Hola, me llamo Tsevanrabtan y soy un adicto


Desde que prometí no intervenir en blogs lo he hecho en tres ocasiones. En una dije Jooooder; en otra, en el blog Malaprensa, comenté algo sobre el Papa; la última es la peor: en el blog Pandemónium me he comportado groseramente. Les ruego lean los comentarios.

Espero, con la ayuda de todos vosotros, amigos míos, no volver a recaer. No obstante, antes de regresar al sitio que me corresponde, quiero pedir perdón y dar una explicación.

No suelo tutear en los blogs, salvo para ser grosero. Tuteé a Cristian Campos en mi comentario (aunque hay una razón para ello que no quiero mencionar -de verdad que no quería ser grosero) y está mal. También está muy mal que haya dicho eso de “o no has leído la noticia o no la has entendido”. Por explicar un poquito mi comportamiento, creo que el exabrupto (oportunamente respondido por el autor del blog) fue resultado de que me molestó eso de “Tonto el que sobreviva” como nuevo lema de la justicia española. Así que le pido disculpas a Cristian Campos por mi comentario.

Lo anterior no es obstáculo para que siga pensando que el titular del mundo es una enorme ñorda y para que no me convenza el último comentario de Cristian Campos. Así que le doy mi explicación, tal y como he solido hacer desde hace años, de forma breve y concisa.

El titular de El Mundo dice:

El Supremo no ve delito en que un enfermo de sida no informe a su pareja

Tan “poco fiel” me parecía el titular que he mandado un correo al blog Malaprensa avisando de su existencia. Ya ven.

Básicamente yo decía que el Supremo no podía ver delito porque no existe tal delito en el Código Penal: no informar de que puedes contagiar una enfermedad. Y si se pretende decir que el delito es el contagio y no la ausencia de información, lo acojonante es que al tipo con SIDA sí le condena el Supremo como autor de un delito de lesiones imprudentes.

Frente a mi comentario, Cristian Campos defiende que el titular es correcto. pero antes de responder, prefiero dejar claros algunos conceptos:

1.- El titular dice que el Supremo no ve delito en que un enfermo de SIDA no informe a su pareja. Si lo leemos literalmente, el titular es absurdo porque no existe tal delito. Ya lo he dicho, pero no se crean que es una perogrullada. Podría ser delito. Imaginemos que el legislador condena a quien no informe a su pareja estable de que padece una enfermedad infecciosa. Pero no lo busquen en el Código Penal. No existe.

Sí existió en nuestra legislación el delito de propagación maliciosa de enfermedades infecciosas (en alguna redacción específicamente referido a enfermedades venéreas). Existió a partir de 1928, y se repitió en el código de 1932, en la reforma de 1958, y en la de 1973. Les copio la última redacción de ese artículo, hoy derogado:

348 bis.

El que maliciosamente propagare una enfermedad transmisible a las personas será castigado con la pena de prisión menor. No obstante, los Tribunales, teniendo en cuenta el grado de perversidad del delincuente, la finalidad perseguida o el peligro que la enfermedad entrañare, podrán imponer la pena superior inmediata, sin perjuicio de castigar el hecho como corresponda si constituyere delito más grave.

Cuando se empezaron a discutir anteproyectos de un nuevo código penal (y el SIDA llevaba una decena de años por ahí) se llegó a plantear el mantenimiento del contagio como un modo de causación del delito de lesiones en su forma más grave. Al final, como las lesiones se pueden causar por cualquier medio o procedimiento, conforme a lo que establece el artículo 147 del Código Penal, se decidió no incluir específicamente el contagio. Y esa figura histórica desapareció. Vamos, que el legislador optó por no crear un tipo penal independiente.

2.- Si el titular no quería decir literalmente eso (y nos ponemos a interpretar, como hace Cristian), sino que el hecho de no informar, acompañado por la relación sexual no supone un delito (uno de los que sí están en el Código) para el Tribunal Supremo, también dice mal, porque, el caso es que sí le han condenado al buen hombre por mantener una relación sexual estable, sin informar a su pareja, como autor de un delito de lesiones imprudente. ¿Es delito o no es delito? Cristian Campos aduce que no informar y mantener relaciones sexuales podría ser un delito de homicidio doloso en grado de tentativa, con independencia de que se diese o no contagio y que eso es lo que quiere decir (bien, afirma) el titular. Para explicar por qué creo que está equivocado debo soltarles un rollete previo.

Los delitos pueden ser dolosos o imprudentes.

