Solo o en compañía de noventa mil

 

Sobre el asunto del himno y la pitada podría escribir un artículo de esos larguísimos que gasto, pero voy a intentar ser breve.

Sobre esto mi posición intelectual es la que se recoge en la conocida sentencia del Tribunal Supremo norteamericano Texas v. Johnson.

En la sentencia se cita una afirmación realizada por un tribunal inferior que me parece majestuosa:

“a government cannot mandate by fiat a feeling of unity in its citizens. Therefore, that very same government cannot carve out a symbol of unity and prescribe a set of approved messages to be associated with that symbol when it cannot mandate the status or feeling the symbol purports to represent.”

Y la propia sentencia (resultado se un voto de 5 a 4) dice cosas excelentes:

We perceive no basis on which to hold that the principle underlying our decision in Schacht does not apply to this case. To conclude that the government may permit designated symbols to be used to communicate only a limited set of messages would be to enter territory having no discernible or defensible boundaries. Could the government, on this theory, prohibit the burning of state flags? Of copies of the Presidential seal? Of the Constitution? In evaluating these choices under the First Amendment, how would we decide which symbols were sufficiently special to warrant this unique status? To do so, we would be forced to consult our own political preferences, and impose them on the citizenry, in the very way that the First Amendment forbids us to do.

 

We are tempted to say, in fact, that the flag’s deservedly cherished place in our community will be strengthened, not weakened, by our holding today. Our decision is a reaffirmation of the principles of freedom and inclusiveness that the flag best reflects, and of the conviction that our toleration of criticism such as Johnson’s is a sign and source of our strength. Indeed, one of the proudest images of our flag, the one immortalized in our own national anthem, is of the bombardment it survived at Fort McHenry. It is the Nation’s resilience, not its rigidity, that Texas sees reflected in the flag — and it is that resilience that we reassert today.

The way to preserve the flag’s special role is not to punish those who feel differently about these matters. It is to persuade them that they are wrong.

Y esto de la opinión concurrente del juez Kennedy:

With all respect to those views, I do not believe the Constitution gives us the right to rule as the dissenting Members of the Court urge, however painful this judgment is to announce. Though symbols often are what we ourselves make of them, the flag is constant in expressing beliefs Americans share, beliefs in law and peace and that freedom which sustains the human spirit. The case here today forces recognition of the costs to which those beliefs commit us. It is poignant but fundamental that the flag protects those who hold it in contempt.

Yo coincido con esta posición. Los estados, como todas las personas jurídicas, son construcciones nacidas de la ley. La cuestión no es que su existencia jurídica no produzca efectos, sino si hemos de equiparar las personas jurídicas a las físicas. Hay muy buenas razones para sostener que no totalmente. Por eso no creo que se pueda ofender ni ultrajar a España o a La Rioja.

Algo más, los ejemplos que aparecen en este artículo de Arcadi Espada (los referidos al boicot de actos) son interesantes porque plantean esta cuestión en su crudeza. Sobre esto creo que hay que distinguir -y Espada no lo hace- aquellos actos que son privados (y una iglesia es un club, y una asociación también) de aquellos que son públicos. Mi posición es que, cuando un acto es público (y cuando el Rey actúa en un acto como rey su actuación es siempre pública), si estás allí legalmente debería admitirse que puedas -sin alterar el orden público o impedir a los demás que puedan a su vez expresarse- a tu vez expresar tus ideas u opiniones aunque eso pueda suponer un maltrato o menoscabo de los símbolos de la nación.

Esta es mi posición; sin embargo, mi posición importa poco. Voy al aspecto más grave de este asunto, aspecto en el que Espada tiene razón.

El código penal español (y no ha sido declarado inconstitucional) establece expresamente lo siguiente:

CAPÍTULO VI

De los ultrajes a España

Artículo 543

Las ofensas o ultrajes de palabra, por escrito o de hecho a España, a sus Comunidades Autónomas o a sus símbolos o emblemas, efectuados con publicidad, se castigarán con la pena de multa de siete a doce meses.

