My pleasure

 

Hace unos años escribí, en otro blog, este pequeño relato:

B

Cuando B llegó a casa se encontró con su suegra y, al mirar más atentamente, notó que detrás de ella estaba su mujer, parapetada o presa, según el punto de vista. Saludó con desgana, los brazos colgando, mientras intentaba disimular el asco. La boca de su suegra le repugnaba y su mal aliento y el tono de voz, tan chillón, tan porcino. B era meticuloso, algo neurótico y, aunque su biografía se resumía con facilidad en un par de líneas, había soñado. Rozó veinte años atrás, sin querer, el codo de una hermosa mujer, rubia, de pelo largo, con una falda negra ajustada y una camisa blanca. Había construido alrededor de ese momento una vida paralela, repleta de dones. Por eso le gustaban las películas en las que aparecía una villa en lo alto de una montaña, con vistas al mar; porque se imaginaba libre, sentado en una hamaca, la brisa de frente, el ruido de las olas, una copa en la mano y ella llegaba, siempre bella, y le acariciaba la nuca con un beso. Su mundo imaginado se componía de estampas y no de historias, y no exigía conversaciones, porque todo se resumía en miradas, en gestos pausados, en invitaciones a un amor sin apresuramiento. Y aunque se casó con ella, ella no estaba en sus imágenes. Ella era una extraña a la que conocía furtivamente bien, porque B era observador. Años atrás oyó en la radio una palabra con una sonoridad que apreció: entomólogo. “Soy como un entomólogo” se dijo. “Los miro y no se dan cuenta”. Sí, B la conocía bien, llena de manías desordenadas. Casi no recordaba que hubo un tiempo tolerable, cuando ella se acicalaba y hablaba de viajes, cuando odiaba a sus padres, “como los odio”, decía, y buscaba la mano de él bajo la mesa de los cafés. B llegó a pensar que ella era real y su amada era falsa. Llegó a creer que un día podrían tumbarse en una cama con una mosquitera que se mecería lentamente y ella desnuda e impoluta, sin prisa, solos los dos. Pero había sido un espejismo. “Mi vida es un espejismo” se decía a veces, asombrándose con su precisión. Así que había asumido su falta de suerte. No la tuvo con ella ni con su trabajo. B vendía juguetes en una tienda del centro. Pero eso no importa, era rutina, y B se había acostumbrado a la rutina. Así que saludó con desgana y colgó su abrigo. Fue al baño y se lavó las manos. Un plato caliente le esperaba en la cocina, con un vaso de leche. Encendió el televisor y subió el volumen. Y se acordó de aquel profesor que les había enseñado que masticar bien la comida alargaba la vida diez años, por lo menos. Colocó rectos, paralelos, los cubiertos, mientras se miraba las manos, distraídamente. Entonces B notó que unas gotas de leche habían caído sobre la mesa. Acercó un dedo lentamente, pero se detuvo. Blancas islas en los mares del sur. El sol en la cara y el sabor de la sal. Y la mirada de B se pierde en el horizonte, allí donde termina el mundo.

Lo recupero porque hay dos momentos maravillosos en dos películas que me gustan mucho, que tienen relación con él.

Una es Ciudadano Kane y el momento es este:

A fellow will remember a lot of things you wouldn’t think he’d remember. You take me. One day, back in 1896, I was crossing over to Jersey on the ferry, and as we pulled out, there was another ferry pulling in, and on it there was a girl waiting to get off. A white dress she had on. She was carrying a white parasol. I only saw her for one second. She didn’t see me at all, but I’ll bet a month hasn’t gone by since that I haven’t thought of that girl.

La otra es Grand Canyon:

One morning, about three years ago, I was on my way to a meeting at the Mutual Benefit building on Wilshire, in the Miracle Mile. I love that name – the Miracle Mile. It’s the building across the street from the county art museum, I was thinking about the meeting I was going to, I was worried about it, actually, I started to step off the curb, A stranger grabbed me and yanked me back as a city bus went flying by my nose, I mean, it just fiilled up the world six inches from my nose, I would have been like a wet bug stain on the bus, I wouldn’t have even felt it, it would have been over so fast, I thanked this stranger, this woman in a baseball cap, but I was pretty much in a daze, When I thanked her, she said ”My pleasure,” I didn’t notice till the last moment that the cap was from the Pittsburgh Pirates, my favourite team since I was a kid. I never got over the idea that I should have thanked that woman more, talked to her a while, something. She reached out and yanked me back from the edge, literally. Changed everything for me, and for my wife and my son, and then she just wandered off down the Miracle Mile. How come she was wearing a Pirates cap? I just wondered, later on, was she for real, you know? Was that a real person or was that something else, you know, sent from somewhere else, to grab me back from that curb? I didn’t wanna just let you Simon drift away like she did and never talk to you. It just didn’t seem right to let it happen twice. So that’s why I’m bothering you.

A veces es como si mirásemos por el otro lado del aleph y no viéramos ya el populoso mar, el alba y la tarde, sino solo a nosotros mirando el aleph.

¿Informarse? ¿Dónde?

 

Veamos un ejemplo de manipulación de libro. De Libertad Digital.

