Cortando trajes


Baltasar Garzón siempre tuvo una prosa engorrosa y prolija y vuelve a demostrarlo en una carta que publica El País y que le sirve para responder al Secretario de Estado de Seguridad Ignacio Ulloa.

No me refiero al uso de términos como “ciudadanos/as”. Con un par de ejemplos se me entenderá mejor:

Resultan bochornosas todas y cada una de las afirmaciones que hace y, lo que es más grave, sabiendo que al hacerlas agrava la situación de riesgo en la que usted me ha puesto.

Por otra parte, me parece grotesco que aluda usted a la protección que he tenido fuera de España, cuando a estos policías o se les ha impedido que se movieran para acompañarme a España, porque si lo hacían se les retiraba la comisión de servicio y han estado tirados por ahí afuera, sin sus familias, sin ningún incentivo y sufriendo en ese tiempo, y ahora, claras represalias por haber trabajado como escoltas míos.

Por otro lado, me resulta harto indigerible el autobombo repleto de “humildat” y abnegación y los lametones que le larga al sufrido pueblo español.

Con todas esas dificultades, y tras nadar corriente arriba, hay que reconocer que el señor Secretario de Estado se ha comportado de forma manifiestamente mejorable. Se supone que hay protocolos, evaluaciones de riesgo y tal. Y se supone que cualquier medida de protección tiene que resultar efectiva. No tengo ni puta idea del riesgo que pueda correr Garzón, aunque considerando el trabajo que ha desempeñado durante tantos años, imagino que seguirá siendo elevado. Tampoco sé si llevar un único escolta es efectivo o no. Lo que sí tengo claro es que el señor Ulloa debería haber contestado al periodista de Europa Press diciendo que no da explicaciones sobre los procedimientos de protección, sobre el número de escoltas, o sobre lo que hacen o no. Básicamente, porque lo normal sería explicárselo al interesado de forma confidencial. Y si el interesado insiste en plantear el asunto públicamente, debería haber seguido haciendo exactamente eso: afirmar que esta materia no se discute en los medios de comunicación, sin entrar en comentarios -más propios de una portera- acerca del uso de los escoltas por Garzón como mayordomos.

Y, sobre todo, lo que nunca debería hacer, el señor Ulloa, es afirmar que es más fácil que a Garzón le agreda un ciudadano vulgar y corriente que un terrorista o un narcotraficante o uno de los cientos de personas que tendrán muy buenas razones para desearle el peor de los males.

Si los escoltas de la Audiencia Nacional hacen funciones que no les corresponden, ésa es una cuestión diferente. Es posible. También es cierto que están muchas horas con una determinada persona y su familia. No me quiero extender más, porque esto es algo sobre lo que he discutido con algún compañero cuando hemos visto alguna cosa que pudiera, fuera de contexto, parecer rara. En cualquier caso, ésa discusión deberá ser global y referirse a todo el sistema y no sólo al escolta o escoltas de Garzón, porque si se limita a éste, resulta difícil no ver una pequeña venganza.

Termino. Habrá quien recuerde que Garzón ha sido condenado y que su sentencia es firme (ya, ya sé que puede recurrirse, pero no ante un tribunal ordinario). Si alguien cree que por esa razón hay que tener menos cuidado con su seguridad, estaría olvidando qué cargo ha desempeñado Garzón y que, en cierta medida, los españoles firmamos un contrato con los que asumen cargos así. No hablo de gratitud; hablo de obligaciones. Y las obligaciones hay que cumplirlas.