Los argumentos de Juan Claudio de Ramón

Reproduzco, íntegro este artículo de Arcadi Espada en el que …

Juan Claudio de Ramón escribe:

«Querido A:

En algún sitio dice Ferlosio, ese pesimista incorregible, que nunca se convence a nadie de nada. A mí me parece aún más arduo convencerse a uno mismo, si se quiere ser honesto y respetuoso con la complejidad de lo real. En este complejo asunto de las lenguas, yo he llegado a convencerme de la bondad de una ley de lenguas, no si detenerme antes en varios de los meandros que dibujabas en tu última sabatina. En aras de la conversación, te escribo unas líneas sobre el tema. Si lo crees de interés puedes compartirlas con tus lectores. El debate es bienvenido. Por descontado, estoy abierto a cambiar de opinión ante argumentos persuasivos.

En primer lugar, no te equivocas: mi oposición al nacionalismo es firme y sincera. Podré equivocar la estrategia, pero comparto contigo y con tantos, el objetivo de devolverlo a su condición de ideología estrafalaria, peligrosa y minoritaria. Confluyen razones morales, intelectuales y profesionales. Como funcionario, me tomo muy en serio la defensa del Estado para el que trabajo.

Las objeciones que hemos recibido son de dos clases: técnicas y morales o filosóficas. En cuanto a las técnicas, que incluyen la preocupación por los costes, si la ley que proponemos es absurda o sensata, impracticable o realista, es algo que dependerá de los detalles. Para no hacer esta carta descortésmente larga, los interesados encontrarán la idea desarrollada, con mención a las dudas más frecuentes, aquí.

Hay algo que merece la pena subrayar: El catalán ya es una lengua co-oficial en el Estado. Los documentos expedidos por las terminales del Estado en Cataluña, como DNI, pasaportes o libros de familia, son bilingües. El Estado sufraga una radio y una televisión en catalán y subvenciona  las industrias culturales en catalán, reconociendo el mérito de sus creadores. El Instituto Cervantes da cursos de catalán y en esa lengua habla el Rey en sus visitas a Cataluña. La administración periférica del Estado presta -o debería prestar- sus servicios en catalán tanto como en español (Orden Ministerial de 20 de julio de 1990, sobre conocimiento de las lenguas oficiales de las CCAA en la provisión de puestos de trabajo en la Administración Periférica del Estado). El BOE se traduce al catalán. Contra lo que pudiera pensarse, todo esto no hace innecesaria la ley; la hace más necesaria. Para ordenar, dar coherencia, complementar en aquello que parezca factible y razonable, y dar publicidad a la labor del Estado. Hacer explícito lo implícito hará más difícil el agit-prop nacionalista. En cuanto al problema aritmético del gasto, Aristóteles dice que no se debe discutir sobre lo que se puede contar, pesar o medir. Si, hecha la memoria económica, el coste de lo propuesto es monstruoso, yo mismo desistiré. Pero lo formulado es bastante ceñido y sospecho no demasiado caro. No se trata de multiplicar todo por cuatro.

Las cuestiones morales tienen que ver con la valoración que hagamos de la diversidad cultural. Espero no encallar aquí porque el tema es vidrioso y complejo. Como sabes, un leitmotiv de nuestra época es la celebración de la diversidad cultural como algo intrínsecamente bueno. No es un carro al que me suba sin reservas. Porque compruebo que esa celebración de lo diverso y privativo se hace en detrimento de lo común y típico, es decir, de lo más valioso, interesante y fecundo del ser humano, que es lo que todos compartimos. Es obvio que nuestras posibilidades de solidarizarnos con otras personas -y de ampliar el radio del kilómetro sentimental- pasan por reconocerlos como semejantes, no por exagerar pequeñas diferencias que, tratándose de la misma especie, siempre serán las del narcisista.