Pues bien, un ultraje es un ajamiento, una injuria, un desprecio, un maltrato, un desdén, una denigración. El Tribunal Supremo ya dijo que “ultraje” equivale a injuria, menosprecio o vilipendio. Y no puedo compartir los argumento contenidos en este auto tan citado últimamente de la Audiencia Nacional, por la sencilla razón de que la quema de la bandera española o los pitidos contra el himno, por mucho que puedan suponer la expresión de una opinión, solo son delito precisamente por ser voluntarios y con la intención de maltratar esos símbolos. Y es precisamente ese maltrato voluntario el que sirve de vehículo a la expresión de una opinión contraria a la unidad de España simbolizada por la bandera o el himno. Por decirlo de otra forma: es notorio que ese pitido se hace con la intención de menospreciar los símbolos de España ya que, en otro caso, no servirían para el fin que persiguen los que realizan esa conducta.  En la sentencia del Tribunal Supremo norteamericano este era precisamente uno de los argumentos para defender que la norma que prohibía quemar una bandera era contraria a la primera enmienda de su constitución.

Por tanto, lo sorprendente es que la Audiencia Nacional no plantease una cuestión de constitucionalidad de esa norma por infracción de derechos fundamentales, pues el artículo 543 no puede interpretarse de otra forma. Véase que, en otro caso, el ultraje solo existiría cuando no se expresase una opinión o la opinión no tuviese que ver con que el símbolo simboliza algo. Y ya me contarán para qué alguien pita contra el himno de España sino quiere decir algo con eso (excepción hecha de aquel al que el himno le pareciese horrísono por su falta de musicalidad).

Si la norma es constitucional (y debe de serlo para esos magistrados) la cuestión se reduce a lo que dice Espada: es un lío plantearse aplicar el código penal a 90.000 personas. Así que nada, derogamos la norma en vigor por vía de oportunidad y a otra cosa.

Es algo similar a lo sucedido en Ruanda: es imposible juzgar a cientos de miles de autores de crímenes contra la Humanidad, así que vamos a juzgar solo a unas decenas. Pero Ruanda es un estado destrozado por la guerra y uno se esfuerza en comprender una decisión tan terrible de impunidad.

Creíamos, sin embargo, que España era un estado completo y con pretensión de que se cumplan las leyes. Aunque sea difícil. Aunque afecte a muchos. Aunque se trate de un delito menor.

Además, la solución es sencilla. Si el asunto no es tan grave, que se derogue ese artículo. Porque, en otro caso, algún pringado, por no ir en compañía de 89.999 más terminará recibiendo el mensaje equivocado.

16 comentarios en “Solo o en compañía de noventa mil

  1. No sé, no sé. Si yo comenzara o comenzase en una plaza pública a gritar ¡¡Franco, Franco, Franco!! ¿Qué ley me aplicarían? Lo siento, pero esto no hay por donde cogerlo. Lo que está claro es que tengo derecho a opinar contra lo que me parezca. Si lo hago con silbidos como con pedorretas. Y esto sirve también para los artífices del código penal y su articulado. Salud.

  2. Entonces, siguiendo su reflexión, los insultos racistas, en el caso de que se refiriesen a un conjunto de personas X y no a un individuo, ¿podrían ser considerados también entelequias y deberían ser permitidos en actos públicos? Es una analogía que se ha hecho mucho estos días y me parece errónea, pero no sé como explicarla…

  3. Este asunto se está discutiendo mal. No es un debate sobre libertad de expresión sino sobre incitación al odio. Si hay delito no debería ser de ultraje a signos nacionales, sino de incitación al odio. Y ese lo cometen unos pocos, no 90.000 adultos fanatizados.

    JC

  4. A mí lo de la incitación al odio me parece razonable.

    No sé si jurídicamente pero sí como facepalm.

