¿Seguro que no hay debate?

El ministro Catalá ha sacado del baúl la vieja discusión sobre la responsabilidad de los medios cuando publican noticias filtradas por alguien que debía ocuparse de que permanezcan en secreto.

Ese asunto no me interesa especialmente. Por mucho que exista cierta esquizofrenia en que la ley proteja cosas (incluso castigando a sus guardianes si las desvelan) y luego proteja al que las publica saltándose la prohibición, no creo que haya una forma mejor de proteger la libertad de prensa. Es una de esas situaciones de conflicto en la que no hay una solución buena y ponemos el parche más pequeño que se nos ocurre.

Hay una derivada, sin embargo, que sí me interesa a y a la que no suele prestarse atención. Partamos de otra situación de secreto protegida por la ley: la del abogado y su cliente. En este caso hay una finalidad general, que es la de la aplicación de la ley. Para conseguirla, la ley dispone no solo que el Estado tenga facultades coercitivas, sino que haya un tocahuevos protegido, el abogado, que se asegura de que el que pueda resultar aplastado por la máquina estatal tenga a alguien de su parte. Solo de su parte. Esto es lo interesante: el abogado no tiene por función que se cumpla la ley, sino que su cliente salga lo mejor parado que pueda, aunque sea el hijoputa más integral que podamos imaginar. Naturalmente, el abogado SÍ tiene que cumplir la ley, pero cumplirla, en su caso, puede suponer que no se cumpla en el caso de su cliente, ese pedófilo que se libra del trullo entonando una canción infantil.

Ahora, ¿cuál es la función del periodista? Hago esta pregunta porque se suele olvidar que el periodista que se basa en filtraciones y que protege el secreto de sus fuentes, no está publicando TODOS los hechos que conoce y que son noticia. El tipo que filtra también es un corrupto (o, al menos, lo es a menudo). Su corrupción afecta al buen funcionamiento de las instituciones. Es, por tanto, de relevancia pública. Sin embargo, el periodista no publica la noticia que dice: “el ministro tal me filtró esto incumpliendo la ley”. Y raro es que lo publique otro medio diferente del favorecido por la filtración. El periodista al hacer esto se corrompe también. Sirve para la finalidad de un acto corrupto, pero no se corrompe por eso. Se corrompe porque no lo publica.

Esa es la diferencia con el abogado. El abogado no se corrompe protegiendo al pederasta. Esa es su función esencial. Por encima de cualquier otra finalidad general del sistema. El abogado cumple con su FUNCIÓN CONCRETA aun ciscándose en la FUNCIÓN ABSTRACTA que se deriva de la existencia de su institución. El periodista que no denuncia al corrupto que filtra, sin embargo, falta a su FUNCIÓN CONCRETA, publicar hechos noticiosos ciertos y con relevancia pública, amparándose en una FUNCIÓN ABSTRACTA, relacionada con la libertad de información en una sociedad libre.

No sé si hay una forma de abordar este asunto. Lo que me llama la atención es que nunca está en el debate público.

Y hay una derivada de la derivada. Esta situación recuerda a la de los policías infiltrados o a la del gobierno democrático que protege a un gobierno tiránico. Imaginemos que la policía, para descubrir delitos, termina participando en tantos delitos que se convierte en un foco de delincuencia. Imaginemos al gobernante que dice respetar los derechos humanos, pero defiende a “nuestro hijoputa” porque no sé qué del dominó o para evitar la anarquía o por lo que sea, y al final consiente un genocidio como el de los jemeres rojos. He leído a muchos periodistas criticar esta forma de hipocresía. Sin embargo, en España, la prensa no es que use la filtración, sino que vive de ella. Son una simple correa de transmisión de la basura que se echan entre sí los que mandan, hasta el punto de formar parte precisamente de ese grupo. Del grupo de la gente que manda y que permite que nos enteremos de escándalos siempre que convenga a alguien. No son como esos periodistas de las películas, que van tras la noticia o que reciben la visita de un funcionario de medio pelo con conciencia que ha descubierto algo muy gordo en su departamento. No. Viven y hozan en los mismos lugares en los que viven y hozan los corruptos y los corruptores y se justifican porque así dan noticias. Eso sí, se presentan como los campeones de la regeneración.

Puede que den noticias, pero no las dan todas. Peor aún. Dan también noticias falsas o manipuladas, sin preocuparse.

Y lo justifican precisamente basándose en que es la fuente la que miente. Y en que tienen que usarlas y protegerlas porque si no “no nos enteraríamos de lo que pasa”.

La segunda derivada es esa. Si te olvidas de tu función principal: publicar por sistema todo aquello que sea cierto y puedas demostrar hasta un punto suficiente, aunque joda el chiringuito, el Rick’s Cafe en el que los periodistas son poderosos porque juegan a la ruleta trucada con los poderosos, esa corrupción inicial puede enfangarlo todo.

Lo divertido y sintomático es que los periodistas crean que sobre esto no debe haber “debate”.