Hola, me llamo Tsevanrabtan y soy un adicto


Desde que prometí no intervenir en blogs lo he hecho en tres ocasiones. En una dije Jooooder; en otra, en el blog Malaprensa, comenté algo sobre el Papa; la última es la peor: en el blog Pandemónium me he comportado groseramente. Les ruego lean los comentarios.

Espero, con la ayuda de todos vosotros, amigos míos, no volver a recaer. No obstante, antes de regresar al sitio que me corresponde, quiero pedir perdón y dar una explicación.

No suelo tutear en los blogs, salvo para ser grosero. Tuteé a Cristian Campos en mi comentario (aunque hay una razón para ello que no quiero mencionar -de verdad que no quería ser grosero) y está mal. También está muy mal que haya dicho eso de “o no has leído la noticia o no la has entendido”. Por explicar un poquito mi comportamiento, creo que el exabrupto (oportunamente respondido por el autor del blog) fue resultado de que me molestó eso de “Tonto el que sobreviva” como nuevo lema de la justicia española. Así que le pido disculpas a Cristian Campos por mi comentario.

Lo anterior no es obstáculo para que siga pensando que el titular del mundo es una enorme ñorda y para que no me convenza el último comentario de Cristian Campos. Así que le doy mi explicación, tal y como he solido hacer desde hace años, de forma breve y concisa.

El titular de El Mundo dice:

El Supremo no ve delito en que un enfermo de sida no informe a su pareja

Tan “poco fiel” me parecía el titular que he mandado un correo al blog Malaprensa avisando de su existencia. Ya ven.

Básicamente yo decía que el Supremo no podía ver delito porque no existe tal delito en el Código Penal: no informar de que puedes contagiar una enfermedad. Y si se pretende decir que el delito es el contagio y no la ausencia de información, lo acojonante es que al tipo con SIDA sí le condena el Supremo como autor de un delito de lesiones imprudentes.

Frente a mi comentario, Cristian Campos defiende que el titular es correcto. pero antes de responder, prefiero dejar claros algunos conceptos:

1.- El titular dice que el Supremo no ve delito en que un enfermo de SIDA no informe a su pareja. Si lo leemos literalmente, el titular es absurdo porque no existe tal delito. Ya lo he dicho, pero no se crean que es una perogrullada. Podría ser delito. Imaginemos que el legislador condena a quien no informe a su pareja estable de que padece una enfermedad infecciosa. Pero no lo busquen en el Código Penal. No existe.

Sí existió en nuestra legislación el delito de propagación maliciosa de enfermedades infecciosas (en alguna redacción específicamente referido a enfermedades venéreas). Existió a partir de 1928, y se repitió en el código de 1932, en la reforma de 1958, y en la de 1973. Les copio la última redacción de ese artículo, hoy derogado:

348 bis.

El que maliciosamente propagare una enfermedad transmisible a las personas será castigado con la pena de prisión menor. No obstante, los Tribunales, teniendo en cuenta el grado de perversidad del delincuente, la finalidad perseguida o el peligro que la enfermedad entrañare, podrán imponer la pena superior inmediata, sin perjuicio de castigar el hecho como corresponda si constituyere delito más grave.

Cuando se empezaron a discutir anteproyectos de un nuevo código penal (y el SIDA llevaba una decena de años por ahí) se llegó a plantear el mantenimiento del contagio como un modo de causación del delito de lesiones en su forma más grave. Al final, como las lesiones se pueden causar por cualquier medio o procedimiento, conforme a lo que establece el artículo 147 del Código Penal, se decidió no incluir específicamente el contagio. Y esa figura histórica desapareció. Vamos, que el legislador optó por no crear un tipo penal independiente.

2.- Si el titular no quería decir literalmente eso (y nos ponemos a interpretar, como hace Cristian), sino que el hecho de no informar, acompañado por la relación sexual no supone un delito (uno de los que sí están en el Código) para el Tribunal Supremo, también dice mal, porque, el caso es que sí le han condenado al buen hombre por mantener una relación sexual estable, sin informar a su pareja, como autor de un delito de lesiones imprudente. ¿Es delito o no es delito? Cristian Campos aduce que no informar y mantener relaciones sexuales podría ser un delito de homicidio doloso en grado de tentativa, con independencia de que se diese o no contagio y que eso es lo que quiere decir (bien, afirma) el titular. Para explicar por qué creo que está equivocado debo soltarles un rollete previo.

Los delitos pueden ser dolosos o imprudentes.

Son dolosos, digamos, de manera poco técnica, cuando hay voluntariedad a la hora de realizar la conducta delictiva. El dolo puede ser directo (se quiere y ya está), o eventual (básicamente el autor no quiere de forma directa realizar el hecho punible, pero comprende y asume, con su comportamiento, que es probable que ese hecho tenga lugar) Un ejemplo de dolo eventual sería el siguiente: el homicida dispara al azar desde una terraza, sin apuntar: no quiere matar a nadie concreto, pero conoce y asume que es probable que mate a alguien.

Los delitos son imprudentes cuando el resultado se produce como consecuencia de una conducta realizada sin la diligencia debida. Ya saben, el conductor que se salta el STOP.

