De obligada lectura


Seguro que ella no lo esperaría tan temprano. Ni siquiera sospecharía que fuera a regalarle aquel anillo que hacía más de un año había señalado con un juguetón dedito índice de su mano derecha, acodada grácilmente en el mostrador de una exclusiva joyería. Era una mujer de costumbres y a aquella hora de la tarde gustaba de sentarse en el salón de la biblioteca a leer justo hasta las ocho, momento en el que comenzaba a preparar la cena. Y hasta allí se dirigió su marido procurando no hacer ruido. Lo primero que le alarmó fue aquella risita. Jamás había oído reírse a su mujer mientras leía. Jamás. Cuando la risa arreció ya no tuvo dudas de que algo andaba mal.
La peculiaridad de los libros que descansaban en los anaqueles del recinto era que todos y cada uno de ellos habían sido escritos por él. Casi dos mil libros que se ocupaban de la geografía, de la historia y de la filosofía, que se adentraban en el mundo científico, que penetraban en el campo de las matemáticas y del álgebra, que estudiaban la música clásica y la moderna, sin olvidarse de la medicina general y la forense. Por supuesto, la ficción también formaba parte del extenso caudal intelectual vertido en la imprenta. Las novelas históricas y policíacas eran las más abundantes, pero no las únicas, ya que no había podido resistirse a elaborar también libros infantiles y juveniles.
Recordaba la primera vez, cuando ella corrió hacía él y le contó embelesada lo mucho que había disfrutado tras acabar de leer su primer libro. Por supuesto, él se había mostrado dispuesto a disipar todas sus dudas sobre los aspectos más procelosos del texto que ella no hubiera entendido, que en aquella ocasión no fueron pocos. Todavía no se habían casado. Tan solo eran buenos amigos unidos por el amor a la lectura y separados por una diferencia de edad de cuarenta años. Acabaron enamorándose y decidieron casarse dos años después. La boda del sabio y conocido escritor fue portada en muchos diarios.
Habladurías y rumores apuntaban a acuerdos prematrimoniales descabellados.
A sus setenta y ocho años debía armonizar con prudencia equilibrio y sigilo si quería ajustar sus pasos con apoyos seguros para que su acercamiento no fuera percibido. La manilla de la puerta fue bajando lentamente sin hacer ningún ruido, lo que le permitió introducirse en el salón de la biblioteca un par de metros sin que ella lo notara. No podía verla porque el enorme sillón de orejas en el que descansaba se hallaba de espaldas. Se detuvo a tomar resuello: aquella risa que no cesaba le estaba provocando jaqueca. Recuperadas las fuerzas se armó de valor para avanzar un poco más. Ya podía ver una de sus piernas bailotear en el aire. Parecía que se lo estaba pasando en grande. Cuando llegó a escasos metros del sillón pestañeó durante unos instantes para centrar su cansada vista y luego se acomodó las gafas en una posición óptima para poder ver con claridad.
-¡Traición! – gritó, sobresaltando a la mujer que se levantó dejando caer un libro en el sillón.
– Puedo explicártelo, cariño…
– No, no puedes. Acabas de incumplir el acuerdo prematrimonial que te impedía leer libro alguno sin antes acreditar haber disfrutado de todos los escritos por tu marido. ¡Y por un vulgar “Sin noticias de Gurb”!

Anuncios

5 comentarios en “De obligada lectura

  1. [1] leyendo su artículo (que agradezco) en la parte final, cuando habla de los usos alternativos del derecho de los jueces progresistas, me he acordado de un libro que leí hace poco, ‘de vidas ajenas’. no sé si lo conoce. dos de los personajes son jueces, ambos con discapacidad física, y entre otras cosas se dedican a ir contra esas empresas que dan crédito a personas insolventes y luego los llevan a juicio cuando no pueden devolver el dinero.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s