Son dolosos, digamos, de manera poco técnica, cuando hay voluntariedad a la hora de realizar la conducta delictiva. El dolo puede ser directo (se quiere y ya está), o eventual (básicamente el autor no quiere de forma directa realizar el hecho punible, pero comprende y asume, con su comportamiento, que es probable que ese hecho tenga lugar) Un ejemplo de dolo eventual sería el siguiente: el homicida dispara al azar desde una terraza, sin apuntar: no quiere matar a nadie concreto, pero conoce y asume que es probable que mate a alguien.

Los delitos son imprudentes cuando el resultado se produce como consecuencia de una conducta realizada sin la diligencia debida. Ya saben, el conductor que se salta el STOP.

Por otro lado, los delitos se pueden consumar totalmente o, en su defecto, ejecutar en grado de tentativa: el autor o bien ha comenzado a ejecutar el delito y no termina de ejecutarlo, o bien ha realizado todos los actos de ejecución, pero por causas independientes a su voluntad no se consuma la conducta tipificada como delito. El sujeto dispara a la víctima y para la bala un chaleco antibalas, por ejemplo. Más aún, aunque es asunto discutido, incluso en el supuesto de que la tentativa no sea idónea (salvo que la inidoneidad lo sea absolutamente: por ejemplo me dispongo a matar a mi vecino con un conjuro), si quiero matar utilizando medios no válidos para ese fin, pero que podrían considerarse racionalmente idóneos, se comete el delito (aunque en grado de tentativa).

También deben ustedes saber que los delitos no son disponibles. Es decir, el autor de un homicidio sigue siéndolo aunque la víctima esté conforme con que la maten. Lo mismo hay que decir de las lesiones. Por esa razón, expresamente se excluyen las intervenciones quirúrgicas (por ejemplo) en el Código Penal, porque, de no estarlo, cada vez que el médico pilla el bisturí cometería un delito de lesiones. Otra cosa es que, de mediar el consentimiento, la pena que se imponga sea inferior (así sucede en el caso del cooperador en el suicidio de otro o de las lesiones consentidas); pero sigue siendo delito. No lo es, sin embargo, cuando el consentimiento forma parte del tipo: quien consiente una relación sexual no puede ser víctima de una violación, porque la violación es precisamente la relación inconsentida (mientras que el homicidio no es la muerte inconsentida).

Por último, la diferencia entre homicidio y lesión se fundamenta en que, en el primero, hay intención de matar, mientras que, en el segundo, lo hay de menoscabar la integridad personal o la salud física o mental de la víctima. Esa intención se suele deducir de los actos ejecutados. Ya saben, eso de “mortal por necesidad”. Aunque en teoría es igual el tiempo que pase desde que se ejecutan los actos y el resultado mortal, tiene que existir una relación absolutamente directa entre unos y otro. La mayor parte de las lesiones graves que no son mortales de necesidad, sin tratamiento médico, ocasionarán la muerte. Más aún, es posible que una lesión acorte la vida de una persona (por ejemplo, como consecuencia de la lesión se padece una afección cardiaca) y aún así seguir siendo una lesión. Cada minuto que pasa desde que tuvo lugar la conducta lesiva sin que tenga lugar la muerte están influyendo factores externos que son independientes de esa conducta. No les digo nada, cuando pasan veinte años. O, por decirlo de otra forma, es preciso que un facultativo le diga al tribunal que esa lesión (en el caso que nos ocupa el SIDA) va a causar sin duda alguna la muerte de la víctima y que el tribunal deduzca que el autor mantenía relaciones sexuales con la intención (ojo, la suya) de matar a su pareja a largo plazo.

Con todo lo anterior, ya puedo responder a Cristian Campos. Dice:

El Supremo ha condenado al tipo por contagiar el SIDA, pero no considera que el hecho de no informar de la enfermedad sea un delito por sí mismo, independiente del delito de lesiones.

Como ya he dicho antes, no existe tal delito de “no informar de la enfermedad”, luego no puede ser delito por sí solo.

Es decir: si la mujer no hubiera caído enferma, nada se le podría reprochar penalmente a él. O sea que para el Supremo, el mero azar determina que una misma conducta sea o no delito: si tienes suerte de que tu pareja no enferme, no cometes ningún delito.

