Sin reglas

Ah, esta noticia es maravillosa. Vamos a echarle un vistazo.

Por lo que nos ha dicho el Presidente Mas, el 9N va a producirse un acto ajeno a la ley. No ilegal. Eso sostiene. Si no hay una norma que nos diga de qué se trata, en qué consiste, cuales son sus reglas, se convierte en algo amorfo. Todo lo más podría ser algo semejante a una manifestación. Lo que pasa es que el derecho de reunión y manifestación son derechos que nacen directamente de la constitución y que no exigen normas para su aplicación. El derecho de participación política sí exige esas normas y la constitución nos dice a quién compete su aprobación y desarrollo.

Pero en fin, cuando digo que se trata de algo alegal no digo que yo lo crea; es que lo dicen ellos. Yo creo que se está diseñando una actuación ilegal, pero por un momento situémonos en el discurso de los que promueven la “cosa”(no le pongo nombre para que el Gobierno no se lo diga al TC).

Si es así, ¿de dónde se sacan las reglas que intentan imponer?

Como decía, cuando se ejerce un derecho que no exige un desarrollo (a la vida, a la libertad, a circular libremente, a reunirse y manifestarse), salvo quizás en aspectos meramente administrativos y de bajo nivel, no hace falta nada más. Si me dicen que hay una manifestación el 9N, yo, como ciudadano, voy o no voy y ya está. Y nadie me puede impedir u obligar a ir.

Sin embargo, los del 9N, los que se supone que solo llaman a los ciudadanos a “participar” pretenden:

a) Exigir el DNI o el NIE. Y dicen que sin ellos no se puede votar. ¿Por qué? ¿Por qué no puedo ir con el abonotransportes o directamente sin nada? Si alguien me dice: ah, es que si no podrás votar dos veces, yo diré, “claro, por eso no se puede hacer una votación de verdad sin garantías”. Un censo, interventores, tribunales, policía, LEYES. La putada es que nada de eso se puede usar en el sarao. Y ojo: EL SARAO NO ES PRIVADO. Nos dicen bien claro que pretenden que sea público. Una web puede exigir que me identifique y un teatro que presente mi entrada, pero si esto no es una fiesta privada, ¿de qué norma se sacan que no pueda votar alguien si no lleva el DNI? Más aún, si llega un señor y se empeña en votar sin identificarse ¿con qué base legal se lo van a impedir? Venga, a ver si alguien me lo explica.

b) ¿Por qué solo pueden votar los mayores de 16 años y por qué solo los catalanes? Apliquen exactamente los argumentos que constan en el apartado anterior, pero además aquí agravados. Porque hablamos de gente que sí puede identificarse. Si es un acto público sin cobertura legal ¿por qué no puedo yo legalmente ir con mi DNI y votar? ¿Acaso se me puede impedir asistir a una manifestación en la Diagonal por ser residente en Madrid?

c) Dice la noticia que se ha creado un registro. ¿Quién lo ha creado? ¿Quién decide cómo es? ¿Qué potestad tiene? ¿Por qué lo custodia? ¿Por qué no puedo ir yo -o cualquiera- ese día con un registro con otros formatos y otros datos y con unas tapas de colores y sustituir el que tienen unos tipos que no tienen ninguna cobertura legal para hacer ningún tipo de registro? ¿Por qué el suyo es mejor que el mío? Por cierto, ¿qué van a hacer con esos datos que recojan después?

d) Como al parecer se van a utilizar edificios de la Generalidad para esto, supongo que nadie se opondrá a que ese día se haga en esos mismos edificios una consulta sobre si deben dimitir los políticos que lloren en público. Si la base de la decisión es que se trata de fomentar la participación y la Generalidad no va a adoptar ninguna decisión con forma de norma jurídica, habrá que considerar que admite todo tipo de participación. Algo así como convertir esos edificios en manifestómetros. Y si se va a permitir ese uso porque alguien DICTE ALGÚN TIPO DE ORDEN O RESOLUCIÓN supongo que lo hará porque tenga alguna cobertura el acto de que se trata y tendrá que citarla.

