Lenguas y sentimentalismo

Leo con atención la entrevista a Juan Claudio de Ramón.

Lo que dice parece sensato. Y seguramente se lo parecerá a la mayoría.

Pero no me convence. Nunca he comprendido el valor de la diversidad de las lenguas. Como mucho admito el “disvalor” de perder el acceso a productos culturales concretos. No obstante, ese “disvalor” existe ya.

Intentaré explicarme.

(1)

木末芙蓉花

山中发红萼

涧户寂无人

纷纷开且落

(2)

Ramas extremo / magnolias flores

Montañas medio / abrir rojas corolas

Torrente morada / calma ninguna persona

Mezcolanza / florecer además caer

(3)

En la punta de las ramas, flores de magnolia

Abren en la montaña corolas rojas

-Una casa, cerca del torrente, calma y vacía-

Confusamente, unas se abren, otras caen.

Acabo de copiar una cuarteta del gran poeta chino Wang Wei, uno de los más señeros de la época Tang. A continuación, he escrito una traducción literal. En tercer lugar, una traducción libre, adaptada a un español poético.

Wei era budista, seguidor de esa escuela del budismo mahāyāna que en China fue llamada chan y en Japón zen. Ahora fíjense en el primer verso de la cuarteta. Leído tal cual en la traducción española, muestra una escena estática. Un árbol que tiene magnolias en la punta de sus ramas.

Sin embargo, el poeta quiere representar la experiencia de la floración. Algo más, quiere transmitir la idea de que quien lo contempla vive internamente esa experiencia, desde dentro del árbol. Y lo hace alineando cinco caracteres que visualmente, aunque no sepas chino, se perciben como un proceso de crecimiento:

木  末  芙  蓉  花

El primer ideograma, 木,  es el árbol desnudo; el segundo, 末, punta, ya parece indicar, visualmente, y como añadido, que algo crece en el extremo de la rama; el tercero, 芙, contiene una clave superior (esa línea atravesada por dos más cortas perpendiculares) que equivale a hierba u hoja, que se une al cuarto ideograma, 蓉, para representar las magnolias en el momento de su floración (aunque utilizando para ello, y con esa finalidad visual, los caracteres que representan la flor de loto); el último carácter,  花, flor es visualmente el reposo de ese proceso de florecimiento, como un paso atrás.

La cuestión, sin embargo, es mucho más sutil si se conoce el idioma en que está escrito el verso. El poeta quiere transmitir la experiencia vital humana que se produce al contemplar extasiado el árbol que florece. Una experiencia en la que el hombre se funde con lo que observa y siente en sí mismo ese proceso vital. El tercero de los caracteres, 芙, incluye en su interior los elementos “hombre” y “humano”, el cuarto, 蓉 , contiene los elementos “rostro” y “boca”, el quinto, 花, contiene el elemento “transformación”. Es decir, el lector de chino, puede, no solo leer lo que el poema dice, sino ver literalmente al hombre dentro del árbol que florece, percibir en las flores que eclosionan un rostro, algo no solo vivo, sino capaz de comunicarse, y resumir la experiencia estética con la referencia, dentro de la flor plena, a la transformación de las cosas vivas en la que participa.

La explicación que acaban de leer está tomada de un libro que estoy leyendo, “La escritura poética china” de François Cheng. Yo comprendo lo que dice el señor Cheng, pero cuando miro la cuarteta en chino no experimento ninguno de esos placeres estéticos a los que se refiere.

Podemos volver al principio. Estos objetos culturales exquisitos se le escapan necesariamente a cualquier persona que no domine el chino. Y es insoluble. Lo es porque aprender chino a un nivel suficiente implica no poder acceder a otras lenguas, otros conocimientos, otras experiencias estéticas o intelectuales.

Lo interesante es que la capacidad de producir este tipo de objetos culturales o intelectuales no depende de la variedad de las lenguas utilizadas. Cualquier formalización (y una lengua lo es) mínimamente compleja es capaz de producir casi infinitos productos. Podrían los poetas escribir solo cuartetos y los músicos utilizar solo la forma sonata y aun así no habría límite a su capacidad de creación. Más aún, sospecho que una locura así sería extremadamente fructífera, ya que el corsé impelería la profundidad.

No contar con miles de lenguas no limitaría la creatividad. Sí, la inexistencia de lectores de chino impediría apreciar una poesía como la que acabo de comentar, pero ¡esto ya ocurre! ¡Nos ocurre a todos los que no hablamos chino! La multiplicidad de las lenguas simplemente parcela la experiencia estética. Ocurre con los que hablamos español y exigimos que se siga estudiando para poder apreciar esto:

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera:
mas no, de esotra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa.
Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido,
su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado

Vayamos ahora a la segunda parte. Dejemos de lado aquellos casos en los que un producto artístico se encarna en un idioma concreto. ¿Qué sería lo racional? Que todos hablásemos el mismo idioma. Que existiera, al menos para lo administrativo, lo legal, lo científico y lo comercial, un único vehículo que nos permitiera entendernos.

No encuentro argumento de ningún tipo para discutir este proyecto.

Sobre todo porque esto no implicaría renunciar a una lengua familiar o sentimental, para quien quiera conservarla. Eso sí, esa segunda lengua nunca debería ser usada (ni fomentada por el poder público) en esos ámbitos que he señalado antes. Sí, es posible que su uso restringido implicase su desaparición, pero qué más da. La supuesta riqueza de un idioma no es nada sin un hablante, pero ¿hemos de convertir una consecuencia de la prehistoria humana en una imposición?

No pretendo que se fuerce la desaparición de ningún idioma. Mi postura es más sencilla: los idiomas deben servir para comunicarnos. La pluralidad de las lenguas es un obstáculo a la comunicación. Por tanto, cualquier proyecto sensato debe dirigirse a favorecer el uso y dominio de un único idioma. El resto serán lujos. Adornos. Por tanto, si se mantienen por sí mismos, nada que objetar.

La única discusión pendiente sería escoger qué idioma debe cumplir esa finalidad y yo creo que es evidente que ha de ser el inglés, aunque no tengo problema en que se me intente convencer de que existe una solución mejor.

El resumen de esto es sencillo: promover por razones sentimentales el uso de muchos idiomas en ámbitos administrativos y políticos comunes me parece una solución a corto plazo, justo en la dirección contraria a la que considero sensata. A lo mejor nos ahorra discusiones hoy, pero solo para trasladarlas al futuro. Y la cuestión no es si podemos permitírnoslo, sino si es conveniente. Un plan a largo plazo que busque un proyecto común a la Humanidad debería basarse en la promoción de un idioma sobre los demás. Por desgracia, promocionar uno y a la vez promocionar todos los demás es simplemente contradictorio. Uno de esos esfuerzos absurdos en los que pretendemos conseguir fines incompatibles entre sí.

Naturalmente, asumo que este proyecto que defiendo resultará imposible como plan de acción racional por razones prácticas. Se impondrá quizás (o en una versión fallida en la que predominarán cuatro o cinco idiomas) como consecuencia de los hechos. Pero no me engaño: resulta imposible precisamente porque la gente, en determinados asuntos, se deja dominar por lo sentimental, por lo grupal, por la tribu.

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