No, no es así. Para empezar podría ser delito de lesiones en grado de tentativa siempre que el delito se considere doloso (con dolo directo o eventual); podría considerarse también delito de homicidio en grado de tentativa siempre que el delito se considere doloso (con dolo directo o eventual), si aun en el caso de que el medio sea inidóneo, se prueba que el autor quería matar o admitía ese resultado como probable y aun así seguía adelante con su conducta. Naturalmente, el azar no tiene nada que ver con esto. Con esto tienen que ver las pruebas. Si el amigo con SIDA no usa preservativo y además probamos (lo ha anunciado en twitter) que quiere matar a su parienta, se le puede condenar como autor de un homicidio en grado de tentativa (aunque sospecho que, en la mayoría de las ocasiones, se le condenaría como autor de unas lesiones dolosas, por las razones que daré luego). Por cierto, el abogado de la acusación particular (el tío al que pagan para joder todo lo que pueda al del SIDA) defendió que existía delito de lesiones por dolo eventual, pero no que existiese delito de homicidio.

El problema, como pueden ver, es que no se puede deducir del simple hecho de no comunicar, a la pareja estable con la que se mantienen relaciones sexuales, que se padece SIDA o se es portador del virus, que se pretenda matar a la parienta. Ni siquiera, como veremos que se la pretenda hacer daño.

Por esa razón, salvo que exista un delito tipificado así: “el que no comunica a su parienta que tiene una enfermedad contagiosa será condenado a tal y cual” no se puede deducir de ese hecho, sin más, que estemos en presencia de unas lesiones o de un homicidio.

Es totalmente absurdo. Que es exactamente lo que dice (bien) la noticia: “El Supremo no ve delito en que un enfermo de SIDA no informe a su pareja”. Sí ve delito en el contagio. No en la “no-información”. Y ahí entra mi opinión: no comunicar que padeces una enfermedad contagiosa a la persona con la que te acuestas es un delito de homicidio en grado de tentativa (con dolo eventual: no quieres matar pero “aceptas” el riesgo de que pueda pasar). Y eso en el mejor de los casos, igual que lo sería si ves a una persona que va a beberse un vaso de cianuro pensándose que es agua y tú, sabiéndolo, te callas como una puta. Es absurdo excusarse en el “no tenía intención de hacer daño” cuando es evidente que el SIDA mata. Por lo tanto, concurso de delitos: homicidio en grado de tentativa con resultado de lesiones (concurso de delitos). Y en el peor de los casos, y teniendo en cuenta que el SIDA no tiene cura de momento, homicidio imprudente a secas. Que el resultado de muerte sea diferido no debería afectar a la calificación jurídica, creo yo.

Veamos:

1.- No, estimado Cristian. Al margen de que no se puede condenar por homicidio imprudente si el tipo no ha muerto, y de que su ejemplo del cianuro lo es de dolo directo y no eventual, no informar no es, siempre, delito de homicidio, o de lesiones, dolosos en ambos casos, en grado de tentativa, por una razón muy sencilla: el marido usaba preservativo.

Para explicar el argumento, veamos algunas cosas sobre el SIDA. Aunque se siga discutiendo, no se puede afirmar que en este momento sea una enfermedad mortal, sino crónica. Que el SIDA mata es algo que sabemos, que mata ineludiblemente, no. Ojo, esto no importa a la hora de calificar la conducta si se puede probar que se quería matar, como ya he dicho antes a la hora de hablar de la tentativa inidónea. Que al final eches un veneno en la sopa de tu mujer y te equivoques en la dosis no te hace menos homicida. Lo que pasa es que normalmente se prueba la intención de matar analizando el método y si se dice (si lo dicen los médicos, la OMS y la portera) que el SIDA es una enfermedad crónica y no mortal de necesidad, habrá que probar la intención de matar usando como prueba algo más que el método. Todos sabemos que un balazo en la cabeza te mata normalmente. Si te disparan a la cabeza, el magistrado, después de escuchar al forense, dirá seguramente: usted quiso matar. Sin embargo, si se usa, para matar, el contagio (probable contagio) de una enfermedad que ahora es crónica si se recibe tratamiento, va a hacer falta el mensaje en twitter o algo parecido para probar la tentativa inidónea punible. Y además hay otra pega: si el método por sí solo no es suficiente para probar la intención de matar entonces sí que es jodido decir que hay dolo eventual (que es lo que dice Cristian Campos), ya que no es posible condenar a alguien por saber que el SIDA mata y asumir la probabilidad de que contagie a su pareja, si resulta que el SIDA es una enfermedad crónica. Recuérdese, desde ahora, y en adelante, que el principio “in dubio pro reo” vale para todos los elementos del tipo. Y vale también para considerar probado si tenía dolo de matar o sólo de lesionar.

Pero esto no es todo. El asunto es mucho peor.

