Un regalo de piedra

 

Mi madre murió en enero de este año. Era dura. Hace muchos años, en una de esas reuniones de familia en las que hablamos del pasado para hablar del presente, alguien me preguntó por qué nunca me había visto llorar. No tenía conciencia entonces de ese detalle, pero descubrí que tampoco yo me recordaba llorando. Mi madre me miró con algo parecido a la complicidad y dijo: es que es duro.

Estoy a punto de cumplir cincuenta años y sigo sin recordarme llorando, pero qué sabía mi madre. Lo suyo era simple presunción de la sangre y del prejuicio, y quizás un orgullo vano, estéril. Un regalo de piedra.

Así era ella: dura.

 

 

 

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4 comentarios en “Un regalo de piedra

  1. No sé, Tsé. Creo que lo suyo no es la resignación o el catastrofisno. Creo que algo le conozco y no le recuerdo un momento de abatimiento total (y seguro que los tiene). Al contrario, cuando ya todos hemos tirado la toalla y simplemente soltamos “esto es imposible”, ahí está Usted para motivar y mostar que “es posible”. Si alguien me preguntara sobre Usted diría que es la persona más alegre que conozco. Y con una alegría de alguien que conoce la vida y al ser humano de una manera tremendamente realista. Sobre todo, cuando en ocasiones legalmente se le pone al límite. Sigue manteniendo esperanza, alegría por la vida, y amor por el ser humano.

    Le admiro y secretamente me digo: Cómo lo hace este tío?

    Sí, un tipo duro.

  2. Yo pienso que la dureza no tiene por qué relacionarse con la ausencia de lágrimas. Es más, creo que las personas más duras probablemente son aquellas que han llorado en más ocasiones que las aparentemente duras por haberlo hecho un menor número de veces o no haberlo hecho ninguna. Digo esto porque el lloro es catártico y, sin ánimo de llevar este comentario a un plano estrictamente numérico, creo que cuanto más se llora, más fuerte puedo uno llegar a ser, pues tras la catarsis somos duros, muy duros, o al menos así me ocurre a mí. Aunque admito que debe haber un límite a partir del cual el nº de lloros no es sinónimo de dureza, sino de debilidad, y que si una persona llora mucho y muchas veces es porque sencillamente es débil. Yo no sé si seré duro (o débil), porque eso es algo que corresponde a los demás decir, además de que suelo sobreestimar mucho mis capacidades y daría una opinión muy sesgada, pero lo cierto es que he llorado algunas veces. Y esos días de mi vida en los que lloré, amarga y tristemente, son como los nódulos de Ranvier de neurona; limitan mis errores, me proporcionan velocidad.

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