No te pongas a mi lado, negro, judío, moro, pordiosero, varón

Veo este tuit:

Sobre el derecho de reunión y manifestación el Tribunal Constitucional, en su sentencia núm. 284/2005 de 7 noviembre dice:

La doctrina sobre el contenido y los límites del derecho de reunión ha sido expuesta en numerosas Sentencias de este Tribunal. (…) «[e]l derecho de reunión, según ha reiterado este Tribunal, es una manifestación colectiva de la libertad de expresión ejercitada a través de una asociación transitoria de personas, que opera a modo de técnica instrumental puesta al servicio del intercambio o exposición de ideas, la defensa de intereses o la publicidad de problemas y reivindicaciones, y cuyos elementos configuradores son el subjetivo –agrupación de personas–, el temporal –duración transitoria–, el finalista –licitud de la finalidad– y el real y objetivo –lugar de celebración– (por todas,  STC 85/1988  [ RTC 1988, 85]  ). También hemos destacado en múltiples Sentencias el relieve fundamental que este derecho –cauce del principio democrático participativo– posee, tanto en su dimensión subjetiva como en la objetiva, en un Estado social y democrático de Derecho como el proclamado en la  Constitución  ( RCL 1978, 2836). Para muchos grupos sociales este derecho es, en la práctica, uno de los pocos medios de los que disponen para poder expresar públicamente sus ideas y reivindicaciones». La vinculación libertad de expresión-libertad de reunión ha sido igualmente destacada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos en muchas de sus Sentencias; señalando a este respecto que «la protección de las opiniones y de la libertad de expresarlas constituye uno de los objetivos de la libertad de reunión» (STEDH caso Stankov , de  13 de febrero de 2003  [ JUR 2003, 50031]  , § 85), y afirmando que «la libertad de expresión constituye uno de los medios principales que permite asegurar el disfrute efectivo del derecho a la libertad de reunión y de asociación» (STEDH caso Rekvényi , de  20 de mayo de 1999  [ TEDH 1999, 23]  , § 58).

(…) En lo concerniente a su límites, hemos dicho, en la  STC 42/2000, de 14 de febrero  ( RTC 2000, 42)  , que el derecho de reunión «no es un derecho absoluto o ilimitado, sino que, al igual que los demás derechos fundamentales, tiene límites (  SSTC 2/1982, de 29 de enero  [ RTC 1982, 2]  , F. 5;  36/1982, de 16 de junio  [ RTC 1982, 36]  ;  59/1990, de 29 de marzo  [ RTC 1990, 59]  , FF. 5 y 7;  66/1995  [ RTC 1995, 66]  , F. 3; y  ATC 103/1982, de 3 de marzo  [ RTC 1982, 103 AUTO]  , F. 1), entre los que se encuentra tanto el específicamente previsto en el propio art. 21.2 CE –alteración del orden público con peligro para personas y bienes–, como aquellos otros que vienen impuestos por la necesidad de evitar que un ejercicio extralimitado de ese derecho pueda entrar en colisión con otros valores constitucionales» (F. 2), lo que también se deduce del art. 10.1 CE. Por tanto, en los casos en los que existan «razones fundadas» que lleven a la conclusión de que los límites antes señalados no van a ser respetados, la autoridad competente podrá exigir que la concentración se lleve a cabo de forma respetuosa con dichos límites constitucionales, o incluso, si no existe modo alguno de asegurar que el ejercicio de este derecho los respete, podría prohibirla.

La sentencia 163/2006, de 22 de mayo de 2006 del Tribunal Constitucional (entre otras) dice:

El contenido de las ideas o las reivindicaciones que pretenden expresarse y defenderse mediante el ejercicio del derecho de manifestación y concentración pública no puede ser sometido a controles de oportunidad política ni a juicios en los que se emplee como canon el sistema de valores que cimientan y dan cohesión al orden social en un momento histórico determinado. Al ponderar la aplicación el límite del art. 21.2, los poderes públicos deben garantizar el ejercicio del derecho de reunión por parte de todos en condiciones de igualdad y sin discriminación alguna en razón del contenido de los mensajes que los promotores de las concentraciones pretenden transmitir (salvo, claro es, que ese contenido infrinja la legalidad).

