La que se avecina (X)

No deja de asombrarme el empeño sistemático con el que los nacionalistas se aplican para ensalzar a determinados personajes de su historia. Sobre todo, porque muchos de los glorificados serían incapaces de resistir un solo asalto en un combate de conducta democrática. Uno de los elegidos para la loa suele ser Lluís Companys al que se le suele disculpar, como si se tratara de una travesura, la proclamación por las bravas en 1934 de un “Estado Catalán”. Lo que “La Vanguardia” consideró en su tiempo “Alzamiento del Gobierno de la Generalitat”, titular significativo y precursor de otro de consecuencias mucho más trágicas.

LV

http://hemeroteca.lavanguardia.com/preview/1934/10/09/pagina-6/33155298/pdf.html

Y por si este conocido precedente no fuera suficientemente revelador para mantener a determinados personajes en el congelador de la historia, ahora descubro una nueva perla de este magnífico ejemplo de político con el que la empatía de los nacionalistas parece total. Al ser elegido Presidente del Parlamento de Cataluña el 6 de diciembre de 1932, Lluís Companys proclamó: “Renacido el espíritu inmortal de nuestra raza, tomo posesión victoriosa de esta fortaleza para celebrar de nuevo Cortes nuestras, que dictarán leyes nuestras en lengua nuestra.”
Pero volvamos al presente. Tenemos ahora mismo en activo a un presidente de la Generalitat tremendamente preocupado y disgustado por el escaso respeto, que según su parecer, se dispensa a Cataluña desde el resto de España. Veamos un ejemplo clarificador de cuál puede ser la manera que él concretamente entiende por estrechar lazos para evitar esa antipatía:

Pues ya lo ven, meterse con el acento andaluz y con el acento gallego y permitirse el lujazo de hablar de que “a veces no se les entiende… pero hablan castellano”. Lo que no me deja otra opción que parafrasear a Enrique Jardiel Poncela con su famoso “…¿pero exisitió alguna vez un President de la Generalitat normal?