Summer IV

Esta señal de “tráfico” y la interdicción de la arbitrariedad de los poderes públicos:

Be taller ante

El aparcamiento es un cerro polvoriento convenientemente alejado de la calzada. No molesta ni destiñe y era ampliamente usado. Pero el ayuntamiento construyó un aparcamiento subterraneo, convenientemente urbanizado en la parte superior (el chiringuito, las dependencias policiales, etcétera etcétera), y de pago.

Y entonces apareció esa señal: para evitar la competencia desleal del polvo.

Molinos de viento

Hace mucho tiempo creí saber que habían prohibido los anuncios en las carreteras españolas. Y habían indultado al toro de Osborne. La excusa era la salvaguarda de la concentración y diligencia debida en la conducción. La ley también tiene hueco para el adminículo auditivo pero no para las suegras.

El caso es que este verano me he enfrentado a dos hecho potencialmente peligros. He recorrido la A7/AP7 desde Málaga hasta Algeciras y he comprobado que está llenita de anuncios. Hasta en ruso. Es desasosegante.

Peor aún es el caso de la carretera Jerez-Los Barrios. Allí no hay anuncios pero en su tramo inicial está plagada de molinos de viento. Y no crean que son molinos en la lontananza: se pueden tocar con las manos. Aparecen en el horizonte cercano, en los laterales, tras un cambio de rasante y por doquier. Además, y no como los anuncios de carretera, estos molinos se mueven. Cada uno de una manera. Les prometo que dada la cercanía estuve apunto de convertirme en don Quijote, acelerar lanza en mano y lanzarme a por ellos en porfía desigual.

La DGT debería cuidar el caso. No he visto cerca de una carretera un instrumento inocuo más peligroso que estos molinos. Se mueven aparentemente sobre ella, con ritmos diferentes y endiablados. Parece que el horizonte se mueve a tus pies y supongo que alguien puede llegar a caer en el mismo mareo que producían las imágenes de Lazarov. De noche debe ser un bosquecito de luces artificiales que se encienden y se apagan. Y que perturban al cerebro.

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