Pero, tú, ¿a quién crees que se refiere?


Hay una actitud melancólico-bloguera-internetera habitual de la que no se suele hablar. Sus síntomas son: estar de vuelta de todo; manifestar cansancio y hastío ante cualquier argumentación que pase de las diez palabras; ponerse en posición de difícil equilibrio a.k.a. comportarse de forma brillantemente irónica a.k.a. remedar eso que hizo ese tipo que dice esas cosas que dejan flipadas a las tías de la peli en esa peli que tanto le gusta y que ha visto ciento cincuenta veces; ser capaz de afirmar cualquier burrada; negarse a discutir cualquier reproche argumentado contra la burrada en cuestión afirmando que mejor no hacerlo -discutir- porque “para qué, ¿para que le acusen a uno de decir una burrada?”. Es una actitud poco constructiva, como de coleccionista de poses, pero moderadamente inteligente. No deslumbras, pero porque has optado por retirarte a ese rincón oscuro, en el que sólo se te ve cada vez que enciendes el cigarrillo que cuelga de tu boca torcida.

Además, a veces tiene recompensa. Siempre habrá alguien más patético que tú que te aplauda, pidiendo permiso para sentarse en la butaca de al lado (1).

(1) Esta entrada es literaria. Sus personajes no están basados en personas reales. Cualquier parecido con alguien que usted conozca es casual.

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4 comentarios en “Pero, tú, ¿a quién crees que se refiere?

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