Por otro lado, los delitos se pueden consumar totalmente o, en su defecto, ejecutar en grado de tentativa: el autor o bien ha comenzado a ejecutar el delito y no termina de ejecutarlo, o bien ha realizado todos los actos de ejecución, pero por causas independientes a su voluntad no se consuma la conducta tipificada como delito. El sujeto dispara a la víctima y para la bala un chaleco antibalas, por ejemplo. Más aún, aunque es asunto discutido, incluso en el supuesto de que la tentativa no sea idónea (salvo que la inidoneidad lo sea absolutamente: por ejemplo me dispongo a matar a mi vecino con un conjuro), si quiero matar utilizando medios no válidos para ese fin, pero que podrían considerarse racionalmente idóneos, se comete el delito (aunque en grado de tentativa).

También deben ustedes saber que los delitos no son disponibles. Es decir, el autor de un homicidio sigue siéndolo aunque la víctima esté conforme con que la maten. Lo mismo hay que decir de las lesiones. Por esa razón, expresamente se excluyen las intervenciones quirúrgicas (por ejemplo) en el Código Penal, porque, de no estarlo, cada vez que el médico pilla el bisturí cometería un delito de lesiones. Otra cosa es que, de mediar el consentimiento, la pena que se imponga sea inferior (así sucede en el caso del cooperador en el suicidio de otro o de las lesiones consentidas); pero sigue siendo delito. No lo es, sin embargo, cuando el consentimiento forma parte del tipo: quien consiente una relación sexual no puede ser víctima de una violación, porque la violación es precisamente la relación inconsentida (mientras que el homicidio no es la muerte inconsentida).

Por último, la diferencia entre homicidio y lesión se fundamenta en que, en el primero, hay intención de matar, mientras que, en el segundo, lo hay de menoscabar la integridad personal o la salud física o mental de la víctima. Esa intención se suele deducir de los actos ejecutados. Ya saben, eso de “mortal por necesidad”. Aunque en teoría es igual el tiempo que pase desde que se ejecutan los actos y el resultado mortal, tiene que existir una relación absolutamente directa entre unos y otro. La mayor parte de las lesiones graves que no son mortales de necesidad, sin tratamiento médico, ocasionarán la muerte. Más aún, es posible que una lesión acorte la vida de una persona (por ejemplo, como consecuencia de la lesión se padece una afección cardiaca) y aún así seguir siendo una lesión. Cada minuto que pasa desde que tuvo lugar la conducta lesiva sin que tenga lugar la muerte están influyendo factores externos que son independientes de esa conducta. No les digo nada, cuando pasan veinte años. O, por decirlo de otra forma, es preciso que un facultativo le diga al tribunal que esa lesión (en el caso que nos ocupa el SIDA) va a causar sin duda alguna la muerte de la víctima y que el tribunal deduzca que el autor mantenía relaciones sexuales con la intención (ojo, la suya) de matar a su pareja a largo plazo.

Con todo lo anterior, ya puedo responder a Cristian Campos. Dice:

El Supremo ha condenado al tipo por contagiar el SIDA, pero no considera que el hecho de no informar de la enfermedad sea un delito por sí mismo, independiente del delito de lesiones.

Como ya he dicho antes, no existe tal delito de “no informar de la enfermedad”, luego no puede ser delito por sí solo.

Es decir: si la mujer no hubiera caído enferma, nada se le podría reprochar penalmente a él. O sea que para el Supremo, el mero azar determina que una misma conducta sea o no delito: si tienes suerte de que tu pareja no enferme, no cometes ningún delito.

No, no es así. Para empezar podría ser delito de lesiones en grado de tentativa siempre que el delito se considere doloso (con dolo directo o eventual); podría considerarse también delito de homicidio en grado de tentativa siempre que el delito se considere doloso (con dolo directo o eventual), si aun en el caso de que el medio sea inidóneo, se prueba que el autor quería matar o admitía ese resultado como probable y aun así seguía adelante con su conducta. Naturalmente, el azar no tiene nada que ver con esto. Con esto tienen que ver las pruebas. Si el amigo con SIDA no usa preservativo y además probamos (lo ha anunciado en twitter) que quiere matar a su parienta, se le puede condenar como autor de un homicidio en grado de tentativa (aunque sospecho que, en la mayoría de las ocasiones, se le condenaría como autor de unas lesiones dolosas, por las razones que daré luego). Por cierto, el abogado de la acusación particular (el tío al que pagan para joder todo lo que pueda al del SIDA) defendió que existía delito de lesiones por dolo eventual, pero no que existiese delito de homicidio.

El problema, como pueden ver, es que no se puede deducir del simple hecho de no comunicar, a la pareja estable con la que se mantienen relaciones sexuales, que se padece SIDA o se es portador del virus, que se pretenda matar a la parienta. Ni siquiera, como veremos que se la pretenda hacer daño.

Por esa razón, salvo que exista un delito tipificado así: “el que no comunica a su parienta que tiene una enfermedad contagiosa será condenado a tal y cual” no se puede deducir de ese hecho, sin más, que estemos en presencia de unas lesiones o de un homicidio.

Es totalmente absurdo. Que es exactamente lo que dice (bien) la noticia: “El Supremo no ve delito en que un enfermo de SIDA no informe a su pareja”. Sí ve delito en el contagio. No en la “no-información”. Y ahí entra mi opinión: no comunicar que padeces una enfermedad contagiosa a la persona con la que te acuestas es un delito de homicidio en grado de tentativa (con dolo eventual: no quieres matar pero “aceptas” el riesgo de que pueda pasar). Y eso en el mejor de los casos, igual que lo sería si ves a una persona que va a beberse un vaso de cianuro pensándose que es agua y tú, sabiéndolo, te callas como una puta. Es absurdo excusarse en el “no tenía intención de hacer daño” cuando es evidente que el SIDA mata. Por lo tanto, concurso de delitos: homicidio en grado de tentativa con resultado de lesiones (concurso de delitos). Y en el peor de los casos, y teniendo en cuenta que el SIDA no tiene cura de momento, homicidio imprudente a secas. Que el resultado de muerte sea diferido no debería afectar a la calificación jurídica, creo yo.