Ahora bien, no basta con darle la vuelta al tópico. Los tópicos son verdades descarriadas que hay que volver a encarrilar, aligerados de supersticiones. Porque la diversidad sí es una riqueza, pero únicamente para quien la cita en sí, sin temor a que lo nuevo desborde lo viejo. Una frondosa tradición cultural, cifrada en varias lenguas, es más interesante que una pobre en sus ingredientes, pero sólo si esa tradición se vuelca entera, sin reparos, en el matraz de la persona. Como las sangres, las culturas solo robustecen si se mezclan. A mí me gusta ir por la vida susurrándome cosas en inglés, francés, catalán o italiano, además del español materno. Para eso he tenido que hacer todas esas lenguas mías y propias, como quien colecciona pasaportes. Pero sabemos que quien más machaconamente invoca el principio de diversidad no lo hace con ese propósito de atesorar matices o de probar la mezcla. Al contrario: La diversidad es muchas veces invocada por quien aspira a confinar las cosas distintas e impedir la suma. Se quieren singularidades yuxtapuestas, algo que no merece el nombre de diversidad. Pero si se acepta el mestizaje y el cambio, entonces sí, yo también considero la diversidad -que por lo demás nos viene impuesta por las innumerables hebras con se teje nuestra vida- una riqueza. Y paso a comentar tu carta Algo hay que hablar“.

Empiezo por tu afirmación última, la más rotunda y polémica: “Es obligación moral de los hombres trabajar para que el número de lenguas disminuya y abstenerse de someter ninguna de ellas a carísimos tratamientos en la sala de reanimación artificial“. Es importante, porque demuestra que estás dispuesto a llevar el argumento hasta el final; es decir, que tu razonamiento no esconde una defensa del español como lengua de la raza, como haría un nacionalista, sino en tanto que lengua común, y que si esa koiné fuera mañana el inglés, o el latín, o un esperanto, y el español hubiera de desaparecer de España y del orbe entero, no habrías de lamentarlo.

Pero común no quiere decir único y la proliferación de lenguas me parece un hecho sin vuelta de hoja con el que debemos contar. Dices que la lengua no es más que un instrumento de comunicación. Lo planteas como una afirmación empírica, cuando en el fondo la quieres normativa. Sugieres la conveniencia de que la gente deje de tener sentimientos sobre las lenguas. Estemos en claro: la gente, no toda pero sí la mayoría, alberga sentimientos sobre las lenguas, principalmente, la materna. Nuestra época da a las lenguas una dimensión afectiva y también una carga política. No lo valoro, lo constato. De igual manera, los sentimientos de pertenencia tienen en las lenguas uno de sus pilares psicológicos. En este respecto, es interesante observar que la lengua impone una cierto tope irrebasable para el liberalismo, porque podemos pedir al Estado que se abstenga de prescribir una fe, una orientación sexual o una dieta concreta, pero en alguna lengua tiene que hablar a los ciudadanos, y estos tienen sus preferencias. Cuando un Estado habla al ciudadano en la lengua que cree suya, el vínculo se refuerza, porque, además de ser organizadores racionales, los Estados satisfacen necesidades de orden simbólico. Ceder en exclusiva al nacionalismo ese potencial para general afección es suicida para España. Este es el componente estratégico de la ley: quitar el monopolio de la gestión de la lengua a los nacionalistas. Porque, además, la bronca es ya permanente. Si no queremos que esa diversidad lingüística sea causa de discordia permanente, o de ruptura de la convivencia debemos regular esa realidad, represando su potencial conflictivo. Existe el conflicto y existen los sentimientos. Para desactivar aquél y regular estos se necesita una ley, a ser posible, bien hecha. En España no tenemos esa ley. Ni la Constitución, inconcreta, ni la jurisprudencia, alambicada y cohibida, nos proporcionan el marco normativo que precisamos.

Dices que la aplicación de ley sería una murga. Puede ser. Pero piensa esto: sería sólo una murga. Dices que es una forma de tercera vía. ¿Pero qué es la tercera vía? El plan B de los nacionalistas: si falla el A, que es sacar a Cataluña de España, saquemos a España de Cataluña. Fíjate que nuestra propuesta no les ayuda en ese empeño, porque no les otorga ni un centímetro más de poder competencial. Antes, al contrario, se lo quita. Si los nacionalistas pierden la exclusiva sobre la gestión de las otras lenguas de España su principal motor, el victimismo, quedará en llamas. Por tanto, no veo cómo puede ser lo concebido una concesión a los partidos nacionalistas, que ni han pedido ni quieren una ley así. Si lo que planteas es que se trata de una concesión a la idea nacionalista, entonces respondería que es excesivo estirar la definición de nacionalista hasta englobar a cualquiera que tenga sentimientos hacia las lenguas y espere que su Estado lo tenga en cuenta. Aun así, si fuera como dices y nos estuviéramos inyectando una dosis de nacionalismo en vena, en mi opinión se trataría de una dosis homeopática para combatir mejor la infección. No hay mayor proyecto antinacionalista que la Unión Europea y ha podido llevar a cabo su noble misión a despecho de tener 26 lenguas oficiales.

