La que se avecina (IX)

¿Qué le pasa a Duran i LLeida con el castellano? Porque algo le pasa. De lo contrario no podría explicarse que durante el debate generado a raíz del borrador de la nueva ley de educación que impulsa el ministro Wert, soltara semejante andanada de desprecio hacia la lengua que unos indefensos niños catalanes deciden usar en los patios de los colegios. Así se expresó en el Congreso de los Diputados: “Muchas veces la lengua mayoritaria en el patio no es precisamente el catalán, sigue siendo lamentablemente el castellano.” No contento con que todas las asignaturas se impartan en catalán (de eso trata el sistema conocido como “inmersión lingüística” y que curiosamente ningún país del mundo emplea) nuestro querido y moderado nacionalista se atreve a juzgar el uso del castellano como nocivo para no sé qué proyecto nacional de cohesión social que, al parecer, los catalanes no vamos a poder rechazar. En CiU ya ni se preocupan de disimular y muestran sin rubor su voluptuosa patita totalitaria. ¿Alguien cree a estas alturas que la inmersión es un modelo de aprendizaje? Si así fuera, ¿qué problema habría para que los niños, al ser recompensados con esos minutillos de recreo tradicionales, pudieran solazarse hablando la lengua no vehicular (la española) sin ningún temor a ser reprendidos? No crean que no lo pensé, aunque enseguida quedó descartada la influencia negativa de una posible lectura de “La Razón” o el “Mundo” por parte de los escolares, incluso se me pasó un segundo por la cabeza la posibilidad de un fugaz enganche catódico a las tertulias de “Intereconomía”. Lo de los críos me parece que es puro y concienzudo uso del libre albedrío. Mucho más van a tener que esmerarse los ingenieros sociales de CiU para convertir a los pequeños catalanes en maquinitas que se decidan a hablar una lengua u otra en función del botoncito que se les apriete. La gran paradoja es que, desde Cataluña, aunque el 55% de catalanes tenga como lengua materna el castellano, nadie haya salido a pedir una disculpa, nadie se haya manifestado en ninguna plaza ni nadie se haya quejado de que se tratara de un ataque a la lengua castellana. Lamentablemente.