Echa mierda que algo queda

Miren el titular de El Correo.

AAAElCorreo

Aquí está la noticia.

El titular es genial, porque cualquiera que lo lea y no sepa de que se habla creerá que toooodo eso malo que ha hecho Bárcenas y que le llevó a la cárcel se ha extraviado.

Lo gracioso es que lo que se ha extraviado es un “sumario” (pongo comillas porque sospecho que serán unas diligencias previas aunque en un montón de periódicos se hable de sumario) en el que Bárcenas no está imputado o procesado, sino que se dirige contra el PP (por el borrado de unos ordenadores) y que además había sido archivado y estaba pendiente de apelación.

Lo triste es que los amigos diputados del PSOE y de UPyD se comporten como borrachos de bar y larguen sospechas sobre el PP cuando carecen de pruebas de que este tenga algo que ver con esa pérdida. Y cuando no es la primera vez que se pierde una causa judicial o parte de ella (por eso la ley prevé procedimientos para su reconstrucción, algo que no debería resultar muy difícil pues seguro que hay varias partes personadas).

Es una muestra más de ese asqueroso populismo, similar al que llevó el otro día a Albert Rivera a decir que Bárcenas salía a la calle por haber guardado silencio. Ese populismo al que no le importa echar porquería en las instituciones si sirve para sacar algún voto más y que parece condenar al ciudadano a optar siempre por votar al menos repugnante de los que se presentan, sabiendo que todos lo son.

Jdsfdmlsdfjfsusslfkkkñsfn o vamos a dormitar tomando el sol

Nunca he sentido ningún interés por la obra de Gala. Alguna vez (y por eso de que son breves) he leído algún artículo y poco más. En cuanto al personaje, siempre me aburrió mortalmente.

Digo esto porque voy a comentar uno de sus artículos, pero por una razón humanitaria. Se trata de este. Me parece infame que un periódico publique algo así, simplemente por la firma del autor. Cuando las tonterías se convierten en borborigmos ininteligibles sintomáticos, alguien tiene que dar el paso y decir: señor Gala, no escriba más.

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Tuve en cierta ocasión un cliente -ya fallecido- que mantenía una serie de litigios con su exmujer y sus hijastros a cuenta del nutrido patrimonio familiar.

En un momento determinado, cuando ya llevábamos años de pleitos y enfrentamientos, la parte contraria cambió de abogado y contrató a un penalista muy famoso (ya saben, uno de esos penalistas que hablan alemán). A los pocos días, mi cliente recibió una carta del abogado contrario y me la trajo con gran preocupación. La leí, la releí, y le dije al cliente: este hombre está como un cencerro. Era algo completamente absurdo, inconexo, con errores de sintaxis y gramaticales. No es que estuviera solo mal escrito, es que revelaba el funcionamiento de una mente enferma. El cliente no pensaba igual. En su opinión, el abogado estaba siendo muy inteligente y la carta pretendía desestabilizarlo. Insistía en que ese abogado era un abogado muy famoso, que hablaba alemán, y que había diseñado un maquiavélico plan a largo plazo y teníamos que desentrañarlo y prepararnos contra él. Yo -llano como soy- le repetí: “yo aquí no veo nada más que un discurso disparatado e incomprensible y si nos empeñamos en ver algo terminaremos viendo cualquier cosa”. Dio igual. No hubo manera de convencer a mi cliente de que no estaba en presencia de algún tipo de ignota jugada maestra.

Como un mes más tarde nos enteramos de que la parte contraria había vuelto a cambiar de abogado. Y sí, simplemente era la carta de un perturbado.