Patriotas

 

Trueba me interesa poco. Me interesa poco lo único que, a bote pronto, podría interesarme de Trueba, que es su cine, ya que a él no lo conozco y no sé si cocina de puta madre la tortilla de patatas o recita a Baudelaire con tanta autenticidad que arranca lágrimas a sus oyentes.

Imaginen, por tanto, lo que me interesa que se sienta español o escita del Turquestán. Por eso me llama la atención el cabreo generalizado de la gente ante sus palabras. “Es un maleducado”, dicen unos. No sé por qué, pero aunque lo fuera, ¿qué? ¿Os preocupáis tanto por los modales de todo el mundo?  “Ha hecho sus películas con el dinero de los españoles”, dicen otros. Y yo me vuelvo a preguntar ¿y qué? ¿Acaso en las bases de esas subvenciones se incluía sentirse español o no decirlo en caso contrario? No me gustan las subvenciones al cine, pero, en fin, imagino que se fundamentan en el proyecto cinematográfico en cuestión y en la vecindad administrativa del autor o el productor (hablo del dato objetivo, no de las corruptelas del proceso).

En más de una ocasión he discutido con amigos sobre esto del patriotismo y siempre he afirmado que no creo (que no puedo creer) en otro patriotismo que un patriotismo legal, ciudadano, basado en una idea compartida de cómo tendría que ser mi nación. Mi patria, por tanto, podría estar en cualquier lado y, en su manifestación ideal, estaría en todos ellos. Mi patria no tiene base territorial. En mi patria racional, cabe todo el que quiere vivir civilizadamente; cabe cada idioma y cada producto cultural, siempre que el que lo aporte ajuste su comportamiento a ciertas reglas que nos permitan convivir y ser libres. Mis sentimientos de españolidad, cuando puedan aparecer, son en realidad un lastre, un producto reptiliano, grupal. Supongo que existen defensivamente, pero preferiría que desaparecieran. Sería un magnífico síntoma. Mi patria, por tanto, no es una patria, tal y como se ha entendido habitualmente.

Si, pese a estar de acuerdo con lo que acabo de exponer, nos aferramos a esos sentimiento es por el miedo a la apatridia. Por miedo a no ser de ninguna tribu. Qué magnífico sería un mundo en el que ese miedo no existiese. En el que bastase un pasaporte que nos acreditase como seres humanos civilizados.

En cualquier caso, surgida la polémica y puestos a simpatizar con alguien en esto, simpatizo con Trueba. Además de por lo expuesto, por una razón bien sencilla: si todos los seres humanos padeciesen el mal de Trueba, es decir, no sentirse de ninguna patria, nos ahorraríamos millones de muertes inútiles. Lo firmo ahora mismo.

Naturalmente, esto solo exige que Trueba sea sincero y que su artefacto no sea una boutade de intelectual supuestamente de vuelta de todo. Como he dicho, no lo conozco. No tengo ninguna razón para presumir que no sea sincero.

Además, me tiene completamente sin cuidado que lo sea o no. Con serlo yo, tengo suficiente.

 

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15 comentarios en “Patriotas

  1. «“La palabra ‘nacional’ no me gusta nada. Nunca he tenido sentimiento nacional. Siempre he pensado que en caso de guerra, iría con el enemigo”, espetó».

    Difícil interpretar esto como cualquier otra que no sea una boutade.

  2. Esa frase puede interpretarse como una paradoja: si siempre quieres ir con el enemigo, tienes el problema de que nunca irás con nadie. En el momento en el que vas con el enemigo, te conviertes en uno de ellos y automáticamente tienes que volver a pasarte al otro lado. No sé si eso es lo que quiere decir. Se me ocurre que pretende mostrar un desapego por esa especie de obligatoriedad de escoger bando. Me baso en que también afirmó que su segunda palabra favorita es “desertor”.

    Yo estoy muy lejos de eso. Creo en la lealtad. Y en la necesidad de defender ciertas ideas. Pero si lo que pretende Trueba es eso que acabo de interpretar, se trata de una línea de pensamiento interesante y fructífera.

  3. Se dice que fue maleducado porque no dijo eso durante la presentación de su última película o cualquier otro acto más privado, sino justo cuando le daban un premio “nacional”. Y se entiende que, hombre, aunque pienses realmente eso mejor decirlo en otro momento.

  4. “es decir, no sentirse de ninguna patria, nos ahorraríamos millones de muertes inútiles.”
    ¿Alguna referencia que dé sostén a a esta frase? Porque de lo poco que he leído del tema, el agruparse en tribus, bandas, etc. es una característica adaptativa, y por tanto, los millones de muertes inútiles que causa no son nada comparadas con las que evita (ha evitado, mejor dicho)… el sentimiento de pertenencia sería un subproducto de esa necesidad o mejor dicho, el mecanismo que nos hace tener ese comportamiento.
    Un saludo.