El ministro Catalá dice:

“Creo que lo que ha tomado en consideración el TSJC es no haber interferido en el proceso electoral y no haber llevado este tipo de actuación a las últimas semanas, donde seguramente si hubiera podido haber una cierta contaminación de un proceso judicial y electoral”

Es decir, Catalá se pone a interpretar lo que hacen otros. Vamos, lo que hacen todos los tertulianos y opinadores de este desgraciado país, sepan o no de qué hablan.

Hoy, el mismo diario titula:

Rajoy corrige a Catalá: “Es falso que el Gobierno haya influido” en los tribunales sobre Mas

Como es obvio, es imposible que Rajoy corrija a Catalá al decir eso, porque Catalá no ha dicho que el Gobierno haya influido “en los tribunales”.

Además, ¿ha dicho Rajoy lo que el periódico titula? Tampoco. Ellos mismos entrecomillan esto:

Es falso, además de profundamente injusto, atribuir esta decisión al Gobierno. Esta es una decisión que corresponde a quien la ha tomado que es el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña que ha decidido citar al señor mas el día en que ha decidido citarlo”.

El presidente del Gobierno defendió, en clara respuesta a Mas y a las acusaciones de los políticos independentistas, que “aquí hay separación de poderes“, y que el el poder ejecutivo “no tiene nada que ver con las decisiones que toma el Tribunal Superior de justicia de Cataluña”. “Lo único que hacemos”, añadió, “es acatarlas y respetarlas y eso creo que deberíamos hacer todos”, dijo en referencia al presidente catalán.

Dicen: “en clara respuesta a Mas y a las acusaciones de los políticos independentistas”, pero el titular afirma que el corregido es el ministro.

El propio periódico dice una cosa y la contraria. Y, además, el propio periódico se dedica a afirmar que la sala que adopta la decisión está prácticamente en manos de CiU, en un artículo bastante lamentable que tira la piedra, esconde la mano, que insinúa, y que afirma que la fecha de marras se ha escogido para favorecer a Mas (pero Rajoy corrige a Catalá).

Otro ejemplo sobre el mismo asunto: El País diciendo, sin decirlo formalmente, que lo que formalmente hace el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña informalmente lo hace otro. O Manuel Jabois atribuyendo al Gobierno algo, esta semana, que no especifica, pero que convierte a Mas en Truman, el del show, no el de las bombas.

No miro más prensa, porque estoy prácticamente seguro de lo que voy a encontrar. Y porque estoy cansado de encontrar mentiras.

Mal día hoy para los diarios. Y vamos para mal mes; mal año; mal siglo.

Bubbles

 

Uno de los personajes esenciales de The Wire es Bubbles, un toxicómano, confidente del detective McNulty. Esto que viene a continuación es un mínimo spoiler: Bubbles intenta desengancharse, pero, cuando está en camino de conseguirlo, se le pide que vuelva al lugar en el que obtiene sus informaciones. Él lo hace, por amistad, pero es perfectamente consciente de las consecuencias. Los demás no lo comprenden; en parte porque Bubbles es un toxicómano, no un hombre. Hay algo “hitchcokiano” en esa narración: los espectadores vemos la bomba en el autobús, pero los pasajeros no. Conocemos la información, pero no podemos hacer nada por avisar a los protagonistas. También hay una referencia a un estereotipo universal: el destino inevitable: Edipo, Casandra, Otelo, Lear. Bubbles ya está muerto y lo sabe. Vive en el infierno, transportando almas con su carrito de supermercado, por una moneda. Nos hubiera gustado que viviera, pero Plutón no está por la labor de dejarlo ir.

Un día, cuando se ha acostumbrado a su presencia, el espectador decide que no quiere perder a Bubbles. Escoge a una mujer vulgar, que se le parece, le cambia el peinado, la desviste, la viste de blanco y suena un Mahler trucho que anuncia que ha vuelto de entre los muertos. El espectador se ha convertido en un adicto. Lentamente se va transparentando y cada vez se ve mejor el óbolo en su bolsillo.

 

 

 

Aznar, el hombre sin pasado

 

Leo en FAES una nota de prensa con declaraciones de José María Aznar sobre las elecciones en Cataluña.

Por lo que veo, se interpreta incluso como una ruptura total con Rajoy.

Después de leerlo, me queda la sensación de que Aznar ha decidido olvidar su biografía para dar gasolina a los que, por joder a Rajoy, están dispuestos a llevarse lo que sea por delante.

Lo digo porque no hay uno solo de los males del PP que no estuvieran presentes cuando Aznar gobernaba. Ni uno. Se le pueden reprochar muchas cosas a Rajoy, pero que el reproche venga de quien ya tenía en su partido a todos los que ahora están implicados en escándalos de corrupción, y de quien pactó con CiU y el PNV para obtener el gobierno de España, jodiendo de paso a su partido en Cataluña, que nunca levantó cabeza, es sangrante.

Creo que los males de Rajoy y las pérdidas de voto en varias elecciones no tienen nada que ver con una supuesta tibieza en su defensa del constitucionalismo. Es mucho más fácil explicarlas como reacción a las consecuencias de la crisis económica y a la corrupción. Aznar tuvo la suerte de no tener que lidiar con una crisis económica; menos, con una como la que nos ha azotado, y a la que Rajoy y su gobierno se están enfrentando. Añado: se están enfrentando con un éxito que produce ardor de estómago a sus enemigos, por la derecha y la izquierda.

