Yo colaboro, tú colaboras, él pasaba por allí


Leo con melancolía las reflexiones de dos sesudos catedráticos de la cosa penal sobre el asunto faisanístico, y no puedo evitar trasladarles mis pensamientos sobre el arte de birlibirloque, también conocido como Teoría del Derecho.

El caso es que hoy se discute sobre una cuestión previa: la competencia. Naturalmente, como podrán ustedes suponer, si la competencia que se discute es la de juzgar o no a los señores policías, estamos hablando de una cuestión previa a la de si son o no culpables. Vamos, que hay que atender básicamente a criterios objetivos como dónde apareció el fiambre, dónde estaba la casa en la que entraron los cacos o quién salía favorecida por el soplo, si una organización terrorista o una sociedad coral (o ambas a uno). No parece discutible que el soplo tenía que ver con una organización terrorista, por más que la misma esté en fase de pupa y pronto se convierta en una amable mariposa sobre la que hacer pelis con personajes complejos. No parece discutible porque los que estaban de tapadillo, viendo lo que hacían, eran policías que actuaban por orden de magistrados de la misma Audiencia Nacional. Por tanto, objetivamente los que soplan ayudan a la sociedad coral y el delito sólo puede enjuiciarse por esa misma Audiencia Nacional, la única competente en la materia.

Si después, una vez juzgados, resulta que los jueces dicen que esto o aquello de lo que reflexiona el catedrático Terradillos, es así, no pasa nada, ya tendrán ocasión de absolverles o mandarles a otro juzgado o no, porque la sentencia podría absolver por ese delito y condenar por otros conexos, y la competencia de la Audiencia Nacional se extiende a esos otros delitos en tal caso.

Lo que no parece muy serio es que, prejuzgando, alguien diga cosas como

el juez Ruz “no da por probado que los procesados tengan voluntad de potenciar los objetivos de ETA, lo que, por otra parte, resulta difícil de creer en, por ejemplo, un director general de la Policía”, afirma. “Lo que se constata es lo contrario: se admite que los imputados actúan para reforzar un proceso tendente a la neutralización de la banda, para evitar ‘que esto se rompa’ o ‘que esto no prospere”, en referencia al proceso de paz que sostenían por entonces el Gobierno y la banda. El catedrático recuerda, además, que las detenciones del aparato de extorsión se realizaron tiempo después del chivatazo por los mismos procesados.

Hombre la voluntariedad no debe ser objeto de esos autos, y el señor catedrático lo sabe. Esa es una materia típica del juicio. No me parece, además, que se pueda decir seriamente que el argumento definitivo es que se trate de un director general de la Policía. Sobre todo porque afirmaciones así descansan sobre una falacia: no incumbe a los señores policías o ministros o Presidentes del Gobierno decidir si la ley se cumple o no para impulsar un proceso, por mucho que ese incumplimiento no les convierta en miembros de ETA. Por eso, fíjense, la ley distingue entre pertenecer, actuar al servicio de o colaborar con una banda terrorista. Llevemos el argumento al límite: elegimos a un tipo atinado como Presidente del Gobierno; se pone a negociar con terroristas; se entera de que han puesto una bomba; le convencen los terroristas de que que la cosa va por buen camino y, pese a la bomba, que obedece a razones, no sé, tácticas, es necesario que no detenga el atentado; el elegido impide que se detenga a los terroristas; palma un, no sé, qué podría poner como ejemplo, ya, un ecuatoriano que pasa por allí, y nos enteramos del pastel; el Presidente del Gobierno dice que él lo hizo para impulsar el proceso de paz y que cómo va a colaborar un Presidente del Gobierno con una organización terrorista. Ya, ya sé que hay que ser tan estúpido para obrar así que a lo mejor concurre la eximente de incapacidad mental, pero es un ejemplo.

Además, en este caso, de verdad, no hay que dar muchas vueltas. Se colabora con un criminal cuando se impide que se le detenga por razones ajenas a la propia operación policial o judicial. Y, por cierto, y es lamentable el argumento, da igual que se les detenga después: el delito ya se ha cometido.

Y es que, como siempre, lo ilegal es decidir que uno es el que decide cuándo se deben o no cumplir las leyes, aduciendo la existencia de propósitos superiores, como la “neutralización de la banda”. Más aún: si tan claro es el asunto ¿por qué no consta una orden directa de alguien diciendo, con membrete de la policía: “no se detenga a estos vocalistas, que el proceso peligra”? No se hizo porque era ilegal, porque era colaboración con banda terrorista y porque como son gilipollas, pero no tanto, intentaron no dejar pruebas.

