Hora et labora (IV)

¿Por qué la Segunda República pudo cambiar el horario español a CET en 1938? ¿Por qué Reino Unido y Portugal pudieron cambiar sus husos en los años cuarenta pero no los sesenta o en los noventa? ¿Por qué no hay cambios de husos horarios hacia occidente, retrasando la hora, que es lo que ahora se propone aquí?

Creo que la respuesta a las primeras preguntas es la sociedad. Para algunas cosas el mundo sí nació ayer. Por ejemplo para los relojes y los husos. Hasta el principio del siglo XX los horarios eran puramente locales y con el transporte veloz se hizo necesario definir husos más globales, normalmente del tamaño del país bajo cuya jurisdicción actuaba el mandante.

Aún así en aquella época la sociedad era muy diferente a la actual. Mucho más agraria, donde el reloj importa un comino y el rey es el Sol. Sin una gran distribución de luz artificial y por lo tanto más ligada al ciclo solar. Con mayor cercanía espacial entre el hogar y el trabajo y, quizá también, con mayor cercanía temporal. Sin una rigidez horaria como la actual simplemente porque el reloj, como objeto de consumo masivo e infalible aún debía despegar. Con menos ocio.

Y también, por qué no añadirlo, los gobierno aún no habían experimentado en su trono el poder de hacer cambiar el tiempo.

Probablemente las primeras manifestaciones de ese poder son lo que hoy conocemos como el «horario de verano» que aparecen cuando alguien observa que la sociedad finisecular decimonónica se desliga del Sol cuando llega la primavera. Anteriormente la duración del tiempo estaba marcada por la duración del día y las jornadas eran largas en verano y cortas en invierno. Con el desarrollo de la Revolución Industrial quizá se empieza a observar que los horarios de entrada al trabajo (ya fijados por un reloj) son muy tardíos en el amanecer estival.

Se podría haber escrito un impopular decreto de madrugon forzoso:

Se hace saber que a partir de mañana y durante todo el mes de abril, mayo, junio, julio, agosto y septiembre todos los horarios se adelantan una hora. Si usted entraba a trabajar a las 8h, a partir de mañana entrará a las 7h. Y si salía a las 15h, saldrá a las 14h.

pero a alguien se le ocurrió una genial idea ideal para quien manda: adelantar la hora «Mañana cuando den las 00h adelanten una hora y pongan el reloj a la 01h». Cuando llega el otoño, se deshace el cambio para volver a la situación original. Igual que devaluar la moneda así se puede devaluar la hora.

Al parecer madrugar siempre es bueno porque no se conocen inventos en el sentido contrario. Probablemente pongamos el acento en el inicio (el despertar) común y nos despreocupemos del fin (el dormir): ya cada uno fijará su hora de ir a la cama.

No es descabellado pensar que desde que se abolieron los husos locales y desde que se generalizó la luz artificial los horarios de las sociedades occidentales se han movido a lo largo de un lento proceso de varias décadas en el sentido de iniciar la actividad económica lo más cercanamente posible al amanecer. Esto se ha hecho bajo una combinación de cambios de husos y cambios de horarios. Los primeros son de naturaleza brusca pero prácticamente no han cambiado desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Los segundos, junto con la nueva actividad social, se han ido adaptando, lentamente, a los primeros.

Los decretos de adelanto del huso de la Segunda República primero, y después el de Franco y también los de Reino Unido, Portugal y Francia durante la Segunda Guerra Mundial responden a este esquema. Probablemente vieron que la huso que se usaba y la actividad local permitían forzar el reloj al estar las ciudades faltas de actividad durante la primera hora del día. La razón del ahorro energético (importante en la economía de guerra de la época) era que si madrugaban y terminaban la jornada laboral antes, particularmente antes de que caiga la noche, evitabas parte del consumo de luz nocturna. Esto solo es cierto si, efectivamente, la actividad de la mañana es suficientemente tardía como para que, tras el cambio horario, esta actividad siga iniciándose a la puesta del sol o inmediatamente antes.

La situación era completamente diferente en Portugal cuando en los años sesenta y, sobre todo, en los años noventa intentó el mismo cambio. Particularmente en este último caso la actividad económica ya estaba íntimamente ligada con el huso horario que tenían establecido. Los horarios eran ahora múltiples: transporte urbano, colegios, actividad económica, turismo, ocio… y, probablemente, ya ajustados al horario local (y su amanecer). El cambio fue un desastre y los informes hablan de truculentas películas de terror por las oscuras mañanas portuguesas (no muy diferente de lo que se puede experimentar ahora en España con el tardío horario estival que se mantiene en el mes de octubre). Principalmente accidentes tenidos por infantes a la hora de acudir al colegio [podemos hacernos una idea de el efecto de este cambio justamente en el mes de octubre; ese mes que se ha añadido como extra al horario de verano hace unos pocos de años].

Ahora, dicen, quieren «devolvernos» lo que la Segunda República Franco Walt Disney nos quitó. Hombre a mí, desde luego, no me pueden devolver nada porque yo, como la mayoría de los ciudadanos de hoy, he nacido en CET, he mamado CET y me he acostumbrado a CET y lo que quieren hacerme es moverme a occidente, justo lo que no se ha hecho nunca o casi nunca.

Después de setenta años no solo cambió el huso sino también los horarios que, en mi opinión, están aceptablemente ajustados al nuevo huso y al viejo Sol: tenemos sí huso CET pero hacemos horarios ajustados al Sol de 4W (huso WET). Al parecer, esto es lo que escuece.