Si el PP es culpable del crecimiento del nacionalismo, lo es el PP que diseñó Aznar y el que heredó Rajoy. Nada hay desde 2004 que no estuviera antes.

Y su retórica está vacía. Yo no creo que las terceras vías sirvan para nada, ni que sea preciso reformar la Constitución, pero admito que se pueda discutir, porque de eso va el proceso político: de cambiar las reglas conforme a las normas que nos hemos dado. Él , a esto, lo llama “extravagancias”. Pues, sin ciertas “extravagancias” políticas, él no habría sido presidente del Gobierno.

Y da un poco de vergüenza que acuse a Rajoy de tener dudas sobre el “orden constitucional”. El orden constitucional incluye las normas para su reforma, pero Aznar ha decidido olvidarlo.

Lo cierto es que, después de cuatro años muy duros, en los que tantos se prometían el caos, el rescate, el hundimiento de España, el surgimiento de un nuevo sistema político y la ruptura de España, los secesionistas están en el mismo sitio en el que estaban en 2012 (con los mismos apoyos y menos escaños), encadenados a una retórica ilusa, España no se ha hundido, no hemos sido intervenidos, crece la economía, baja el paro, nos financiamos mejor, y Rajoy sigue diciendo que el límite es la ley.

Y hartan de las críticas gratuitas, provenientes de los que fueron pecadores o de los que anunciaban el Apocalipsis.

 

 

Di sí a Madrid

 

¿Sería viable el Estado de Madrid? Sin duda. Tenemos el Zoo, la Casa de Campo, unos museos chulos y la sierra; y más de seis millones de habitantes. Un montón de países del mundo tienen menos y les va de miedo. Incluso organizan carreras de Fórmula Uno. Uno de los problemas es que estaríamos rodeados y tendríamos que organizar un puente aéreo o comprar un “corredor polaco”. Esta última posibilidad me parece poco práctica: cada madrileño querría que se comprase el corredor justo hasta la playa en la que tiene su apartamento.

Quitando ese pequeño inconveniente, que se podría resolver con buena voluntad (el pragmatismo se impondría, no hay duda), lo demás es sencillo. Las balanzas fiscales nos son muy desfavorables y nos sobraría dinero para construir una M-90 subterránea por si hay una guerra nuclear o un apocalipsis zombi. No tendríamos que construir estructuras de Estado, porque las tenemos casi todas. Y como nos sobrarían, podríamos alquilar espacios al restospaña y sacar un dinero que nos vendría bien. Los pasaportes los hace la Fábrica Nacional de la Moneda y Timbre. Y allí se emiten los euros. Ya me contarán que problema íbamos a tener.

No seré yo el que niegue que existen algunos riesgos. Por ejemplo, que se nos cuele gente venida de fuera con la pueril excusa de visitar a un primo, un tío o un hijo. O que el Atlético de Madrid siempre quede segundo en la Liga, generando un resentimiento aún mayor del que padecen históricamente como consecuencia de su retraso civilizatorio. Sin embargo, los beneficios son indiscutibles: votar solo con gente de Alcorcón o de Buitrago, personas que comparten una cosmovisión con uno y no con alicantinos o lucenses, que hablan raro y realizan extraños ritos de paso como bautizos, comuniones, bodas y entierros. El mapa de Madrid quedaría muy bien en un mapamundi: ahí, justo en el centro del restospaña; como dando por saco, ya me entienden.

La única cuestión es cómo. Es obvio que hace falta una mayoría cualificada de madrileños para iniciar este razonabilísimo proceso y que ahora mismo no se da. Esto, creo, es debido a la secular ocultación de nuestra identidad nacional. La República Madrileña ha sido demasiado aperturista y ha admitido con exceso de generosidad a un montón de gente que viene de lugares mucho más pobres y atrasados. Todo esto, naturalmente, viene de cuando Franco llenaba trenes con analfabetos para diluir el ser madrileño.

Un plan ambicioso ha de pasar por atraer solo a inmigrantes daneses, holandeses y noruegos, utilizando para ello nuestro sol, el estanque del Retiro y la belleza morena de la mujer madrileña. En segundo lugar, nuestro himno ha de ser mundialmente conocido y un banderín de enganche para niños y mayores. Propongo el del Real Madrid. Hemos de revisitar inteligentemente la historia madrileña para descubrir esos hitos en los que se nos impidió alcanzar la libertad plena: el motín de Esquilache, el dos de mayo, el 23F. Hay que buscar un par de monjas que le den color a las discusiones. Por último, hay que asaltar el Palacio de la Zarzuela y montar una ejecución retransmitida a todo el mundo que se caracterizará por su civismo.

Porque todo es mejor que seguir como estamos. En vez de soportar el proceso eterno catalán, hagamos el nuestro, y escojamos nuestro calvo genuino.

Al menos, así, alguien vería Telemadrid.

 

Una nota al pie

 

Por eso de la mercadotecnia, propuse un juego de adivinanzas en tuiter que llevó felizmente a que tuviera que escribir algo sobre Diógenes de Sinope. Es feliz la tarea porque puedo completar, con una especie de nota al pie, mi entrada de ayer.