  5. Yo creo que es bastante más sencillo. El premio lo recibe durante un gobierno del PP, por tanto tiene que hacer lo posible para que no se le note ningún tipo de agradecimiento. Acabáramos. Un tipo hipermegaguay como Trueba dando gracias por algo que le da el PP. El problema es que acepta el premio. Y de paso, insulta a la mayoría de los españoles que sienten que tienen algo que los une. Habría que haberle preguntado si se hubiera pasado al bando alemán en la segunda guerra mundial si hubiera sido francés o inglés o ruso. Me parece que no. Esto no es más que otra muestra de cobardía progre. No hubiera dicho nada si gobernara el PSOE, como tampoco hubiera dicho nada en Francia ni en EEUU, países que se toman en serio a sí mismos. Cualquier otra disquisición es buscarle tres pies al gato, al menos en este caso. ¡Como si no los conociéramos!

  6. Icosaedro, he dicho “nos ahorraría” y no “nos habría ahorrado” porque estoy pensando en una etapa posterior, moderna, en la que una tendencia adaptativa (que existe en toda su plenitud como demuestran muchos experimentos y que explica fenómenos como el de los forofos de equipos deportivos) puede verse sustituida por una concepción jurídica de nacionalidad y ciudadanía en términos más o menos parecidos a los que expongo.

    En cierto sentido es el concepto norteamericano de Estados Unidos de América como tierra de libertad de la que cualquiera puede ser ciudadano. Como es obvio, también el patriotismo norteamericano se ve infectado de esa pulsión tribal, en parte precisamente porque siguen existiendo Estados y en parte porque siguen existiendo Estados que no se basan en esa idea de ciudadanía libre sino es otros elementos aglutinadores (religiosos o nacionalistas) de los que hay que defenderse.

    Una vez que existen Estados en sentido moderno, sobre todo si esos Estados son democráticos, es difícil que el instinto tribal se use para el bien. Lo normal será usarlo para el mal. O, por decirlo mejor, al basarse en una identificación de los otros como extraños, son terriblemente peligrosos. Si podemos, culturalmente, aprender a reconocer cuando surge ese instinto y a moderarlo, podremos gozar de todas las ventajas de la existencia de un Estado (como construcción racional esencialmente legal) y podremos huir de sus peligros. Un buen paso para eso es no sentirse de una patria concreta. Todo lo más sentirse de una idea civilizada que pudiera ser universal (es decir, una para el que la nación sea un instrumento) y, eso sí, defenderla a muerte. El siglo XX está lleno de ejemplos de muertos por el nacionalismo (el nacionalismo también está detrás de ciertas formas absurdas de racismo). En el XXI -me temo- seguirá habiendo muertos por esa misma razón.

  7. El problema es que acepta el premio. Y de paso, insulta a la mayoría de los españoles que sienten que tienen algo que los une. De acuerdo 100%.

    Yo empiezo por no entender que la administración se dedique a escoger a ciudadanos para darles premios con el dinero de los demás. No sólo es la dotación económica, es que hay departamentos enteros dedicados a poco más que dar premios. No sólo es un despilfarro, sino que encima es una ocasión de oro para que un bobalicón monte su numerito para darse la importancia que no tiene.

  8. JotaEle, opino que los premios son un gran incetivo y una buena forma de recompensar a una trayectoria. Si luego un individuo en concreto decide rechazarlos, o ir a recogerlos a la vez que los niega, es su decisión, ya sea porque ganar premios es muy “mainstream”, o porque, en aras de agrandar su ego, lo trivializa, como ese niño que saca un 10 y, mientras es felicitado, con aires de grandeza, afirma que no ha sido nada.

    En este caso en concreto no creo que sea ni la una ni la otra, sino que, con todo el debate que hay sobre la legitimidad de la secesión de Cataluña, este hombre sentía que debía dar su opinión.

    Al final lo que este tío piense pues como que nos importa un pimiento, además, estoy de acuerdo con los comentarios anteriores, se han sacado sus declaraciones de contexto, o no se han entendido, ya que, en caso de ser bien interpretadas, dicen mucho más a favor de la parmanencia de Cataluña en España que en contra.

  9. Por una parte estoy con usted. Creo sinceramente que lo importante son las ideas y los valores, independientemente del territorio en el que nazcas. También creo que el siguiente paso en la evolución humana debería pasar por despojarnos para siempre de ese sentimiento tribal que cierra filas, aviva odios y excusa matanzas. Sí, un mundo así sería mucho mejor. Yo también lo firmaría ahora mismo.

