Apariencias

– Ostras, Carlos, qué suerte tienes con esa empleada del hogar. Cocina de muerte.
– ¿Y qué me dices de tu suerte? La mitad de lo que cocina te lo zampas tú.
– Prepara comida de sobra y es una pena que sobre –comentó Lucas sonriendo antes de hincarle el diente a un librito de lomo y queso.
– Eso es cierto.
– Estaba pensando en el malentendido del otro día. Fue la leche. Nunca había visto a Susana tan cabreada.
Susana era la novia de Carlos y lo había visto abrazado como una lapa a una mujer imponente. Y por si aquella imagen fuera poco esclarecedora, el lugar del abrazo no distaba más de cinco metros de la puerta principal de un hotel.
– Dicen que las apariencias engañan, pero joder, Lucas, esas apariencias dejaban poco margen para pensar en algo… decente.
– Ya, pero la reacción de Susana fue poco madura. Al principio ni siquiera permitió que te explicaras, que le aclarases que se trataba de una vieja amiga de facultad muy dada a las expresiones de afecto totalitarias.
– Lo comprendo.
– ¿Lo comprendes? Las apariencias nunca pueden engañar hasta ese punto.
– ¿Te consideras inmune a dejarte engañar por las apariencias?
– Ya sé que muchas veces las cosas no son lo que parecen, pero basta con analizar fríamente cada situación y extraer luego conclusiones atemperadas.
– A lo mejor eso fue lo que hizo Susana. Y como las conclusiones que extrajo no le favorecían, decidió por fin darme una oportunidad para que me explicara y pudiera aclararse todo.
Lucas hizo un leve gesto de asentimiento con la cabeza y luego añadió:
– ¿Qué hay de postre?
Dos semanas después, Lucas, que cumplía años, invitó a Carlos a cenar. Parecía de buen humor. Le habló de su nueva conquista amorosa. Y no dudó en exagerar:
– Tremenda, chico. Sus orgasmos me tienen ocupado la mayor parte del día.
– Lo celebro. Por cierto, qué pasa con tus visitas culinarias. Sobra mucha comida desde que no vienes por casa.
– Mucho trabajo. Y dieta. Estoy a dieta.
El único plato que pidió Lucas (una ensalada de pollo y rúcula) no evitó que Carlos le comentara:
– Pues yo te noto igual de henchido en donde aprieta tu cinturón. La última vez que comiste en casa… ¿no fue el día que conociste personalmente a la cocinera?
– Buena memoria. Me dijo que habías llamado, que no podías venir.
– Aunque en realidad, comer, lo que se dice comer, tampoco te quedaste a comer. Me dijo que saliste pitando.
– Es que recibí una llamada de mi madre. Uno de sus arrechuchos.
– Pues te recuerdo que sigue cocinando de fábula. ¿Por qué no vienes mañana? Me dijo que iba a preparar libritos de lomo y queso. Te encantan, ¿no?
– La dieta, Carlos. Te olvidas de la dieta.
Una mujer se acercó a la mesa y los saludó. Rondaría los cuarenta, bajita y de aspecto amable. En un primer momento, Lucas no la reconoció. Hasta que le estrechó la mano. Sí, aquella mano le devolvió ciertos recuerdos.
– Silvia, hola… Lucas, ¿recuerdas a Silvia?
– Sí, claro, es tu empleada, ¿cómo estás, Silvia?
La mujer abrió una franca sonrisa mientras contestaba. Lucas volvió a fijarse en las manos de la mujer que en aquellos instantes atusaban levemente sus cabellos. Definitivamente, no parecían las mismas manos.
– ¿Quieres comentarme algo al respecto, Lucas?
¿Qué estaba pasando allí? Porque algo raro estaba pasando. ¿Qué se suponía que debía decir?, ¿y al respecto de qué?
– Sería mejor que lo hicieras tú.
– Claro –dijo sonriendo-. La idea se me ocurrió el día que me fijé en las manos de Silvia: sucias, uñas ennegrecidas, un verdadero desastre. Le pregunté la razón: había ayudado a su marido, mecánico de profesión, a casi desmontar su coche para reparar una avería. Me dijo que no se preocupase por la higiene, que se pondría guantes hasta que consiguiera desprender toda la mugre de su piel.
Lucas sonrió mientras masticaba la porción de pollo y rúcula que se había metido en la boca. Ya no le interesaba el resto de la historia que Carlos iba a relatarle porque la conocía perfectamente. Bebió un sorbo de vino blanco. Qué cabronazo, pensó admirando sinceramente la treta de Carlos.
– Imagino que ya sabes lo que pasó después. Por supuesto, para dar mayor verosimilitud a la escena, le sugerí que añadiera cierto pringue lustroso a los dedos cuando te sirviera el plato. Y funcionó. Nada de petición de aclaraciones posteriores ni de análisis frío de las situaciones. Las apariencias, amigo mío, engañan. Vaya que si engañan.

