Cuentos japoneses


Hace un par de días mi hija pequeña me contó la historia de Sadako Sasaki y las mil grullas. Habían estado hablando en el colegio de la bomba atómica y de pacifismo. Es pequeña y podría haberle dicho: “qué historia más bonita y sí, las guerras son muy malas”. Pasa que hace mucho me planteé, en la medida de lo posible, tratarlas conforme a su edad en lo relativo a derechos y obligaciones, pero como adultos cuando de información se trata. No les escondo mis opiniones en ningún tema. En realidad, este modelo falla no tanto porque no sea realizable, que lo es, sino porque, en general, tienen poco interés en mis opiniones y en su aparato “intelectual”. Una de las frases más habituales a la hora de la comida y la cena es: “ya van tres veces que intento contaros esto; vais a conseguir que un día no os explique nada”. En ese momento, normalmente, cuando me ven enfurruñado, me dicen “venga, papá, cuéntanos eso tan interesante”.

Así que, cuando mi hija terminó diciendo que los “americanos fueron unos brutos” al tirar la bomba atómica matando a tanta gente, le contesté “¿por qué?” “Porque mataron a mucha gente”. “Pero estaban en guerra y había que terminar la guerra”. “Sí, pero la gente que murió no tenía la culpa”. “No tendrían la culpa pero sí los que mandaban en Japón”. “Ya, pero ellos no tenían la culpa”. Le expliqué que los americanos calcularon millones de muertos en el caso de la invasión de Japón. Y ella me preguntó que por qué tenían que invadir Japón. Le expliqué que llevaban cinco años de guerra, que había muerto mucha gente y que los japoneses se habían comportado asquerosamente por toda Asia y había que acabar con su gobierno. Ella me contestó que le habían contado que tiraron la bomba porque los japoneses habían invadido unas islas de los americanos y habían muerto unos miles de americanos. “No, es justo al revés; los americanos invadieron unas islas japonesas y los japoneses se defendieron de tal manera que eso hizo pensar a los americanos que invadir Japón iba a ser muy costoso, que iba a haber muchas víctimas”. Añadí que los americanos habían bombardeado Tokio, con sus casa llenas de papel y madera, y habían muerto más personas que en Hiroshima, y que tras la primera bomba atómica habían pasado tres días y los japoneses no se habían rendido. Insistía, “ya, pero qué culpa tenía la gente, qué culpa tenían los niños”. Entonces le pregunté “¿cómo terminarías tú una guerra?” y le expliqué la masacre de Nankín, y como los japoneses mataban a niños y a mujeres embarazadas a bayonetazos.

No quedó muy convencida. Cuando le dije: “cuidado cuando te cuentan cuentos chinos”, me sonrió y me dijo “bueno, japoneses”, pero añadió, “aun así, fueron unos brutos”.

Me gusta discutir así. Los niños, y más si no tienen especial respeto por tus opiniones son muy duros discutiendo. No dan nada por sentado fácilmente y tienes que afinar los argumentos. Es cierto que es fácil engañarles con algún dato falso y que son extrañamente inmunes al argumento “objetivo”. Su apelación a los sentimientos es en ellos un estímulo, porque en ellos no es impostado. Lo que en un adulto te sacará de tus casillas, en un niño se convierte en una oportunidad para cambiar el aceite de tus opiniones.

Por si alguien quiere entrar en la discusión, que empiece por aquí. Antes de la charla, hay que terminar los deberes (aquí una jetilla).

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9 comentarios en “Cuentos japoneses

  1. Un amigo mío estuvo hace poco en Filipinas, visitando a unos amigos. Allí se dedicó a estar con ellos y hacer un poco de turismo. Hay en Filipinas turistas de todas partes, que hacen lo mismo que hacen los turistas en todo el mundo… excepto los turistas japoneses. Para ellos existen rutas especiales y establecimientos dedicados debido a la posibilidad real de que sufran agresiones si se les deja solos y deambulan libremente por ahí. La gente todavía tiene muy presente lo mucho que se sobraron por toda Asia. No los pueden ni ver.

  2. [5] “Asistentes al juicio coincidieron en destacar que los dos hombres ” (dos miembros del jurado) “que superaban la cuarentena se singularizaron por prestar más atención a las defensas que a las acusaciones”

    Acojonante

  3. [7]

    Si leen el texto de las deliberaciones del jurado y consiguen obviar lo malo del manuscrito (líneas torcidas, escaneo pésimo, tachones), verán que ese texto podría pasar perfectamente por “profesional” con la sola condición que corregirle algunas faltas de ortografía. No está tan mal redactado como dice el artículo.

    A mi no me cabe duda de que esto es una medida de presión contra los miembros del jurado y un aviso a navegantes. Ahora irán a por ellos. No me extrañaría ver alguna foto de alguno de ellos, o que ahora empiece a publicarse información sobre sus vidas privadas. Que se vayan preparando.

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