Te preguntas qué opinamos sobre la inmersión lingüística obligatoria los proponentes de la ley de lenguas. Es justo y necesario abordarlo. Muchas reacciones en contra que hemos recibido no son de principio, sino fruto de la esperable amargura y desesperación de una ciudadanía castellanohablante que se siente pisoteada. Hablando por mí y por Mercè, que ha escrito un libro sobre la cuestión, te confirmo que estamos en contra de la inmersión forzada, que no es más que un proyecto segregador. Tengo muy pensada la inmersión obligatoria, tótem y tabú de Cataluña. Creo que nos equivocamos al centrar el debate en si cumple con el objetivo técnico de enseñar bien las dos lenguas (que no lo cumple). No, el gran problema de la inmersión forzada es que hace de algo común, como el español, algo ajeno, incluso cuando se habla con corrección. Se nos olvida con frecuencia que España es, nación o no, una comunidad política. Y una comunidad no puede sobrevivir sin cosas en común, sin cosas participadas. Por tanto, el primer reto que tendrá cualquier líder que aspire a recoser “la trama de afectos” (@ Arcadi Espada) será levantar el estigma que la inmersión ha impuesto sobre la koiné, abrogando un sistema escandaloso que no rige en ningún territorio autogobernado con más de una lengua oficial. Porque para acabar con la koiné al nacionalismo no le hace falta erradicar el castellano, le basta con desprestigiarlo. No es su penetración geográfica, sino su prestigio, lo que da valor a una lengua común. La koiné no sufrirá si es escoltada por el resto de lenguas en su oficialidad; pero dejará de serlo si permitimos que se convierta  en extranjera para catalanes, vascos y gallegos. Llevo tiempo diciendo que hay que revalorizar lo común como propio. La ley de lenguas no es incompatible con esta tarea. En Canadá conviven una Official Languages Act con el derecho constitucional de los padres a educar en ambas lenguas oficiales. Todo dependerá del coraje de nuestros líderes futuros para abordar la cuestión y hacer cumplir la ley, que será mayor si la propia comunidad catalana se despereza y exige un sistema racional en sus colegios. Y tampoco una ley de lenguas que convierta al catalán, vasco y gallego en lenguas co-oficiales (en cierto sentido ya lo son) cegará el sentido común de los españoles, que seguirán echando mano de la lengua compartida cada vez que la situación lo haga más económico. Una koiné es un precioso tesoro que ninguna comunidad en su sano juicio desecha. Pero, según lo veo yo, es la inmersión obligada lo que pone en riesgo el prestigio de nuestra koiné, no la elevación de rango del resto lenguas. Y el desprestigio de la koiné arrastra el desprestigio de la comunidad que recorre. Quiero decir que el problema no es que el español desaparezca como lengua común, cosa imposible o harto improbable, sino que se vuelva extranjera para millones de españoles.

Por supuesto, el reinado de la inmersión, que no cumple ningún objetivo pedagógico que no pueda cumplir un sistema de bilingüismo vehicular (como bien saben los hijos de Mas y Montilla) ha sido posible por la inhibición del Estado, que hasta ahora ha dejado la política lingüística en manos autonómicas. En un país como el nuestro, donde hay varias lenguas con arraigo, existen dos caminos: el bilingüismo territorializado o la gestión federal de las lenguas. El primer sistema, ya vemos a dónde ha conducido. El Estado ha cedido el monopolio de la gestión de las lenguas a los nacionalistas, que las han convertido en su instrumento privilegiado de victimización y nation-building. Lo que nosotros planteamos es que el Estado recupere la iniciativa, haga propias las cuatro lenguas principales y les quite el juguete de las manos a los nacionalistas. Canadá lo hizo así y salió bien.