El famoso caso del CIF humeante


Veo, en muchos periódicos, que el juez Castro ha dictado un nuevo Auto, en el asunto Noos, relacionado con una serie de facturas falsas. Y, también en varios periódicos, leo que esas facturas, 13 en concreto, no se pagaron por una razón muy razonable. Concretamente, nos dice El País:

El juez explica en el auto, que las 13 facturas fueron rechazadas por la Generalidad valenciana que desconfió al no contener los documentos el CIF.

En la noticia, El País nos ha enseñado la imagen cortada de una de esas facturas. Sin embargo, en ESKUP, del mismo periódico,aparece completa.

Es ésta:



Bien, la factura es -se supone que falsamente- de BPMO EDIGRUP, S.L., y en ella se lee con facilidad el CIF del Instituto Nóos de investigación aplicada, concretamente, G61932455 (y les aseguro que es correcto, porque lo he comprobado).

Sólo podría faltar otro CIF, el de la empresa que factura. Sin embargo, si dan la vuelta a la imagen, verán, en el lateral, en el mismo lugar en el que miles de empresas hacen constar su CIF, el de esa sociedad limitada. Se ve mal, pero es el suyo. Les aseguro que lo es porque también lo he comprobado.

No sé si el Juez dice eso en su auto (lo del CIF) porque no lo encuentro publicado. Tendría su gracia, la verdad. Como la tiene que el periodista de El País que ha escaneado el documento tampoco lo haya visto.

En fin, de chirigota.

Una pequeña encuesta


Me escribe un amable lector del blog y de JotDown. Después de elogiar alguno de mis artículos, me reprocha el lenguaje tabernario de la entrada sobre la votación en el Congreso del asunto etarra.

Es un lector nuevo, porque los que hayan leído entradas en este blog o en el anterior, saben que es habitual que use expresiones malsonantes, incluso dentro de entradas de lo más sesudo. Le he explicado que los blogs los planteaba más como un lugar en el que charlar con amigos; que me divierte escribir (y no lo hago como profesión); que escribo, a veces, como hablaría en un bar cualquiera.

Y es así. Soy muy malhablado. Todo el que me conoce lo sabe. Scusate.

Escribo esta entrada porque, al leer el correo, me he planteado por vez primera si no tendrá razón el lector (que por ser nuevo puede que no sea tan tolerante como algunos de ustedes).

¿Me paso en el uso de palabrotas y palabras malsonantes o debo seguir escribiendo así?

Gracias por su atención.

Gritando más alto


Hoy Santiago González ha escrito una entrada sobre lo de UPyD y su iniciativa de hace unos días y el comportamiento del PP. Que los del PP andan algo desnortados es evidente, así que no me detendré en ello, pero hay un par de cosas en las que no coincido con D. Santiago y que tienen que ver con algunas materias habituales de este blog, así que ¿por qué no comentarlas?

La primera. Dice D. Santiago que:

Luego está el gran argumento que se usa a mi modo de ver de manera irreflexiva, como un lugar común. Instar la ilegalización de Bildu y Amaiur y fracasar es darles alas. ¿Por qué toman esa afirmación como si fuera una ley física? El Tribunal Supremo denegó la legalización a Bildu. El TC revocó la sentencia y legalizó. ¿Ha supuesto eso el hundimiento del crédito apara el Supremo?¿Se ha hundido algún Gobierno cuando el Constitucional le ha tumbado alguna ley desde la LOAPA? No. No es un misterio gozoso del rosario y más vale no gastar pólvora en salvas.Pero en sentido contrario cabe destacar la pedagogía que se ejerce cuando se plantea una iniciativa que va a ser derrotada por un juez.