Veamos:

1.- No, estimado Cristian. Al margen de que no se puede condenar por homicidio imprudente si el tipo no ha muerto, y de que su ejemplo del cianuro lo es de dolo directo y no eventual, no informar no es, siempre, delito de homicidio, o de lesiones, dolosos en ambos casos, en grado de tentativa, por una razón muy sencilla: el marido usaba preservativo.

Para explicar el argumento, veamos algunas cosas sobre el SIDA. Aunque se siga discutiendo, no se puede afirmar que en este momento sea una enfermedad mortal, sino crónica. Que el SIDA mata es algo que sabemos, que mata ineludiblemente, no. Ojo, esto no importa a la hora de calificar la conducta si se puede probar que se quería matar, como ya he dicho antes a la hora de hablar de la tentativa inidónea. Que al final eches un veneno en la sopa de tu mujer y te equivoques en la dosis no te hace menos homicida. Lo que pasa es que normalmente se prueba la intención de matar analizando el método y si se dice (si lo dicen los médicos, la OMS y la portera) que el SIDA es una enfermedad crónica y no mortal de necesidad, habrá que probar la intención de matar usando como prueba algo más que el método. Todos sabemos que un balazo en la cabeza te mata normalmente. Si te disparan a la cabeza, el magistrado, después de escuchar al forense, dirá seguramente: usted quiso matar. Sin embargo, si se usa, para matar, el contagio (probable contagio) de una enfermedad que ahora es crónica si se recibe tratamiento, va a hacer falta el mensaje en twitter o algo parecido para probar la tentativa inidónea punible. Y además hay otra pega: si el método por sí solo no es suficiente para probar la intención de matar entonces sí que es jodido decir que hay dolo eventual (que es lo que dice Cristian Campos), ya que no es posible condenar a alguien por saber que el SIDA mata y asumir la probabilidad de que contagie a su pareja, si resulta que el SIDA es una enfermedad crónica. Recuérdese, desde ahora, y en adelante, que el principio “in dubio pro reo” vale para todos los elementos del tipo. Y vale también para considerar probado si tenía dolo de matar o sólo de lesionar.

Pero esto no es todo. El asunto es mucho peor.

2.- Efectivamente, resulta que el hombre se ponía preservativo para follar siempre. Lo sé porque la mujer lo reconoció en el juicio. Y como resulta que se quedó embarazada, sabemos que algún preservativo falló. Es lo que tienen las conductas complejas, que son complejas. Y lo que tienen los titulares, que son cortitos.

Naturalmente, a la hora de evaluar lo del dolo eventual (vamos, eso de la intención “eventual” de matar), ya hemos visto antes que la cosa se ponía jodida con lo de que el SIDA se considere una dolencia crónica. Ahora añadan a los peros anteriores el que el tipo usase un método que los médicos dicen es seguro.

Lo voy a repetir: el tipo hizo lo que le decía su médico que debía hacer para no infectar a su pareja. Vamos, hizo lo que al parecer hacen muchas personas con SIDA: usar condón. Lo único que no hizo fue informar a su pareja. ¿Cómo es posible que se pretenda que hay dolo eventual cuando se realiza una práctica que los médicos consideran segura? Claro, no es posible.

Fíjense que los señores de la Audiencia de Madrid incluso absolvieron al acusado del delito de lesiones. Consideraron que el caballero no había sido imprudente, precisamente porque hizo justo lo que el médico le decía que tenía que hacer. ¿Que no informó a la mujer? Vale. Pero ¿hay que deducir su intención de matar del hecho de joder con condón como le dice el médico que haga para no infectar a su mujer de una enfermedad que no es mortal sino crónica? Para mí que está un poco traído por los pelos.

Insisto: si no aparece el tweet lo veo complicado.

Dice Cristian Campos que es absurdo. Tiene razón: es absurdo creer que una conducta deja de ser homicidio o lesión dolosos porque consiente la parienta. Lo repito, porque es importante. Lo más gracioso del tratamiento de la noticia es que si la parienta es informada deja de ser delito, según parece considerar todo el mundo, incluido el titular. Sí, repito el titular:

El Supremo no ve delito en que un enfermo de sida no informe a su pareja

¿Qué pasa, que si le informa no es delito? Pues, en tal caso, ya me contarán: el consentimiento de la víctima no excluye ni el homicidio ni las lesiones, lo dije antes. Si defendemos la tesis de Cristian Campos, todos los que tienen SIDA y joden con condón con su pareja estable, a la que han informado previamente, están cometiendo, noche tras noche, y polvo tras polvo, tentativas de homicidio con dolo eventual.

Yo, sin embargo, creo que no. Creo que asumen un riesgo y no creo que sus parejas pretendan matarlos ni lesionarlos.

Naturalmente, como ya he dicho, es perfectamente posible condenar a alguien como homicida por contagiar el SIDA, pero habrá que probar que quería matar. Y no, no basta con tener el SIDA y joder con alguien al que no se lo cuentas para que eso quede probado.

