Disculpas a mis lectores

Ayer, al leer diferentes artículos (y comentarios) sobre el auto en el que la jueza Alaya daba traslado de la causa de los ERE a Manuel Chaves, José Antonio Griñán y otros importantes altos cargos de la Junta de Andalucía, volví a encontrarme con algo que empieza a ser demasiado usual: afirmaciones absurdas basadas en supuestas opiniones de expertos ignotos. Por esa razón, y para explicar lo sucedido, escribí este artículo en Jot Down.

Al terminarlo y recoger en él mi desdén por uno de esos artículos en particular, haciendo lo que tantas veces hacemos, simplemente dejando constancia, pensé: «qué fácil es escribir un articulillo en el que pones a parir a alguien sin dar un solo dato real, simplemente aparentando que lo das». Y decidí hacer lo mismo, como ejercicio. El resultado es la entrada publicada en este blog, ayer.

La única diferencia entre el artículo de El País y mi entrada de ayer del blog es que lo que yo afirmo es lo cierto, como demuestro en el artículo de Jot Down. Es la única porque, tanto mi entrada de ayer,como el artículo de El País, son productos llenos de insultos y desprecio y en ambos todo se basa en un «porque lo digo yo». Puede que haya quien piense: «si lo dice Tsevan es lo correcto, es Tsevan», pero eso no deja de ser una llamada a la autoridad -la que me da quien piense así- poco edificante; aunque peor es la del periodista que habla de «juristas» sin decirnos quiénes son esos que hacen afirmaciones tan esperpénticas.

Puede que haya también quien piense que mis insultos en la entrada de ayer son peores, pero se equivocará. Sí, yo llamaba capullo, tontolhaba y cosas similares al periodista, pero también fue una pose. Piénsenlo: ¿qué es peor, llamar a alguien tontolhaba o afirmar que se es prácticamente un prevaricador y un ignorante que sabe menos leyes que los estudiantes de derecho?

Porque lo peor no era el «tonillo de los cojones», siendo esto algo realmente malo. Lo peor era asistir una vez más a ese lamentable ejercicio de mal periodismo basado en insinuaciones zafias, en afirmaciones tremendas sin prueba que afectan a la honorabilidad de una persona, en bromillas con asuntos bien serios y en una llamada a expertos desconocidos que no pueden ser rebatidos precisamente porque son desconocidos.

Mi entrada salió en un blog sin importancia, pero el artículo del que hablo lo publicó el que fue el más importante periódico de España (si no sigue siéndolo). Y por desgracia es algo habitual.

Yo les pido disculpas por el mío: lo escribí así, faltón y sin argumentos y con esas horribles mayúsculas, aposta, sabiendo que lo normal es que no gustase y que incluso se me reprochasen sus defectos. Lo hice así para llamar la atención sobre lo fácil que es que cualquiera escriba una porquería de ese tipo y que se publique y que, además, sea alabado. Y lo hice sabiendo que hoy se publicaría el artículo que sí quería escribir sobre el asunto, en Jot Down.

El periodista no hará lo mismo —pedir perdón-; eso ya lo sé. Ni tampoco nos aclarará cuáles son sus fuentes, citando la ley o la jurisprudencia.

En España hay muchas crisis. Ésta es una de las más importantes. Lo malo es que no se percibe así. Al contrario, muchas personas creen en serio que el periodismo está haciendo un buen papel en esta época tan complicada. Creo que incluso los periodistas lo piensan. Yo no.