Un valor esencial de nuestra constitución es la igualdad. ¿Se puede convocar una manifestación a la que se invita a que no asistan hombres, es decir, aquella en la que se discrimina a ciudadanos por razón del contenido de los mensajes que los promotores de la concentración pretenden transmitir? (Aclaro que no sé si “no mixta” quiere decir eso, aunque no se me ocurre otra interpretación).

En principio, si leemos la ley que regula la materia y las normas del código penal, no parece que una manifestación a la que solo están invitadas mujeres pueda prohibirse, aunque sin duda encaja en la dicción general de las sentencias que acabo de copiar. Es decir en la interpretación constitucional del derecho fundamental de reunión.

¿Por qué? Es sencillo: no hay una razón admisible (de esas que permitirían habla de discriminación legal) para, en una manifestación contra la “violencia machista”, excluir a cualquier ciudadano que esté en contra de la violencia machista, sea hombre o mujer. Ese es el mensaje concreto que los promotores han decidido transmitir, según se lee en el cartel, que hay que luchar contra la violencia machista. Como es obvio, nadie podría convocar una manifestación en la que se dijese que los hombres son cucarachas o deberían estar sometidos o que hay que encerrarlos a todos o aplicarles medidas de seguridad (como un toque de queda o algo así o quizás una castración temprana), ya que todo eso sería inconstitucional (y delictivo). Si lo malo es la violencia machista, un hombre puede estar de acuerdo con ello.

Imaginemos que en Badalona se hace una concentración contra los actos delictivos y en la convocatoria se dice que está abierta a todos salvo a los gitanos rumanos. ¿Se admitiría una manifestación así?

El derecho de reunión y manifestación (en particular en la vía pública) no es propiedad de los promotores de la reunión o manifestación concreta. Es un derecho fundamental individual del que gozamos todos y cada uno de los ciudadanos y que ejercemos en conjunción con otros. Si alguien convoca a los demás para que se manifiesten en favor de algo, todos tienen derecho a acudir, siempre que no pretendan entorpecer o boicotear el acto. No solo esto es así, sino que los poderes públicos se deben asegurar de que cualquier ciudadano pueda acudir sin ser discriminado por razón de sexo, raza, religión, etc. Aunque las sentencias se refieren en principio a los poderes públicos, no sé por qué razón no se puede reclamar esta protección respecto de los propios manifestantes.

En cualquier caso, lo que me resulta evidente es que, aunque la manifestación fuese legal, ni los convocantes ni los manifestantes pueden impedir legalmente unirse a ella a quien quiera hacerlo pacíficamente para defender la causa que se invoca, por el simple hecho de ser hombre, ya que eso sería discriminatorio.

Lo interesante es que ese hecho (un intento de evitar que un hombre se manifieste) no sería algo que sucediese al margen de la propia convocatoria, sino que sería consecuencia de los propios límites que han querido imponer los que promueven la manifestación. Por aclarar esto mejor: no sería consecuencia de que los manifestantes actuasen violentamente contra alguien que creen no debe estar allí por no compartir los fines de la manifestación o por haber actuado previamente contra esos fines (como sucede en ocasiones), algo deplorable, pero que sería ajeno a la convocatoria. No, en este caso, la propia convocatoria ya estaría diciendo a algunos ciudadanos: no tenéis derecho, ciudadanos abstractos, a manifestaros con nosotras, aquí y hoy, puesto que sois hombres.

Alguien dirá que basta con que los hombres no aparezcan. Esto es peligroso. La constitución no exige militancia constitucional, pero para cambiarla es preciso utilizar los medios y hacerlo dentro de los límites que la constitución establece.

