Si no lo veo no lo creo

 

Se le está dando al referéndum griego una importancia desmesurada. Todos los elementos materiales que determinan el futuro de la economía y la política griega están ya presentes, haciendo su trabajo en la sombra, algunos desde hace décadas. Los griegos llevan mucho tiempo escogiendo y su última elección importante, dar la mayoría a Syriza, es de hace dos días. Por no ver, ni siquiera veo que la victoria del sí suponga un cambio de calado, salvo que fuera por una mayoría destacada. ¿De qué sirve si quien tiene que gestionarlo es alguien que no cree en ello? Tampoco unas elecciones anticipadas y una marcha atrás servirían para mucho. La confianza es algo muy difícil de lograr y es algo que se pierde con gran facilidad. Decía Shlomo Ben Ami que los palestinos nunca habían perdido la oportunidad de perder una oportunidad y, a la vista de la situación actual, es difícil imaginar que estuviesen peor hoy si hubieran tomado ciertas decisiones arriesgadas hace veinticinco años. Los palestinos jugaron a la bomba poblacional y con el miedo de Israel. Les salió mal. Los griegos, hoy, tras décadas de errores (el principal fue establecer un sistema inviable, pan para hoy, hambre para mañana) han jugado la carta del terrorista suicida. El problema de esa carta es precisamente el de su propio concepto: si trasladas al otro la idea de que estás tan desesperado que eres capaz de comportarte como un loco, nunca conseguirás de él un compromiso a largo plazo. Como mucho, el otro hará lo que pueda para ponerse a salvo.

Sospecho, por eso, que da igual. Las manifestaciones a favor de la nación argentina y la junta militar tras la invasión de Las Malvinas no tuvieron ninguna influencia en el resultado del conflicto militar porque la fuerza de ambos ejércitos era la que era y lo era como consecuencia de una política de estado de siglos y un cierto carácter de los habitantes de ambos países. Y hago esta comparación, pese a que el referéndum sea un acto de democracia y Tsipras un gobernante democrático, porque lo que quiero destacar es que la voluntad popular manifestada en un acto concreto, en asuntos con una inercia tan enorme, no tiene demasiada influencia. Quien piense que hoy los griegos tienen en sus manos su destino es un iluso. La decisión es democrática (signifique esto lo que signifique en este caso concreto, teniendo en cuenta la pregunta), pero los factores materiales y culturales tienen un peso tan descomunal que prácticamente ni se rozan con la decisión de un día; por eso cuando creemos que hay que reformar una nación debemos ser conscientes de la importancia de mantener el esfuerzo en la dirección correcta durante generaciones.

Por lo demás, actuaré como esos premios nobel que no se juegan nada, y diré que espero que gane el no de manera clara. Nos evitará perder más el tiempo. La mayoría de los griegos lleva años culpando al resto del mundo de sus males y por lo que se ve lo creen sinceramente. No parece que haya manera de convencerlos de que ellos son los principales responsables y no algún ente ignoto y malvado situado en un sótano. Y no creo que sirva para nada que apoyen un acuerdo cadavérico asesinado por su propio gobierno cuando convocó el referéndum. En pocos meses, cuando las cosas siguieran muy mal, volverían a recordar que inventaron la democracia y darían un nuevo bandazo. Así que lo mejor es que triunfe el no y que nos aprestemos a un experimento: comprobar si todo lo que dicen Tsipras, su partido y los que apoyan sus tesis por toda Europa (entre ellos muchos españoles) se cumple. Si con ese “no” es capaz de evitar lo que llama chantaje y terrorismo financiero. Si abrirán los bancos, la gente recobrará su dinero y su trabajo, los acreedores (prácticamente todos países democráticos) no solo renunciarán a parte de sus créditos sino que prestarán más dinero a Grecia, si se abrirá paso la auténtica democracia en Europa y los nazis alemanes serán derrotados por la “gente”.

Es triste tener que hacer experimentos así, pero vean lo que pasó con el comunismo. Pese a décadas de terror, liberticidio y basura, muchas personas -y muchos jóvenes- siguen esperando que de él venga la salvación. Parece que no bastan el sentido común, la previsión basada en los datos y las enseñanzas históricas. Parece que sigue siendo necesario que la gente sufra y que nos carguemos parte de lo que construimos, cada cierto tiempo, para enseñar a una nueva generación cosas evidentes.

Habrá que hacerlo de nuevo. Prefiero -llámenme egoísta- que experimenten los griegos. A lo mejor, si tenemos suerte, da tiempo a que los españoles no nos comportemos como imbéciles.

Porque, no lo duden, hay caldo de cultivo en España para ello. También para los españoles la culpa de lo que nos ha pasado es de otros. Y también hemos sido durante siglos un perfecto ejemplo de gente que no deja pasar una oportunidad si se trata de perder una oportunidad.

Por eso prefiero que gane el no, aunque pobres griegos.