Atención

Seré breve. Ayer perdí una hora larga de mi vida tratando de que una empresa de telefonía ónica me hiciera un servicio sencillo y beneficioso para ellos.

No sé cuántas veces llamé ni cuánto me costó la broma. Hablé con muchas personas, algunas hablaban castellano pero siempre las entendía, ruidos infernales. Esperas. Contar la historia mil y una vez. Nada que nadie no haya vivido.

El pasado jueves 29 de septiembre se estreñó de nuevo Le Nozze di Figaro en el Teatro de la Maestranza. Se preguntarán qué tiene que ver y la respuesta es: nada. Resulta que, como gesto de buena vecindad, y tras haber recibido un poco de sal que necesitaba para completar un puchero, decidí regalar a unos vecinos un par de entradas para ver el Cirque du Soleil, que malabaran por aquí cerca ahora mismo, para el jueves 29 de septiembre. Y dos días antes de la función me dijeron que también tenían entradas para el estreno de la ópera ese mismito día. Y que no tenían el don de la ubicuidad.

Rayas y centollas. Habiendo comprado las entradas por la internet veía pocas posibilidades de acuerdo. Pensaba pedir sal por el vecindario y si alguien me daba regalarles unas entradas de circo. No sé cómo dí con un 800 del Cirque. Un 800 en los Estados y en Canadá es un número gratuito. Llamé y solo tuve que pulsar un botón para ser atendido en castellano. Hablé entonces con una persona humana y amable. Y calmada. Que hablaba castellano correctamente con su acento extranjero. Solo tuve que explicar una vez el problema para que el amable señor me comprara entradas para otro día y me anulara las entradas que ya había comprado. Todo ello por nada, en poco tiempo y con exquisita amabilidad. El único precio fue oír un “buenos días” a la hora del te.

Anuncios

Personas de baja calidad

Dicen que la policía no es tonta. Pues entonces ni te cuento los detectives y las aseguradoras. Engañar se está poniendo imposible. Aunque algunos tampoco es que se lo trabajen mucho. ¿Pereza o tal vez falta de medios? Sea como fuere, si vas a hacerlo, hombre, tómate un poco de interés.


Estos ecocomunistoideos son la pera. A ver, señor Ricard Gomà, qué necesidad había de esto:

No me negarán que el periodista de la progresista Sexta está gracioso y original en su descarada burla del chino:

Sí, yo creo que ha habido muchos recortes en educación… y se comprueba en la escasa educación de los que se manifiestan:

La desmesura como medida


Oigo en un par de sitios a periodistas supuestamente muy informados decir que el Tribunal Constitucional, en una sentencia dictada en un recurso de amparo, ha legitimado la violencia de los huelguistas. Y oigo cómo se preguntan cuál es el límite a la violencia admisible.

La noticia la publica El Mundo en una cosa de pago. Como no voy a pagar, les enlazo la noticia de la noticia. No tengo la sentencia, así que los comentarios que haré son provisionales.

En la noticia de la noticia se menciona que los dos sindicalistas ahora absueltos fueron condenados, uno por atentado, a un año de prisión, y otro por desobediencia, a seis meses. Esa condena a un año por delito de atentado es extraña, ya que está por debajo de la pena mínima, pero, en fin, es posible por la concurrencia de alguna circunstancia eximente. Sin embargo, en el Mundo, lo que se menciona, y así se reitera en Libertad Digital, es que se ha “anulado” la condena en un supuesto de desobediencia, por el contexto huelguístico, que la haría desproporcionada.

Vamos, la propia noticia nos dice cuál es el límite: el delito de desobediencia. Se trata de un delito que consiste en desobedecer las ordes legítimas dadas por la autoridad o sus agentes.

Como puede verse, violencia contra las personas no hay. Como mucho violencia contra le ley. No hay, a pesar de que he oído a Ignacio Camacho afirmarlo (por cierto es el único que ha intentado matizar), ni siquiera coacción. Cuando desobedeces no agredes a nadie, ni le acometes, ni siquiera realizas sobre él la violencia psíquica del que amenaza o coacciona. Solamente te niegas a obedecer una orden legítima.

Naturalmente, esto está mal, y el Tribunal Constitucional (que por cierto sólo ha dictado una sentencia en un recurso de amparo, no ha modificado las leyes) se equivoca gravemente, en mi opinión, pero no se está legitimando ningún tipo de violencia. Todo lo más que podría decirse es que esta argumentación podría utilizarse en delitos más graves. Sin embargo, ni siquiera esto es necesariamente así, ya que hay una tradición occidental centenaria que relaciona la protesta “pacífica” con actos de desobediencia absolutamente pasiva.

Además, la sentencia del Tribunal Constitucional simplemente reconoce lo que ya existía de hecho. Por desgracia, en España, en contextos “huelguísticos” se producen todo tipo de actos en los que se va más allá de la simple desobediencia sin consecuencias penales. Yo no recuerdo que las haya habido, salvo en casos en los que se ha producido un delito de atentado o de lesiones o de daños. Por poner un ejemplo reciente: a los indignados (y no había un contexto huelguístico) se les dio la orden de que se piraran de los sitios en los que acampaban. Todos y cada uno de los que se reunían incumplían esas órdenes legítimas dadas por agentes de la autoridad. No sólo no se fueron sino que a mucha gente le parecía estupendamente. Y además el incumplimiento fue notorio y televisado. A lo mejor pensaban que hay una diferencia entre una calle pública y un despacho. Yo creo que muchos males derivan precisamente de creer que hay diferencias.

En cualquier caso, de lo que yo quería hablar es de la desmesura del personal. Parece que la única manera de resolver ciertos excesos es exagerar. Bueno, mentir, para que andar con eufemismos.