Bahh

Estaba tentado de escribir una entrada que empezara algo así:

He discutido con mi amigo Tsevan Rabtan sobre el caso de la inteligencia militar y las integrales de camino en variable compleja con singularidades evitables. Hoy, en su TojDown, o como se llame, estuvo brioso como suele, aunque quizá pecó de exceso de entusiasmo por los flancos.

Bahh, lo dejo. Ya empiezo a sentir una conmoción en la fuerza que haría que los neutrinos llovieran del cielo y viajaran más rápido que la luz.

Ops

El domingo el dominical El País puso una perfilada de un tal Rajoy. Aparecía una foto de, aparentemente, su casa (escribo de memoria). El tipo que puede que gobierne España (si Tsevan Rabtan no lo remedia) es incapaz de programa su televisor pantalla plana 16:9 para que muestre la imagen tal y como es. O, tal vez, prefiere ver la televisión, especialmente los noticiarios, con la imagen deformada. Yo lo entiendo: las banditas negras arriba y abajo es muy de cultureta y da empaque a lo que se está viendo.

Rops

Hace unos días andaba y hablaba y me dicen: «sabes que hay gente que se está forrando con la crisis». Toma claro, respondí. Quien no se va a hacer rico con esta crisis es un funcionario público. Ni tampoco se va a hacer uno rico los lunes al sol. Pero mirando y mirando, tomando decisiones acertadas (cómo se toman?) pues sí, uno se puede hacer rico o, simplemente capear el temporal.

La basca anda hoy reñida y trendingtopicada porque un tío suspira y anhela que haya recesión. ¡¡Para hacerse rico!! Será jodío. No entienden que si hubiera crecimiento el mismo tío con las misma cara podría perder todo su dinero. O que el tío no habla por hablar: trata de que su autoprofecía se autocumpla.

Mi acompañante era más sutil: se refería al huevero de su barrio que se está hinchando a vender huevos.

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Guantánamo, Islam, Rahola y un secundario de lujo

Tremendo lo que ha pasado este hombre en Guantánamo.
Tremendo lo que narra.
Tremendas sus opiniones sobre las mujeres occidentales.
Todo tremedo:


No se pierdan al hombre del bar que advierte a Évole sobre el montaje de la librería islámica. Tiene toda la pinta de aquellos estupendos secundarios de las pelis americanas de cine negro: