We few, we happy few, we band of brothers

 

Estaba depositado en quinto de Derecho cuando se produjo la única situación —hasta hace pocos años— en la que tuve que adoptar algo así como una posición social sobre un asunto colectivo. Algunos compañeros de curso habían programado y contratado un viaje de fin de carrera en unas fechas que coincidían con el examen final de cierta asignatura. Naturalmente, coincidían porque un profesor hijoputa había decidido hacerlo coincidir, ya que la fecha se había negociado previamente con todos los profesores, incluyendo al tipejo malnacido. A mí no me afectaba; no iba de viaje a ningún sitio por dos razones: porque prácticamente no me hablaba con mis compañeros y porque no tenía ni quería pedir el dinero que necesitaba para la parida comunal. En realidad, el asunto me importaba una mierda. Sin embargo, hubo algo que me hizo reaccionar. Había tenido unos meses atrás una trifulca con una compañera de curso de la que recuerdo el pelopincho teñido de azul y su capacidad innata para producir sin descanso esa basura que nos rodea —cada vez más— que llamamos “pensamiento políticamente correcto”. Por algo que dije, me acusó de ser un elitista insensible y un facha disfrazado, incapaz de preocuparse por los problemas de los demás. Ya ven, acertó de pleno. Podría haber añadido arrogante, porque fue precisamente la arrogancia concreta la que me llevo a intervenir, supongo que con gran sorpresa de los concurrentes, que debían de pensar que era sordomudo. Estaban los educandos discutiendo acerca de qué medidas se podían tomar para protestar y por allí sobrevolaban desde las más tradicionales hasta las más absurdas. Mi amiga pelopincho, que tampoco iba al viaje de fin de carrera, se veía muy concernida y con gran énfasis planteaba la posibilidad de hacer un escrito firmado por todos y dirigido al decano, a la vez que afirmaba que la putada era que iban a tener que tragar ante el “poder” y cambiar la fecha del viaje (perdiendo bastante dinero) para no jugársela precisamente en el último año.

Fue como gasolina para mi soberbia. Me tenían sin cuidado las cuitas de mis compañeros de clase sobre sus —seguro— merecidísimas vacaciones en Santo Domingo y, aunque el profesor me parecía un cerdo, tampoco veía razón para implicarme. Total, era un elitista insensible y un facha disfrazado. Sin embargo, la oportunidad de demostrar a todos los demás de qué pasta estaba hecha su lideresa pudo con mi apatía. Me levanté y les dije a mis compañeros que solo había una medida que podía tener alguna repercusión: que todos nos negásemos solemnemente y por escrito a hacer el examen final si no se cambiaba la fecha y así se lo comunicásemos al profesor primero y al Decano después. El silencio que se produjo —incluso entre los que se iban de viaje— fue magnífico; uno de esos momentos estupendos en los que te das cuenta de lo bien encaminado que va tu egoísmo. Segundos más tarde, la azulada compañera comenzó un discurso “realista” sobre las cosas que no se podían hacer y sobre jugarnos nuestro futuro.

Mientras hablaba, la miré, me levanté y me piré.

Mi confianza en los “movimientos” sociales y, sobre todo, en los que los encabezan, continúa más o menos en el mismo lugar.

Lo triste es que ya no me parece estupendo.

 

7 comentarios en “We few, we happy few, we band of brothers

  1. Audiencia Provincial de Zaragoza.Sentencia de 19 noviembre 1994
    ARP\1994\97

    Rollo de Apelación núm. 433/1994

    CUARTO.- Sentado lo anterior hay que pasar al estudio de la relación de causalidad entre agresión y producción de lesiones a A. En este tema es fundamental, alejándonos de afirmaciones no técnicas, el informe emitido por el señor médico forense, doctor C. P. (cuya experiencia y profesionalidad son sobradamente conocidos) el cual a los folios 167 a 172, explica claramente cómo la etiología de una luxación de hombro, como la del presente caso, sin descartar otros orígenes, naturalmente, es casi siempre consecuencia de un forcejeo, lucha, agresión o caída; siendo el primero la causa más habitual de la luxación, como sujetar el brazo por el contrincante y tirar de él o intentar zafarse haciendo fuerza hacia el otro lado; luxación que no impide coger objetos con el otro brazo no lastimado, ni darse cuenta del dolor, sino pasado algún tiempo por cuestión de una especie de anestesia durante la lucha, sin que deba producir necesariamente la tal repetida luxación hematomas o erosiones exteriores. El doctor Q. (folios 152 a 154) coincide en muchos aspectos, como no podía ser menos, con el doctor C. y también admite como posible causa de la luxación un retorcimiento del brazo. El hecho de que A. no tenga lesiones faciales puede ser debido a la técnica de la lucha entablada o a otras circunstancias de la dinámica habida entre ambos contendientes. Por último, sobre este tema de las lesiones, es de advertir que, si Carlos A. hubiera padecido, con anterioridad, una luxación de hombro o no estuviere totalmente curado de esa supuesta primera luxación, no hubiere provocado, como se pretende, a Félix M., ni retado a lucha singular a éste, según su versión, puesto que ya de antemano estaría en inferioridad de condiciones, ni tampoco le habría podido producir las lesiones faciales y cervicales que padeció; luego se concluye lógicamente que la luxación de hombro se produjo en el transcurso de la pelea. El hecho de que en el parte médico del folio 16 se hable de «luxación anterior hombro izquierdo» no quiere decir que haya habido una anterior luxación en el tiempo, sino que se refiere, como dice el forense al folio 66, a la zona «antero superior del hombro izquierdo». Por todo ello no ha habido error en la valoración de las pruebas, (…)

    Jeje. Ahora imaginen qué puso el abogado en el recurso.

  2. Su contrincante lo acusó de ser un facha disfrazado. Por tanto, no parecía usted un facha. Por tanto, yo quiero saber de qué iba usted disfrazado.

  3. Lehningen, eso habría que preguntárselo a la del pelo azul. Si tuviera alguna foto de esa época la publicaría, pero creo que en esa década no me hice ninguna.

  4. ¿Estuvo usted una década entera sin hacerse fotos? Mi admiración por usted crece día sí y día también. Sobre todo si hablamos de una década en la que todo el mundo iba disfrazado de algo. O te disfrazabas tú o te disfrazaban los demás, aunque fuera de tío normal.

    En cuanto a los grupos sociales, es usted el típico caso de tío que no se busca líos, pero los líos lo buscan a él. A veces no queda otra que meterse y salir como se pueda.

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