    Facepalm en el que incluyo la de esa complacencia espectacular del futbolista.

    mierda

  5. ¿Es un lío plantearse aplicar el código penal a 90.000 personas? Hoy día, con cámaras y todo el rollo tecnológico que hay para entrar en un estadio, sería facilísimo. Todo es cuestión de tiempo y un becario con un ordenador. Si esto hubiese ocurrido en Inglaterra, y en Inglaterra tuviéramos la ley española (que no sé si la tenemos), no dudes de que hubieran llegado las 90.000 multas, acompañadas de su correspondiente vídeo y la entrada al partido con el nº de asiento como prueba. 15 días para reclamar o pagar la multa y que te salga por la mitad, y adios. Normalidad.

  6. Buenos días.

    Y otra cosa que se está olvidando.
    En el caso de que sea un asunto de mera libertad de expresión, ¿puede un representante del Estado, que ha jurado cumplir y hacer cumplir la ley y que está sometido y amparado bajo el armazón legal que ese símbolo representa, reirse mientras 90.000 ciudadanos formados, educados, reflexivos y que han llegado a su posición ideológica después de un debate de altura entre ellos, pitan ese símbolo?

    Llámese bandera o llámense “leyes que nos parezcan injustas” (qué grande Arcadi Espada cuando llama la atención sobre que el busilis de este asunto no está en la palabra “injustas” sino en el sintagma “nos parezcan”), los servidores públicos no pueden hacerlo. Ellos no tienen libertad de expresión, al menos en actos públicos, como usted señala.

  7. Este asunto se está discutiendo mal. No es un debate sobre libertad de expresión sino sobre incitación al odio. Si hay delito no debería ser de ultraje a signos nacionales, sino de incitación al odio. Y ese lo cometen unos pocos, no 90.000 adultos fanatizados.

    JC

    ********

    Yo podría estar de acuerdo si me indica conductas concretas que pudiera analizar desde un punto de vista legal, no en abstracto. Por lo demás, todo lo que digo en la entrada lo mantengo. Al margen de otros posibles delitos, lo de la pitada encaja en un tipo penal en vigor.

  8. 1) En cuanto a la posición intelectual, si es que yo pudiera tener tal cosa, concuerdo.

    2) Parece que solo hubiera dos opciones, siendo español, ante la pitada. Una: en la que nos mostramos indignados y molestos en diversos grados, desde hablar simplemente de mala educación y falta de respeto hasta pedir todo tipo de sanciones. Dos: adoptamos una postura indiferente, displicente, con cierto aire de superioridad con los pringaos de la opción uno (lean a Ignacio Escolar).

    Hay una tercera que no he visto por ahí reflejada. Que quemen la bandera o piten el himno, además de libertad de expresión, puede ser un motivo para sentirte orgulloso de tu país. Depende de quién queme la bandera. Por poner dos ejemplos reales: pinochetistas y etarras. Tu nación está en el lado correcto, que la quemen. Deberíamos darle la vuelta al argumento y sentirnos bien porque los intolerantes estén en el otro lado.

    3) Si toda esa indignación fuera real y no más que un simple postureo, las pitadas se terminaban en la siguiente final que hubiera un equipo “español” (perdonen la expresión). Sin sanciones, sin multas ni nuevas leyes mordaza o aplicación del código penal en vigor. Bastaría con cierta responsabilidad personal y algo de espíritu de sacrificio. Pero eso no va con nosotros. Somos más de ponernos pulseritas.

  9. No me muevo yo mucho en el derecho penal, pero no estoy nada seguro de que se pueda atribuir a cada silbante una voluntad concreta de ultrajar al himno. Sospecho que uno diría (y a lo mejor hasta diciendo la verdad) que lo hizo porque “estoy en contra de la monarquía”, otro porque “no me siento español” y un tercero porque “estoy harto de este país corrupto”. Incluso no faltaría quien dijera que había bebido y “como la peña silbaba”.
    De hecho estoy a punto de dar un paso más y de decir que es imposible ofender a una tonada, pero cierto es que el artículo lo dice.
    La verdad es que todo este asunto me resulta insoportable, poco menos que un ejemplo paradigmático (posible pleonasmo) de cómo resolvemos los españoles los problemas.
    La Copa la organiza la RFEF, entidad privada, por mucho que en determinadas cuestiones se vea tocada por el derecho público. Por tanto, es la RFEF la que puede obrar o no y suspender o multar. Todo lo demás, no habiendo delito, como es mi opinión, es hablar por hablar. Y justamente es la RFEF la que no ha dicho nada.
    Todos los demás han hablado hasta hartarse.
    En fin, no añadamos más verborrea. Pero no puedo dejar de decir que pocas cosas más españolas que pretender que una pitada a coro de tantosmil sujetos semiebrios es un ejercicio de la libertad de expresión ciudadana.

