Le roi s’amuse

Estoy, mientras escribo esto, escuchando la intervención del ministro Montoro sobre fraude fiscal (vamos, sobre Pujol) en la comisión de hacienda del Congreso.

El ministro, enano cabroncete con faz de sátiro, hooligan parlamentario, se divierte viendo a la mayoría de los diputados, sobre todo a los diputados catalanes, esforzándose en hablar sin decir nada sobre ese españolísimo caso que es, también, un caso Cataluña.

La incomodidad con el asunto Pujol de esos diputados catalanes no tiene que ver con el miedo a que se utilice espuriamente contra su relato. No. Total, todo cristo está usando lo que hay a mano, sin el menor recato, y sin ningún respeto a la verdad o a la lógica.

Un día llegas a casa y está ella -o él, que no quiero parecer micromachista- fornicando con otro en el tálamo conyugal. Todos nos reímos cuando el personaje dice: “no es lo que parece”.

Todo chiste se basa en crear una relación absurda entre su proposición y su conclusión. Esos diputados, con su joroba y su pasado, están muy jodidos. Porque querrían reírse como el ministro Montoro, pero no pueden. El personaje de un chiste no puede reírse del chiste.

Solo al rey, o al duque, o al ministro, le permite la fábula descojonarse. Mientras lo sea, claro.