Miedo

 

Poco antes de empezar a escribir esta entrada, El Mundo ha publicado la noticia de un crimen. Una mujer ha sido apuñalada en Castelldefels y ha muerto. El agresor es, por lo que parece, un tipo al que tuvo la desgracia de conocer.

He escrito bastantes veces en contra de la legislación actual en materia de violencia doméstica. Siempre he pensado que hay voces de sobra a favor. En realidad, las voces a favor son, en ocasiones, tan apabullantes y agresivas que casi es actividad de riesgo poner en duda cualquiera de los dogmas en que se basa la versión que se ha hecho oficial sobre la materia. Como por desgracia he tenido mucho contacto personal con asuntos de este tipo y como por desgracia he intervenido en bastantes procesos de familia, he pensado (y pienso) que explicar algunas cosas y mostrar ciertas opiniones que reciben rechazo por el simple delito de ser emitidas y que califican a su autor de criptomachista inmediatamente y sin juicio, estaría bien. Mi pulsión tocacojones ayuda, pero no he escrito nada que no piense sinceramente.

Sin embargo, he notado a menudo que no se me interpreta correctamente. Antes de seguir contaré una especie de anécdota tipo. En ocasiones, cuando defiendo a un hombre acusado por algún delito de esta naturaleza, he mantenido reuniones con él en las que viene acompañado de alguna madre, hermana o nueva novia o esposa. Curiosamente, cuando la conversación ha derivado desde lo particular a lo general, he tenido que ser yo el que defienda el estado actual de cosas ante afirmaciones de mujeres que terminaban diciéndome poco más o menos que la mayoría de las mujeres mienten cuando denuncian y que ellas lo saben porque son mujeres. Somos todos tan adictos a la grandilocuencia, a la generalización, a la ausencia de matices, que parece que solo caben dos lados, cuando lo triste es que no hay dos lados, solo hay un lado moral: el de las víctimas. Repito: el de las víctimas del delito. De cualquier delito. Lo repito porque sé con seguridad que muchos no entenderán lo que acabo de decir y porque no quiero explicar más para no tener que escuchar la estupidez de los que me acusarán de banalizar, comparar mal o minimizar.

Hoy, al leer la noticia, sin embargo, he recordado el caso de violencia doméstica con el que me he topado que más me impresionó. No por el hecho en sí -he visto otros mucho más graves- sino por su naturaleza premonitoria.

Llevo años temiendo leer en un periódico que ella ha sido asesinada por su marido.

Empecé a llevar un asunto penal que no tenía nada que ver con violencia doméstica y así le conocí. Era un tipo a ratos divertido, a ratos irascible, siempre ominosamente desagradable. Un día me llamaron de una comisaría. Habían detenido a X, para qué simular otro nombre, porque había pegado a su mujer. Cuando llegué a la comisaría, estaba todavía borracho y me reconoció que sí, que la había pegado, algo que luego negaría, y me pidió que hablase con su mujer para que retirase la denuncia. Le expliqué que no podía hacer eso, pero pudimos “negociar” su versión de los hechos, la que daría ante el juez. Ese mismo día la conocí. Se negó a declarar contra el marido y dijo que el golpe que tenía en la cara se lo había hecho con la puerta de un mueble del baño. Que había llamado a la policía porque estaba en la calle, en calzoncillos, borracho, y gritando, y que le había dado vergüenza por los vecinos. Y que fue la policía, al verla, la que había deducido que había existido una agresión. Ese mismo día se archivaron las diligencias.

Por esos otros asuntos volví a verla en varias ocasiones, acompañando a su marido. La mujer era incomprensiblemente amable e inteligente. Digo incomprensiblemente porque nunca comprendí como una mujer como ella había terminado casada con un sujeto como él, pero esto que acabo de decir es bullshit porque todos sabemos cómo funciona el mundo, desacompasado y obtuso. Lentamente, por detalles que no sabría explicar o que no quiero explicar, fui dándome cuenta de que ella estaba aterrorizada casi permanentemente. Y comprendí que el tipo era realmente peligroso. Un auténtico tarado.

La última vez que la vi fue a solas. Me llamó. Quería hablar conmigo. Toda una tarde charlamos. Me contó su historia, la de ella, y la de él. Una historia de terror. Sentí que era sincera, porque no había en ella nada de esa afectación con la que los que no somos mentirosos habituales adornamos las mentiras. Lo peor, me dijo sin decirlo directamente, no eran los escasos episodios en los que él la había pegado, sino la permanente sensación de que cualquier día la mataría. La sensación de que estaba siempre a punto de estallar definitivamente. Entiéndanlo, no puedo ser más preciso. Me pidió consejo y yo solo pude decirle dos cosas: que había sido abogado de su marido y que no podía asesorarla legalmente y simplemente que se fuera. Que un día, sin avisar, desapareciese. Y que, entonces, buscase otro abogado que pudiese, sin ataduras, aconsejarla. Lloró un poco, no mucho. Me dio las gracias. Me dijo que llevaba años intentando contarle esto a alguien. Luego se marchó.

A él si volví a verlo. Varias veces. Influido, sin duda, por lo que me habían contado dejó de parecerme a ratos divertido y se transparentó. Todas sus expresiones encajaban perfectamente.

Cuando perdí el contacto con él, aún estaba casado. Desde entonces, cada vez que leo un titular como el de hoy, me acuerdo de ella y es una putada, porque preferiría no acordarme.

 

7 comentarios en “Miedo

  1. Quién le iba a acusar de banalizar? La historia es terrible en sí. Francamente no sé si la gente hace bien generalizando, o cómo tiene que actuar la sociedad…

    Por cierto, está seguro que la lesgilación vigente denomina estos casos como vionecia doméstica y no de género? Lo digo porque sé que en Inglaterra lo denominan como violencia doméstica, y siempre me pareció más adecuado. Mientras que en Espana parece que intentando “integrar” una situación acabamos descriminándo otras.

  2. En España se llama violencia de género, pero yo no uso nunca esa expresión porque no me gusta. Tampoco violencia doméstica es satisfactoria del todo, pero al menos no prejuzga algo ideológicamente.

  3. Vivimos tan acostumbrados al sentimiento general de que todos se aprovechan de todo lo que pueden en las pequeñas cosas que la creencia en que se aprovecharán de la ley para hacer daño se extiende con demasiada facilidad. Eso ha provocado que se digan tantas burradas sobre las denuncias por violencia de género que cuesta mantener una conversación tranquila y con argumentos sobre cambiar la ley para hacerla más justa. A mí se me encoje el pecho al pensar que cualquier persona está en la situación de miedo que cuentas, de no saber si morirá por su pareja algún día, y no ver salida, no sé cómo se puede tener la sangre fría de ser profesional, y decir que no le puedes ayudar, que debe buscar a otro, debió costarte mucho.

  4. Estimado Tsevan:

    Totalmente de acuerdo con todo. Especialmente con dos ideas:

    “[S]olo hay un lado moral: el de las víctimas”.

    “Que un día, sin avisar, desapareciese”.

    La primera es, o debería ser, lo primero y desarrollar todo a partir de ahí. Lo segundo es la única solución para estos casos, sin esa decisión por parte de la víctima ésta vive en riesgo continuo. Con el miedo que mencionas.

    Otrosí: Yo prefiero la expresión violencia de pareja.

    Saludos.

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