De gordos buenos y malos

Hace un par de días ha escandalizado que Ada Colau se convirtiese en una “gorda” para un periodista. El apelativo además se suponía que era el corolario de un pseudoargumento racional: cómo se atreve a hablar de hambre en España una señora más bien rolliza —Rojo, un hombre conocido por la finura de sus ironías, dixit—. Curiosa manera de pensar: cómo si no pudiera un rico denunciar que hay mucha pobreza en el mundo. Pronto salieron de paseo los tópicos habituales. Entre ellos, naturalmente, los biográficos. Y no me refiero a los cambios metabólicos de Colau, sino a su propia historia con los adjetivos. Ada Colau es muy faltona, aunque hay que admitir que las injurias siempre hay que verlas con el cristal local y, bien en serio lo digo, es mucho peor en España que te llamen gordo a que te llamen asesino. Hemos hecho realidad el mundo de Thomas de Quincey y, al no dar importancia que se llame asesinos y terroristas a unos que no han sido ni condenados ni acusados de serlo, hemos terminado por llamar gorda a una señora. De ahí que nuestros queridos izquierdistas, siempre tan preocupados por la coherencia y la tradición, hayan puesto el grito en el cielo. Los imagino por los pasillos de sus casas, gritando enfurecidos que es intolerable que se confundan libertad y libertinaje.

Hay, no obstante, una parte divertida de esto. Vean la noticia que hoy publica El Mundo. Y sobre todo esta frase maravillosa:

Sin embargo, el personaje en cuestión merece un capítulo aparte. Su foto debería aparecer en todos los diccionarios junto a la palabra desagradable. Cabeza pequeña, cuerpo inmenso, déspota, reloj y cadena de oro.

Claro, pensará Jacobo G. García, con el cerdo cabrón este que “obligaba” a “jovencitas” a “tener sexo con sus 150 kilos de grasa” no hay problema. Esa bestia inicua (que debiera estar en un zoo) es hombre, político, mejicano (ergo me pilla lejos) y tiene todos los rasgos visibles de lo desagradable: cabeza pequeña, cuerpo inmenso, reloj, cadena de oro y —pásmense— “déspota”. Y es que, ¿quién al ver su foto no tendría claro que es un déspota?

Seguro que Ada Colau piensa lo mismo.

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2 comentarios en “De gordos buenos y malos

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