En mi última entrada, yo decía:

UPyD podría haber presentado ante la Fiscalía y el Ministerio de Justicia un escrito acompañando esas pruebas a fin de que se valorasen por los fiscales y el servicio jurídico del Estado. Hablo de una valoración técnica a partir de lo que vienen diciendo el Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional (ignoro si ha hecho algo así, la verdad). Y la Fiscalía y la Abogacía del Estado deberían haber valorado, en tal caso, la existencia o no de indicios para presentar, con una probabilidad mínima de éxito, demandas de ilegalización. Sobre todo porque se trata de no hacer el ridículo.

Como vi que ayer, en su blog, se discutía, incluyendo este párrafo entre los argumentos, acerca de la cuestión táctica de si es bueno o malo presentar demandas de ilegalización, y hoy nos da su opinión, me gustaría aclarar a qué me refiero, porque tiene que ver con lo que diré después. El problema no es que te den la razón o te la quiten en un procedimiento. El problema es empeñarse por cojones, y sin ningún criterio técnico examinado por técnicos, en iniciar un procedimiento para que se vea lo mucho que nos gusta perseguir el terrorismo, la corrupción o lo que sea. Muchas veces he hecho firmar a mis clientes una orden expresa para iniciar un procedimiento cuando según mi opinión sus prosperabilidad es escasa. ¡¡Y ellos me pagan!! La cuestión es esa. Nadie dice que no se inicie el procedimiento si tiene una base, pero por favor, que lo decidan los que tendrían que escribir la demanda y si es que no, que nos digan por qué. Y entonces, si pensamos que su opinión está politizada y sus argumentos son lamentables, denúnciese. No vayamos primero y antes que nada al Parlamento, ese lugar en el que no se manipula nada, a salir en la foto.

La segunda cuestión que me parece mal del artículo. Dice D. Santiago:

Contaré otra vez algo de lo que fui testigo hace años. José Ramón Recalde, ex consejero de Educación y de Justicia del Gobierno vasco y víctima superviviente de ETA, se negó a insertar publicidad del Departamento de Educación en el diario Egin. La empresa editora, Orain, se querelló contra el Gobierno vasco y un juez le dio la razón. Cuando le preguntaron a Recalde qué pensaba hacer, respondió que, naturalmente, acatar la sentencia, insertar el anuncio y pagar. Pero en la próxima campaña volveré a negar publicidad y dinero público al diario Egin. Para que haga esto tendrá que obligarme otra sentencia judicial. A mí me pareció una hermosa lección democrática.

Éste es un ejemplo de uno de los males de nuestra nación patria. Las leyes se interpretan por los tribunales y no por las víctimas. Uno puede ser comprensivo con el que se salta la ley, pero ¿una lección democrática? No hombre. Una lección democrática se da no saltándose las sentencias. Y una manera de acatar la primera es precisamente no volver a repetir la conducta. También existe la prevaricación en los funcionarios públicos y una forma simple de probarlo es que repitan aquello que un juez les dijo que no se podía hacer.

Porque el problema -por ejemplo el de Garzón- es que contra los «presuntos» malos no cabe todo. Ayer se publicó la sentencia contra el «informático» de ETA. En ella tres magistrados le echan un chorreo al magistrado Grande Marlaska (y al fiscal, pero el responsable es el magistrado) por ordenar prórrogas (cinco veces creo) de escuchas sin el más mínimo elemento que las justificara (vayan a la página 9 y sucesivas). Por no haber, ni había informes policiales sobre lo que se hablaba por ese teléfono, pero claro, se perseguía a «etarras».