Ya termino. Curiosamente, lo defendible es que el Supremo con la ley en la mano, ha sido duro. El sujeto (que sí, que a mí también me cae mal) no se había salido del protocolo y por eso la Audiencia le absolvió. Dijeron: no puede ser delito que el tipo haga lo que los médicos dicen que es, con enorme probabilidad, seguro. Y comunicárselo o no a la mujer no altera eso. Si lo hacía es evidente que ni quería matar, ni lesionar (¡¡porque lo dice el médico, joder!!), y no puede ser negligente si hace lo que los médicos le aconsejan. El Supremo, sin embargo, le da un palo al tipo. Su argumento es: vale, pero como el preservativo se rompió y no te puedo condenar por no decírselo a ella, te hago responsable de la rotura del preservativo. Y no crean, el argumento tiene huevos.

Yo, puestos, estoy más cerca de la Audiencia; sin embargo, comprendo la sentencia de casación. En cierto sentido, el Supremo viene a decir: como no compartiste la decisión con tu pareja, adviritiéndola, te hago responsable al cien por cien de que funcione el método ese que los médicos dicen que sirve.

Vamos, que yo, de titular, en plan cortito, titularía así:

El Supremo considera delito no informar a tu pareja de que estás enfermo de SIDA

Ya ven, justo al revés.

Por eso el titular me parece una enorme mierda. Porque traslada a la gente la idea, que tan gráficamente aparece en el blog de Cristian Campos, de que a los magistrados españoles se la pela que la gente se muera, cuando es justo al revés. Por si les apetece leerse la sentencia.

Y me vuelvo al bajo astral, no sin, ahora que se acercan las elecciones, y ante mi intención de seguir con mi programa de desintoxicación, dejar de pedir, de corazón, perdón a todos los españoles.

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44 comentarios en “Hola, me llamo Tsevanrabtan y soy un adicto

  1. Volverá…
    Y por cierto, me dice Blakeway “El Manco” que su discurso podía ser más depurado, pero que tiene razón, que justo ayer puso en su sitio a cierto pariente (político) pelmazo y asaz chistoso con argumento similar. Que casi seguro mañana le verá.

  2. No sé al resto de españoles, pero a mí no hace falta que me pida disculpas, por supuesto. Es usted bienvenido en mi blog para polemizar, responder grosera o educadamente, ciscarse en el autor del blog, loarlo o hacer lo que desee, sólo faltaría.
    Su razonamiento jurídico es mucho más detallado que el mío, así que me lo voy a volver a leer porque a primera vista me parece que no hay mucho más que añadir a lo dicho por usted. Estará de acuerdo, eso sí, en que el caso es de esos que se suelen poner en los exámenes de penal de la facultad de derecho para joderte bien jodido. Subjetivo y dudoso, como poco.
    Lo que sí me gustaría añadir es que El Pandemonium no pretende ser un blog de análisis. Tiene una obvia intención irónica, es cínico y un poco cafre. Si se lee literalmente, es evidente que va a resultar superficial y absurdo el 90% de las veces. Mi personaje del blog es maniqueo, manipulador y tendencioso. No se lo tomen demasiado en serio.
    Un saludo y gracias por pasarse por el blog, es su casa.

  3. Lo de lexnova es acojonante.

    Un ránking de las diez sentencias más leídas.

    Espero que también tenga valoración y comentario de los lectores.

  4. [8] Bueno, yo no lo veo, ni lo he visto, dudoso, en el aspecto que más criticaba desde el principio. Si se cogía el titular y se leía la noticia, literalmente, el titular es una ñorda porque dice lo contrario de lo que resulta, literalmente, de la noticia. Para defender el titular hacía falta una interpretación que se alejase de la literalidad del titular (y, por cierto, de la sentencia en que se basa la noticia, que el periodista sí debería haber leído antes). Esa interpretación falla por las razones que expongo, pero, al final volvemos al mismo sitio: el titular sigue siendo una ñorda.

    Sobre su blog no digo nada, pero no se preocupe, nos tomamos pocas cosas en serio … la entropía y poco más.

  5. tal y como he solido hacer desde hace años, de forma breve y concisa.

    soy un adicto

    Recuerde: no nos lo tomamos en serio.

    Confiese. Usted ha escuchado una voz del Más Allá. Dios le ha encomendado una misión: No puedes dejarlos en manos de ellos mismos, no están capacitados. Has de hacerte cargo de ellos y educarlos y elevarlos y civilizarlos. Y mientras usted acepta el encargo con resignación, oyendo los clarines y las gaitas, hay algo, una duda, un peso existencial que le impide alcanzar la paz anhelada: ¿Por qué cojones Dios me tutea?

  6. Algunos ya llevábamos tiempo esperando un encontronazo como los de ¡¡SÓLO EN DISSSSSCOVERY CHANNEL!!: T-Rex vs. ballena azul, león contra piraña y Tsevanrabtan frente al Pandemonium.

    Sigan, sigan.

  7. Hoy Azúa habla de música en su entrada y cuenta una anécdota del Miserere de Allegri y del joven Mozart.

    La anécdota la encuentran también aquí:

    http://es.wikipedia.org/wiki/Miserere_(canto)

    Mal, naturalmente.

    He escrito un comentario en el blog de Azúa, porque esa anécdota se suele repetir una y otra vez para probar que Mozart era un genio. Y es un coñazo.