Todos ustedes conocen la anécdota de Alejandro Magno y Diógenes. Pregunta el autócrata qué puede hacer por él y el filósofo responde: apártate y dejar de hacer sombra. El macedonio afirma que, de no ser Alejandro, le gustaría ser Diógenes. Es algo que veremos a menudo: hombres más allá del bien y del mal desafiando al poder absoluto y saliendo incólumes. Como el que insulta a Calígula; como el que agrede a Adriano; como la pianista que devuelve a Stalin la paga y promete rezar por sus pecados. Puro entretenimiento para el tirano.

Diógenes inventó la palabra cosmopolita. Yo, que he escrito esto, no puedo compartir el pensamiento del cínico, aunque lo comprendo. Nadie, en el mundo antiguo, podía pensar en un gobierno racional del mundo, por lo que ser cosmopolita era una simple llamada a una cierta virtud común, a una forma natural de ser bueno, desprendiéndose del deseo. Hubo un emperador que repetía el mensaje de los cínicos y que quiso ajustar su biografía a esa disciplina. Es el hombre que decía que la araña atrapa moscas y el emperador atrapa sármatas, pero una y otro no son más que pequeños ladrones. Decía eso, pero era el emperador. Era el que daba sombra mientras escribía como si viviera en un tonel. Escribía como ciudadano del mundo, pero impuso a Roma un hijo estúpido que quería ser gladiador.

Ese es el problema del exilio interior. El exilio interior es la forma más extrema de cosmopolitismo. Como dijo Renoir, lo malo es que todos tiene sus razones. Así que, para evitar la pelea, llego a la equidistancia suprema, al cosmopolitismo supremo: todo lo critico y como busco a un hombre honrado con un candil y a nadie encuentro, los demás me llaman sabio y loco y gran hombre. Me lo llaman, pese a la suprema injusticia de no distinguir entre el que tiene mil vicios y el que tiene solo uno. Y todos, los muy malos y los menos malos, me aplauden, porque a todos igualo.

Ser así un ciudadano del mundo, ya lo ven, no es más que una forma de cobardía. No lo reprocho; yo sería tan cobarde como cualquiera si tuviera que vivir con la maleta preparada, como le pasó a Shostakovich.

Hoy escribe Savater algo hermoso:

Cuando veo una bandera española es como cuando veo una bandera de la cruz roja: señala un sitio en que seré atendido.

No se trata de buscar un mundo sin banderas o sin Estados. Sin ellos, los hombres no encontrarán donde acogerse a sagrado. Con muchos, siempre surgirá la tentación de diferenciar a los unos de los otros. Solo precisamos uno, basado en el imperio de la ley democrática; uno en el que el ciudadano pueda razonablemente encontrar un lugar en el que ser libre.

Exilarme al interior y ser libre, pero serlo por saber que podría serlo fuera.

 

La civilización gana de nuevo

 

No sé si es cierto lo que hoy ha dicho el ministro del Interior tras la detención de cuatro presuntos etarras: que esta detención es el acta de defunción de ETA.

Si es cierto, este es un momento que la gente más joven comprenderá difícilmente. Después de décadas, ya no hay una ETA que mandar y ya no hay quien mande en ETA. Durante mi adolescencia y juventud, ETA era como una versión de pesadilla del tiempo. Salía en cada telediario, emporcando nuestras vidas. Y lo hacía después de haber matado a alguien de un tiro en la nuca o tras la explosión de una bomba, en alguna calle o plaza que conocías bien. Los límites reales de nuestras vidas incluían dentro el desecho terrorista.

Me alegra que esta noticia no sea noticia de portada, que casi aparezca en un teletipo ridículo, en una nota corta con membrete oficial o en la declaración de un ministro gris, que no le importe ni a los que en una época jaleaban a esta gentuza.

ETA ya ha ido por un vaciadero de basura. Solo queda el olor.

No es poco.

Patriotas

 

Trueba me interesa poco. Me interesa poco lo único que, a bote pronto, podría interesarme de Trueba, que es su cine, ya que a él no lo conozco y no sé si cocina de puta madre la tortilla de patatas o recita a Baudelaire con tanta autenticidad que arranca lágrimas a sus oyentes.

Imaginen, por tanto, lo que me interesa que se sienta español o escita del Turquestán. Por eso me llama la atención el cabreo generalizado de la gente ante sus palabras. “Es un maleducado”, dicen unos. No sé por qué, pero aunque lo fuera, ¿qué? ¿Os preocupáis tanto por los modales de todo el mundo?  “Ha hecho sus películas con el dinero de los españoles”, dicen otros. Y yo me vuelvo a preguntar ¿y qué? ¿Acaso en las bases de esas subvenciones se incluía sentirse español o no decirlo en caso contrario? No me gustan las subvenciones al cine, pero, en fin, imagino que se fundamentan en el proyecto cinematográfico en cuestión y en la vecindad administrativa del autor o el productor (hablo del dato objetivo, no de las corruptelas del proceso).

