misterio divino, es porque realmente Bach siempre tenía en mente el inefable telos del hombre. Ven, eso le pasa a mi escritura también. Quiero hablar de algo sin importancia, de algo cotidiano, pero mi pluma termina libre y etérea, revoloteando.

Bueno, así andaba yo, circulando con la música a toda hostia y rodeado de rayos y truenos, cuando entró Schlendrian. El pobre hombre está gravemente mosqueado con su joven y viciosa hija, Lieschen, una adicta al café, esa espantosa droga que llega de Oriente y que amenaza con perturbar la vida de las honradas familias burguesas. Lieschen, aunque no se dice, puede que frecuente uno de esos lugares horribles, en los que los libertinos y los revolucionarios traman todo tipo de maldades, entre gritos y risas, rodeados de humo.

Hat man nicht mit seinen Kindern
Hunderttausend Hudelei!
Was ich immer alle Tage
Meiner Tochter Liesgen sage,
Gehet ohne Frucht vorbei.

Seguro que Bach estaba de acuerdo con que los hijos dan cien mil disgustos (en su caso, dos millones), pero no creo que incluyese el café entre ellos. El tono de la obra, un auténtico entremés, una de esas óperas exprés, como La serva padrona, lo desmiente. También lo hace que el Collegium musicum quizás estrenase la obra precisamente en uno de esos lugares horribles: el Café Zimmermann de Leipzig.

Además, frente al rigor paterno, que pide a la hija que aparte de su vista el café como quien pide que aparte de él ese cáliz terrible, quién puede resistirse al encanto de la maravillosa melodía que presenta la flauta y que le sirve a la díscola hija para confesarle al ceñudo Schlendrian que sin sus tres tazas morirá como una cabra chamuscada.

Bass
Du böses Kind, du loses Mädchen,
Ach! wenn erlang ich meinen Zweck:
Tu mir den Coffee weg!
Sopran
Herr Vater, seid doch nicht so scharf!
Wenn ich des Tages nicht dreimal
Mein Schälchen Coffee trinken darf,
So werd ich ja zu meiner Qual
Wie ein verdorrtes Ziegenbrätchen.

El texto de la obra es de Picander, un señor que realmente se llamaba Cristiano Federico y al que se suele poner a parir por su deleznable obra literaria. No crean, no es que Bach tuviera un gusto discutible, es que los poetas disponibles se parecían al ciego Milton sólo en lo de ir ciegos. Cómo sería la cosa que Cristian de Sajonia, un tipo cultivado a la par que duque y pastoso, comenzó su particular cruzada contra los malos poetas harto de que las piezas musicales que le cantaban a la hora de la cena siempre acabasen rimando en sachsen, wachsen y achsen. Sin embargo, en esta ocasión, nos dicen los expertos, el hombre escribió un texto legible y moderadamente cachondo. Incluso un tanto subido de tono. Y si no me creen, vean cómo la pícara Lieschen se ofrece a quien le traiga su amado café.

Ei! wie schmeckt der Coffee süße,
Lieblicher als tausend Küsse,
Milder als Muskatenwein.
Coffee, Coffee muss ich haben,
Und wenn jemand mich will laben,
Ach, so schenkt mir Coffee ein!

La pelea entre el padre y la hija alcanza cotas heroicas en el recitativo siguiente. El padre va amenazanado a la hija con la pérdida de todos los placeres: ni vestidos, ni paseos, ni fiestas, ni joyas. Nada, es imposible: a todo es capaz de renunciar Lieschen por su único placer.

Wenn du mir nicht den Coffee lässt,
So sollst du auf kein Hochzeitfest,
Auch nicht spazierengehn.
Sopran
Ach ja!
Nur lasset mir den Coffee da!
Bass
Da hab ich nun den kleinen Affen!
Ich will dir keinen Fischbeinrock nach itzger Weite schaffen.
Sopran
Ich kann mich leicht darzu verstehn.
Bass
Du sollst nicht an das Fenster treten
Und keinen sehn vorübergehn!
Sopran
Auch dieses; doch seid nur gebeten
Und lasset mir den Coffee stehn!
Bass
Du sollst auch nicht von meiner Hand
Ein silbern oder goldnes Band
Auf deine Haube kriegen!
Sopran
Ja, ja! nur lasst mir mein Vergnügen!
Bass
Du loses Liesgen du,
So gibst du mir denn alles zu?

Sin embargo, el sabio lo es por viejo. Schlendrian tiene un as en la manga. Sabe que hay que encontrar el punto débil …

Mädchen, die von harten Sinnen,
Sind nicht leichte zu gewinnen.
Doch trifft man den rechten Ort,
O! so kömmt man glücklich fort.

… y el punto débil es el de siempre. “No tendrás novio” sentencia el padre, “si no renuncias al café”.

Bass
Nun folge, was dein Vater spricht!
Sopran
In allem, nur den Coffee nicht.
Bass
Wohlan! so musst du dich bequemen,
Auch niemals einen Mann zu nehmen.
Sopran
Ach ja! Herr Vater, einen Mann!
Bass
Ich schwöre, dass es nicht geschicht.
Sopran
Bis ich den Coffee lassen kann?
Nun! Coffee, bleib nur immer liegen!
Herr Vater, hört, ich trinke keinen nicht.
Bass
So sollst du endlich einen kriegen!

Ya ven, Lieschen tendrá que renunciar al café. Su única exigencia es que el intercambio entre hombre y café sea rápido, para poder olvidar su placer preferido retozando (en su quinta acepción) en la cama con su amado.

Heute noch,
Lieber Vater, tut es doch!
Ach, ein Mann!
Wahrlich, dieser steht mir an!
Wenn es sich doch balde fügte,
Dass ich endlich vor Coffee,
Eh ich noch zu Bette geh,
Einen wackern Liebsten kriegte!

Parece que ha triunfado la experiencia sobre la juventud y la sagrada institución matrimonial sobre el vicio. Pobre Schlendrian. Gracias al tenor conocemos los pensamientos de la joven Lieschen: sólo aceptará al hombre que jure que le dejará seguir bebiendo su amado café. Y todos sabemos que ese hombre será el primero.

Nun geht und sucht der alte Schlendrian,
Wie er vor seine Tochter Liesgen
Bald einen Mann verschaffen kann;
Doch, Liesgen streuet heimlich aus:
Kein Freier komm mir in das Haus,
Er hab es mir denn selbst versprochen
Und rück es auch der Ehestiftung ein,
Dass mir erlaubet möge sein,
Den Coffee, wenn ich will, zu kochen.

En fin, qué más da lo que diga la moraleja sobre gatos, hijas, madres y abuelas. Andaba por la R4 y el viento había llenado la calzada de algo parecido a los tumbleweed de las pelis del oeste. Así que, al son de la Cantata del Café, los coches bailaban de derecha a izquierda, alegres y confiados, y en el cielo una tramoya de fuegos artificiales se burlaba, triunfante, de agoreros y pesimistas.

Die Katze lässt das Mausen nicht,
Die Jungfern bleiben Coffeeschwestern.
Die Mutter liebt den Coffeebrauch,
Die Großmama trank solchen auch,
Wer will nun auf die Töchter lästern!

155: La cantata Schweigt stille, nicht plaudert de Johann Sebastian Bach.

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