El puto mundo real


Leo lo del Gobierno y los pagos en metálico de más de 2.500 € y escucho a un inspector de Hacienda en la radio que dice que esto va dirigido a las grandes operaciones en metálico de decenas y cientos de miles de euros y no a los pequeños pagos.

Puede, pero no se fíen. Vamos, no se fíen en absoluto. Si Hacienda le pilla le cae la sanción seguro. Ojo, si le pilla porque ha cobrado una factura real y paga sus impuestos. Espero explicarme.

Y yo, al leerlo, me planteo el siguiente escenario. Imaginen lo siguiente. Hago una factura de 3.000 €, por ejemplo, y llega un tipo que quiere pagar en efectivo (por ejemplo, porque tiene dinero B). No voy a dejar de coger el dinero, como comprenderán. Así que, ¿qué hago? ¿Lo ingreso inmediatamente en el Banco? ¿Al ingresarlo pongo mi nombre o me obligan a poner el del tipo que me paga? Lo malo de poner mi nombre es que eso es un incumplimiento de la norma. Lo malo de poner el nombre del que paga es que eso es falsificación (fabrico un documento en el que se supone que interviene alguien que no interviene).

Me hago todas esas preguntas. Viendo el panorama, y ante el riesgo de que me caiga una sanción de un 25%, lo más fácil es que esa factura que pensaba declarar termine desapareciendo. Puestos y ante la movida, me llevarán a la economía sumergida. Así que Hacienda dejará de percibir el IVA y el IRPF. Gran medida.

Esto me recuerda algo que me pasó hace poco. Uno de mis socios recibió un requerimiento de Hacienda por una parida. Al examinar la declaración de IRPF descubrió que, por un error contable, habíamos declarado unas retenciones en el IRPF superiores a las reales. No era mucha diferencia, pero al contestar el requerimiento le dijo a Hacienda: “a lo que me requieren, está todo correcto, pero les comunico que he declarado más retenciones de las reales”. Cuando me lo contó, decidí hacer lo mismo, ya que mi cifra de retenciones estaba también mal. Así que, sin que nadie me requiriera, presenté un escrito en Hacienda comunicándoles esta circunstancia. A los meses recibo una comunicación en la que la AEAT me sanciona. Hago una visita para advertir a los señores que me sancionan que he sido yo quien les ha dicho que mi autoliquidación estaba mal. El funcionario me dice que entiende lo que le digo, pero que están interpretando que sólo haciendo una nueva autoliquidación me habría evitado la sanción. Le explico al amable funcionario que el recargo tiene una finalidad (incentivar el cumplimiento de las obligaciones tributarias) y que la interpretación que hace es absurda (no sólo es absurda, sino que los tribunales se están pronunciando en contra). Se encoge de hombros. Así que le comunico que nada, que haré (como ya he hecho) reclamaciones hasta que me terminen dando la razón y al irme le añado que es la última vez que le comunico nada voluntariamente a Hacienda. Total, si me pillan el resultado es el mismo. Es el mismo. Luego llego al despacho y me olvido del asunto porque es antieconómico recurrir por tan poco dinero (y eso que me sale gratis) y me sale más a cuenta dedicarme a mis clientes. Y esta conclusión me reafirma en mi posición: intentaré cumplir con mis obligaciones tributarias, pero si cometo un error, ya pueden darse cuenta ellos.

A la mierda.