En más de una ocasión he discutido con amigos sobre esto del patriotismo y siempre he afirmado que no creo (que no puedo creer) en otro patriotismo que un patriotismo legal, ciudadano, basado en una idea compartida de cómo tendría que ser mi nación. Mi patria, por tanto, podría estar en cualquier lado y, en su manifestación ideal, estaría en todos ellos. Mi patria no tiene base territorial. En mi patria racional, cabe todo el que quiere vivir civilizadamente; cabe cada idioma y cada producto cultural, siempre que el que lo aporte ajuste su comportamiento a ciertas reglas que nos permitan convivir y ser libres. Mis sentimientos de españolidad, cuando puedan aparecer, son en realidad un lastre, un producto reptiliano, grupal. Supongo que existen defensivamente, pero preferiría que desaparecieran. Sería un magnífico síntoma. Mi patria, por tanto, no es una patria, tal y como se ha entendido habitualmente.

Si, pese a estar de acuerdo con lo que acabo de exponer, nos aferramos a esos sentimiento es por el miedo a la apatridia. Por miedo a no ser de ninguna tribu. Qué magnífico sería un mundo en el que ese miedo no existiese. En el que bastase un pasaporte que nos acreditase como seres humanos civilizados.

En cualquier caso, surgida la polémica y puestos a simpatizar con alguien en esto, simpatizo con Trueba. Además de por lo expuesto, por una razón bien sencilla: si todos los seres humanos padeciesen el mal de Trueba, es decir, no sentirse de ninguna patria, nos ahorraríamos millones de muertes inútiles. Lo firmo ahora mismo.

Naturalmente, esto solo exige que Trueba sea sincero y que su artefacto no sea una boutade de intelectual supuestamente de vuelta de todo. Como he dicho, no lo conozco. No tengo ninguna razón para presumir que no sea sincero.

Además, me tiene completamente sin cuidado que lo sea o no. Con serlo yo, tengo suficiente.

 

¿Y si Cataluña rompe España qué?

 

Paula Fernández de Bobadilla, Cristian Campos y Ximena Maier han publicado este “¿Y si Cataluña rompe España, qué?”

En él, cincuenta y tres personas relevantes y una ficción responden a un cuestionario sobre el coñazotemaquenosocupa, es decir, España y una de sus partes, Cataluña.

Les conmino a que lo lean. Merece la pena.

Por mi parte, copio a continuación todas mis respuestas:

  1. ¿España roba a los catalanes más de lo que roba al resto de los españoles? ¿Debe tener límites la solidaridad de los catalanes con el resto de los españoles?

España no puede robar nada a los catalanes por definición, ya que España es un centro de imputación, una ficción jurídica. Los catalanes son España, como lo son el resto de los españoles.

En cuanto a la “solidaridad”, la cuestión está mal planteada: la “solidaridad” se da entre ricos y pobres en todas las sociedades. En todas. Entrecomillo “solidaridad” porque esta, en realidad, es el precio que paga el rico para seguir siéndolo. El siguiente paso es conocer la cuantía de las transferencias, pero estas, también por definición, se producen entre individuos, no entre rocas, piedras y ríos. Solo si Cataluña fuera un Estado diferenciado, podría tener sentido plantear una cuestión así, aunque pronto será una pregunta anacrónica, porque en nada (históricamente hablando) los Estados de la Unión Europea serán el equivalente a nuestras comunidades autónomas o a un estado dentro de uno federal. En resumen, la pregunta encierra un falso dilema creado para hacer creer a los catalanes de clase baja que los españoles de clase baja de otros lugares se quedan con algo que es suyo. Es un pan y circo de libro.

  1. ¿Es viable social, política, cultural y económicamente una Cataluña independiente?

Claro.

  1. ¿Es viable social, política, cultural y económicamente una España sin Cataluña?

Claro.

  1. ¿A usted le importaría que el idioma catalán desapareciera? ¿Por qué?

No. Los idiomas son básicamente instrumentos. Solo importa su utilidad. Una lengua universal es más útil que seis mil lenguas porque todos los hablantes de esa lengua podrían entenderse sin necesidad de traductores. En ese momento, la lengua local del hablante que dominase una lengua universal sería un lujo. No tengo nada en contra de los objetos de lujo, pero no me parece esencial su existencia concreta.

  1. ¿Y si el que desapareciera fuera el idioma español?

Respondo lo mismo que a la pregunta anterior.

  1. ¿Y por qué no debería permitirse que los catalanes se independizaran si así lo desean mayoritariamente?

Porque España ya existe como Estado y multiplicar los Estados es inútil y retrógrado, además de suponer un gasto frívolo de energía y riqueza, salvo que el Estado del que formas parte no garantice un estándar básico de derechos individuales. Como España los garantiza de manera suficiente, crear un Estado nuevo es una frivolidad peligrosa.

  1. ¿A usted le gusta España? Suponiendo que se le permitiera vivir con su mismo nivel de vida actual en cualquier país del mundo, ¿escogería España?

Me gusta moderadamente. Solo me plantearía vivir en otro lugar del mundo con un nivel de vida mayor al que ahora tengo. Ya que tengo que cambiar, retóricamente hablando, por lo menos que sea con premio.

  1. ¿Por qué debería creerme que en una Cataluña independiente se respetarían los derechos de los españoles si en la Cataluña dependiente se ha multado a comerciantes por rotular su negocio en español?