2.- Efectivamente, resulta que el hombre se ponía preservativo para follar siempre. Lo sé porque la mujer lo reconoció en el juicio. Y como resulta que se quedó embarazada, sabemos que algún preservativo falló. Es lo que tienen las conductas complejas, que son complejas. Y lo que tienen los titulares, que son cortitos.

Naturalmente, a la hora de evaluar lo del dolo eventual (vamos, eso de la intención “eventual” de matar), ya hemos visto antes que la cosa se ponía jodida con lo de que el SIDA se considere una dolencia crónica. Ahora añadan a los peros anteriores el que el tipo usase un método que los médicos dicen es seguro.

Lo voy a repetir: el tipo hizo lo que le decía su médico que debía hacer para no infectar a su pareja. Vamos, hizo lo que al parecer hacen muchas personas con SIDA: usar condón. Lo único que no hizo fue informar a su pareja. ¿Cómo es posible que se pretenda que hay dolo eventual cuando se realiza una práctica que los médicos consideran segura? Claro, no es posible.

Fíjense que los señores de la Audiencia de Madrid incluso absolvieron al acusado del delito de lesiones. Consideraron que el caballero no había sido imprudente, precisamente porque hizo justo lo que el médico le decía que tenía que hacer. ¿Que no informó a la mujer? Vale. Pero ¿hay que deducir su intención de matar del hecho de joder con condón como le dice el médico que haga para no infectar a su mujer de una enfermedad que no es mortal sino crónica? Para mí que está un poco traído por los pelos.

Insisto: si no aparece el tweet lo veo complicado.

Dice Cristian Campos que es absurdo. Tiene razón: es absurdo creer que una conducta deja de ser homicidio o lesión dolosos porque consiente la parienta. Lo repito, porque es importante. Lo más gracioso del tratamiento de la noticia es que si la parienta es informada deja de ser delito, según parece considerar todo el mundo, incluido el titular. Sí, repito el titular:

El Supremo no ve delito en que un enfermo de sida no informe a su pareja

¿Qué pasa, que si le informa no es delito? Pues, en tal caso, ya me contarán: el consentimiento de la víctima no excluye ni el homicidio ni las lesiones, lo dije antes. Si defendemos la tesis de Cristian Campos, todos los que tienen SIDA y joden con condón con su pareja estable, a la que han informado previamente, están cometiendo, noche tras noche, y polvo tras polvo, tentativas de homicidio con dolo eventual.

Yo, sin embargo, creo que no. Creo que asumen un riesgo y no creo que sus parejas pretendan matarlos ni lesionarlos.

Naturalmente, como ya he dicho, es perfectamente posible condenar a alguien como homicida por contagiar el SIDA, pero habrá que probar que quería matar. Y no, no basta con tener el SIDA y joder con alguien al que no se lo cuentas para que eso quede probado.

Ya termino. Curiosamente, lo defendible es que el Supremo con la ley en la mano, ha sido duro. El sujeto (que sí, que a mí también me cae mal) no se había salido del protocolo y por eso la Audiencia le absolvió. Dijeron: no puede ser delito que el tipo haga lo que los médicos dicen que es, con enorme probabilidad, seguro. Y comunicárselo o no a la mujer no altera eso. Si lo hacía es evidente que ni quería matar, ni lesionar (¡¡porque lo dice el médico, joder!!), y no puede ser negligente si hace lo que los médicos le aconsejan. El Supremo, sin embargo, le da un palo al tipo. Su argumento es: vale, pero como el preservativo se rompió y no te puedo condenar por no decírselo a ella, te hago responsable de la rotura del preservativo. Y no crean, el argumento tiene huevos.

Yo, puestos, estoy más cerca de la Audiencia; sin embargo, comprendo la sentencia de casación. En cierto sentido, el Supremo viene a decir: como no compartiste la decisión con tu pareja, adviritiéndola, te hago responsable al cien por cien de que funcione el método ese que los médicos dicen que sirve.

Vamos, que yo, de titular, en plan cortito, titularía así:

El Supremo considera delito no informar a tu pareja de que estás enfermo de SIDA

Ya ven, justo al revés.

Por eso el titular me parece una enorme mierda. Porque traslada a la gente la idea, que tan gráficamente aparece en el blog de Cristian Campos, de que a los magistrados españoles se la pela que la gente se muera, cuando es justo al revés. Por si les apetece leerse la sentencia.

Y me vuelvo al bajo astral, no sin, ahora que se acercan las elecciones, y ante mi intención de seguir con mi programa de desintoxicación, dejar de pedir, de corazón, perdón a todos los españoles.

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