Naturalmente, no hablo de lo que la manifestación pretende transmitir al llamar solo a mujeres y de la inteligencia del asunto. Esa sería otra cuestión en la que no entro porque bah.

7 comentarios en “No te pongas a mi lado, negro, judío, moro, pordiosero, varón

  1. Tal y como yo entiendo la convocatoria, no se prohíbe a los hombres asistir, sólo se les invita a no hacerlo. Yo, como mujer, me sentiría más cómoda en una manifestación así si no participase ningún hombre. Supongo que pese a eso algunos hombres irán (bueno, según leo ya se ha cambiado la convocatoria para hacerla “inclusiva”…), ya que algunos hombres tienen graves problemas con el significado de la palabra No.

    Por otro lado, ninguna mujer va a impedir por la fuerza que algún varón se manifieste. Ateniéndonos a la experiencia cotidiana, sería mucho más probable que intente ir algún hombre sobre el que pese alguna orden de alejamiento respecto a alguna de las manifestantes a que alguna mujer se emplease con violencia.

    En cualquier caso, según mi punto de vista expresar nuestro punto de vista (preferimos que en esta manifestación no nos acompañen hombres, es algo nuestro porque es a nosotras a quienes nos están asesinando y los hombres aquí no pintan nada) no debería ser anti-constitucional.

  2. Doña Clitemnestra, ¿qué opinaría de alguien que dijese “Yo, como caucásico, me sentiría más cómoda en una manifestación así si no participase ningún africano”?

  3. ¿La ‘inteligencia del asunto’? Es probable que sólo aspiren a unos momentos de atención en la caja tonta, y algún revuelo en los medios. En agosto lo tendrán, seguro

  4. Hace unos días se ha producido un hecho que guarda una cierta relación con el asunto de post; aunque en una forma más grave y dañina: el veto a la actuación del músico americano (de confesión judía) Matisyahu en el festival Rototom, con el que la Comunidad Valenciana quería entretener a la afición. La razón aducida por los organizadores es que el músico no ha hecho una declaración previa oponiéndose a la política de Israel.

    Compromís de Castellón ha aprobado la medida porque el evento, más que un festival, “es un espacio de reflexión, paz y solidaridad” (según noticia recogida por El País).

    Hasta donde he sabido, no se ha exigido a ningún otro músico participante en dicho festival que se opusiera a la acciones del Estado Islámico, a la política de Castro con los opositores políticos, a la persecución de los homosexuales en Irán ni al régimen de Corea del Norte; por poner algunos ejemplos. La única razón del trato discriminatorio de nuestros benéficos representantes (Compromís en este caso), empeñados como están durante el día y la noche en salvaguardar la paz mundial y la concordia entre los hombres, debe encontrarse en algún rasgo diferenciador del músico en cuestión.

    Descarto las razones musicales, porque asumo que el portavoz del partido en cuestión no es especialista en música, y por malo que fuera el artista, sus desatinos musicales no pondrían en peligro “la paz y la solidaridad”. No, el motivo es otro: el músico es judío, y por lo tanto, culpable mientras no se demuestre lo contrario, de atentar contra la “paz y la solidaridad” (del mundo, se entiende). Cambiando el argumento buenista de “paz y solidaridad”, esta discriminación y petición de público arrepentimiento es muy similar a lo que exigía la Inquisición a los judíos: se debían arrepentir de pertenecer a un pueblo maldito por el crimen contra Cristo.

    Lo triste de todo este asunto es que no estamos en los tiempos de la Inquisición, sino en el s.XXI, y que la tea para eliminar infieles ha pasado de las manos de los dominicos a las de la izquierda (me gustaría pensar que no representan a toda la izquierda) “guay”, la de los “ciudadanos”. No parece que el avance sea como para celebrarlo.

  5. Me hace gracia que el primer comentario esté firmado por una tal Clitemnestra, y se manifieste contra la violencia machista.

    Tal vez no sepa quién fue la mítica Clitemnestra de la antigüedad y por qué se hizo famosa. O tal vez sí y solo quiera provocar.

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