Por lo que sé no se ha multado a nadie por rotular en español, sino por no hacerlo, a la vez, en catalán. También esto me parece estúpido, pero no es exactamente la misma estupidez. En cuanto a si se respetarían los derechos de los “españoles”, doy por sentado que la pregunta hace referencia a los individuos del nuevo Estado que hubiesen sido contrarios a la secesión y no a los turistas. Si es esa la pregunta, no tenemos por qué creer nada: ese Estado nuevo podría adoptar cualquier forma y, aunque la tendencia lógica al estar formado por individuos que han vivido en occidente fuese la de convertirse en un Estado similar a los que lo rodean, la necesidad de afirmación, al ser tan joven, podría desembocar en formas más o menos intensas de sometimiento de las minorías, sobre todo porque algunas serían prácticamente mayoritarias.

  1. ¿Es España algo más que un ente administrativo puramente instrumental? ¿Qué, en concreto? ¿Lo es Cataluña?

España es un ente instrumental. Como todos los Estados. Un ente al que dotamos de “alma” para justificar racionalmente políticas irracionales compartidas. Cataluña es también un ente administrativo puramente instrumental, aunque de otra categoría ya que no es un Estado.

  1. Los catalanes quieren emigrar de España pero sin moverse del sitio y sin soportar ninguna de las incomodidades asociadas a una ruptura traumática con su país actual. Rebátalo.

No soy muy partidario de los ejercicios retóricos, pero en este caso es fácil rebatir el argumento por varias razones. Una: no existen “los catalanes”. Ni siquiera, al ser esta una cuestión compleja, difícil de responder con un sí o un no, creo que pueda decirse con mucho sentido “una mayoría” o “una minoría” de catalanes. Dos: dudo mucho que los catalanes que quieran una secesión sepan, salvo con pocas excepciones, en qué consistiría. Tres: muchos catalanes estarían dispuestos a una ruptura traumática, en mi opinión. Mantengo esto, aunque con reservas, porque la experiencia histórica nos indica que los españoles somos poco prácticos cuando se trata de ciertas aventuras esenciales y los catalanes son españoles. Es posible incluso que uno de los atractivos del secesionismo sea el aspecto peligroso de la secesión. Por desgracia, por poco prácticos, los españoles no solemos admitir nuestros errores con facilidad, por lo que tendemos a echar la culpa a otros y seguimos adelante, aunque seguir adelante sea peor que parar y admitir nuestra equivocación. Naturalmente, esto no excluye que los secesionistas prefiriesen un cambio inmediato y sin ninguna de las consecuencias perjudiciales para ellos: es decir manteniendo la nacionalidad española.

  1. ¿En qué cambiaría su vida si Cataluña se independizara? ¿Adoptaría algún tipo de decisión personal (por ejemplo mudarse o boicotear los productos catalanes o españoles)?

Creo que mi vida sería peor, porque sería peor la vida de todos los españoles. En cuanto a un posible boicot, solo haría aquello que considerase preciso para asegurar mi patrimonio: por ejemplo, no mantendría mis ahorros en una entidad bancaria domiciliada en Cataluña o con la mayor parte de su patrimonio en Cataluña.

  1. ¿Qué diferencia hay entre un nacionalista y un patriota?

El nacionalista quiere irracionalmente algo que no existe. El patriota defiende irracionalmente algo que existe.

  1. Los que por inmovilismo se opusieron en su momento a la Constitución se han convertido ahora en sus principales defensores, también por inmovilismo. Rebátalo.

Esa afirmación es absurda por una razón muy sencilla: han pasado treinta y siete años desde que se aprobó la constitución. Si consideramos a los que tenían 18 o más años en la fecha en que se aprobó la Constitución tenemos que reducir esa afirmación a los que tienen 55 o más años ahora. Además, el 87,78% votó a favor de la Constitución, con una de una participación de un 58,97%. Por tanto, solo el 7,21% de los mayores de 55 años se habría opuesto a la constitución votando no (y muchos lo hicieron por razones que no vienen al caso, como la de monarquía vs república). Con los números brutos e incluyendo a los que se opusieron por otras razones esto es menos de un millón de personas. Sin embargo, solo los votantes del PP son más de diez millones de personas habitualmente. Esa afirmación solo pretende identificar constitucionalismo con franquismo y es obviamente falsa. Por lo demás, creo que aquellos a los que no gustaba la Constitución por favorecer el “separatismo” siguen sin defenderla. Lo cierto es que en esta guerra simbólica e irracional, muchos catalanes han optado por el recurso fácil de demonizar al constitucionalista precisamente porque el constitucionalista es el que tiene la ley de su lado y, con ello, la legitimidad de la que derivan precisamente las instituciones catalanas.

  1. ¿Qué argumento contrario a su punto de vista sobre la independencia se ve incapaz de refutar racionalmente?

En un sentido todos y en otro sentido ninguno. El principal problema del secesionismo es que su argumentario es básicamente irracional y solo puede desmontarse desde fuera, afirmando y demostrando esa naturaleza irracional. Sucede lo mismo con la religión. No puede refutarse racionalmente la fe; solo se la puede descalificar como argumento.

  1. ¿Por qué provoca más rechazo la renuncia de una persona a una convención administrativa (la nacionalidad) que la renuncia de esa misma persona a su realidad biológica (su sexo)?

