La que se avecina (V)

Corría el año 2006 (el día 27 para ser precisos) cuando la respetuosa, democrática y tolerante formación ERC se dispuso a dar una rueda de prensa en el Hotel don Jaime de Castelldefels. Sus dos máximos dirigentes por aquel entonces, Josep Lluís (aquí y en la China Popular) Carod-Rovira y Joan Puigcercós iban a ser los protagonistas del evento. Laura Pinyol, jefa de prensa de Carod-Rovira, notó enseguida que algo no iba bien. Sabía que los problemas podían surgir en cualquier momento, pero ella nunca se arredraba y siempre era capaz de encontrar la solución para salir airosa de cada uno de ellos. El agua. Las botellas de agua. Por favor. Aquello era inaceptable. Absolutamente anadmisible. No podía ofrecer a periodistas y militantes del partido allí presentes agua en aquellas lamentables condiciones de etiquetado. Porque las botellas de agua estaban sibilina y torticeramente etiquetadas en castellano por mucha Font-Vella que se llamase. ¿Un acto oficial de un partido cuya lengua propia era el catalán flanqueado por decenas de botellas etiquetadas en una lengua que sólo era propia de la mitad de los ciudadanos de Cataluña? ¡Por encima de su cadáver! Sudorosa y presurosa salió en busca de la encargada del cátering del hotel para que se llevara aquellas botellas donde ella no las viera y las repusiera etiquetadas en una lengua comprensible. La tensa espera no hizo mella en la voluntad de la jefa de prensa, al contrario, renovó en ella su ansia de hacer bien aquel trabajo del que tan orgullosa se sentía. Fue en el instante en que vio aparecer a la mujer sin que nadie la acompañara transportando las sustitutivas y adecuadas botellas de agua, cuando Laura comenzó a trazar su plan. Porque estaba segura de que la empleada del hotel traía malas noticias. Y así era. El almacén del hotel no disponía de botellas de agua etiquetadas en catalán. Claro que podemos ir al supermercado a comprarlas, le sugirió la responsable. Laura miró su reloj. No había tiempo. La conferencia comenzaba dentro de cinco minutos. Consultó con Carod y le propuso su alternativa. No tardaron ni medio minuto en determinar la táctica. La encargada de cátering permanecía atenta por si se requería su ayuda mientras pensaba en reparar su error invitando a todo el mundo a unos lingotazos de “Aromes del Montserrat” bebida rotulada ya en catalán desde hacía años que la empresa Anís del Mono elaboraba junto a toda la gama de licores del monasterio. No fue necesario. Porque la solución al tremendo problema de los responsables de ERC, al no poder sustituir la botellas etiquetadas en castellano por otras etiquetadas en catalán, consistió simplemente en arrancar las etiquetas de las botellas de agua. Desaparecidas las etiquetas desaparecía cualquier rastro de problema. Una linda metáfora de ese sueño que muchos independentistas desean que se haga realidad en Cataluña y que muchos catalanes, evidentemente, queremos evitar.