Lo de las tácticas políticas para ocupar espacios se lo dejo a los políticos. Yo tengo claro que es algo que se hace y me parece normal. Ahora, que no se cabreen cuando les decimos que se envuelven en el «interés general» cuando buscan -al menos también- su interés particular y nieguen cálculo político o electoral (como sucedió con la reforma de la Ley Electoral). Digamos que esa constante noticia de que sólo ellos -los de UPyD- defienden a España y a los españoles cansa.

Fin del fuego amigo.

Pomposos de mierda


Ayer escuché, con el ruido habitual, que UPyD se había quedado sola y tal y cual, en la defensa de una moción que pretendía que la Abogacía del Estado y la Fiscalía ilegalizasen Bildu y Amaiur y hoy, tomando un café, he leído el resumen de El País. También he escuchado a los tertulianos de Onda Cero -por cierto hay un momento genial, cuando se le escapa a José María Calleja que el TC permitió que se presentara a las elecciones el «brazo político» de una organización terrorista.

Más tarde he escuchado la intervención de Rosa Díez y he leído la propuesta completa de UPyD (págs. 31 y ss.)

También he leído el acuerdo que adoptaron ayer en el Parlamento.

Ese acuerdo sí ha sido apoyado por UPyD, como lo demuestra que se incluyese íntegramente en su enmienda transacccional.

Es decir, lo primero que hay que dejar claro es que UPyD se ha quedado sola exclusivamente en lo que se refiere a la solicitud de disolución de Bildu y Amaiur, no en lo demás.

En cuanto a la propuesta de UPyD, diré que, tras leer las sentencias que se dictaron sobre Sortu y Bildu (y considerando que no se presentó demanda de ilegalización contra Amaiur), los indicios que aporta sobre hechos nuevos, sobrevenidos (se habla de 25 aunque en la propuesta se deja constancia concreta de tres, supongo que los más evidentes), no parecen muy contundentes. En cualquier caso, es igual. No pretendo entrar en una valoración concreta de esos 25 hechos. Les diré qué me parece bien y mal del procedimiento y de la actuación de unos y otros.

UPyD podría haber presentado ante la Fiscalía y el Ministerio de Justicia un escrito acompañando esas pruebas a fin de que se valorasen por los fiscales y el servicio jurídico del Estado. Hablo de una valoración técnica a partir de lo que vienen diciendo el Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional (ignoro si ha hecho algo así, la verdad). Y la Fiscalía y la Abogacía del Estado deberían haber valorado, en tal caso, la existencia o no de indicios para presentar, con una probabilidad mínima de éxito, demandas de ilegalización. Sobre todo porque se trata de no hacer el ridículo.

En relación con esto, llamo la atención sobre este párrafo de la moción de UPyD:

Sin embargo, esta sentencia del Supremo fue declarada nula por el Tribunal Constitucional en su Sentencia de fecha 5 de mayo de 2011, con los votos a favor de su presidente, Pascual Sala, y los magistrados Eugeni Gay, Pablo Pérez Tremps, Elisa Pérez Vera, Adela Asúa y el ponente, Luis Ignacio Ortega (todos ellos designados a propuesta del PSOE), sobre la base de que no existía ninguna continuidad subjetiva demostrable entre los candidatos de la coalición Bildu y los miembros de partidos previamente ilegalizados por su relación orgánica con ETA (Herri Batasuna, Euskal Herritarrok, Batasuna, etc.), permitiendo en última instancia su participación en las elecciones autonómicas, locales y forales celebradas el pasado 22 de mayo de 2011, con el resultado por todos conocido.

La referencia a que los magistrados que votaron a favor de la estimación del amparo fueron designados a propuesta del PSOE demuestra que lo que se discute es precisamente la propia sentencia. Por cierto, siempre cabe la interpretación contraria, que los magistrados que votaron en contra lo fueron a propuesta del PP y por eso votaron en contra. Ya sé -se me dirá- que la sentencia del Tribunal Supremo sí declaró la ilegalización de Bildu, pero recuerdo que hubo un voto particular de seis magistrados a favor de la legalidad de la coalición (aquí tienen todas las sentencias y votos particulares). Personalmente, como ya dije, no me gustan ni la sentencia del TS ni la del TC. Prefiero los votos particulares del Tribunal Supremo y creo que el TC se excedió en su función. Es igual; es lo que hay.