Lo demás, actuaciones exploratorias de naturaleza mental de la propia sexualidad destinadas a convencer al personal de que el blanco es negro.

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10 comentarios en “Yo colaboro, tú colaboras, él pasaba por allí

  1. Tse, es justo lo que yo pienso y habría escrito si supiera de leyes y tuviera un blog, pero como no sé de leyes y no tengo un blog, sólo es justo lo que yo pienso.

  2. [5] He leído la entrada de Yoldi:

    http://blogs.elpais.com/despejen-la-sala/2011/09/la-paradoja-de-los-10-a%C3%B1os-de-c%C3%A1rcel.html#comments

    Le creo gravemente herrado (¿hace falta jetilla?). Para que esta condena le libre de otra, deberá ser firme (es curioso que ponga de ejemplo a El Egipcio, cuando el TS, en la sentencia del 11-M lo explica la hostia de bien. Más aún, debería la primera condena ser condenatoria, ya que se le puede absolver por pertenecer a banda armada (por ejemplo porque no se pruebe) en un juicio y condenarle en otro (en el que sí se pruebe). La limitación en ese caso se refiere a los mismos hechos, no al mismo delito (precisamente por ser permanente, puede que no pruebe que era terrorista el 1 de julio, pero sí el 3. La única eficacia del non bis in idem se produce, en un caso así, cuando ya le han condenado y la sentencia no es recurrible. En ese caso si hay prohibición de condena, pero precisamente porque ya ha sido condenado (y no se le puede condenar dos veces por lo mismo).

    Y más aún, en contra de lo que dice, el TS ya ha dicho que se puede ser terrorista, entrar en la cárcel (y sin necesidad de abandonar los fines) cometer un nuevo acto de pertenencia a banda terrorista, simplemente entrando de nuevo “en activo”.

    No se excluye -dice la Audiencia y con razón- que, juzgado y condenado un miembro de una organización terrorista, pueda en el futuro decidir integrarse de forma activa y eficaz en la misma con participación en sus fines, cometiendo de nuevo otro delito de pertenencia a banda armada, además y lo que es más importante, que la eficacia de cosa juzgada no puede proyectarse en el futuro, generando la impunidad de nuevas acciones.

    Eso lo dice el Tribunal Supremo.

    Así que:

    a) Yo que Otegui no me fiaba de los ánimos de Yoldi sobre la eficacia de un caso en otro.

    b) Sí que es verdad que el blog no es para todo el mundo. Yo, por hablar de alguien cercano, sólo entraré a leerlo cuando el robot me lo ordene.

  3. [0] Todo muy bien explicado y claro como una mañana clara, pero en la cosa esa de la pupa, la crisálida y el cine lo veo un poco torpón: pelis con personajes pretendidamente complejos llevan haciendo 30 años. No les refuerce usted también la pulsión, hombrededios…

  4. Entre el sistema pasaportal de su majestad británica y el sistema pasaportal de su majestad austral elijo el europeo.

    Total, no sé porqué se empeñan en marcar la diferencia. Salvo para ir al lavabo, a la cárcel, al hospital o a Arabia… no vale páná.

    [bueno, vale, la marca también es necesaria para las listas cremallera hiperprogresitas hispanas]

  5. ¿Han leído El Mundo por adentro y por afuera de hoy?

    ¿No lo he captado, o Arcadi se baaluzea?

    Cita al líder de un partito pirata alemán, un tal Baggni, que dice: “En vez de ser románticos, hemos de recordar que en el libre Occidente, la ciberprotesta es barata, y la desobediencia digital fácil. La democracia y el Estado de derecho, en cambio, son difíciles y costosos.» Y lo deja ahí, y uno tras leer la cita de Espada se hace una idea totalmente equivocada.

    Porque Herr Baggni – en al artículo que enlaza Arcadi – sigue: “Un fuerte sentimiento de la justicia de nuestra causa, combinado con formas fáciles de expresar nuestra opinión, nos puede ocultar lo grave que es romper el pacto de permanecer iguales ante la ley. A menos que nos recordemos a nosotros mismos lo valioso que es el Estado de derecho, corremos el riesgo de socavar las propias bases de una sociedad libre mediante miles de minúsculos tuits”

  6. Es lo de ‘el hombre cree mentiras cuando no tiene verdades que creer’
    Es decir, que hubiera estado tan bien que lo dijera que hubo hasta quien se entusiasmó narrándolo, tal cual si allí se hubiera estado allí, como el Mash Qasem de Iraj Pezeshkzad, “Bueno, señor, ¿por qué iba yo a mentir?”

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