Un ejemplo: recientemente Xavier Pericay describía las elecciones alemanas de 1933 en Barcelona hace menos de un mes y decía:

Aquel día, que también era domingo, los residentes alemanes con derecho a voto fueron convocados en el muelle de San Beltrán del puerto barcelonés, donde está hoy la terminal de cruceros. En dos turnos: unos tenían cita a las siete y cuarto de la mañana; otros, a la una y media de la tarde –un horario muy poco español, por cierto– [cursivas mías]

En marzo de 1933 España seguía el huso WET (UTC+00). En Barcelona amanecía a las 6h locales. La siete y cuarto de la mañana, una hora y cuarto después de la amanecida, era un horario perfectamente razonable y español. Tanto como hoy lo sería iniciar una votación a las ocho y cuarto de la mañana. Una hora y cuarto después de que hubiera amanecido.

Fíjense que este ejemplo muestra una actividad (acudir a unas votaciones en domingo) bien temprana por la mañana en el 1933. No quiero hacer categoría de una anécdota pero el caso es que los gobiernos forzaron el adelanto del horario con la intención de hacer madrugar al pueblo para que hiciera actividades matitunas. Tal vez si hubiera habido elecciones el año siguiente al cambio de horario estas se habrían celebrado a las siete de la mañana. Sin embargo, a la larga, los horarios reflejan el huso y el Sol. Es como si las cosas volvieran a su sitio: a nadie se le ocurriría hoy empezar una votación a las siete de la mañana pero todos vemos sensato empezarlas un tiempo prudencial después del amanecer.

Otro ejemplo son los toros, aunque esta es una actividad necesariamente ligada al ciclo solar diario (tendidos de sol y sombra). La canónica hora taurina, las 5 tarde, eran las 17UTC. Hoy, en Sevilla, los espectáculos taurinos (casi siempre en horario de verano) empiezan a las 18:30CEST, o sea las 16:30UTC. En Madrid, creo, que empiezan a las 19:30CEST, sea las 17:30UTC. La diferencia horaria se debe, creo, a la ausencia de luz artificial en el coso maestrante.

Volvamos al tema de Portugal y su cambio de horario en los años noventa y a nuestro anhelado cambio de hora. Hay dos formas de hacer estos cambios. Que yo sepa solo se ha practicado una, el plan A: decretar el cambio de la hora y punto final. Esta opción estuvo abocada al fracaso en Portugal y está abocada al fracaso en España. Mañana me extenderé con este plan.

Tengo un plan B que habría sido exitoso en Portugal y que lo sería en España: decretar el cambio de hora adelantando (retrasando) el reloj y, a la vez, mandar que todos los horarios anteriores a la fecha del cambio de hora se retrasen (adelanten) en la misma cantidad. Es decir un cambio de huso y un cambio de horarios. En sentidos opuestos. El resultado neto de este proceso es neutro, nulo, cero, nada. Yo, por dejar de oír el tema, hasta diría que sí, consciente de que sigue siendo tocarle las narices a la gente, innecesariamente.

El cambio portugués fracasó porque hacían vida adaptada a su horario WET y a su Sol de 10W. Los niños entrarían al colegio con la amanecida (como debe ser) y vivían felices. Llega el ingeniero de turno y dice: cuando sean las 2hWET vete y marca las 3hCET (adelantar la hora). Y los niños fueron al colegio con linternas. Si, a la vez, hubieran decretado que los colegios empezaban a las 10h (CET) en vez de a las 9h (retrasar el horario) los infantes portugueses habrían marchado felices al colegio y el cambio habría sido llevadero. Inevitablemente los niños portugueses deben entrar al colegio después de que lo hagan los niños de Madrid y estos más tarde que los de Barcelona, que entraran más tarde que los de Marsella, que lo hacen después que los de Berlín etc. etc. etc. Eso es impepinablemente geográfico.

Este cambio, pero al revés (retrasar la hora de CET a WET, y adelantar los horarios, si entrabas a las 8h ahora entrarás a las 7h), puede hacerse en España. Todos ganaríamos que los telediarios empezarían a las 20h como en Portugal, en Italia, en Alemania, en Francia (al parecer eso es casus belli para algunos; debe ser que aún no somos europeos por esta mácula). De paso tendríamos un mediodía religioso. Todo cambiaría para que todo siguiera igual; bueno seríamos más felices, la prima de riesgo alcanzaría valores negativos, el paro bien, y el Barça otra vez Campeón de Liga. Ah… pero no te olvides de Canarias y hacer lo mismo.

Solo que empezarían las conspiraciones: no olvidemos a nuestros políticos de oriente y occidente. Y no es que la España continental europea sea tan grande como para extender varios husos: entre Roses y Muxía median 12 grados de longitud (menos de una hora); es que es tan pequeña como para no admitir tanta estulticia.

Aparecerían las falacias post hoc, ergo propter hoc asociadas al cambio de paradignma: el pueblo no se tomaría como un relaxing touching balls mensajes del tipo:

  1. Si antes de levantabas a las 7h ahora te levantas a las 6h [joer, con el puto cambio que no cambiaba nada].
  2. Si antes comías a las 14h, ahora lo haces a las 13h [me cago en la p. que parió al cambio]
  3. A la cama a las 23h [nos ha jodío, pues yo antes funcionaba mejor si eso].

Son mensajes que suenan al «eh, abuelo, recuerda que 6 euros son 1000 pesetas». El cambio monetario era estructural y tenía un sentido y fin. El cambio horario sería meramente estético ad magiorem gloriam un pesado pesadote.

Mañana, plan A.

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