  10. Schultz, lo que dice es interesante porque entra en el terreno práctico de las cosas, pero analicemos las posibilidades:

    a) “estoy en contra de la monarquía”: es decir, que el sujeto, para manifestar su opinión contraria a la monarquía, menospreció el himno con voluntad de menospreciarlo. Porque lo interesante no es el “motivo”, sino si había o no dolo en el menosprecio objetivo. Es decir, ¿el que silbó sabía que pitar es menospreciar y sabiéndolo lo hizo? Entonces ha cometido el delito. Porque no hay que confundir el dolo con los motivos: se mata por muchas razones, pero lo importante para saber si hay dolo no es por qué mató el que mató sino si lo hizo voluntariamente.

    b) “no me siento español”: vale lo dicho.

    c) “estoy harto de este país corrupto”: vale lo dicho.

    d) Incluso no faltaría quien dijera que había bebido y “como la peña silbaba”: este es un caso diferente. Se alega una atenuante o, incluso, una eximente. Como bien sabemos, el que la alegue que pruebe que concurría y en qué grado.

    Yo insisto: solo el que sea capaz de explicar que su conducta no incluía conocimiento de que pitar es un menosprecio y que pitó involuntariamente se podría escapar. Por ejemplo, el que acredite que pitó porque en ese momento pasaba una chavala voluptuosa. En la Sentencia del TS americano lo entienden bien: hablaban de casos como el de quien destruye una bandera porque está muy estropeada.

    En cuanto a quien organiza el acto, no veo la relevancia. El delito concreto del que hablo no depende de eso.

    Yo creo que solo hay una forma de interpretar ese artículo y creo que estaría mejor derogado. Pero está en vigor.

  11. Estoy básicamente de acuerdo, uno no silba sin darse cuenta, pero tengo muchas dudas sobre una eventual sentencia: si se tratara de la bandera, la cosa sería más simple, porque una bandera se puede palpar. Un himno solo se escucha y quien silba mientras tanto, siendo el silbar ciertamente un menosprecio, no necesariamente tendrá el ánimo de ofender estrictamente al símbolo.
    El consejo profesional sería que alegara estar de broma, el animus iocandi aquél.
    Del organizador hablaba, solo, en la hipótesis del no delito. Es decir, si hay delito pues que se persiga; si no lo hay, déjense de zarandajas, es el organizador quien tendrá que decidir si le perturba o no la circunstancia y en caso afirmativo cómo debe sancionarlo (si sus estatutos lo contemplan):

  12. Personalmente yo también derogaría ese artículo, pero me interesa más el tema de la libertad de expresión que el de las ofensas a los símbolos.
    Entiendo que si se hubiese producido la pitada, por ejemplo, en el momento de la entrada del rey en el palco o en el momento de acabar el himno, sí lo entendería como una expresión libre.
    Sin embargo, y no me refiero sólo a este caso, lo que no me parece razonable es que alegue libertad de expresión precisamente el que trata de boicotear.
    Es decir, si yo pito una interpretación musical (himno o no), o si, con un megáfono, intento impedir que un orador hable o sea escuchado, independientemente de que sea en un acto público o privado, ¿no soy yo el que estoy vulnerando la libertad de otros que pueden querer escuchar y la propia libertad de expresión del que habla?

  13. Interesante lo que dice Torvic.

    Entraríamos en el terreno de las coacciones (aunque sería difícil su encaje en la actual configuración jurisprudencial). Lo que pasa es que yo no creo que el himno pueda considerarse en esos términos. El himno no es la forma de expresión de una persona individual. Tampoco la bandera.

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