e) ¿Por qué el plazo para votar después es de 15 días? ¿Quién lo decide? ¿Con qué competencias? ¿Dónde lo ha decidido? ¿En qué norma? Si no hay nada de esto y alguien quiere votar en, no sé, 16 o 17 días, lo normal es dejarle. Total, es una cosa informal.

f) ¿Quién decide quién cuenta los resultados? ¿Quién decide quién los da a conocer, cómo se cuentan, cómo se revisan, cómo se deja constancia? Lógicamente, y como esto es algo informe sin cobertura legal, lo normal es dejar que cualquiera interesado pueda establecer su propio sistema de cómputo y tras acceder a los votos (¿quién decide qué se vota y en qué forma?) publique sus propios resultados si le sale de los cojones. Es algo parecido a lo de las cifras de las manifestaciones. Total, no hay manera de que se recuente, porque no hay quien pueda fijar un proceso de recuento y de conservación. Por cierto, yo creo que cualquiera puede ir a pedir que le entreguen un puñado de papeletas y guardarlas en casa como recuerdo.

g) Dice la noticia que “el plan con el que trabaja el Gobierno catalán se basa en el voluntarismo”. Tiene gracia lo de voluntarismo. Y tanto. Pero, al margen de eso ¿cómo va a trabajar el Gobierno catalán con un plan si los planes de los Gobiernos se sujetan a normas y reglas? No, hombre, no puede haber plan. Todo lo más, el Gobierno no impedirá que haya voluntarios, pero ¿voluntarios para qué? ¿Quién decide para qué? ¿Quién decide en qué consiste legalmente su cometido o es que se van a basar en LAS OTRAS NORMAS YA VIGENTES SOBRE CÓMO DEBEMOS COMPORTARNOS COMO CIUDADANOS? Si es así, lógicamente, cualquier voluntario podrá hacer la que no esté prohibido en derecho. Por ejemplo, una vez que se abra una urna podrá pillar unas decenas de papeletas (res nullius por abandono de sus dueños) y quedárselas por el sencillo sistema de metérselas en el bolsillo. Leo asombrado que pretenden que estas personas custodien urnas, pero ¿son urnas de quién? Si son de la Generalidad y la Generalidad las da para que la gente participe sin decir para qué en concreto (YA QUE SE TRATA DE ALGO SIN COBERTURA LEGAL Y LAS INSTITUCIONES SOLO ORDENAN MEDIANTE NORMAS) supongo que cualquier podrá usarlas para manifestar su opinión sobre lo que le dé la gana. En cuanto a eso de que hay una composición de mesas, el periodista debe haber incurrido en un error: no puede haber composición porque no hay ninguna norma legal que lo exija. Lógicamente, los que asistan a este acto de participación podrán ponerse en la mesa que quieran y hacer todo lo que la ley no les prohíba. Y les garantizo que son muchas las cosas que la ley no prohíbe.

h) Lo de la web para inscribirse debe de ser otro error del periodista: ¿cómo va a poner el Gobierno catalán algo en marcha (y más cuando se trata de recoger datos de gente) sin una resolución, un acto jurídico o una norma de cobertura? No, vamos, debe de ser otra cosa.

 

No sé qué hará el Gobierno español de aquí al 9 de noviembre. No sé qué hará el Gobierno catalán. Ahora, a día de hoy, todo esto que se presenta de manera tan rimbombante no puede hacerse si el Gobierno está detrás. Podría hacerlo una asociación en sus locales. Y esa asociación, por cierto, sí podría tener cobertura legal, ya que sus estatutos se basan en normas que regulan su actuación y su competencia. La que no puede hacer nada de esto es una administración pública si pretende ir un paso más allá de todo aquello que no necesitaría regulación. La putada es que todo lo que nos cuentan nos demuestra que naturalmente que hacen falta reglas. Y una administración solo puede dictar reglas conforme a las normas y a su competencia.

