El contexto

 

Estos días, un par de amigos de blog, de estos con los que discuto hace años y de juicio acreditado, han afirmado estar en desacuerdo “vagamente” o “sin saber cómo explicar bien por qué” sobre la entrada referida al concejal Zapata y su obra humorística.

Eso me pasa a mí hoy con el artículo de Manuel Jabois solo que al contrario, estoy vagamente de acuerdo con él y tampoco me voy a poner a explicar por qué. Así que voy a intentar “salirme del vaso” de la discusión y recordar algunas cosas.

Hace más de diez años que escribo en blogs y en tuiter. Como soy muy brasas he escrito mucho. Sin embargo, creo que puedo afirmar que nunca he escrito algo que pudiera ahora avergonzarme. Puede que haya cambiado de opinión, pero he intentado evitar insultos gratuitos, ofensas graves y chistes basados en el sufrimiento de alguien. Creo que aunque haya gastado mucha ironía (de la buena o de la mala) es difícil que alguien me enseñe algo que le ofenda personalmente. Naturalmente, no incluyo en esa categoría mis comentarios sobre las ideas o creencias de la gente. Ahí no hay ofensa a la persona, así que el que se sienta ofendido que se joda.

No he mantenido esa conducta porque pensase que iba a tener una carrera de ningún tipo que pudiera exigirme cierto recato público. Más aún, seguro que si se rebuscase con mala leche (o quizás sin ella) en mis artículos y entradas de blog se encontraría mucho material para crucificarme entre personas con ciertas ideas. Cabrearía con seguridad a (muchos de) los comunistas, los meapilas, los fachas, los socialdemócratas, los ancap, los minarquistas, los feministas, los tunos, los propalestinos, los judíos (algunos hasta me avisaron de que iban a soplar algunos de mis artículos al Mossad), los homeópatas, los ajedrecistas … No sigo; ya ustedes saben. Incluso he descubierto estos últimos meses que le caigo muy mal a gente a la que no recuerdo haber hecho nada, gente que además cuando intenta explicar por qué le caigo mal balbucea tela.

En fin, he actuado así porque no me gusta saltarme la ley. Y llevo una década advirtiendo de que amenazar en internet es amenazar en público y que el anonimato de la red no excluye precisamente esa naturaleza pública. Y que aunque tuiter es un bar, es un bar en el que nos escucha todo el mundo. Así que no digo las mismas cosas entre amigos, en un bar, o en mi casa, que cuando escribo “aquí”.

Tampoco creo que mi caso sea excepcional. Creo que hay muchísima gente que hace lo mismo que yo. Incluso, si tuviera que apostar, creo que lo hace la mayoría.

Luego está una segunda categoría de personas. Se trata de aquellos que quieren comportarse como acabo de describir, pero en un momento de olvido, o en mitad de una borrachera, o entusiasmados por el triunfo de su equipo favorito o asqueados por el el triunfo del equipo rival, se exceden puntualmente. Se trata de personas que saben que han hecho mal. Quizás no lo reconozcan, pero son conscientes de que se han pasado y seguramente dejarían de hacerlo (incluso en esos casos puntuales) si un día llega la autoridad competente y les mete una buena hostia.

Finalmente hay una tercera categoría (en esta generalización cuñada ad hoc que estoy practicando). Se trata de gente que te viene explicando hace mucho que el sistema no les representa. Gente que cree que la ley la hacen los poderosos y el pueblo oprimido no puede expresarse. Gente que te dice que en España no hay democracia y que vendría bien empalar a este, matar a aquel, torturar a un tercero y colgar a un banquero (que es la suma de este, aquel y el tercero) para que gobierne el pueblo. Gente que dice sin mayor problema que hay que usar todos los mecanismos de este estado pseudodemocrático para obtener el poder y ampararse en las leyes solo cuando les resultan útiles y que, por tanto, eso no excluye que se incumpla le ley cuando les interesa. Esa gente (de manera más o menos burda, más o menos planificada) se expresa en internet violentamente, llama al incumplimiento de la ley, lincha al enemigo político, manipula todo lo que haga falta, es concreto cuando le conviene y abstracto cuando le interesa, usará el dato si refuerza su argumento, pero lo rechazará si lo debilita. Insisto, no se trata de que sean unos jetas o unos ventajistas (que lo son), porque esto puede serlo (y de hecho hay ejemplos mil) cualquiera. Se trata de que saben que lo son y defienden que serlo es una forma de pureza y de superioridad moral.

