El coche del presente

He comprado un coche y ha pasado ya tanto tiempo que cabría decir que lo compré. Hoy voy a hacer en esta entrada de crítico automovilístico. No seré un crítico al uso. No sé distinguir si un coche tiene una conducción divertida o aburrida. Si transmite sensaciones positivas o negativas al tomar una curva o al hacer un viaje largo. No me importa mucho si subvira o sobrevira y, sobre todo, no sé qué coño es el aplomo. Así que será un poco diferente.

Mi coche anterior era un Golf-V de 75kW (no pienso decirles cuántos campos de fútbol es eso) con un cambio manual de cinco velocidades. Disponía de algunas comodidades: asientos, lunas, climatizador bizona, radio, control de velocidad, ABS, ESP. Un coche fácil de conducir del que sólo molestaba su pertinaz tendencia a arrancar a la tercera cuando hacía calor. Exacta y precisamente a la tercera.

El coche nuevo es un Golf-VII de 100kW110kW con cambio de siete velocidades con doble embrague automático. Y algunas cositas que hacen que el coche se conduzca sólo, literalmente. De eso quería hablarles ahora.

Por ejemplo el control de velocidad se ha mejorado ahora con un control “adaptativo” de velocidad. El coche dispone de un radar que controla la distancia con el coche que le precede. Si el sistema está activado el coche una distancia de seguridad actuando sobre el freno. Si hay espacio el sistema actúa sobre el acelerado y lleva el coche a un nivel de velocidad prefijado anteriormente.

El coche, en resumen, adquiere autonomía y se hace menos dependiente de la acción humana. En autopista uno selecciona la velocidad adecuada y punto. Ante la presencia de un vehículo más lento (pero suficientemente rápido) el coche frenará suavemente para adecuar la distancia de seguridad.

En ciudad el modo no cambia mucho. Si uno selecciona la prudente velocidad de 50km/h el coche adecuará la marcha a las circunstancia del tráfico. Ante la llegada de un semáforo en rojo, con algún coche ya detenido, el sistema es capaz de detener el coche suavemente. Con el sistema de start and stop el motor se detiene. Cuando el tráfico recobra vida y el coche antecesor se mueve el motor se reinicia. Entonces basta presionar un poco el acelerador para que el coche salga andando, acelerando y cambiando de marchas de forma suave.

Se supone que el sistema es capaz de detectar lo que él cataloga como una colisión inminente. Esa alarma me ha saltado varias veces; todas en circunstancias aparentemente poco peligrosas y urbanas. En todos los casos he reaccionado de la misma forma, pisando el freno o modificando la dirección. Así ignoro si ante la ausencia de respuesta adecuada del conductor el sistema frenaría bruscamente el coche. No tengo muchas ganas de comprobarlo.

La mayor preocupación que puede tener el conductor es saber si el sistema funciona y evitar adoptar una postura pasiva y despreocupada ante la conducción; porque la ayuda es sólo ayuda. El sistema puede dejar de funcionar simplemente porque el radar esté obstaculizado por barro o por una lluvia fuerte. O, simplemente, el sistema detiene el coche si otro coche ya se ha parado ante un semáforo en rojo; si no, es el conductor quien ha de accionar manualmente el freno ante un semáforo en rojo. Por tanto no vale para evadirse.

La segunda ayuda de las que le voy a hablar es el sistema de detección de hombre-muerto (en jerga ferroviaria). El hombre-muerto en un tren es el sistema que se asegura de que el maquinista está dentro de la cabina y consciente porque responde a alarmas intermitentes. El tráfico de pasajeros es obviamente diferente al tráfico ferroviarios y así también lo es su sistema de hombre-muerto.

En mi caso parece ser que el coche detecta la presión de las manos sobre el volante e interpreta si la presión es adecuada o no. Emite una alerta de cansancio y sale una tacita de café en el cuadro de mandos con la sugerencia de “haga una pausa.”

Me ha saltado varias veces pero no he pasado de esa fase. En teoría si uno no responde adecuadamente ante la alarma o si el sistema cree persistentemente que te has quedado dormido, inconsciente o directamente muerto, el coche se para.

