Adivina dónde está tu deuda

 

“La definición de una auditoría ciudadana de la deuda es que la ciudadanía elija qué es deuda legítima y deuda ilegítima, qué deuda se debe pagar y cuál no, más allá de lo que sea legal o ilegal”.

“Para nosotros ilegítimo es lo que se ha hecho a espaldas de la ciudadanía, para el bien de unas pocas personas en contra del resto de la población, pero incluso vamos más allá y decimos que también es ilegítima una deuda que provoca carencias en otros ámbitos: para nosotros es ilegítimo dejar de pagar en gastos sociales para pagar deuda”.

Lo dice un señor llamado Yago Álvarez y, al parecer, su discurso ha sido asumido por los gobiernos municipales de Madrid, Cádiz y, quizás, algunos más.

Este sinsentido que tanto aburre analizar por obvio presenta un aspecto que me resulta especialmente gracioso: antepone el pago de la deuda al pago de gastos “sociales”. Como si fueran pagos del mismo tipo, como si fuera igual decidir entre gastar y pagar lo que debes. La putada, como sabe cualquiera que tiene deudas, es que lo que devuelves es precisamente el dinero que ya has gastado más la ganancia del que te lo prestó.

Lo voy a repetir: el que ya has gastado.

No puedes gastar dos veces lo que ya has gastado. No puedes decidir que lo que ya gastaste, hoy vas a gastarlo de nuevo en otra cosa.

Esa es la estafa implícita en el razonamiento. En realidad, lo que estos señores están defendiendo no es optar por gastar en algo en vez de gastar en otra cosa. Ni siquiera están defendiendo (que también) dejar de cumplir la ley. Defienden algo mucho peor: romper la base del comercio, la obligación de cumplir lo pactado y de devolver lo que te prestaron.

El problema de esta conducta filibustera es que te convierte en un filibustero. La sociedad y el comportamiento altruista se basan precisamente en la confianza, en el recuerdo y en el castigo al que incumple. Las sociedades ricas son aquellas en las que se respeta la ley y se respetan los pactos. En esas sociedades hay inversión a largo plazo porque sabes que los que te rodean harán lo preciso para que recibas lo que te corresponde.

Por otro lado, romper los pactos tiene un precio inmediato. Te convierte en un proscrito. Más tarde va desapareciendo el problema entre optar por pagar deuda o por pagar gastos sociales, porque termina no habiendo dinero para pagar nada.

La parte básica del asunto es así de simple y todo la retórica sobre que esto pueda evitarse es humo. Humo de trileros.

 

NOTA: Ya advierto al que me va a decir que los trileros eran los que nos gobernaban antes, que esos que nos gobernaban antes somos nosotros. Tan nosotros como los que nos gobiernan ahora. De nada.

7 comentarios en “Adivina dónde está tu deuda

  1. Malos tiempos aquellos en los que es necesario recordar lo obvio. Esta nueva izquierda que está poniendo a prueba la afirmación de Fukuyama respecto al fin de la historia, se refugia en el infantilismo de muchos votantes, que creen, presumamos que de buena fe, que tapando los efectos se evitan las causas. Si hay algo que nos salva es el estado de derecho, no es la voluntad de los que mandan sino la ley la que rige nuestros actos. Ciceron lo dijo, para ser libres hay que ser esclavo de la ley.
    Pero si dices eso eres un facha, neoliberal y sostenedor de la casta.

  2. En el mundo empresarial se reestructuran y refinancian deudas permanentemente, es algo muy habitual y una parte del funcionamiento del sistema de economía de mercado.

    Se me viene a la memoria el caso de General Motors, pero ha habido otros muchos. Sobra decir que General Motors no es un proscrito, que un empresario que quiebra su empresa, deja “pufos” y abre otra nueva empresa tampoco es un proscrito. Por fortuna para todos y la salud de nuestra economía.

    Es una suerte que vivamos en un mundo donde las deudas no son sagradas, sino no habría apenas empresarios ni empresas.

  3. Hablar de ilegitimidad de la deuda es como pretender arrebatar la legitimidad a los gobiernos que la gestionaron.
    Muchos españoles tienen como costumbre achacar a otro la causa de todas sus desgracias (aquellas de las que es responsable y aquellas de las que no) y en el tema de la deuda pública no iba a ser de otra manera.
    Desde el momento en que gobiernos legítimos, elegidos de manera legítima, se embarcan solicitan préstamos, somos todos los españoles los que estamos solicitando préstamos y somos todos los españoles los que estamos adquiriendo un compromiso de pago. Como bien escribe tsevanrabtan, si impagamos, impagamos todos, porque, al fin y al cabo, aquellos que nos endeudaron lo hicieron en representación nuestra y aquellos que pudieran impagar lo harían de igual manera representándonos.
    Por ello es importante que la elección de aquel partido político al que vamos a votar sea responsable y meditada, porque de ello va a depender en gran medida nuestra calidad de vida.
    En un país en el que el “hooliganismo político” se apodera de gran parte de la población y un gran número de votantes poco o nada conoce del programa electoral del partido al que vota ocurren cosas como ésta, gobernantes que pretenden “deslegitimar” lo que, de manera legítima, hicieron los anteriores.
    Según mi parecer, la deuda hay que pagarla y, por supuesto, ser muy conscientes de a quién se le entrega el voto.

  4. Una duda me asalta: una deuda con un adjudicatario de un contrato declarado judicialmente fraudulento, con dolo por parte de adjudicante y de adjudicatario ¿hay que pagarla?
    Me refiero al normal contenido de las sentencias.

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