Si entiendo bien la pregunta y partiendo hipotéticamente de que esto (el mayor rechazo) sea cierto, las razones en el caso de un proceso de secesión serían las siguientes

1.- El que quiere cambiar de nacionalidad no solo quiere cambiar de nacionalidad sino apropiarse parcialmente de las consecuencias de ser nacional de cierto Estado. Es decir, el español no solo pretende dejar de serlo y pasar a ser de nacionalidad catalana, sino privar al resto de españoles de parte de su patrimonio, apropiándose de él.

2.- El que quiere cambiar de nacionalidad no pretende asumir una que ya existe, sino crear una ex novo. Sin embargo, esto de los Estados es un juego de suma cero. Lo que uno gana, otro lo pierde, ya que todo Estado tiene una base territorial.

3.- El que quiere cambiar de nacionalidad, en este caso, no lo hace solo, sino que pretende hacerlo en compañía de otros, obligando, por una regla de mayorías que solo tiene lógica dentro del Estado ya existente, a otros a seguirles, so pena de graves perjuicios. No es, en suma, una decisión individual, con consecuencias exclusivamente individuales, como cambiar de sexo, sino un acto de fuerza.

  1. En el hipotético caso de que el gobierno de la Generalitat declarara la independencia, ¿cómo cree que debería responder el Gobierno Central? Sea concreto.

Debería hacerse cargo de todas las instituciones catalanas hasta que se restablezca la legalidad constitucional, gestionándolas directamente, y procesar a todos los que secundasen la iniciativa y tengan responsabilidades administrativas. En su caso, de existir un uso de la fuerza por parte de personas concretas debería responder de la misma forma, conforme a los estándares que se utilizan en cualquier situación en la que el estado hace un uso legítimo de la fuerza, es decir, de forma proporcional y moderada.

  1. ¿En qué se diferencia un español de un catalán?

Los catalanes son españoles. Por tanto, la pregunta es ilógica.

  1. ¿Pueden los catalanes tomar de forma autónoma una decisión que afecte de forma sensible al resto de los españoles? ¿Por qué?

Los catalanes, en cuanto cuerpo político, toman constantemente decisiones que afectan de forma sensible al resto de los españoles. Cualquier ley de su parlamento, cualquier norma de cualquiera de sus ayuntamientos y cualquier decisión administrativa afectan sensiblemente al resto de los españoles, porque el ordenamiento jurídico es único. Y pueden hacerlo porque los españoles adoptamos por decisión democrática una constitución que establece un estado muy descentralizado. Es decir, pueden hacerlo porque los españoles lo decidimos así.

  1. ¿La de 1714 fue una guerra de sucesión o de secesión? ¿Y por qué debería importarnos en 2015?

Ni lo uno ni lo otro. Fue básicamente una guerra entre las potencias dominantes en Europa en aquel momento en la que se disputaron quién se quedaba con el pastel español. Como es evidente, no debería importarnos en absoluto.

  1. ¿Son los problemas de los catalanes diferentes a los del resto de los españoles? ¿Solucionaría la independencia alguno de esos problemas?

No, esencialmente. No solucionaría ninguno y agravaría muchos.

 

Ludópatas

 

Ayer escribí una entrada que tenía una finalidad específica y muy concreta: demostrar que Raül Romeva miente cuando afirma que para “echar” a Cataluña de la UE hay que reconocerla como Estado y que los que repiten esto (muchos) mienten también.

Como consecuencia de la entrada mantuve algunas conversaciones y descubrí que indiscutiblemente había alcanzado mi objetivo, ya que nadie fue capaz de mantener lo que Romeva había afirmado alegremente; sin embargo, esto no parecía importar, ya que inmediatamente se hablaba de “otras” cosas.

Algunas de esas otras cosas podían parecer razonables, pero en cierto sentido estaban desenfocadas. Me explicaré. El elemento común a esas derivaciones es la dificultad para España a la hora de llevar a la práctica políticas respecto de esa Cataluña independiente de facto y de las personas que viven en su territorio. Para aclarar mi posición, haré algunas consideraciones previas.

La primera es que yo parto de una hipótesis para demostrar que Romeva miente. No sostengo que sea bueno llegar a esa situación (una Cataluña independiente de facto). Ahora, ¿no es importante demostrar que el número uno de la lista que quiere declarar la independencia miente sobre algo muy importante para la viabilidad de su propuesta? Parece que a mucha gente esto le diera igual.

La segunda es que ni siquiera creo que lleguemos ahí. Contra lo que se dice desde el secesionismo catalán, dudo que ningún Gobierno español de ningún signo quiera o pueda facilitar en absoluto la secesión. Las razones internas en contra son tan extremadamente poderosas (pérdida del poder en el resto de España, ola de secesiones en otras regiones españolas, etc.) que me temo que cualquier Gobierno siempre elegirá imponerse si se llega a ese punto.

La tercera es que mi entrada de ayer (u otras que haya escrito) no pretenden negar los problemas para el Gobierno español de una secesión unilateral declarada por un gobierno autonómico catalán. Siempre he dicho que esto implica entrar en un proceso lleno de riesgos e incertidumbres en el que, de entrada, solo veo pérdida y dolor. Seguro que las medidas que tuviera que adoptar un Gobierno para hacer cumplir la ley en Cataluña serían perjudiciales y difíciles. Desde la más suave hasta la más enérgica. No quiero pecar de cuñadismo, ya que nadie me paga para pensar en ellas y no voy a especular. La cuestión es que esto es indiferente en relación con la cuestión de fondo: no quedaría más remedio que aplicar medidas coercitivas porque la alternativa es peor. Aunque un Gobierno quisiera evitárselas, simplemente no podría.