El último asistente que quiero mostrar es el de carril. Su principio de funcionamiento es muy sencillo: cuando se circula a más 50km/h un sensor detecta las marcas blancas de carriles (si existen) y trata de mantener el coche encarrilado. El sistema se desactiva automáticamente si se conecta un intermitente.

La sensación es que el volante se endurece, cuesta un poco moverlo. La sensación es complementaria del hecho de que las direcciones asistidas suelen endurecerse con la velocidad pero, en este caso, es peculiar.

Una consecuencia del sistema de asistente de carril es que en una autopista no hay que preocuparse de la dirección. En serio. Uno tiene que poner las manos en el volante y hacer presión para que el hombre-muerto no se queje pero, realmente, se puede dejarlas ahí, de adorno. El coche traza por sí mismo las curvas suaves de una autopista o carretera. En realidad es de primero de robótica construir un ingenio así: cualquier alumna aventajada de bachillerato podría hacerlo.

Me resultó fácil acostumbrarme a no mantener pisado el acelerador y que el control de velocidad “llevase” el coche; pero dejar el timón es otro cantar. Es decir, la inercia de la vida te lleva a que tú traces la curva.

Sí es fácil abandonar el timón del barco en otras: al aparcar. El asistente de aparcamiento es gadget anecdótico y divertido que hace las delicias de los niños. El coche ha de pasar por un hueco; unos sensores lo detectan si se va a una velocidad suficientemente bajar. Entonces uno selecciona la marcha atrás (el sistema siempre actúa después del hueco y, por tanto, la maniobra se inicia siempre hacia atrás) y puede soltar el volante, preocuparse sólo del acelerador, freno y de las alarmas de obstáculo que suelen pitar.

También es una comodidad pijera el asistente para luces largas: el coche activa o desactiva automáticamente las luces largas en función de si detecta o no un coche en las cercanías. Evita que olvidemos desconectarlas y deslumbremos a alguien.

Todas estos asistentes responden a mecanismos que hacemos automáticamente como respuesta a estímulos concretos y que por tanto son programables. Nos acercan a un mundo de conducción automática. ¿Mejoran la conducción? En el sentido de seguridad en el tráfico rodado sin duda. No sería extraño que algunos de estos asistentes fueran obligatorios en poco tiempo. Tampoco que fuera obligatorio su uso (sin la activación por parte del conductor son meros adornos). Y que todo ello implicara una reducción de la siniestralidad de la misma forma que los automatismo han reducido la siniestralidad en la aviación civil. A cambio perderemos la capacidad de conducir en modo manual.

Hay peros, no obstante. Acostumbrase y manejarse con el sistema: algo parecido a lo que pasa con un móvil solo que esta vez se trata de una máquina veloz y mortífera. Comprender sus limitaciones: el radar actúa en línea recta, cuando llegas a una rotonda ‘pierde’ de vista al coche antecesor y puede reaccionar con un inconveniente acelerón. Entender que el conductor no puede dejar de prestar atención y que sigue conduciendo el coche: el ser humano se apresta fácilmente a holgar si no es necesaria su acción. En este sentido es algo parecido a los dispositivos GPS; son una tremenda ayuda a la conducción, pero ciertos conductores se dejan guiar ciegamente por sus indiciaciones con consecuencias a veces fatales.

Por otra parte sí, aplomo en las curvas y conducción divertida. En una próxima entrada les hablaré de otra cosa del coche.

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Un comentario en “El coche del presente

  1. Buenas tardes. Yo tengo desde hace algo más de un año un Ford B-Max. El coche del anuncio en el que un saltador olímpico se tiraba desde el trampolín y pasaba a través de las abiertas puertas traseras. No tiene toda esa cantidad de extras. Pero sí tiene el de la frenada de emergencia. A partir de cierta velocidad (Kms./h.) no funciona. Y en mi caso no es más que una ayuda por si no he accionado el freno con suficiente rapidez ante la inminencia de una colisión. Tampoco tengo muchas ganas de comprobar si es eficaz al cien por cien. Buen lunes.

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