    Pero por otro lado siempre me pregunto hasta que punto alguien se puede sustraer de ese sentimiento tribal. Y tampoco tengo del todo claro si esto es algo tan malo cómo parece. En todas las organizaciones humanas, desde las grandes multinacionales hasta los equipos de fútbol, pasando por los estado-nación, el componente emocional- pasional-irracional suele ser muy importante. De hecho yo diría que es clave, porque nunca se puede quitar de la ecuación. Siempre está ahí. Si quieres hacer que la gente se vincule al cien por cien con un proyecto más te vale que esa misma gente también ‘se sienta’ unida e identificada con él, más allá de lo bueno o malo que sea de por sí.

    Eso lo saben muy bien los maestros del marketing y la publicidad. Normalmente no es mejor quien realmente ha hecho más méritos para algo, sino quien mejor se vende (ya sea porque cae mejor, porque es más carismático o porque es más sexy o tiene mejor estilo). Estamos hartos de velo. La deriva catalana hacia la independencia es un buen ejemplo. Da igual lo razonable que te pongas, ante un sentimiento cómo este, fraguado durante décadas, poco pueden hacer los discursos racionales (creo).

    Otro buen ejemplo lo ha puesto usted. Es EE UU. Con todo lo bueno que significa y ha significado ese país para la historia de la humanidad, debe ser el trozo de tierra del planeta con más banderitas por metro cuadrado. Los estadounidenses se sienten muy orgullosos de su patria, sí, pero dudo mucho de que la mayoría sepa por qué. Sencillamente “lo sienten”, y con eso les basta y sobra.

    A mí me da la sensación de que estamos condenados y que lo estaremos por mucho más tiempo. Somos criaturas emocionales con un deje racional que solo se pone en marcha tras muchos años de práctica. Y aún así, muchas actitudes racionales suelen tener su raíz en pulsiones atávicas, como la la lealtad al grupo, la vanidad, el deseo de tener razón, el revanchismo…

    Vamos, que estoy hecho un lío. Yo también estoy de acuerdo con el fondo de lo que ha dicho Trueba, pero no puedo evitar tomarme su discurso como una provocación. Igual que cuando pitan el himno. Firmaría por un mundo sin patrias, pero me siento español.

    Usted lleva mucho más tiempo que yo reflexionando sobre esto, supongo. ¿Le ha ocurrido alguna vez? Y si la respuesta es sí, ¿cómo se sale de este bucle?

    Un saludo.

  10. Creo que el problema aquí es el momento concreto y el lugar concreto en que hace esas declaraciones. Y no me refiero al acto de recogida del premio (el que sea un tipo más o menos educado o cortés es irrelevante), sino al hecho de que estamos viviendo una ofensiva separatista antiespañola y las declaraciones las hace en un lugar donde hasta hace unos pocos días se mataba y torturaba españoles por el hecho de no avergonzarse de serlo.

    Es como si intentara congraciarse con los separatistas vascos y, por extensión, con los catalanes(una actitud, por otra parte, típicamente progre). No veo otra explicación. Se podría comparar con el siguiente caso: imaginemos que en los Estados sureños segregacionistas (concretamente en algún bastión de los racistas) alguna organización afroamericana hubiera concedido un premio cultural a algún escritor o cineasta afroamericano y que éste hubiera declarado que se avergonzaba de ser negro. Es claro que estaría, de alguna manera, defendiendo a los racistas.

    Creo que estamos ante un caso claro de abyección, salvo que se conozcan declaraciones de Trueba en las que arremeta duramente contra los nacionalistas vascos y catalanes. Dudo mucho que las haya.

    Por otra parte, creo que su declaración es brutalmente contradictoria. Veamos, es de suponer que Trueba cree en la existencia de España y, por tanto, de los españoles (creo que no será tan estúpido como para negarlo). También hay que suponer que Trueba cree que él es español (de lo contrario se habría limitado a decir que él no es español, como hacen tantos separatistas). Ahora bien, ¿qué diferencia hay entre creer que uno es español y sentir que uno es español? Yo no veo ninguna. ¿Hay alguna diferencia entre creer que se está enamorado y sentir que se está enamorado? ¿Hay alguna diferencia entre creer que se es rubio y sentir que se es rubio?
    Luego Trueba está diciendo: creo que soy español, pero siento que no soy español. Equivalente a : creo que estoy enamorado, pero siento que no estoy enamorado. O también: creo que soy inteligente, pero siento que no soy inteligente.
    No sé a los demás, pero a mí estas declaraciones me parecen contradictorias hasta el ridículo.