Sigo. Presentar una moción en el Congreso para que, con esos elementos, se apruebe que se inste al Gobierno a presentar esas demandas (a través de la Fiscalía y la Abogacía del Estado) implica convertir una cuestión técnica (que debería se vista por juristas y con independencia) en una cuestión política. Con esa moción, UPyD quiere presentarse como el único partido que de verdad lucha contra ETA. En ese sentido, sí creo que hay una sobreactuación y un intento de quedar como el único partido que hace algo contra ETA.

Vayamos ahora a los demás. ¿Qué cojones es esa basura que han aprobado? Y eso que ya sé que nuestro parlamento tiene una capacidad histórica de producir vaciedades que no significan nada aparentemente, pero de la que todo el mundo extrae su particular petróleo.

Veámoslo:

El Congreso:

1.- Constata que el anuncio del cese definitivo de la actividad terrorista de ETA producido el pasado 20 de octubre ha sido la consecuencia de la movilización de la sociedad contra el terrorismo por las libertades, la unidad de las fuerzas políticas, la labor ejemplar de las víctimas del terrorismo, la firmeza del Estado de Derecho en la aplicación de la ley, la actuación de los cuerpos y fuerzas de seguridad y la cooperación internacional,

Claro, y el transcurrir de los noches y los días y las estaciones, y la caída del muro, y el aumento del nivel de vida, y las nuevas tecnologías y el clamor de las generaciones pasadas y venideras. En realidad, ese anuncio es consecuencia de que los tarados hijoputas lo escribieron y lo publicaron para ver si por otro lado conseguían lo que no habían conseguido por éste. Pero, ¿qué coño hace un Parlamento constatando nada como eso? Más aún, le dan naturaleza solemne a lo que pusieron los etarras por escrito. No se puede ser más bobo y engolado.

Sigue.

Todo lo cual constituye la mejor evidencia de la victoria de la democracia sobre la organización terrorista ETA.

Hombre, no. La mejor evidencia sería que todos estuviesen en la cárcel. O, al menos, que hubiesen dicho nos disolvemos y aquí tienen las armas. Digamos que se me ocurren unas cuantas «mejores evidencias» que eso.

Más:

2.- Insta al Gobierno a mantener el diálogo con el Gobierno vasco, con el Gobierno de Navarra y con las fuerzas democráticas,

¿Ein? ¿Qué pasa, que no dialogaba hasta ahora? ¿Son el Gobierno vasco y el de Navarra Gobiernos extranjeros? Lo digo porque suena a algo como «nos llevamos un poquillo mal con estos guiris y vamos a ver si lo podemos arreglar».

Más.

… promoviendo la máxima unidad de acción para:

a) exigir a ETA su disolución definitiva e incondicional.

Me cago en la puta calavera de todos esos jodíos diputados. Que no. Que se disuelvan o no es cosa de ellos, que lo único que debe hacer un Gobierno es trincarlos y meterlos en la cárcel. Es acojonante, como el susto o muerte. Además, coño, ¡que ETA ya es ilegal! Una cosa es que se diga que no consideraré que ETA ha terminado si al menos no se disuelve de hecho (porque eso es una cuestión de hecho) y otra cosa es que se exija a ETA su disolución (porque eso suena a disolución de derecho). Además, ¿promover la máxima unidad de acción para exigir que se disuelva? ¿Eso como se hace? A ver, ¿qué programa, qué pasos, qué iniciativas, qué lo que sea hay que hacer para después exigir que se disuelva? Joder, la propuesta no es que se disuelva (léanlo, sí, léanlo) es promover la máxima (que quede claro que se esfuerzan) unidad de acción. A estos tipos les invade la Wehrmacht y aprueban una resolución para que el Gobierno aprenda alemán.

Aún hay más:

b) reforzar el compromiso con las victimas del terrorismo para salvaguardar la memoria y la verdad, defender la dignidad y hacer justicia a todas las personas que han sufrido la violencia terrorista.

Vaya montón de mierda. El lenguaje político de siempre: «reforzar», «compromiso». Por cierto, para salvaguardar la memoria y la verdad no hay que reforzar ningún compromiso con nadie. Basta con no mentir.