    Mi comentario:

    Esa anécdota de Mozart y el Miserere se basa en una carta del padre (por aquel entonces empresario musical de su genial hijo) y en la coincidencia de la publicación, en Inglaterra, del Miserere por Charles Burney. Se dice que Mozart se lo había pasado a Burney en una reunión que habían tenido los Mozart con él, en Bolonia, poco tiempo después de lo que se cuenta en la entrada. Sin embargo, lo curioso es que a esa reunión asistió también alguien que sí tenía la partitura, Giovanni Battista Martini (había al menos tres “originales”, uno en Roma, otra en manos del Emperador de Austria -se interpretó en su corte- y la de Martini, así que no era tan secreto). Burney la pudo obtener del compositor italiano y hay un detalle que hace pensar que la que se publicó no fue la partitura de Mozart. La interpretación en la Capilla Sixtina contenía pasajes improvisatorios y, por tanto, esos pasajes deberían haber aparecido en la partitura copiada por Mozart, ya que él la copió directamente desde la audición. Sin embargo, la que se publicó no contenía esos pasajes.

    Parece, por tanto, que la versión que se repite tan a menudo es muy dudosa y producto de la mercadotecnia unida al hecho de que era una coartada cojonuda.

    Es perfectamente posible que Mozart la copiara y que la carta del padre cuente la verdad. Eso sí, la escuchó no una, sino dos veces, y la segunda con su “borrador” delante, y padre e hijo fueron corrigiéndola (y el padre era un músico notable). Lo cierto es que esa partitura de Mozart no ha aparecido.

    Finalmente, se suele insistir en episodios como éste para probar que Mozart era un genio. Sin embargo, aunque notable (de ser cierto), el hecho es que la partitura no era especialmente difícil de recordar, ya que contiene muchas repeticiones. Mozart es un genio absoluto, pero lo es por su obra y no por anécdotas como ésta. Ya sé que el autor del blog no ha pretendido eso.

  8. El año pasado estuve en el museo de la música de Bolonia. Entre otros muchos documentos de interés, puede verse el primer ejercicio de Mozart en su intento de lograr el ingreso a la famosa Academia Filarmónica de la ciudad: es un disparate absoluto. Al parecer en el segundo ejercicio, el padre Martini le echó una manita al adolescente salzburgués para que pudiera conseguir el ingreso. Esto tampoco debe sorprender: los ejercicios consistían en la escritura de fugas, en lsa que Martini era muy versado y el joven Mozart (14 años) absolutamente nada (el contrapunto era ya por entonces una antigualla). Sería mucho después, cuando descubrió en la biblioteca de Van Swieten a Bach, cuando se interesó Mozart de verdad por el contrapunto. El resultado: entre otras cosas, nada menos que el final de la Júpiter. O sea, el genio en estado puro. Y luego dicen que eso se aprende… Venga ya.

  9. Por otro lado constato, no sin preocupación, que mi compresión lectora es inversamente proporcional a mi capacidad de lectura: cuánto más leo, menos entiendo. Dice el Sr. Campos: “Mi personaje del blog es maniqueo, manipulador y tendencioso. No se lo tomen demasiado en serio.” Es de agradecer que nos avise. Esos adjetivos que él se aplica y cierta tendencia a epatar no me pasaron desapercibidos. Lo que no sabía es que formaban parte de una representación, de un papel. Si seré torpe que todo lo que sigue a Entiendo perfectamente, que para eso me chupé cinco años de derecho y tengo un bonito título en la pared. El Supremo ha condenado al tipo…, me lo tomé en serio.

  10. O dicho de otro modo: el padre Martini era un extraordinario erudito, uno de los más sabios músicos de todo el siglo XVIII y posiblemente el mejor conocedor del arte contrapuntístico en la segunda mitad de la centuria, pero no habría sido capaz de componer el final de la Sinfonía Júpiter (ni nada que se le parezca) ni aunque le hubieran dejado los últimos 30 años de su vida solo para eso…

  11. Oiga, don S, le está buscando tres pies al gato. Es obvio que el post al que se refiere tsevanrabtan era sarcástico y que mi respuesta a su comentario era seria. No es que haya que ser criptólogo para pillar cuando se está hablando de la realidad con el filtro del la ironía y cuando se habla de ella a pelo.
    Yo sigo pensando que hay dolo eventual en no informar a tu pareja de que estás enfermo de sida. Dice tsevanrabtan: “Lo único que no hizo fue informar a su pareja. ¿Cómo es posible que se pretenda que hay dolo eventual cuando se realiza una práctica que los médicos consideran segura?” Pues porque es vox populi que esa seguridad no es del 100%, sino del 95% para las ETS. El hecho de que un médico te cante la parrala no te exhime de tu responsabilidad personal: cada vez que un enfermo se acuesta con alguien, y aunque use preservativo, tiene un 5% de posibilidades de transmitir una ETS. Es decir, una entre veinte. Por otro lado, alguien que le oculta ese hecho a su pareja está usurpando el derecho del otro a decidir no sobre su salud, sino sobre su vida: ¿cuántas personas aceptarían libremente, con pleno conocimiento de causa, acostarse con un enfermo de sida por más preservativo que se utilice?
    Además, el sida es ahora una enfermedad crónica… en algunos casos. La gente sigue muriendo a causa del sida. Decir que no es mortal es mucho decir. Lo relevante es que el sida “puede” matar. El sida quizá no mata si usted no tiene ninguna enfermedad o dolencia previa. Pero si la tiene, y el sida la agrava, dese por jodido. Es decir que el enfermo no puede alegar que el sida, “en el mejor de los casos”, no mata. No, pero “en el peor” sí. Y usted no sabe si su pareja se encuentra en el mejor o el peor de los casos. Por lo tanto, usted asume la posibilidad de que esa persona muera.
    Es, exactamente, el mismo caso de un tipo que dispara al azar desde una terraza. El mismo. Tienes un arma en las manos y la disparas al azar. Hay una pequeña probabilidad de que le des a alguien, y tú lo sabes. “Creo que asumen un riesgo y no creo que sus parejas pretendan matarlos ni lesionarlos”, dice tsevanrabtan. Hombre, está bien eso de asumir riesgos en cuerpo ajeno.
    Y, finalmente, que la víctima no muera “inmediatamente” sino a fuego lento no quiere decir que usted no la haya “matado”: la ha matado con un veneno de acción lenta para el que no se conoce cura, sino tan solo paliativos. Sin paliativos, el sida mata. Fulminantemente.
    Y perdón por el rollo macabeo.

