Encima dando gracias

Decía un español residente en Escocia esta mañana que estos últimos meses solo se veía en la calle a los partidarios del sí a la independencia. ¡Pues claro! Lo divertido es el cambio. Hacer otra cosa. Una buena fiesta. ¿A quién cojones le motiva seguir como está? No le motiva ni al megarrico. Así de bobos somos. Solo se valora lo que se pierde, no lo que ya se tiene, que se da por descontado. Tanto es así, que en los carteles, los del no, tenían que dar las gracias, para no parecer maleducados.

Yes and no thanks signs scotland

Por eso es tan graciosa la gente que dice que el discurso contra la secesión tiene que ser capaz de ilusionar. Ya, lo mismo que ilusiona el padre que le dice a los niños que se vayan a la cama porque mañana hay colegio, o el policía municipal que te dice que bajes la música porque tienes vecinos. Asco de realidad.

Tan interiorizado está que lo de seguir igual es un coñazo que la gente habla de los millones de tipos frustrados en Escocia. Es acojonante. El no ha ganado por casi un 11%, pero esto es una derrota de Cameron y una victoria de Salmond. Es la sensación  de culpabilidad de la gente responsable, gris, la que no quiere aventuras. Lo divertido es que, aunque toda la vida se articula sobre la grisura, el cálculo, la previsión y la seguridad, nos creamos el discurso cultural mayoritario que es justo el contrario: hay que arriesgarse, ser jóvenes, salvajes, vivir el momento, ser aventurero y viajero, y pedir lo imposible. Naturalmente, ese discurso cultural es básicamente una puta mercancía. El hecho precisamente de que tengamos relativamente asegurado un bienestar mínimo (muy elevado en comparación con el estándar mundial) es el que permite a la peña fantasear. Los más prudentes solo fantasean; luego hay algunos que se pegan descargas eléctricas en los pezones o que se echan gasolina para quemarse a lo bonzo y subirlo a youtube. Es el atractivo de hacer el gilipollas para superar el aburrimiento. De no querer parecer un viejo amuermao, aunque seas un viejo amuermao. Pero el caso es que luego la gente, demostrando ser una esquizoide de cuidado, pide un estado del bienestar.

Por eso triunfan ideas idiotas sobre jaujas inminentes. La gente no quiere escuchar al pesado, a la casandra que avisa que hay que pagar la fiesta. Ha ganado el no y nos preocupamos por la frustración de los pobres votantes del sí. Si hubiera ganado el sí, Escocia sería una fiesta y el discurso hablaría de la mayoría ilusionada y de los retos que han de afrontar; y los del no se tendrían que quedar en casa y joderse, por aburridos y retrógrados, o unirse a los del sí. Y durante un tiempo, las correas de los perros escoceses olerían a longaniza hasta que la peña descubriera que sigue igual de fea, de gorda, de tonta y de pestífera que cuando eran británicos.

¿Mola seguir en España? Vamos, no jodas. Mucho mejor cualquier cosa. Aunque pueda ser un suicidio. Y así ves a pueblos enteros votando si hacer balconing.