  11. A mí me chirría mucho el verbo: sentirse. Es una maravillosa manera de desligarse de todas las responsabilidades y todo el trabajo necesario. “Me siento de izquierdas” dice uno que aplica leyes liberales (pudiendo aplicar otras de socialistas/ comunistas/….). “Me siento la mejor persona del mundo”, dice el canalla que se dedica a putear a cuanta persona se cruza en su camino. Me siento esto, me siento lo otro, pero ¿lo soy?
    Esta muy bien sentirse apátrida, pero ¿eso no tiene consecuencias jurídicas? (lo pregunto, no lo afirmo).
    Respecto a la cuestión e las subvenciones al cine español por parte de los gobiernos españoles (subvenciones de las que el sr. Trueba se ha beneficiado), la ley Ley 55/2007, de 28 de diciembre, del Cine (aún vigente) dice en su artículo 5:
    “a) Que el elenco de autores de las obras cinematográficas y audiovisuales, entendiendo por tales el director, el guionista, el director de fotografía y el compositor de la música, esté formado, al menos en un 75 por 100, por personas con nacionalidad española o de cualesquiera de los otros Estados miembros de la Unión Europea, de los Estados parte en el Acuerdo sobre el Espacio Económico Europeo, o que posean tarjeta o autorización de residencia en vigor en España o en cualesquiera de dichos Estados.
    En todo caso, se exigirá que el director de la película cumpla siempre dicho requisito.”
    La cuestión es que el sr. Trueba es de nacionalidad española, lo que ayuda a que le den la subvención. Podría ser británico, alemán, holandés o argelino, sin duda, pero en este último caso tendría más difícil eso de la subvención.
    Pero, repito, lo que me chirría es eso de sentirse: o se es o no se es de un país, pero eso de sentirse no me vale (y no me vale en ningún caso, entre otras razones, lo repito, porque es muy fácil crearse así coartadas intelectuales o morales).

  12. Tsevan Rabtan, estoy de acuerdo en casi lo que me responde, salvo en lo que atañe a si realmente se puede. Es decir, si la naturaleza humana (no me refiero a personas concretas) puede prescindir de ese sentimiento de pertenencia a un grupo (ya sea una tribu, un club de fútbol o una nación) y sustituirlo por algo “bastante más intangible”. Es como el tema de las religiones; yo puedo imaginar un mundo mejor (como Lennon) sin religiones, aún pensando que la religión también ha sido en algún momento un elemento adaptativo, pero no sé si tal mundo es posible.
    Usted dice que sí, que sí se puede (… en la que una tendencia adaptativa (que existe en toda su plenitud como demuestran muchos experimentos y que explica fenómenos como el de los forofos de equipos deportivos) puede verse sustituida por una concepción jurídica de nacionalidad y ciudadanía en términos más o menos parecidos a los que expongo.), pero precisamente lo que yo he leído (que no es mucho) es poco concluyente al respecto; y en cualquier caso, esos experimentos, pertenecen al ámbito de las ciencias sociales, que en fin, me río de lo de ciencias (sí, mucho experimento con formalidad estadísticas, pero a la hora de elaborar teorías que expliquen o predigan, el margen de error simplemente se desconoce).

    Y sí, puedo creer que con elementos culturales se pueden atenuar pulsiones innatas, pero no sé ni el coste ni la efectividad de esas medidas de carácter cultural (como creo que, realmente no sabe nadie). Y de ahí viene mi temor, que es el de gente que anuncia mundos mejores, que incluso los incluyen en la agenda política e incluso son capaces de llevar a cabo medidas para conseguir esos objetivos(con su correspondiente cuota coercitiva), y finalmente no conseguir esos mundos o incluso mundos mucho peores…
    Un saludo.

  13. Ay, las palabritas. Pues claro que el Sr. Trueba no se siente español. Y si lo piensa un instante, tampoco se siente director de cine, ni hermano. Uno siente temor, felicidad, orgullo, amor, tristeza… ese tipo de cosas. En cambio, es español, es director de cine, es hermano, siempre que cumpla con los requisitos necesarios en cada caso. A estos hechos lo normal es que vayan asociados sentimientos y que tenga cariño a sus hermanos, esté contento de ser director y le produzca una honda insatisfacción ser español. Él sabrá cuáles son. A mi me basta con que se comporte como un buen ciudadano español y que, por tanto, pague sus impuestos, circule por la derecha, no haga pis en la calle, etc. .
    Y por desgracia su falta de cortesía prueba que es español de modo aún más fehaciente que su pasaporte.

  14. El Sr. Trueba (y otros antes que él, en general nacionalistas vascos, catalanes y gallegos, junto con ciertos personajes variablemente provocadores) dijo con otras palabras que padecía de una rara forma de ‘hipoestesia’. Cuando uno es algo (español, y no cabe duda de que alguien nacido en Madrid, de padres españoles y poseedor de un pasaporte español lo es) y tiene una sensación contradictoria con ese ‘estado’, es evidente que tiene “una distorsión sensorial a causa de una disminución de la intensidad de las sensaciones”…
    No sé si eso tiene tratamiento.

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