  12. [28]

    RESPUESTA A: ¡Qué cachondo es usted D. Cristian!

    RESPUESTA B: La culpa es mía. No he sido lo suficientemente prolijo. Cuando hablaba del dolo eventual no he dejado claro que significa eso de probable. Para no entrar en teorías, en la práctica se considera que querer el resultado exige que éste sea probable, pero entendido en el sentido de que lo normal es que suceda. Ya sé que es probable que un doble hecho de antimateria de qtyop aparezca a mi lado y me dé una colleja por no seguir mi tratamiento, pero al ser la probabilidad baja, un tipo como un abogado o un legislador diría que es improbable. Por tanto, para que se deduzca el dolo eventual de la conducta es necesario que el resultado sea probable en el sentido de un abogado: vamos que lo normal es que suceda. El ejemplo del rifle viene bien. Si el tipo dispara a las cuatro de la mañana, algún abogado dirá que fue sólo imprudente. Por desgracia para el que dispara es difícil explicar por qué lo hacía, salvo para matar a alguien al azar. Imaginemos lo mismo en un coto de caza: ¿a que la versión imprudente es más defendible? El que folla con la mujer puede decir que lo hace no para matar, sino para follar. Por eso la gente sigue follando pese a tener SIDA.

    En cualquier caso, veamos la probabilidad en el sentido del abogado. En ESpaña, en 2008 había, como mínimo 120.000 personas con SIDA. Murieron 1215. Un 1,013%. Ahora tomo el 5% de infecciones condónicas que dice usted en su post. Y multiplico. La probabilidad de que se infecte y muera es de un 0,05%.

    Ahora convencer a un juez que es probable la muerte de la mujer y que la conducta (por sí misma) demuestra que el señor se represento que lo normal es que la parienta muera, basándose en que hay gente que muere por SIDA, es un argumento bastante endeble.

    Es como si usted dijera que están cometiendo homicidio en grado de tentativa todos los que circulan con coches viejos porque hay una probabilidad entre diez mil de que el coche falle.

    Más, su argumento sobre lo que puede o no decidir la pareja sigue siendo su principal obstáculo: si decide follar y no es delito, es porque no lo era antes. Y si no lo es antes es porque no puede haber dolo eventual. La parienta no puede disponer de los bienes jurídicos.

  13. a) ¿Por qué lo dice?

    b) No veo la endeblez por ningún lado. La comparación con el coche viejo no ha lugar porque el coche es un objeto cuyo fin no es matar, sino transportar personas y cosas. La comparación más adecuada del sida sería con un veneno. Que esté en tu sangre o en un frasco no cambia su naturaleza. ¿Cómo no va a ser homicidio que un tipo se calle que “podría” inocularte un veneno que “podría” matarte, por más baja que sea la probabilidad de que esto suceda? La clave es que el tipo con sida no tiene manera humana de saber si va a no a contagiar la enfermedad y de si esta va a matar o no a su pareja. Pero acepta la posibilidad, por baja que esta sea.

    En otro orden de cosas, y como consideración extrajurídica, su argumento conduce a un mundo en el que los enfermos deciden sobre la vida y la integridad física de los sanos, basándose en probabilidades. ¿Un 0’05 es tolerable pero un 10% no lo es? ¿Y un 9%? ¿Un 2%, quizá? ¿Qué seguridad jurídica es esa? ¿La probabilidad “correcta” la decide el enfermo de sida a medio polvo o un juez a posteriori, tras la infección de la pareja sana? Pero es que me da igual lo que diga la ley: si tolera que esto ocurra, es una mala ley y debe ser cambiada.

    Y yo lo dejo aquí, oiga, que ya es tarde para estar vagando por internet. Un saludo y gracias por el debate.

  14. Hombre, Don Cristian, parece claro que esto es sarcasmo: ¡Con dos cojones! ¡FUCK YEAH! ¡Claro que sí, hombre! ¡Socialicemos la muerte! El nuevo lema de la justicia española: ¡TONTO EL QUE SOBREVIVA! También que usted estaba, está, de acuerdo con el titular, que de eso viene todo. Y no me parece que sea fácil captar la ironía: se necesita complicidad por ambas partes, leerse un tiempo. Por ejemplo, usted no ha captado la mía (culpa de uno, seguro), y me da que tampoco ha pillado lo de Tse pidiendo perdón a todos los españoles. Si lo ha hecho, el coger ambas, entonces el que no se entera soy yo, ¿lo ve? Por supuesto que entendí su segunda respuesta en serio. Lo que quería decir es que si Tse responde (en serio) a una entrada de su blog, y usted dice que bueno, que no hay que tomarlo literal (sarcasmo aparte), que forma parte de un papel, de un personaje creado para el blog, entonces… el que se pierde soy yo.