Más.

c) favorecer los esfuerzos hacia una convivencia social construida sobre los principios y valores en que se sustenta el Estado de Derecho.

Puaj, «esfuerzos». En fin, me alegro mucho. Ya es hora de acabar con la dictadura etarra (y de sus amigos) en el País Vasco. Porque ¿se refiere a eso, no? Quiero decir, ¿no estarán dando a entender que hasta ahora esos principios y valores no eran el cimiento por culpa de otros que no sean los etarras? No habría estado de más que así se hubiese hecho constar. Lo digo porque en el punto 2 b) se afirma que hay que salvaguardar la verdad y la memoria.

Finalizo:

3.- Insta al Gobierno a velar por el cumplimiento estricto de la ley y la persecución, en su caso, de cualquier conducta contraria al ordenamiento jurídico, con especial atención a la defensa de los principios democráticos, los derechos y libertades fundamentales y la convivencia pacífica de los ciudadanos.

Esto ya es de sobresaliente. Lo de estricto, digo. Aquí sí que no caben malos entendidos. Al decir esto, dan a entender que es algo que no ocurría hasta ahora (estrictamente, al menos). Ya ven, nos dicen que hay que salvaguardar la memoria para dejar constancia, sin solución de continuidad, del hecho evidente, éste sí, de que ha llegado un tiempo nuevo, en el que la neblina del hastío y las necesidades cotidianas de los gobernantes y una parte importante de españoles -caracterizados por su desmemoria- nos llevará un happening de aclamación de la buena voluntad.

Por cierto, qué infame es que el Partido Popular, para que no se note mucho, haya hecho la jugada de aprobar este montón de porquería. Si lo de UPyD es sobreactuación, no les digo lo del PP. De los demás no hablo, porque fueron coherentes.

Visto.

La política es un arte artero

Venía oyendo en una tertulia a LeguinaEnfurecido bramando contra alguna frase que ha debido decir el gobernador del banco de España sobre la rebaja de sueldo: la pobreza como objetivo.

Esa apelación cruda: necesitamos bajarnos los salarios. Ígnoro si es así o no pero sospecho de que seguramente sí. Me ha resultado candorosa la crítica porque la mala política ha producido recurrentemente el empobrecimiento del populacho por otros medios. Normalmente por la devaluación (activa) y por la inflación (pasiva); que empobrecen sin avisar. Y ninguna de las dos es oculta para el enfurecido tertuliano.

Me he acordado de una analogía. Normalmente un político no diría desde un atril: «a partir de mañana todos vamos a madrugar; nos levantaremos una hora antes y llegaremos antes a nuestro trabajo (los que lo tengan). Los trenes saldrán una hora antes. Y los partidos de fútbol se celebrarán una hora antes. Y todos seremos más felices y el planeta con nosotros también.»

Normalmente no dicen eso. Dicen: recuerden que esta noche a las dos serán las tres. La devaluación horaria.

Malos estudiantes

La derecha gana las elecciones. Después nos enteramos, por los partidos de izquierdas, de que lo han hecho —ganar las elecciones— mintiendo. Que tienen una agenda oculta. Los partidos de izquierdas llaman a la movilización —o se apuntan a la de organizaciones afines—. Comienzan las manifestaciones. De repente, en una de ellas, la policía se excede. Los periódicos afines a la oposición dicen que hay un «alud de críticas» por la actuación policial. Los afines al Gobierno afirman: «la izquierda agita la calle».

La izquierda gana las elecciones. Después nos enteramos, por los partidos de derechas, de que lo han hecho —ganar las elecciones— mintiendo. Que tienen una agenda oculta. Los partidos de derechas llaman a la movilización —o se apuntan a la de organizaciones afines—. Comienzan las manifestaciones. De repente, en una de ellas, la policía se excede. Los periódicos afines a la oposición dicen que hay un «alud de críticas» por la actuación policial. Los afines al Gobierno afirman que «la derecha agita la calle».

