Perdido en la traducción

Así tenía pensado que empezase un artículo que pretendía publicar en Jotdown y para el que ya tenía título:

No es una relación sexual, solo una felación

Tiempo atrás surgió la posibilidad de que hiciera de abogado del diablo e intentase encontrar argumentos a favor de la legalidad del referéndum que se quiere convocar para que los catalanes se manifiesten sobre la secesión de Cataluña. Esa podría haber sido una tarea divertida si no fuera porque no se me ocurría la manera de llevarla a cabo inteligentemente. Me explicaré: argumentar en contra de lo que uno cree que es correcto solo es entretenido si los argumentos que puedes encontrar son de un cierto nivel. Lo contrario es como disfrutar viendo a Tony Leblanc intentando que Sherlock Holmes caiga en el timo de la estampita. Ser capaz de encontrar argumentos a favor de la legalidad del referéndum habría sido como ponerse un traje de supervillano, pero tras darle vueltas desistí. Mi defensa no habría tenido ni media hostia dialéctica.

Por eso me pareció excelente que el Consejo de Garantías Estatutarias publicase un dictamen a favor de la ley de consultas catalanas que aún no se ha aprobado (digo esto no solo porque efectivamente no se ha aprobado aún cuando escribo este artículo, sino porque ya había una ley de consultas por vía de referéndum que sigue vigente). Donde yo no podía haber imaginado una defensa seria de la legalidad del referéndum quizás los juristas que la habían avalado por mayoría (hay cuatro votos discrepantes y cinco votos a favor) sí serían capaces de actuar como supervillanos. ¡Incluso de creérselo!

Más aún, tras leer la nota (bastante extensa y que incluye los votos minoritarios) ya tenía medio pensado el resto del artículo, en el que básicamente pretendía demostrar hasta qué punto puede ser cachondo un jurista cuando quiere demostrar que algo no es lo que es simplemente cambiándole el nombre.

La putada es que no puedo leer el dictamen íntegro en español. No porque no se publique, sino porque llevan casi un mes traduciéndolo. Podría intentar leerlo en catalán, pero es posible que cometiera algún fallo de traducción. Y podría basarme en la nota (que sí está en español), pero la nota no es el dictamen con todos los argumentos. Y quién sabe, tal vez el dictamen no me haga tanta gracia como la nota y hasta me parezca serio. Y en cualquier caso, nunca hay que ser más riguroso que cuando te intentas cachondear de algo.

No sé si es normal que se tarde tanto, sobre todo porque la lengua primera (y de alguno habrá que única) de muchos catalanes es el español. Y hay dos dictámenes anteriores (uno de 14 de agosto) que ahí están todavía, intentando salir del armario.

Ya da un poco igual. Escribo para divertirme.

Ya no me divierte esperar más tiempo a un funcionario. Sobre todo porque a lo mejor se aprueba la ley antes de que traduzcan el dictamen. O porque a lo mejor el Tribunal Constitucional lo traducirá, pero a su manera.

En fin, otra vez será.

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