    En un blog con más abogados que en la Audiencia Nacional, no puedo ni quiero entrar en su debate jurídico. Sí me llama la atención esa posibilidad entre veinte de transmitir el SIDA, utilizando condón. ¿Echando un polvo de media durante 52 semanas; durante dos años; con dos polvos semanales al año? Cuando incluso los medios y médicos católicos contrarios al preservativo hablan de cifras tan dispares como el 1.5% o el 20%… Puede ser que ese 5% esté respaldado por un estudio científico serio, y no en estimaciones; lo desconozco.

  15. Que lo diga Qtyop:

    Espero, con la ayuda de todos vosotros, amigos míos, no volver a recaer […] No suelo tutear en los blogs, salvo para ser grosero.

  16. [34] La respuesta a) es una broma derivada del hecho de no saber con certeza si su respuesta es en serio o si está siendo manipulador y tendencioso. Para este caso contestaba con a). Para el otro, con b).

    En cuanto a b), le diré que antes me gustaba mucho discutir por discutir, defendiendo cualquier postura, para demostrar que era más listo que el otro. Hace años que me aburrió eso y suelo (creo, espero) discutir considerando todos los argumentos del otro. Mi detector de que el otro discute igual es que considere todos mis argumentos. Como veo que usted, en su respuesta, no los considera todos, para discutirlos, ha saltado mi alarma. Es vieja regla en la discusión aferrarte a tus puntos fuertes y pasar de los débiles; pero eso se hace si se pretende triunfar en la discusión y no saber si uno está equivocado. Es lo que creo que hace: no ha considerado lo de “probable” para el común como algo que normalmente sucederá (y algo que sucede un 0,05% no es algo que normalmente sucederá) y no ha considerado que no puede ser doloso un delito de homicidio o lesiones si el consentimiento de la víctima excluye el delito. Yo, sin embargo, me sigo remitiendo a todos mis argumentos.

    No obstante, creo que tampoco son buenos los argumentos a los que se aferra. Dice usted que lo del coche no es buen ejemplo y se remite a la finalidad del coche y el SIDA. Bueno, yo no hablaba más que de un criterio cuantitativo: ¿qué es más peligrosos contagiar el SIDA con condón o que el coche se estropee y atropelles a un viandante? Eso no tiene nada que ver con la finalidad del SIDA o del coche. En cualquier caso, su contrejemplo sigue sin valer, no crea que me escapo. El coche sirve para transportarnos y el coche falla. Sin embargo, usted debe comparar el coche no con el SIDA sino con el infectado o, al menos, con lo que causa el contagio. El infectado no es un retrovirus ni un simple receptáculo. Es un señor que folla (y le gusta, a él y a su pareja) y como consecuencia de follar infecta a su pareja. Por eso el asunto tiene un lado complicado que tiene que ver también con la vida de los infectados. Y si yo, ser racional, uso el coche (diseñado para transportarme) sabiendo que hay un riesgo (pequeño, pero real) de que el coche se estropee matando a alguien estoy haciendo lo mismo que aquél, ser racional, que folla (porque le parece importante y le gusta) creyendo que el riesgo de infección es del 0,05%. Tampoco el viandante atropellado tiene nada que ver con la decisión del que conduce creyendo que su coche de 10 años no se va a estropear.

    En cuanto a la cuestión extrajudicial, perdone que le diga que su argumento me parfece extraordinariamente socialdemócrata y magufo, equivalente al tradicional “no hay causa que justifique la muerte de un niño”. Permanentemente hacemos cálculos sobre la probabilidad de que algo sea peligroso, y aceptamos que el riesgo existe. No hay nada más idiota que el riesgo cero, porque, a menudo, pasar de un 50% a un 99% vale x euros y pasar del 99% al 99,5% vale 1000x. Por eso se fijan umbrales. Por eso se establecen controles alimentarios “hasta cierto punto”. Porque los controles no pueden ser totales. ¿Dejamos en manos de esos cabrones, los fabricantes de alimentos, decidir si un 1 por mil de riesgo de contaminación es mucho o poco? Constantemente fijamos unos límites racionales de control y la racionalidad se encuentra en el límite de lo económicamente viable. Como la pasta disponible está limitada hay que decidir en qué usarla. Por eso gastarse dos billones en sacrificar vacas seguramente sanas para evitar que mueran pocas decenas de personas por el mal de las vacas locas fue una decisión estúpida, estúpida, estúpida. Así que sí: fijamos límites y suelen ser arbitrarios. Y si echas al río 10 toneladas de no sé qué es delito y si echas nueve, no. O si defraudas cien al fisco es delito y si no llegas, no. No obstante, los límites los terminan fijando los que pueden: los legisladores y los jueces. No el enfermo. Al tipo este le han condenado los jueces (él no ha decidido su condena o absolución), después de oír a los médicos: otros que dicen que usar preservativo es un método seguro, aunque no al cien por cien, vamos otros que hacen lo que a usted le parece mal.

    Y también lo dejo. Un saludo.

  17. Yo, por mi parte, agradezco a todos la brevedad, concisión y claridad en la exposición de argumentos y exabruptos.

    y dicho esto me retiro a follar.