Los dos párrafos podrían ser ciertos. Sin embargo, solo lo es el primero. Hay dos razones: los partidos de izquierdas dominan mejor la «calle». La movilización forma parte de su manera de hacer política. En consecuencia, la policía, bajo un Gobierno de izquierdas, suele dejar hacer. Aunque los manifestantes se excedan, no dejan de ser de los suyos —en cualquier caso siempre están más cerca de ellos—. Los partidos de derecha no se sienten bien en la calle. Si hace falta harán manifestaciones, pero luego se van ordenadamente a casa. Sus votantes y dirigentes ven con buenos ojos que la policía reparta. Piensan: «si estuvieran en casa no se habrían llevado una hostia».

Un votante de izquierdas se manifiesta gustoso. Está acostumbrado a que cuenten con su opinión —hablo de la percepción, no de la realidad—. Uno de derechas es pasivo. Prefiere escoger a una persona «decente» que decida por él. El votante de izquierdas cree en la participación política. El de derechas tiene cosas mejores que hacer. Cuando el Gobierno de izquierdas hace política de derechas, sus votantes puede que salgan a la calle. Si es al revés no, por muy cabreado que esté el afectado. Al final piensa que el hombre «decente» lo habrá hecho por una buena razón o que, en cualquier caso, salir a la calle sería hacerle el juego a los otros.

Estas no son verdades eternas, ojo. Sólo ad hoc.

No estoy planteando cuestiones morales.

En el análisis de hechos como los de ayer en Valencia, será imposible que se pongan de acuerdo. Las acusaciones recíprocas de cinismo parten de análisis de la realidad incompatibles. El señor de izquierdas no sólo cree que tiene razón —y que es coyuntural que gobierne la derecha—, sino que además está seguro de que puede hacerlo saber constantemente —y con algo o mucho de ruido y furia— y que eso es democrático. Ello a pesar de que acusase de retrógrados antidemocráticos que no se someten a la soberanía popular a los señores de derechas que protestaban por la ley de aborto o de igualdad. El señor de derechas tiene claro que los de izquierdas solo quieren cumplir la ley cuando les conviene y que eso se demuestra no solo con las manifestaciones violentas, sino con programas que afectan a los más elementales derechos de la persona —cuáles son es siempre una cuestión obvia para un señor de derechas—. Además, el señor de derechas tiene claro que los partidos de izquierdas se quieren cargar las tradiciones milenarias —entre ellas la nación española— y que son todos ellos traidores liberticidas en potencia.

En gran medida, todo esto es resultado de que, en España, el acuerdo sobre cuestiones básicas sea formal, de boquilla. A la hora de la verdad, la mayoría está dispuesto a saltárselo; casi esperando una oportunidad, una afrenta del otro, real o inventada.

Si tenemos que optar entre dos interpretaciones posibles, casi siempre se escoge la interpretación peor, la que deja en peor lugar al otro. Los españoles somos tipos cabreados siempre a la que salta.

Yo creo que esto es resultado de que nos birlaran —nos birlásemos— todo un siglo: el XIX. De esas trampas al solitario vino otro siglo nefasto.

Siempre al filo, aprendiendo a gran velocidad. Con el libro abierto según entramos en el examen de cada día.

Naturalmente, este artículo será objeto inmediato de la acusación de falsa equidistancia. Por unos y otros.

Y yo adoptaré la española pose de estar solo en el mundo, observando desde mi atalaya.

No hay manera de escaparse.

 

Xavier Álvarez es un mentiroso


Así empieza el artículo del New York Times escrito por William Bennett Turner.

Me ha llamado la atención porque tiene que ver con algo que se ha estado comentando estos días por España: con los currículums inflados de la señora Valenciano y no sé qué secretario del PP (me da pereza buscarlo). Resulta que el tal Álvarez se presentó en una junta local como si fuese el Sargento de Hierro, un tipo que come alambre de espino y mea napalm.

Se chotearon de él y luego le pasaron por la picota legal, ya que existe en USA una ley, la Stolen Valor Act, por la que te puede caer hasta un año de prisión si presumes falsamente de haber recibido una medalla. Y él presumió de tener la medalla más gorda, la única que estaba protegida por ley incluso antes de que se aprobase la ley de marras. Considerando que desde la 2ª Guerra Mundial la han recibido poco más de 800 personas, era bastante previsible que le pillaran, como a otros -me encanta, por cierto (en el link), eso de que te impongan la libertad condicional si escribes 171 cartas -tantas como veteranos vivos con la medalla- pidiendo perdón.

