Jot Down en papel


Estimados amigos, os comenté, unas cuantas entradas mediante, que había escrito un artículo que se publicaría en papel en Jot Down.

La revista ya ha anunciado el número especial que va a publicar para darse un homenaje. Como podéis observar, han optado -conforme a su manera de hacer las cosas- por publicar artículos de personas que son capaces de escribir excelentemente bien sobre asuntos interesantes y que además son de “su padre y de su madre”. No hay más que ver la lista -no dejen de lado la expresión “colaboradores habituales”:

El magazine tendrá, aproximadamente, 230 páginas (tamaño A4) impresas íntegramente en blanco y negro. El diseño y la maquetación correrán a cargo de Brand & Roses y no habrá ni una sola página de publicidad. Además de nuestros colaboradores habituales, entre los que se encuentran Félix de Azúa, Fernando Savater o Enric González, contaremos con invitados de excepción que, amablemente, han aceptado unirse a nosotros: Antonio Muñoz Molina, Antonio Orejudo, El Roto, Iñaki Uriarte, Maruja Torres, Santiago Segurola, Juan Abreu, Ignacio Escolar, Martí Perarnau, Soledad Gallego-Díaz, Pablo Amargo, Juan Gómez-Jurado, Mario Conde, Antoni Daimiel, Ramón Besa, Javier Pérez de Albéniz, José Larraza, Jordi Pérez Colomé, Javier Espinosa, David Jiménez, Sean Mackaoui, Raúl Román, Isidro Ferrer, Arnal Ballester, Bernardo Ortín, Walter Oppenheimer y Flavio Morais entre otros.

Así mismo, habrá dos entrevistas estrella de las que iremos dando pistas.

No sé más de su contenido que vosotros. Sólo conozco mi artículo. Los editores se la juegan: anuncian una excepcional calidad. Para medir el resultado será preciso leerlo.

Lo que sí os puedo contar es lo que me pidieron y yo acepté intentar: escribir sobre cualquier tema, sin limitación de espacio, con un único requisito, que buscase la excelencia. En fin, no sé cuál es el resultado final. Es difícil juzgar el trabajo propio, pero, por ser fiel a mi manera de hacer las cosas, escogí un asunto “raro”, que me parece apasionante, escribí mucho y luego recorté, y el resultado final terminó siendo aún más extenso. Les muestro el comienzo de las más de 6.000 palabras invertidas en hablar del tiempo y de relojes:

El 26 de abril de 1968 el Consejo de Estado suizo anunció la suspensión de los concursos anuales de cronometría que se habían ido celebrando en Neuchâtel, en la categoría de reloj de pulsera. Estos concursos, ideados para certificar la exactitud de los relojes mecánicos, habían ratificado durante décadas la hegemonía apabullante de la industria suiza. Terminaron para evitar una humillación previsible si se enfrentaban con los recién llegados relojes japoneses de cuarzo, diez veces más precisos que el mejor reloj mecánico. Finalizaba una época gloriosa que había comenzado ocho siglos antes con la invención del mecanismo de escape y regulador. Los relojes mecánicos ya no eran la mejor forma de medir el tiempo. Cuando Patek Philippe no pudo presumir de ser el reloj más fiable, no le quedó otra que hacerlo de su enorme precio. Un Patek Philippe te dice “quién eres” –anunciaron-, demostrando que apostaban, ya sin careta, por su función como símbolo de estatus. Seguían siendo, siguen siendo, magníficos relojes, pero ya no eran aquellos relojes. El predominio del reloj de cuarzo tampoco durará. Sostengo que se puede decir que el reloj está muriendo. Por eso es un buen momento para hablar de él.