¿Qué pasa si la mujer del César está imputada?

 

Leí este artículo de Arcadi Espada y me dije “vaya, qué cosas”, pero como hoy es 17 de agosto y cuando lo leí era 15 (fíjense en la precisión) me tumbé en otra posición (esto es absurdo, lo sé*) y hala.

Ahora, lo que sí es materia de esta época y me movió del sitio, es esta frase:

En cuanto al topos sobre la mujer del César y la necesaria prudencia estética del gobernante poco hay que añadir, como ya hemos comentado más de una vez entre nosotros: la mujer del César era la mujer de un dictador y sus obligaciones las de una dictadura.

Es justo al revés, estimado Arcadi: cuanto más se parece la mujer a la mujer de un dictador, menos aplicaremos esta frase, siempre tan mal entendida.

Supe de la mujer del César pronto, ya que Indro Montanelli, en su Historia de Roma, nos explica todo lo que tenemos que saber sobre el asunto y, como ya he contado, ese magno libro fue una de mis lecturas infantiles.

César tuvo cuatro mujeres y luego hablaré de la quinta como exemplum. La primera da igual, se la impuso el padre. La segunda, hija de Cinna, fortaleció el pacto de César con los populares, partido al que pertenecía por familia, pues Mario (el garrulo populista con cicatrices) era su tío. Cuando murió la segunda mujer, César se casó con la tercera, Pompeya Sila, nieta de Sila (qué personaje más fastuoso este), el dictador y jefe, por decirlo así, aunque no sea correcto del todo, de la derecha, de los optimates. Esta Pompeya Sila es la mujer del César que no solo debe ser honesta sino parecerlo según la versión modificada de la frase.

Cuento esto porque, en ese momento, César, dictador, lo que se dice dictador, no era: había sido cuestor, edil y pretor. Aún no había sido cónsul, ni procónsul, ni, por supuesto, conquistado las Galias. No era un mindundi, claro, pero si hubiera palmado por aquella época no saldría en un jodío libro de historia. Roma no era una democracia como la entendemos hoy, pero tampoco era un sistema autocrático todavía. Sus matrimonio tenían un fin político y el tercero también lo tuvo: transmitía la imagen de moderado que le convenía en ese momento.

César también había sido designado Pontifex Maximus y por esa razón su mujer tenía que presidir unas fiestas religiosas en las que estaba prohibida la presencia de hombres (ya saben, una manifa no mixta de esas). Un tipo, llamado Clodio, fue descubierto vestido de mujer y detenido. Se supone que quería practicar la bestia de dos espaldas con Pompeya y César se divorció.

César, en el juicio, afirmó que estaba seguro de que su mujer no sabía nada. Cuando el juez le preguntó por qué, en tal caso, se había divorciado, él contestó: “porque mi esposa no puede encontrarse bajo sospecha”. Ese es el origen de la frase. Lo interesante, sin embargo, es lo que pasó con Clodio. César tampoco declaró contra él, afirmando que el tipo al que habían pillado in fraganti y con rímel no podía ser capaz de algo así. Y eso pese a ser notorio, como cuenta Montanelli, que se había cepillado a su hermana (a la de Clodio).

La clave es esa: Clodio era el hombre perfecto para una conspiración.Una especie de cizaña a la caza de fortuna. Promotor de motines, receptor de sobornos, sablista y chaquetero, un año después del “escándalo” fue adoptado por un plebleyo de rancio abolengo (jeje) para, con el apoyo de Julio César, ser designado tribuno de la plebe, lugar desde el que pudo ayudar al gran calvo. Hizo bien de mamporrero y si no que se lo pregunten a Cicerón

Qué quieren que les diga, lo del travesti suena a montaje que apesta.

Ya llego. Esa frase sobre la honestidad de la mujer del César debería seguir usándose, pero no en el sentido habitual. Si es leche, esto blanco y en botella que les he contado, fue la ocurrencia de un político para justificar públicamente la ruptura diseñada de un matrimonio que le venía mal. Efectivamente, la siguiente, la cuarta mujer de César, Calpurnia, era hija de un tipo, Pisón, cónsul tras César, enemigo primero de Clodio y luego amiguete, que era entonces figura de cierta importancia en el partido popular. César, en uno de sus movimiento de péndulo habitual, ya estaba alejándose de Pompeyo y de su imagen “centrista”.

Esta frase es paradigmática de la política democrática, no de la dictatorial. Y es cínica como solo puede serlo la política democrática. Se trata de agarrarse a la excusa de las formas para quitar de en medio algo que te molesta y satisfacer al populacho. Fijo que el César que se cepillaba a Cleopatra no la habría pronunciado.

La prueba de que es así se encuentra en el propio artículo de Espada: ¿quiénes usan con el ministro ese “la mujer del César no solo debe ser honesta sino parecerla”? Claro, sus enemigos políticos, que saben bien cómo le gusta a la plebe rumiar maldades. Es la frase perfecta para la gran fiesta de la democracia, la transparencia y la regeneración.

 

 

NOTA: Dije que hablaría de la quinta mujer de César, la que no tuvo. Pompeyo y César habían sido aliados y, para solemnizarlo, Pompeyo se había casado con una hija de aquel, llamada Julia. Sin embargo, tras la conquista de las Galias, cada vez era mayor la distancia entre los dos hombres que más mandaban y la muerte de Julia rompió el último lazo que les unía. César, ya muy poderoso, pero aún no dueño de Roma, práctico como era, le propuso a Pompeyo lo siguiente: se divorciaría de la cuarta, Calpurnia, y se casaría con la hija de Pompeyo. Ese matrimonio le habría devuelto al “centro”. Ya ven, la mujer del César era pura política de partidos.

Pompeyo no aceptó. Luego perdió. Luego César sí se hizo dueño de Roma.

* “Agosto” es la palabra clave.

Un comentario en “¿Qué pasa si la mujer del César está imputada?

  1. Empujan los bárbaros desde todos los frentes y en este blog se habla de Roma. Una aldea poblada por irreductibles romanos resiste todavía y siempre al invasor. Y encima les da tiempo a pintar la fachada. Que dure.

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