Si se preguntan a qué viene esto, les diré que me interesa precisamente porque uno de esos procedimientos de ventajista se puede apreciar estos días. Ahora surgen artículos que vuelven a hablar de internet, de los límites del humor, de si Je suis Charlie. Lo hacen con buena intención. También lo hacen con buena intención los que nos hablan de la crisis del periodismo y lo refundan cada tres meses sacando un diario en el que fracasan en su refundación a las pocas horas. Todas esas cuestiones son viejas, viejísimas. ¿Os acordáis de las discusiones en los blogs de hace diez años? Imaginad lo que piensan de estos adanismos nuestros los que ya en los noventa empezaban a mencionar la ley de Godwin.

No es que tenga nada en contra de esas discusiones. Lo que me resulta curioso es que pensemos que los linchados de Podemos ignoraban lo que hacían y se comportaban como adolescentes borrachos ultras de un equipo de fútbol. No; esta gente y sus tuitstars de cabecera y sus opinadores marco no han caído en el abuso de internet por vicio. Han caído en él por religión. Y si ahora piden perdón y manifiestan haber madurado y afirman que ya no quieren torturar concejales o ministros es porque concejales ya son y ministros quieren serlo. No es un juicio de intenciones: es una simple lectura de sus programas de cambio social (viejísimos, por cierto).

A esta gente, que ahora discutamos sobre los límites del humor y sobre el linchamiento en internet le conviene. Ese es el contexto.

Así que, hagámoslo. De la misma forma le permitimos al nazi un abogado y un juicio justo. Eso sí, mientras discutimos y mientras juzgamos, no olvidemos que esta gente no defiende lo mismo que nosotros.

 

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7 comentarios en “El contexto

  1. Me temo que el discurso de Zapata y sus acólitos ha calado más de lo que nos creemos. Si miramos para el otro lado hay gente dentro de Podemos que sí está de acuerdo con la dimisión del edil. Pero no por las razones que usted piensa.

    Me pasó ayer en el trabajo. Una compañera, votante podemista, decía que Zapata debía marcharse porque ella quiere estar segura de que la persona a la que vota tiene un comportamiento moral intachable en su vida privada. Bueno, más que privada, íntima. Me llegó incluso a decir que si alguien hubiera tenido alguna vez una multa de tráfico no debería nunca meterse en política.

    Vamos, que dejarían fuera al 95% de la población que alguna vez haya puesto los cuernos, que haya cobrado una factura sin IVA, que se haya colado en el cine o que se haya saltado un semáforo. A las elecciones solo deberían presentarse los seres alados y puros.

    Luego ya, si eso, pensamos en que tal gestionarían un ayuntamiento esos ángeles, que de tan virginales lo mismo no tienen ni pajolera idea de lo que es meterse en política y administrar la cosa pública.

    Me recuerda a una tía mía, ya mayor, que hace años me reconocía que Fernán Gómez era muy buen actor, pero que nunca iba al cine a ver una película suya porque le parecía un mal educado y “le caía mal”.

  2. Para mí esa es la clave, Tse. Yo caigo en ese segundo grupo, estoy seguro que se me pueden sacar un puñado de tuits -incluso de la semana pasada- que dejen mal a alguien, otro periodista cuyo artículo he criticado, etc. En fin, nada que no pueda solucionarse con una disculpa y un apretón de manos …si ellos quieren. Pero eso es una cosa y otra es una campaña continua llamando a la violencia verbal o física contra personas concretas, y siempre contra las mismas. Y el cinismo de decir “¡Sentimos si hemos herido a alguien! ¡Aprendemos y mejoramos!” No me jodas. Ahora se sentarán a negociar cosas con concejales del PP y de C’s a los que previamente pedían ajusticiar. Han hecho una política en internet de bullying, de matonismo, pero ah, ahora no, que somos personas públicas y hay que hacer tábula rasa.