Casi termino: Los sentimientos existen. Tsevan Rabtan, cuyo talento para la discusión racional es conocido en toda la blogosfera, sostiene tesis muy parecidas a las tuyas. A ambos os diría que, de puro racionalistas, no sois realistas. Es posible que en el futuro un sapiens evolucionado use sólo una lengua. Para algunos ese futuro es distópico, para otro un escenario de progreso. No sé. Sé que no lo verán mis ojos (salvo que algún moderno alquimista en los que tú y yo tenemos tantas esperanzas depositadas dé con la fórmula). Lo que tenemos es un aquí y ahora en el que los sentimientos cuentan. Y los sentimientos se pueden manipular. Es lo que hacen el nacionalismo. Para evitarlo lo mejor es traer la discusión al foro del Estado. Desde Hobbes sabemos que el Estado es la máquina que impide el todos contra todos. Mal se puede hacer esto sin legislar. Suiza, Canadá o Finlandia lo han hecho y no son malos sitios para vivir.

Y ya termino: nuestro problema de convivencia es esencialmente lingüístico. Esto no requiere demostración: Si algún día España se parte, será por sus lindes lingüísticas. Si el Estado logra neutralizar ese problema, aun al precio de incurrir en ciertas ineficiencias administrativas, habrá ganado. La ley de lenguas no tiene por qué ser del gusto de los nacionalistas. Lo que les gusta es el llamado blindaje de la exclusión del español. Nosotros rechazamos el blindaje y planteamos que el Estado legisle, sentando derechos de los usuarios y obligaciones para las administraciones. Si mis cálculos son correctos, no es lo que los nacionalistas esperan ni quieren.

Sigue con salud y como siempre,

JC.»

 

******

Seguiremos con la discusión. De entrada, la cuestión esencial me parece que sigue siendo si ese futuro es distópico. Si lo es -o si es inocuo-, el autor tiene razón. Si no lo son, distópico o inocuo, so pena de no combatir el imaginario sentimental, admitimos sus reglas de juego.

 

3 comentarios en “Los argumentos de Juan Claudio de Ramón

  1. en un capítulo de Treme hay un momento en el que John Goodman se está quejando porque están cerrando departamentos en la universidad, supongo que tras el huracán Katrina, y dice lo siguiente (http://www.springfieldspringfield.co.uk/view_episode_scripts.php?tv-show=treme&episode=s01e02):

    ——————————————————
    “in accordance with university policy.
    ” I mean, look at this.
    It’s unbelievable.
    Two departments, like that.
    – How can they do that? – How can they do that? Well, they can and they have and they did.
    It is a done deal.
    Gone– civil engineering, computer engineering, Electrical engineering, mechanical engineering, Computer science.
    I mean, sure, Why would the university train people Who know how to build things like, oh, say, Computer systems, power grids, levees? Hey, who needs them? – Seems kind of crazy.
    – Gee, you think? I mean, look what they’re keeping– Musical theater, digital media, Medieval studies, women’s studies, Jewish studies, African studies.
    It’s all about identity.
    Let’s not learn how to actually do anything.
    Let’s just sit and contemplate The glory of me In all my complexities.
    ——————————————————

    pues eso

  2. Sense immersió lingüística el català desapareixeria,…pot haver-hi immersió lingüística perquè hi ha un pacte polític de la transició que des de l’any 2000 es vol revocar per tornar cap al model nacionalcatòlic que hem conegut.

    Una cultura sens estat és fràgil (catalanoparlants de la franja catalana d’Aragó que parlen “LAPAO”, valencians que no tenen classes en llengua catalana, atacs a la llengua catalana a Mallorca, atacs a la immersió a Catalunya: un intent de genocidi cultural en tota regla per preservar “Espanya”)

    Per cert, en tot això del victimisme, cal dir que encara estem esperan tel reconeixement, no ja a les víctimes nacionalcatòliques, sinó senzillament al president Companys assassinat; únic president elegit assassinat durant la II guerra mundial,…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s