Eran españoles esos empresarios y autónomos, no lo olvidemos


En estos días hay mucha gente que está afirmando que es buena cosa que el Gobierno haya adoptado la decisión de inyectar dinero para que se paguen las deudas a proveedores. No seré yo uno de los que diga lo contrario.

Ahora bien, se está, como de costumbre, evitando el gris que hay en el asunto de las deudas acumuladas. Sí, es impresentable que se tarde tanto en pagar a la gente. Es impresentable que haya facturas incluso en pesetas en los cajones. Sin embargo, se omite la pregunta: ¿por qué para las empresas era interesante trabajar así, para alguien que no pagaba en plazo incluso en las épocas más boyantes? ¿Por qué una empresa sigue trabajando para alguien que te debe una factura en pesetas?

Hoy se dice que las empresas y autónomos (siempre se añade eso de “autónomos”, como si el “autónomo” no fuera una empresa) han sufrido mucho por estos impagos y han tenido que despedir gente y cerrar sus negocios. Es cierto que es así, pero lo que no se menciona es que trabajar para la “administración” (entiéndase en sentido laxo) ha sido (o al menos fue) siempre un chollo, y que las empresas se daban de hostias para trincar contratos. Y que muchas empresas se crearon “ad hoc” por amiguetes o parientes de alguien con capacidad de decisión o si existían previamente no sólo contaban con el retraso sino con el pago bajo cuerda a éste o aquél. Vamos, que el negocio era tan redondo que podías tardar en cobrar dos años y además adelantar la mordida del tipo que ponía el sello en la factura. Gracias a esos sistemas tan transparentes, las empresas incluso se han repartido las grandes obras públicas no pisándose la manguera.

Esas mismas empresas podían prestar unos servicios incluso deficientes sin problemas, sin sanciones, porque en el chiringuito participaba el que tenía que vigilar. Y podían financiarse sin problemas precisamente porque la teta era la teta de la vaca pública. También es cierto que el “cobro” era seguro, pero eso no lo puede explicar todo. Si trabajabas para la administración bastaba con cumplir unos mínimos muy mínimos, sin necesidad de ser “competitivo”, y esas empresas que, además y por medios sucios, quitaban de en medio a las que podían hacer el trabajo mejor y más barato, prevalecían dando a nuestra estructura empresarial la pinta casposa que ahora tiene.

Ya sé que lo de generalizar está feo, pero en fin, que el despilfarro ha sido general es evidente. Basta con ver la deuda que ahora se presenta. Y sí, hay que pagar también la factura del que vendió tornillos al doble de precio, y la del amiguete del tipoquemanda que hizo un informe que nadie necesitaba.

Que se paguen todas, pero sin aspavientos, por favor.

5 comentarios en “Eran españoles esos empresarios y autónomos, no lo olvidemos

  1. Doble anécdota. Una imprenta offset que se traspasaba en Oviedo. Pedían -digamos- diez millones de pesetas, te daban cinco en pagarés de la Universidad, el Ayuntamiento y la Comunidad. Sabías que ibas a cobrar, aunque no supieras bien cuándo. La compraron en quince días.

    Otra. Pequeña casa de diseño gráfico que opta a un concurso para reeditar -no diseñar- unas pegatinas institucionales. Buscamos una imprenta, pedimos precio, cargamos un treinta por ciento o así y pasamos la oferta. Optábamos cuatro empresas, nos dieron el pedido porque éramos los más baratos con mucha diferencia. Atención: éramos más baratos haciendo de intermediarios que los productores finales. Al cabo de un año, nueva oferta de reedición de pegatinas. Nos presentamos los mismos cuatro. Mantuvimos el precio del año anterior exactamente. Éramos los más caros.

  2. Cuánta razón. Y añado un dato propio de la cultura empresarial definida: Incluso hay sentencias que se han cargado el principio de riesgo y ventura del contratista…ya la buscaré… y la enlazare, si se me permite…

  3. Les contaré el chiste que refleja lo que son las administraciones españolas, aunque a lo mejor ya lo saben.
    Se convoca un concurso para unas obras. Se presentan tres empresas; una oferta, 3 millones para hacer el trabajo; otra oferta, 6 millones, y una tercera, 9 millones.
    El que oferta 9 millones se presenta al alcalde y le dice mire me la adjudica a mí y hacemos las cuentas: 3 millones para mí, 3 millones para vd., y los otros 3 es para subcontratar a la empresa que ofertó los 3 ¿ qué le parece?
    Salvo, excepciones, así es como suelen funcionar la mayoría de las empresas que contratan con las administraciones.

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