Si no las dicta y todo esto se pretende enmarcar dentro de lo público, como acto abierto a todos (algo disparatado), en ese caso cualquiera puede decidir cómo participar. Cualquier español y cualquier extranjero, de cualquier edad, sexo y religión. No hay reglas.

Y si se pretende otra cosa es vía de hecho, fraude de ley y, seguramente, desobediencia.

Como lo de la oportunidad política y tal me la suda bastante, yo diría que el Gobierno español no debería consentir lo que está prohibido, aunque piense que la charlotada le va a explotar en las manos al bombero-torero.

Y es que la ley debería prevalecer sobre la oportunidad. Incluso sobre la oportunidad de que se estrellen los que quieren saltársela.

De parte de los profesores, los arqueólogos, los cicerones y los anticuarios

 

Cada día que pasa tengo más claro que los secesionistas catalanes (no me refiero a los que mandan) no tienen ni idea de por qué quieren la secesión. Lo digo porque veo cómo cambian constantemente de argumento y pasan de lo social a lo económico, de lo político a lo jurídico, de lo sentimental a lo literario, de lo racial a lo teológico, casi sin solución de continuidad. Y lo hacen en cuanto les muestras los inconvenientes y los obstáculos, en cuanto preguntas qué interés concreto les mueve, qué conseguirán ellos, como individuos, que ya no tengan.

Yo creo que la idea les gusta. Es una idea, claro. No es una realidad. Nadie sabe cómo resultará si es que finalmente se produce. Cuánto costará a los que nos veamos afectados por ella, en su caso. Los más razonables admiten que, al menos transitoriamente, todos perderemos, pero aún así insisten en que es una gran idea. Un idea hermosa, de esas que te ilusionan, te hacen sonreír y abrazar al prójimo. No saben por qué (o, al menos, no he visto o leído ninguna explicación coherente), pero saben que es una idea excelente.

Tanto es así, que mucha gente contraria a la idea se ha puesto tierna. Creen que hay que recuperar a los que quieren marcharse, que hay que mostrarles cariño. Que hay que recordarles lo que nos une e incluso concederles cosas, ya que son especiales y hay que demostrárselo para que no se quieran ir. Más aún, incluso parece que, con baja intensidad, hay quien espera que les ofrezcamos “otra” idea ilusionante, basada en una especie de patriotismo español de nuevo cuño. Por lo que parece, el plan de estas personas para evitar esta catástrofe sin causa es que saquemos las banderas, nos pongamos a cantar a las mareas multicolores y polifónicas, nos manifestemos, nos demos la paz y nos hagamos regalos.

Qué infantil, aunque funcionase.

Tantas personas inteligentes renunciando a la razón.

Me van a perdonar. No me atraen las fanfarrias y los himnos, las manifestaciones geométricas, los símbolos colectivos. No me atraen las llamadas a la acción por la acción. A cambiar cosas sin saber para qué, solo porque muchos tienen urgencias vitales que no son capaces de explicar suficientemente.

Creo en algunas ideas porque me parecen buenas: en un sistema que sirva para que los hombres puedan ser libres, en el acceso universal a la cultura, en la igualdad de derechos, en un Estado que proteja a los débiles, en un Estado siempre bajo sospecha. Creo en la mediación de la ley, porque es el freno a las pasiones y a la tiranía de la masa. Creo que las naciones deberían desaparecer, pero que, mientras tanto, nuestra nación es occidente, y esa sí que es una buena idea, parida en el barro y alimentada con la sangre de millones de personas.

Todo lo que está sucediendo, esta histeria colectiva, me resulta ajena. Me asquea este plan que se basa en tratar a los individuos como a borregos. “Los hombres llorarán cuando no sean al menos un centenar” predijo Burckhardt y acertó. Y además, me repugna que debamos someternos a la mendacidad y al capricho por una cuestión de número.

Yo no creo que se deba hacer nada. Nada salvo aplicar la ley. Una y otra vez. Sin cansarnos. Puede que no sirva para nada. Que la marea infantil nos aplaste. Qué se le va a hacer.

Al menos, esa sí es una buena idea. Y yo sí puedo explicar por qué. Tengo cientos de años de explicaciones.