El caso es que Álvarez es básicamente un gilipollas de cuidado. Su abogado, para intentar revocar las sentencias –ya van dos– que le condenan, en el Tribunal Supremo, empieza diciendo que su cliente es un mentiroso. Y nos cuenta sus mentiras: decía que había jugado al hockey en los Detroit Red Wings, que se casó en secreto con una famosa actriz mexicana y que rescató al embajador de Estados Unidos en Irán durante la crisis de los rehenes.

Me imagino el secreto placer del abogado, poniendo a su cliente a caer de un burro para salvarlo.

Por lo demás, no estoy de acuerdo con la tesis general del articulista.

No basta con que los mentirosos queden en ridículo si -en serio y por alguien capaz- te atribuyes títulos o méritos que no te corresponden. Sobre todo si ostentas un cargo público.

Qué tiene un sindicato que no tenga la Iglesia Redentorista del Séptimo Gin-Tonic con pepino

En estos días un señor sindicalista y consejerista ha sido noticia. Al parecer cobraba 180k euros por asistencia/pertenencia al consejo de administración de algo relacionado con lo que fue una caja de ahorros y monte de piedad.

El afectado declaró que el entrega los 180k euros de sueldo a su sindicato. También que cobra unos 2.3k euros mensuales de su empresa en la que, al parecer, no realiza más labor productiva que ser liberado sindical. Esos 2.3k euros mensuales deben suponer, muy aproximadamente, unos 45k euros brutos anuales.

Han surgido algunas interpretaciones al uso (sin señalar). Por ejemplo hay que ver lo que llega a cobrar una persona por no hacer nada. ¿Y cómo dice usted que no hace nada? Es una deducción apoyada en el hecho de que done íntegramente la retribución y se conforme con el sueldo de 45k proporcionados por su empresa en atención a su labor sindical. No será el único que cobre por no hacer nada pero debe ser de los pocos que lo manifiesta tan claramente.

Cuando conocí la versión del afectado me pregunté que cómo es que donaba íntegramente los 180k euros y qué implicaciones fiscales tenía. Escuchando un programa de radio entendí que el concepto entraría como cuota sindical. Y me extrañé.

En los tiempos que corren uno puede correr el programa de la AEAT y simular casi cualquier circunstancia fiscal. Fui allí, me puse un sueldo de 180k euros y una cuota sindical de 189k euros y, efecticamente, el efecto en la declaración es neutro.

No sería lo mismo si usted satisfaciera 180k de cuota de colegio profesional (y teniendo en cuenta que la pertenencia a un colegio profesional es o era, para ciertas cosas, obligatoria). Usted tendría un límite (no he calculado cual) y por el resto tributaría y pagaría unos 80k euros dependiendo de muchos factores.

Tampoco sería lo mismo si usted donara esa cantidad a la Iglesia Redentorista del Séptimo Gin-Tonic o, por traer otra cosa, a la Real Orquesta Sinfónica de Colmenar Viejo.

Hace unos meses discutimos aquí o allí sobre las diferencias entre la donación en España y en Estados Unidos. Allí uno puede donar libremente cantidades, grandes cantidades, a ciertas entidades supongo que declaradas de utilidad pública. Por ejemplo a una orquesta sinfónica o a un teatro. Ese dinero donado desaparece de los ingresos y a efectos fiscales es como si alguien transfiriera renta a una entidad y el Estado lo aceptara como bueno. Así Warren Sánchez puede pagar menos impuestos que su secretaria.

En España no es así porque, primero hay límites para la cantidad aportada y la deducción fiscal es solo por una parte de ella.

Salvo si se trata de un sindicato cuotas sindicales.

La pregunta es ¿por qué?

Disclaimer: artículo escrito por un fiscalista aficionado desconocedor de leyes, sus fundamentos y sus motivos. Estoy a lo que corrijan.