    (o no)

  18. Don tsevanrabtan: puedo prometer y prometo que no discuto por discutir y que si el argumento del contrario me parece más contundente, razonable o acertado que el mío no tengo problema en envainármela y reconocer que estaba errado. Si no replico punto por punto a sus comentarios es para centrarme en los puntos clave del debate y no atorrar al personal, no para esquivar los puntos débiles de mi razonamiento, que los hay, por supuesto. Para mí el punto clave, central, del debate es que ese “riesgo” de ser infectado o no debería ser asumido libremente por cada uno de nosotros sin que se nos oculte información. No se trata de matar millones de vacas para eliminar un 0,0001% de riesgo, sino de pronunciar las palabras “tengo el sida”, que no cuesta tanto. Usted sabe que hay vacas locas y usted asume un riesgo minúsculo de que la loca sea la que tiene en el plato. Pero conoce la situación. En el caso del tipo con sida, se le ha hurtado esa información conscientemente. Además, ¿por qué callarse una cosa así? Estamos discutiendo si el tipo es o no es homicida desde el punto de vista de la víctima, pero ¿cuál es la motivación del tipo que se calla que tiene el sida? Evidentemente, poder echar un polvo: sabe que si dice que tiene el sida, no folla. ¿Y por qué? Pues porque el sida “puede” matar. Ese tipo está siendo malicioso, ocultando información clave y potencialmente mortal.
    En otro orden de cosas, este es un debate estrictamente jurídico. Le agradezco con sinceridad que se haya pasado por el blog, haya dejado un comentario y me haya dejado hacer lo propio en el suyo. Siempre es un placer debatir con gente inteligente que te obliga a replantearte tus propios razonamientos o a ver sus puntos débiles.
    Don S: vale la última frase también para usted. Tiene razón en que para detectar sarcasmos se necesita un cierto background. Prometo que mi intención en el blog no es epatar al personal. Mi intención es comentar, con sarcasmo reduccionista, algunas noticias que, por la razón que sea, me han llamado la atención. Evidentemente, ese sarcasmo va en la línea de mis opiniones personales, pero no hay que leerlo literalmente: cuando digo “el nuevo lema de la justicia española es tonto el que sobreviva” no estoy diciendo que los abogados y jueces españoles son todos unos asesinos, por supuesto. A veces también escribo en serio, claro, depende de cómo me coja. El Pandemonium no es un blog de análisis, pero tampoco únicamente de chistecillos sarcásticos. Está ahí, en medio de los dos terrenos. O esa es la intención: otra cosa es que me salga bien. Si no sale, la culpa es únicamente mía.
    Y ahora sí que lo dejo, que no me siento cómodo siendo el centro de ningún debate. Con el permiso de los anfitriones, añado este blog a la lista del mío, que se lo merece tanto por el nivel de los posts como por el de los comentaristas. Un saludo a todos y gracias por el debate. Ha sido realmente interesante.

  19. [40] Su comentario es muy interesante en una cuestión concreta y por eso no me resisto a comentarla. El tema de que el tipo es malicioso. Claro. Es malicioso. Se calla, seguramente, pensando en lo que puede suponer no callarse (no sólo por follar; puede que tenga miedo a perder su pareja, por ejemplo). Él es malicioso (tiene dolo en ese sentido), pero su dolo no alcanza (no se puede considerar probado sin más que alcance) más que a eso, al miedo de no follar o de perder a su pareja. Su malicia no es malicia para matar o lesionar. Ahora intentemos meternos en la cabeza de ese tío. Coge SIDA, pero todo el mundo bienenrrollado le dice, es una putada, pero no es culpa tuya, no es mortal, puedes hacer una vida casi sin limitaciones e, incluso, ¡¡puedes follar!! Y él se lo cree. Sin embargo, sabe que el miedo es libre y que su pareja (ahí su malicia), que no tiene la necesidad de creer en el paquete nosotrosnocreamosguetos a lo mejor no es tan comprensiva. Me recuerda a aquel ministro que con la epidemia de meningitis C le dijo a la gente “lo responsable -lo dicen los médicos- es no vacunar a los niños” y luego le pillaron vacunando a los suyos.

    Y ahora veamos algo del caso concreto que no había querido incluir para no infectar la conversación, ya que ahora sí viene más a cuento.

    En la sentencia de casación se dice que el contagio se produjo en 1997, año de nacimiento de la hija. En ese momento el infectante y la infectada no estaban casados. Se casan en 1999, cuando ella ya sabe que tiene SIDA y que su hija ha nacido con SIDA. Ella va a visitar a la cárcel al chorbo hatas 2003, momento del divorcio. En 2004 él pide judicialmente que se declare su paternidad y pide un régimen de visitas. En 2006, nueve años después ella presenta la querella.

    Antes de legislar imponiendo incluso consecuencias penales a la “no comunicación de mi condición de infeccioso” hay que pensar con cuidado las consecuencias colaterales de esa decisión para 120.000 personas. Por eso antes las comisiones de legislación se tomaban tanto tiempo y por eso es cierto que legislar “en caliente” no suele ser bueno (al margen de que sea una excusa para no legislar nunca).

    Finalmente, hay que recordar que tener pareja estable y/o casarse es arriesgado. Si no quiere correr riesgos, amigo lector o amiga lectora, acuda al sexo esporádico o, mejor, al profesional o, mejor, al autosexo.

  20. [42] “Si no quiere correr riesgos, amigo lector o amiga lectora, acuda al sexo esporádico o, mejor, al profesional o, mejor, al autosexo.”

    Yo estoy ya cagao. Lo mejor va a ser la mutilación.

    (… y que luego condenen a Mr. Tse por sugerírmelo sibilinamente)

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