La cuarta es que, de darse la hipótesis que planteaba en mi entrada anterior (para demostrar la mentira secesionista), se daría tras un proceso previo doloroso que necesariamente exacerbaría las diferencias y que nos situaría en escenarios que ahora no nos atrevemos a contemplar. Creer que son imposibles controles de fronteras, controles de capitales, pérdidas de nacionalidad por la obligatoriedad de optar, exigencia al que opte por la nacionalidad española del cumplimiento de ciertas obligaciones, etc., es negar que los procesos malignos desembocan en malos escenarios.

Dicho esto, ya puedo explicar por qué están desenfocadas. El secesionismo catalán ha decidido ignorar los riesgos y dificultades o, en el mejor de los casos, minimizarlos hasta convertirlos casi en cuestión de procedimiento. Ayer explicaba que hay muchos Estados que lo son de facto, que llevan años en limbos diferentes. Algunos incluso han empeorado, como en el caso de Taiwán. Sin embargo, al mencionar escenarios como estos, se hace hincapié en los problemas para el resto de España. Por ejemplo, se menciona que sería precisa la unanimidad para aplicar a Cataluña algo similar a lo que sucede con Chipre del norte.

Esto es extraordinario. Cuando los secesionistas hablan de la Cataluña independiente de facto, por una declaración unilateral, pronostican que todo serán facilidades. La UE es una unión pragmática nos dicen, así que desaparecerán rápidamente los problemas derivados de que Cataluña no está en los tratados, de que no está prevista la secesión de una parte, de que el reconocimiento no es automático. Todo eso se evitará porque “es malo para todo el mundo”.

Sin embargo, cuando demuestras que muchos Estados de facto llevan años en limbos diversos, fuera de instituciones internacionales, entonces el “pragmatismo” buenista se convierte en obstáculos insuperables, pero ¡para España! Será fácil convencer a los Estados de la UE (incluso parece que a España) para que reconozcan a Cataluña y todos la incluyan en los tratados, pero si se trata de convencerlos de que apliquen la solución prevista YA para Chipre, entonces la unanimidad es algo muy complicado. Obvian, al vivir en su mágico mundo de colores, que la unanimidad se ha conseguido en Europa en muchas ocasiones. Y que, puestos a especular, es mucho más simple que Francia, Alemania, Reino Unido, Italia y España (como ven Estados que no pintan nada en Europa), se pongan de acuerdo en dejar fuera del acervo comunitario a una región de un Estado miembro no controlada por este mientras se resuelve el problema (piensen en los años que llevamos para que se resuelva el problema palestino o saharaui) que en lo que los secesionistas consideran tan sencillo. ¿En serio cree alguien que es más fácil convencer a todos los miembros de la UE de que se reconozca a Cataluña y se la declare miembro de la UE antes que convencer a Eslovaquia de dejarla fuera “de momento” tal y como YA se hace con Chipre del Norte? Venga, piensen en ello. Por cierto: España ya es un Estado; tiene todos los resortes de un Estado; y además es un Estado que cumple con las leyes y los tratados. Sin embargo, hay quien cree que los que rompen la baraja y se saltan la legalidad interior tienen alguna carta a favor seria.

Y, lo más importante, ¿mientras tanto qué pasaría? Los llamados representantes del Estado catalán no serían reconocidos por nadie; no serían interlocutores en ningún sitio. El Estado catalán sería un Estado fantasma y sus ciudadanos podrían verse perjudicados por mil y un obstáculos administrativos que les dificultarían viajar, comerciar, vivir. Lo paradójico, además es que cuánto más éxito tuvieran más lejos estarían de llegar al punto en que se encuentran ahora. La apuesta de seguir así, con una ciudadanía europea a través de España, con una pertenencia a la UE a través de España, es inasumible. Uno no se secesiona para no crear un Estado de verdad. Al final, si consiguieran que una mayoría de Estados de la UE reconocieran a Cataluña, sería inevitable que esa misma mayoría la expulsase de la UE, pero no porque hubiese un acuerdo unánime al respecto, sino por el hecho inevitable de que no se puede reconocer a Cataluña sin reconocer que no está en la lista de Estados de la UE (pues ya no sería España ni sucesora de España) ni en la de la ONU, por ejemplo.

Es decir, tras un presumiblemente largo y doloroso viaje por el desierto, y alcanzado el éxito de que todos los Estados de la UE (¡incluso España!) la reconozcan, Cataluña, entonces, tendría que iniciar el proceso de pedir su incorporación a la Unión Europea. Como ven, una apuesta cojonuda.

Así que, ¿en qué parece consistir el arma secreta que obligará al resto -según algunos de los que argumentan a favor de la secesión- a aceptarla? En una secesión falsa. En una secesión de opereta. En seguir siendo españoles y seguir siendo parte de España para seguir siendo europeos y parte de Europa. Es un chiste cósmico.

Están jugando con la vida y el patrimonio de la gente. Jugando, con mentiras, a un juego de azar. Apostando todo a que les tocará la lotería.

Estafa