    Vamos, si yo fuera concejal de otro partido en el ayuntamiento estaría acojonado, si no les sigo el rollo lo mismo ponen un sutil tuit culpándome del fracaso de las negociaciones y al llegar a casa me encuentro a cien personas en la puerta haciéndome un pacífico escrache. Este momento de revelación, de catarsis, de decir “hostia, ahora lo veo” …no lo han tenido.

    Y otro tema. Esa separación entre ser cargo público y no serlo que hacen algunos. “Te dije ‘ojalá te mueras, cabrón’ pero entonces no era cargo público”. Buf, eso me pone enfermo.

    Dicho lo cual, viendo los tuits que le han sacado a Zapata da la impresión de que en Twitter era más un graciosete ocasional que alguien que llamara a menudo a la violencia. Quizá sea irrelevante dentro del huracán que se ha formado, pero está atrayendo el debate hacia algo tan estúpido como los límites del humor -donde todo el mundo se siente seguro hablando porque nadie está contra la libertad de expresión, pero- y no hacia lo verdaderamente grave, que es que el ciber-acoso parece dejar de serlo, es más, se convierte en legítimo, cuando se le hace a un político o a un simpatizante del PP.

    Lo siento, creo que he repetido en el comentario prácticamente lo mismo que tú en el post, pero aaarrrghhh tenía que soltarlo.

  3. D.Tse. Mis mas sinceras felicitaciones. Lo ha clavado y me permito subrayar su última frase ” no olvidemos que esta gente no defiende lo mismo que nosotros.”

  4. Totalmente de acuerdo en lo de tuiter y diversas redes sociales como espacio público. Deseo, aunque lo dudo, que la polémica sirva para que la gente se de cuenta de algo que está muy claro en el refranero popular: las palabras se las lleva el viento. Las letras no.

  5. Hoy en “El confidencial” McCoy hace un análisis bastante acertado de la hoja de ruta de Podemos. Pero creo que le falta añadir un elemento más: la bajada de sueldos generalizada. Yo creo que no es una medida populista sino una forma de alejar la excelencia de la política. ¿Quién va a ser el guapo que se va a doblar el sueldo después de que estos lo hayan bajado a la mitad? ¿Quién va a ser el guapo que a a malgastar sus luces por 1800 euros al mes? Evidentemente nadie.

  6. Primera categoría, gente de la ley. Donde está el autor, claro.
    Segunda categoría, gente de la ley pero con TDAH.
    Tercera categoría, Venezuela y okupas.

    Macho, siempre tenderé emocionalmente al liberalismo duro, pero es jodido que el espectro que debería darme alas para confirmar mis ideas me obligue a atizarlo por bocazas día tras día. Me da exactamente igual qué tipo de ideología medio coja profesas, pero necesito más esfuerzo por tu parte para que el mundo confirme la mía. Deja el humor negro en forma de post de parrafada y céntrate.

    Eh, en serio, que estar así deprime.

    Pero volviendo a los tres bloques que has presentado, Tsebarán, sabes perfectamente que la tercera categoría no es homogénea y que ahí dentro entran tanto los teóricos del Estado como los meapilas, además de las lesbianas radicalfeministas. No puede ser una categoría sobre la cual construir un discurso honesto, o que sirva como herramienta de comprensión de la realidad… a menos que la crees ad hoc para crear un “otro” sociológico, con la pobreza que eso implica.

    Y por otro lado, la tercera categoría, dada su falta absoluta de homogeneidad ideológica es cíclicamente reservorio de las otras dos, así que convertirla en la cantera de la izquierda moralista, como pareces pretender, pues es un poco raro.

    Quizá tuiter no sea sitio para exabruptos y violencia, y quizá muchos debieran excusarse. Te lo compro. Pero que no exista un infierno o una doncella de hierro que te obligue a sentir vergüenza por firmar material flojo, eso es un verdadero drama.

    Y te lo digo sintiendo vergüenza por lo mío, que no es poco.

  7. Saben que a esto de tuister le acabo de encontrar alguna utilidad. Juan Carlos Girauta, pasó de ponerme favoritos y retuits a bloquearme. Motivo: una crítica a un artículo de AE que enlazó y otra a un comentario suyo de ayer. Ni un insulto, sólo crítica razonada. Y supongo que no tenía argumentos porque a otras bien que contesta.

    Tse, está muy bien lo del liberal de Bilbao.

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